Los días de labinA en aípA

labinA escuchaba miles de cantos de cigarras, emitían frecuencias que se movían entre ondas de frío y de calor desde la tarde hasta medianoche, sus zumbidos no le rechinaban desde aquel miércoles de octubre, los pensó como un eco del cielo cuando nació Nubia su hija; como buen padre, recordó ese amanecer de hace diecisiete años cuando escuchó su gemido tras el primer canto del gallo que silenció a todas las cigarras. La niña lloró y tiritó del frío ya fuera de la comodidad del vientre.

Un eco del cielo. Roberto Matta – surrealista chileno

labinA había madrugado a despedirse de la luna que desaparecía tras el cerro de Tatamá, él se sentía al revés y sentado en la cocina, se examinaba todo el cuerpo porque creía lo había poseído una mujer gusano; estaba ahí confuso, tomó su pocillo de peltre, atento de la noticia de doña Rosario la partera. Ella le había anunciado un gran día y una buenaventura porque en esa semana millones de cigarras habían salido de la tierra después de un encierro de diecisiete años.

En siguiente época sonaban de nuevo las cigarras, ese tres de junio amaneció claro tras la lluvia, se tomó el tinto de los tragos de siempre y labinA presintió que se le escurría por sus tripas exteriores. Le dijo a Nubia que sintió las gotas del café cuando pasaban por el cardias, se movían como la sangre y le cayeron al estómago como a una palangana que lo revolvía y lo vaciaba en los intestinos. Sintió que su hígado colgaba del ombligo como agarrado de un gancho de carnicería. Su hija le palpó la punta del intestino y la naturaleza de su apéndice, lo sintió flojito y muy puntudo. Solo pudieron recomponerse de esa imagen cuando labimA se cambió la ropa para irse al cafetal.

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Roberto Matta

La finca del paisano labinA se ubicaba en una vereda vecina a la tierra de un médico compañero suyo durante la escuela primaria, Nubia le sugirió visitarlo porque de tanto en tanto los visitaba y lo sabía escuchar; tenía su pendejada; un especialista  en vaciar el bolsillo de sus pacientes, les atendía en sus lenguajes y los reconocía hasta en lo más profundo sus animosidades, sus malestares, sus perfiles psicológicos con sus imaginarios y los desajustes de su fisiología.

A labinA, así percibía su nombre, aunque lo real sería al revés, en los días de la cosecha lo visitó el vecino médico, le escuchó y examinó, le aguzó el oído a sus malestares. Acostado sobre la mesa del comedor le verificó con un tenedor forense las revolturas de su cuerpo; al tiempo, le entendía esas palabras de su arrevesado lenguaje: -rop íha rotcod, iha em agleuc anu asoc-  

Por cada parte que le palpaba, el hombrecito sentía el enrevesamiento de sus órganos. Escúchame: Debemos iniciar la recomposición de tus tormentos y mejorar tus descomposturas, me contarás tus sensaciones y te haré una operación. Y labinA lo miró —orep, ¿ose on áres yum orac rocod?—   y el doctor:  Humm…  No es ese el problema. Hombre, piénsalo, si en la cirugía y te saco la apéndice, tu tripitorio funcionará mejor y se reacomodarán tus órganos. Un mes luego de la operación y medicinas, el intestino grueso se habrá acomodado, sentirás gran alivio después de comer. Piensa que pasados sesenta días, podrás devorarte un toro o una bandeja paisa.

Nubia le replicó que era una solución muy costosa. labinA le explicó que era cuestión de vender seis vacas y tres marranos- Así la cirugía se pudo financiar.

Roberto Matta- La tierra es un hombre

Cuando labinA regresó de Medellín, hablaba a todos y lo explicaba con detalles, decía sentirse muy bien. Llegó al pueblo el día del mercado, era un hombre cambiado y su felicidad consistía en demostrarle a cada uno de sus vecinos la cicatriz de su operación. Parecía un soldado del Batallón Fudra, recién salido de mil batallas, se sentía un héroe de mil guerras.

