Orígenes y fin de un pueblo amazónico

Durante una visita a Calamar Guaviare, encontré al lado de un caño a una jovencita indígena de los Nukak Maku. Andariega y trilingüe en sus dialectos, como decimos los forasteros, me relató un retazo de complejos mitos de los Yangua, originales del Amazonas.

Desde el sol, la más presente radiación de la energía, recibíamos la vida y la luz para ver las cosas buenas y malas. Orikan energía suprema de las creaciones. Esa misma luz provocó el surgimiento de unos gemelos creadores de las cosas. Al inicio esos gemelos tumbaron una gran ceiba, y desde ella, salía la misma agua que originó los ríos: su tronco principal el Amazonas y sus ramas son los ríos y quebradas o caños que se dirigen hacia su padre el gran río. Llegan y él con el mar las regresa entre nubes con la vida de la lluvia. Nubes y lluvia que viajan; aún más lejos, para darle vueltas y vueltas al mundo.

Rio Amazonas. https://es.wikipedia.org/wiki/Cuenca_del_Amazonas. Kmusser –
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Aquella energía creativa se mueve en ocho mundos sobre la tierra y dos bajo ella, su ánimo les alentó y orientó para echar al río las astillas que habían salido al tumbar la ceiba y sus fibras se transformaban en peces, así la gente futura siempre tendría alimento.

Cuando los gemelos pensaron en cómo originar al pueblo Yagua, le pidieron a su abuela les preparara bastante masato. ¿Para qué? -Preguntó ella-, solo eran ellos dos y ella. Y le hicieron observar un más allá de la vida presente, todo lo que veían, tantos árboles, ellos eran gente.

La abuela hizo tanto masato en vasijas de barro que hasta se aumentó. El hermano mayor, el más inteligente, dijo al menor: “Ombligo: invite a nuestra gente a venir a tomar masato”. El menor golpeó las aletas de toda clase de árboles. De ellas salieron los clanes Yagua y animales: guacamayo, murciélago, picón, pava colorada, paujil, ardilla, cerbatana, ayawasca, hierbas del caño… Una energía divina con el calor solar despertó al pueblo Yagua, los gemelos los reunieron y les invitaron a tomar el masato. En la primera celebración de su propia vida, le dieron las reglas sobre cómo vivir y organizarse.

Javier Reyes, periodista y escritor, dice algo en un pasaje desde “Miradas de Cristal” libro compilado por José Luis Manzanedo en abril de 2008.

La etnia Yangua crecía en la desdicha. El niño Francisco Javier es uno de los últimos herederos de aquel pueblo, lo ví olvidado en el camino de una desolación que ha trajinado durante los pasados siglos su pueblo, la última rama de la gran etnia de los Omaguas que habitaron más de 900 kms cuadrados entre el rio Napo y el rio Negro, sus antecedentes arqueológicos los datan antropólogos entre los años 1.100 y 1.400, son huellas primitivas que persisten en la cuenca amazónica. Vivieron y se extinguen hace tres centurias.

Francisco Javier

Sus cabecillas fueron muy poderosos, reyes les llama Fray Gaspar de Carvajal, cronista de Francisco de Orellana; no es la palabra que usaban ellos, el fraile los definió como orgullosos y buenos guerreros. Su resistencia duró casi cien años ante los sertanistas y bandeirantes, esos aventureros portugueses que se dedicaron a la caza de indios para esclavizarlos en la región del Pará, los llevaban hacia la desembocadura Amazónica.

Ya en la mitad del siglo XVII, los Omaguas sentían reducirse su población entre enfermedades que trajeron los europeos, los menguaba la esclavitud y disminución de sus mujeres. Las misiones jesuitas acudieron a su rescate, el padre Miguel Fritz, los unía con el modelo de reducciones que aplicaban en Paraguay, fundó asentamientos donde se protegieran de los esclavistas.

Coarí, Tefé y Fonteboa, las aldeas de entonces hoy son ciudades. Ninguno habita ya en esos territorios. En 1691 a Fritz lo detuvo el ejército portugués y encarceló en Belém. Los Omaguas regresaron a la selva y en décadas se extinguen.

Los Yanguas, herederos de los Omaguas, sucumbían ante el boom del caucho al inicio del siglo XX, describe aquel ambiente José Eustasio Rivera en su novela “La Vorágine”. Los indígenas estaban esclavizados a la familia Arana mediante un sistema de endeudamiento que los llevo al extremo de su desaparición.

Tras esa ocupación desfilaron los buscadores del oro y coltán, los madereros que arrasan la selva y los narcotraficantes. Guerrillas que someten niñas y niños. Siempre la eterna huida en la selva a lejanos parajes, un mundo ajeno y ocupado por forasteros, porque unos forajidos de otro color los buscan en su camino de carencias para el enriquecimiento con los recursos que eran los suyos sin apropiárselos, los cuidaban porque son parte de la vida. Había otras realidades que las violencias les obligaron a desconocer.

Así el niño Francisco Javier, con ese nombre ajeno a su historia que le bautizó un misionero venido de Navarra-España, desconoce su propia historia y la de los suyos. Historia oral perdida en las disoluciones de una generación tras otra, como una zaga desmemoriada e infeliz hacia su final.

¿Llegarán algún día estos niños a la vejez? Son los Yanguas le huyen al camino de su extinción.

 Niños Yangua en la isla de los micos – Fotografía de Pasión Vives en Flickr

4 respuestas a “Orígenes y fin de un pueblo amazónico”

  1. Hay quien piensa que lo que nos acaece es nuestro destino, pero a estos niños hay que darles la oportunidad de saber que cada uno de nosotros somos nuestro propio destino y prepararles para construirse su propio destino, el que ellos decidan. Si llegan a conseguirlo, en ellos residirá de nuevo el pueblo yangua.

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  2. Me gusta esa visión, una niña de aquella etnia, migró a una ciudad pequeña, se educó con apoyo de unos amigos de una organización y regresó por otros, ya tienen una masa crítica de jóvenes que impulsan un proyecto para rescatar espacios de selva deforestada. Utilizan fertilizantes con minerales que la deforestación disminuyó y están alcanzando resultados asombrosos con apoyo de una universidad del Amazonas. Ella es otra. Siempre habrá mejoras por venir. Agradecido.

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