Retablo

Retablo

Es una botella botada al mar de Cienaguas por el poeta Javier Moscarela -enero del año 2002-. Verano cuando estallaban miradas y escribía. Siempre él piensa, canta y ama los gestos que el universo repite incesante. Actos en soledad y capacidad de renovarse en la galería de sus asombros mientras perdura el tic tac del reloj acompasado con golpes de olas.

EL ANUNCIO

A Giannina

El dragón azul abre sus alas
en la noche y una nueva luna muere y otra nace.
El dragón rojo lanza sus llamas
al amanecer y un sol muere y otro nace.
Los dos dragones se encuentran en una hora
que no es el ocaso ni el alba:
la multicolor madeja rueda por los cielos,
saltan frenéticas llamas,
abrazadores ojos hieren el mar
en un lugar llamado Caribe,
sacan al volcán lenguas de fuego,
abren en canal la carne del sol,
reducen al polvo los huesos de las lunas.
El dragón rojo y el dragón azul se confunden
en un solo haz de luz, como tus ojos
cuando me miran con rabia y con amor.
En los cielos y en los corazones
los dragones algo muy remoto anuncian.

ERROR DE CÁLCULO

A Doris

Gracias al error
de un genovés
en la lectura del sextante
y a las imprecisiones de las tablas
estelares de un árabe,
tú tienes esa sonrisa
de negra y me miras
con ojitos de india
y usas esas hermosas
palabras que una vez
usó Don Quijote
y que yo uso ahora
para cantarte.

EL BAÚL

No podía sacudir de mi cabeza el ruido del mar
Walcott

Cuando mi madre y yo fuimos a la guerra fratricida
en un baúl de cedro y hierro forjado
guardó las pertenencias que conformaban nuestro universo:
una botella de María Farina con agua del mar Caribe
-agua que se agitaba cuando ella la acercaba al corazón-,
una corona de trinitarias blancas y rojas,
una enorme caracola rosada para escuchar
los sonidos primigenios -a veces yo creía
escuchar al sinsonte que el abuelo italiano
le había enseñado a cantar Santa Lucía-,
y un viejo libro con la historia de nuestros
pueblos de piedra y sal.
He perdido el baúl y sus tesoros
en una batalla de amor,
Ahora, en una nueva guerra civil
solo puedo dejarles a mis hijos este poema:
una botella arrojada al mar
del tiempo por venir, que quizás
nunca encuentren, y que si la encuentran,
quizá también la pierdan.

Retablo

En 1750 después que el cordonazo de San Francisco arrojara al mar sobre la frágil aldea que se adhería, sin fuerzas casi, al Valle de Cienaguas, se ordenó por el gobernador de ultramar, el traslado de cien familias de blancos a una sabaneta más elevada y segura; el día de san Juan Bautista, inician la refundación de la villa más próspera que conocieran los habitantes del Nuevo Mundo. En honor del santo patrono levantaron la Casa de Dios de cuyo recuerdo, después de 250 años, y de tres guerras civiles, más implacables que el mar, sólo quedó en pie el retablo de tres arcos, en cuyo revés descubrí fragmentos.

Javier Moscarela. Santa Marta – Colombia 1957, poeta, investigador, profesor de temas ambientales y culturales del Caribe. Ha publicado libros: La primera piel (1984) Fabulario (1985) Villa Marina (1993) Cultura y ecosistema en la región de la Ciénaga Grande de Santa Marta – Colombia (1998), Retablo y otros.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: