Maria Parda: historia antioqueña

Versiones míticas sobre María La Parda. Decía el escritor y gestor cultural Diego Firmiano: “Los aires corporales siempre tienen su filosofía, depende de donde procedan. Alcohol, flatulencias o el verbo hecho oratoria”. He aquí una oratoria que lleva entre los mitos sus olores.

Alfredo Cardona Tobón, historiador regional. -Una noche, tomábamos y olíamos un vino blanco de misa, sus emanaciones sagradas me incitaban a la meditación. A ese efluvio sacro y tenue, lo dañó un aliento atufado de azufre, había un duende entre las habladurías antiguas ante el fogón de leña, me vigilaba mientras oíamos las historias con los ojos bien abiertos, atentos con la animosidad del primer trago de café y el brío histórico por la tal María Parda, para unos, y para otros Maria Pardo o María del Pardo.

María la Parda era la guardiana del Cerro La Vieja, continuación de algún mito indígena transformado por los colonos españoles asentados allí y fundadores de Sonsón. “María la Parda”, la mujer que quería a los niños y castigaba a los hombres malos. Ella les decía que si encontraban su tesoro se los daba todo; según el relato, una vez lo encontraban, se convertían en estatuas de oro o animales de oro como serpientes y sapos que agrandaban su tesoro.

Aquella mujer perdida en las calles de Lisboa tras su búsqueda del vino, ¿Cómo llego hasta aquí?  Quizá entre las alforjas de Fernando de Zafra y Centeno, o con los migrantes de sus días, reapareció el nombre de María Parda entre olores y mitos.

La figura sufriente por la sed del vino, reapareció en Antioquia como la mujer pionera del empresarismo minero: inteligente, audaz, visionaria, osada. Leonardo Martínez Villa, historiador, describe así a María Centeno: morena y esclavista, esposa y viuda de un don señor minero acaudalado y bonachón. Después fue esposa y viuda de un coronel o capitán o general o lancero del ejército nacional. Le manejó sus minas de oro con avidez por el brillo del metal, lo sacaba y escondía como dragón usurero. Superada su vida de plebeya, con 570 esclavos excavó minas de oro en Cocorná y Granada. Revolcó tierra por todos lados y cuando no hubo más oro que sacar, enloqueció de avaricia y montada en su caballo negro, se les perdió a los historiadores.

A mí no se me perdió, dice el maestro Alfredo Cardona, me confundió la bandida entre sus tantas historias.

Versión académica

Paula Andrea Restrepo -Universidad de la Antioquia- escribió en la “Historia de las mujeres antioqueñas”. Al inicio del siglo XVI o el del oro, una de tres hijas del capitán Fernando de Zafra y Centeno, extremeño, Joven de la milicia que sirvió al rey español en su país, en Italia, Alemania y Hungría. Hacia 1548 llegó al puerto de Pernambuco en Brasil como alguacil mayor de expedición, defendió la isla Margarita de los corsarios franceses. En 1555 pasó a la gobernación de Popayán. En la ciudad de Antioquia – 1556 – Fernando conoció a Juana Taborda, hija de Juan Taborda, el señor más importante de la ciudad; se esposó con ella en 1563 y nacieron sus hijos Hernando de Zafra y Taborda, María Catalina en 1572. Su padre fallece en Tunja.

Tiempo actual de una mina de leyendas.

La María Catalina, conocida como María Centeno, tuvo tres matrimonios. El primero con García Jaramillo y Andrade, minero acaudalado y ganadero que explotaba las minas de San Román en Buriticá en compañía con el gobernador provincial de Antioquia don Gaspar de Rodas. Fallecido García Jaramillo, ella heredó y explotó sus minas por más de veinticinco años con 508 negros y enviaba el oro a España. De ella recuerdan: María la Pardo extrajo oro de las cordilleras con sus cuadrillas de esclavos. En Buriticá construyó un acueducto regional de quince kilómetros para el lavado del oro. Dueña de minas en Remedios y latifundios en el occidente. Trabajadora enigmática; además, construyó caminos y puentes que conectaban con las rutas comerciales.

María Pardo Centeno dizque vivió entre 1568 y 1645. Su segundo matrimonio fue con Alonso de Rodas Carvajal, apodado “El Mozo”, hijo mestizo de don Gaspar, quien aparecía como blanco y privilegiado de su élite. Por último, María se casó con el capitán Fernando de Ocio y Salazar, quizá ese nombre lo describa, dizque borracho y pedorro, murió cuatro meses antes que ella.