Transcurrieron las siguientes tres lunas perdidas y aparecieron en los cafetales millones de arañas rojas, tejieron un manto blanco que amenazaba arrasar los cultivos. labinA percibió que se le habían metido por entre las orejas y los agujeros de la nariz, no sabía si por esa sensación de una procesión de arañas rojas que le andaban por todas partes, se le había volteado el cuajo. El médico vecino lo llevó a su clínica en su carro BMW hasta Medellín y lo operó; y así,  mes a año y temporadas, a más lunas perdidas, con cada aparición de hormigas arrieras, o nubes de cucarrones, invasiones de polillas, algo se descomponía en la mente de labinA y se reflejaba en su cuerpo. El médico vecino le hacía operaciones por hernias inguinales y problemas en el vientre.

El veintiocho de diciembre, labinA sintió un pulmón congelado y lo trasladaron a Bogotá donde lo metieron en un pulmón mecánico para descongelarlo y calibrarlo. Seis meses después, cuando labinA caminaba hacia adelante, sentía que la sangre se le devolvía, y al revés, cuando caminaba hacia atrás cot cot cot; el asunto era grave, lo llevaron a Miami donde le aceleraron el flujo sanguíneo que se estaba atascando en las venas y le acomodaron el sistema circulatorio tras una cirugía de corazón abierto.

Con cada cambio de luna a labinA se le removía un imaginario telúrico con sonidos de la tierra y ruidos de animales, los gusanos picudos que roían en las palmas, las nubes de libélulas y resplandores de cocuyos. El médico miraba los fenómenos que anunciaba el almanaque Bristol satisfecho, a cada cambio de temporada le añadía una operación; aunque se gastara una fortuna labinA se mostraba más y más feliz.

En la plaza de aipA, antes de la misa mayor en el día del mercado, a labinA lo rodeaban los campesinos y muchos visitantes. Le preguntaban por su estado porque ya era reconocido con un personaje exótico; y él, se quitaba la camisa y se bajaba los calzoncillos para mostrarse  a todos; así explicaba, cada vez mejor y a cada uno las circunstancias de los fenómenos de la vida natural cuando le dejaban sus desarreglos físico y orgánicos, y como su médico amigo se los cura con sus cirugías. Su cuerpo era un mapa de cicatrices y huellas de una guerra mundial donde todos ganaron, los cirujanos dejaron sus marcas en el cuero de labinA y en los $$$ de las finanzas en la clínica del médico.

LabinA, a pesar de sus dolencias y en su heroicidad imaginaria, con su conversa arrevesada de siempre, era una lanza en los negocios, siempre hubo vacas lecheras, marranos para engordar y cultivos para financiar sus aventuras con los cirujanos.

Roberto Mata
Roberto Matta  – arquitecto, humanista y pintor surrealista chileno Roberto Sebastián Antonio Matta Echaurren, más conocido como Matta, fue un arquitecto, pintor, humanista y poeta chileno . Considerado el último representante del surrealismo.

Perdí durante muchos años el rastro de labinA. Sus hijas crecieron y se fueron a buscar fortuna en España y Estados Unidos. Nubia sentía su ausencia y le convenció; vendió las tierras y llevó a su padre en la tercera temporada cuando regresaron los cantos de las cigarras.

La semana pasada, lo encontré en una revista de farándula, retratado ahí, era un personaje en una página central, el protagonista de un reportaje. Su figura más joven, un labinA renovado y en las ondas de la moda con un peinado punk. Tenía todo su cuerpo repleto de tatuajes y rejuvenecido facialmente por efecto de siete cirugías plásticas, le seguían quince reporteras a quienes habló de sus cirugías. Ya era una figura del Jet Set. Había participado en películas y en un reality show sobre permutaciones humanas a partir de aprendizajes y hechos experienciales

No sé si sea labinA y tampoco lo dudo; aunque, algunos de sus descendientes están en las ondas más rarísimas del postmodernismo; conocí a uno de ellos a quien apodaron gusano en recuerdo de las extravagancias de su abuelo; y como dicen por ahí, dizque todos tenemos un doble.

Existe un alguien que anda por ahí perdido en el mundo, a lo mejor sea ese el doble de labinA. Lo malo es, como dice Fabio Alzate, que si llega la circunstancia cuando uno se encuentre con el doble, el uno es el positivo y el otro el negativo, entonces los dos estallan y se esfuman sus moléculas y continúan entonces, una serie de estallidos atómicos como la otra gran explosión para otro universo. No sé si sea verdad o no, y no me han dicho si labinA ya tendrá la contra para eso.

Santiago de Cali, Marzo de 2018.  

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