«Dachize entre villanos» y el postparto

Presento mi novela “Dachize entre villanos”. He dado a la luz y experimento su nacimiento. La veo en las ferias del libro de Pereira y Cali, la editó Diego Firmiano de Homérica, me alentaba Lizardo Carvajal, quien editó mi anterior libro “El Congal”. La presentamos y siento el regreso a mi soledad con los dolores postparto. Por momentos el bello grabado de Goya que ilustra esta entrada, interpreta mi sobrecogimiento.

Experimento algunas contracciones mentales. Las percepciones de mí mismo deliran, se me ha trastornado el sentido de la realidad y alucino entre un miedo vago que me impulsa a un retiro desde donde pueda entender mi mundo y lo que significa el mercado de los libros, ese enigma que he ayudado a descifrar en otras personas cuando las he acompañado en sus emprendimientos con otro tipo de productos o servicios; ahora, en el borde de mí mismo estoy con los pies en el aire. Recuerdo a quien escribió una novela denominada El hueco y terminó en su propio hueco.

No se si sean trastornos de mi edad o mi desafío de reivindicar mi vocación de escritor, mi bravata por afrontarlo sin respaldos de editoriales consagradas, porque quise hacerlo hombro a hombro con Homérica que también nace como el emprendimiento de Firmiano a quien aprecio y valoro por su audacia e inteligencia.

En la mañana me he topado tres historias

Entre esta etapa de alteración sin sueño ni apetito, angustia con falta de concentración y confusión. Llegaron a encontrarme tres historias.

Carpintero

Encontré al carpintero que alimenta a los pájaros y las palomas en el parque «Cien Palos», su primera tarea del día. Le saludé y su semblante me atrajo con la energía de la alteridad, te reconozco a vos en la medida que me reconozcas a mí.  Nos reconocimos desde años viejos en las calles del barrio Sucre donde vendí obleas. Me saludó en su historia, ¡ah tiempo sin vernos! Me crie por en este barrio y de acá no me he ido, son cuarenta y nueve años. Me tocó rebuscarme el dinero en la calle y ayudé a levantar siete hermanos. Gamineaba, callejeaba, cargué bultos y hacia mandados a los comerciantes del barrio Sucre. La calle era dura, me tocó robar y rebuscarme. Defenderme y hacerme respetar. Pagué cárcel.

En la universidad no me hallé ni encontré luces hacia mi mundo y era complicado sostenernos. Un amigo negociante que compartía mis preocupaciones me dio un empujón, con su dinero compré herramientas, alquilé este lote, levanté un rancho y Sali al otro lado con esta carpintería.  

Le inquirí para que nos fabricara una tarima donde una mujer de estatura corta estuviera mejor ante una máquina donde fábrica obleas. ¿Sufre mucho ella?  -Si. Trabaja muy incómoda.  -Pues se la fabrico ya. Espérela veinte minutos, mejorémosle el trabajo a esa señora. La imaginó como una de esas madres que solas sostienen a sus hijos. -Así es, lo adivinó. -Bueno. Pongámosle fe a esto.   

Jacinto

Temprano llegó don Jacinto. Saludó con tristeza en sus ojos amigos. En cada compra suya trae una historia que me comparte desde aquellos días de la pandemia cuando falleció su padre.

-Anoche falleció mi madre. Miró esperanzado y continuó. Al amanecer me calmé y recordé que debía comprarle las obleas que venderemos esta semana. Me animé a venir para compartirle mis palabras. Cuando falleció mi padre usted me dijo, que, en nuestros casos, el momento de la muerte de alguno de los nuestros es semejante al momento cuando nace un hijo. Recibimos la vida cuando nace y sentimos su final como un agotamiento de energías que regresan a otros estados de la existencia y nuestra vida continúa. El universo es continuo.

También vine a decirle cosas acerca de aquellos actos que compartimos. Presencié la muerte de mi madre y la atendí mientras finaba. Igual que aquella tarde con mi padre. Usted me dijo entonces, que los lugares de la muerte tienen sacralidad cuando sabemos encontrarla. Yo me sentía mal y acobardado, tenía problemas y me sentaba a meditar en ese lugar donde despedí a mi padre, invocaba la energía de la vida y la fuerza de mis creencias. Me calmaba, la fe entre las vidas que se fueron y las que continúan en nosotros me trajeron fortaleza. Afronto la vida con entereza y logro lo que me propongo. Hoy le digo que, esta vez, y ante el lugar donde despedí a mi madre, invocaré siempre la misma existencia con idéntica fe. Madrugue a comprarle obleas porque con Usted encuentro fortaleza cuando me escucha.

Evelia

Evelia llegó desde Timbío Cauca a comprarnos obleas, descendió desde las cosas que se gastan en un vehículo anciano. Escuchó cuando me hablaba don Jacinto y lo despedimos. – ¿Me recuerda usted? Yo seguí sus ideas cuando me orientaba para mejorar nuestros ingresos. La vida se ha puesto dura, pero me ayuda mucho que compartimos esas palabras sobre la persistencia, cuando pienso en eso me surgen ideas nuevas y encuentro luces para el mejoramiento.

Escuché a ese señor y recordé a mi padre. Cuando él falleció yo tenía catorce años y me hacía falta. En ese mismo día, me enteré de que él no era mi padre, era otro y mi madre temía contármelo. A los días le insistí tanto que me develó sus verdades. Habló claro: aquel hombre que visitamos muchas veces y nos invitaba a restaurantes, quien nos dio regalos, ese señor era mi padre. También falleció hace cinco años.

En las noches cuando ella me invitaba a Timbío yo sentía temores y soñaba con escenas e imágenes que siempre se repetían, debíamos caminar desde la vereda una hora, me recuerdo en un camino por un túnel oscuro y largo. Al final en el sitio de llegada una luz iluminaba a un señor montado en un caballo negro. La imagen de mis miedos.

Cierto día madrugué con mi madre a Timbío porque ella quiso presentarme a mi padre. Lo esperamos en una cafetería hacia la cual llegó montado en el caballo negro de mis sueños, desde la mesa del fondo me lo señaló mi madre y el escenario se me transformó en un túnel negro. Me saludó con la indiferencia de siempre, era ese hombre de invitaciones a restaurantes y regalos. Desde aquel día se terminaron aquellos sueños.   

3 respuestas a “«Dachize entre villanos» y el postparto”

  1. Bendita alteración cuando es por algo que embellece y hace crecer tu vida.
    Me parece preciosa la ilustración de la portada, igual que ese maravilloso grabado de Goya.
    Te deseo todo el éxito, que considero va implícito por el hecho de publicar.
    Suerte y un saludo.

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