A la reconocida María Pardo, los mineros la convirtieron en un mito. Decían que tenía pactos con el diablo. En la historia oral dizque atravesó el rio Cauca montada en los aires fétidos y azufrados del demonio, transformada en una mula negra. En Puerto Valdivia existe una roca donde quedaron impresas las herraduras de ese diabólico corcel, antes de lanzarse al vacío. María Pardo es parte de la memoria oral en los territorios mineros de Antioquia, en particular El Patiburrú.

María Parda en Cocorná

https://viveysientecocorna.blogspot.com/2014/12/parque-de-cocorna.html

Cada lugar pregona aquellos olores fétidos y azufrados y su pacto con el demonio. Por Maceo y el Rio Cocorná, quedan leyendas que viajaron con colonizadores antioqueños hacia el sur. En Salamina y otros lugares, hablan y señalan cuevas donde hacía el amor con el diablo para afianzar sus pactos y reasegurarle un alma que llegó por sus pactos con el maligno, quien le dio todas las riquezas. 

Doña María del Pardo y Centeno, hija del capitán don Diego de Zafra y Centeno, bella y seductora, fue la primera mujer empresaria de la minería en Antioquia; casada varias veces, de sus esposos heredó fortunas mineras: el oro en Abriaquí y Buriticá. Por su temperamento enérgico, se creó una leyenda que los indígenas de la época fomentaron. Dizque su belleza surgía entre sus borracheras con vino y aguardiente del demonio. Anduvo la subregión de San Carlos en huida de quienes la persiguieron desde Remedios y Buriticá.

Ahí en Cocorná, fascinada por el brillo y tañido de las campanas de oro de la Iglesia; se la robó, continuó su recorrido por la subregión del Oriente Antioqueño. Quienes la vieron allí, primero sintieron los olores que la anunciaban, llegó acompañada de siete legiones de demonios transformados en perros negros muy grandes, encadenados desde sus collares de oro unos con otros; la cuidaban, traía tesoros en bueyes gigantes cargados de oro.

https://orienteantioqueno.com/turismo-en-cocorna/charco-maria-parda/

Allá en una corriente o quebrada, existe un charco con su nombre; allí mismo por razones desconocidas, arrojó o quizás cayeron al fondo esos tesoros. Versiones hablan de que en una de las piedras se ve la huella de su pie humano. Muchos han intentado sacar por aquellos lados las campanas de oro de María Parda cuando mejor se escuchan: viernes Santo y en la noche de año nuevo; dizque los emborrachan los malos olores, dizque se oyen los timbres del oro, pero no se ven.

La Parda en el norte de Caldas

En Salamina la leyenda se cuenta desde hace más de 40 años. En Marulanda su alcalde Rigoberto Castaño Tovar, a quien asesinaron los del frente 47 de las Farc, días antes en una tertulia, se refirió a una bruja nombrada María La Parda, quien se casó con Juan Bermúdez. Tan ambiciosa que hizo un pacto con las fuerzas del mal para tener riquezas. Que su nacimiento se dio de una mujer que habitó en una cueva, las aguas del parto venían con ese olor maligno de los malos designios.

Es lugar semirocoso. Su atractivo es la leyenda de María la Parda y Juan Bermúdez, quienes dejaron enterrado un tesoro en lo profundo de la cueva; se dice que este tesoro lo obtuvieron a través de un pacto que sellaron con el diablo.

El gestor cultural de Salamina, Jorge Maya, habla de esa leyenda; dizque, por un acuerdo, pactado entre esa pareja con el diablo, llegó una legión de diablitos para que les cultivará la tierra y tuvieran mucho dinero, oro y ganado. “María La Parda fue la propietaria de todo lo que sos capaz de observar entre Salamina y Marulanda”, habló un vecino de Manzanares, quien oyó aquella leyenda desde los colonos que llegaron tras el rastro del general Cosme Marulanda en 1810. Por esos lados sacaron oro por el rio Guarinó, sus cajones de oro están enterrados en una cueva de la vereda Mojellones, por allí mismo, en orientación hacia el corregimiento de San Félix, está la cueva donde nació María La Parda, desde la vía se ve la oquedad en una propiedad privada. La mayoría de las veces la oculta la neblina y se observa nítida cuando llega el olor azufrado de las emanaciones del volcán del Ruiz.

Calle de Marulanda – Caldas

Por los malos comportamientos, el diablo castigó a María La Parda con su esposo. Están condenados a caminar por muchas vidas. En las calles aún se oyen en las tardes solas y durante horas de la noche los lamentos de la pareja y sus caballos.

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