El trio Santo de Apía


Ramón Román, cuando nació, tres meses antes, la vecina Rosana ya lo presentía. Lo concebía cercano y cálido. Ella vivía en el caserón más viejo, “Ranchoquemao”; al conocerlo le admiró, le observó con detención, con insistencia en los detalles de su piel tierna y su cara, sintió un desbordamiento de burbujas en su estómago con una conexión tan inmediata que le clavó un “mal del ojo”. Así lo aseguran todos.

Siguieron otros años con ella allí cercana, pasaba y lo miraba con el sol, obsesionada y admirada con ese niño hijo de india y blanco con rizos de oro.

¿Por qué decían eso? Lo pensaba. Eso es amor con traga de ojo, decía la tía.  

Andaba por ahí en todas sus épocas y también en su andadera figuraba el jovencito; por ahí, se la encontró a la vera de un sendero largo con guayacanes florecidos, ella le miraba con intuiciones de lujuria, ojos suyos rayados de vecina solitaria, portadora de presagios y mala leche. Eso decían todos.

Ella solo asustada, se había calmado de un llanto quebradizo cuando se encontró con si misma y mirándose al revés, su interior era una cárcel sin barrotes, su espíritu huidizo, sus días contados en los palotes que marcaba en los guayacanes del camino. Un pariente abusó de ella y le callaron, es secreto de familia.   

El joven Ramón Román, se asentó en aquella piedra marcada donde está una huella de hace 356.000 años, aseguran que es pisada de un Neandertal de más allá de la edad del hielo; cerca también estaban señales de los indios Emberá, cuatro siglos atrás pasaron guiados por Dachizeze, el errante creador del mundo indoamericano, escondieron el tesoro de los Apias por el cual Jorge Robledo, conquistador español, ordenó ahorcar a Tucarma su cacique. La Rosana llegó, puso su mano en esa piedra y lo besó, le miró con el brillo del tesoro y ambos sintieron energías distintas y renovadas.

Decían que por la vecina Susana, Ramón Román había padecido una diarrea endemoniada que le revolcó el cuajo y se lo dejó al revés hasta aquel día cuando llegó su tío Gerpul, le hizo tomar un frasco de purgante que se había diluido en agüita de la virgen de Piendamó: Agüita de piernamó te traigo mi sobrino, bébela, esta bendita por la virgen. Se la dio a tomar mientras la banda papayera que acompañó a Gerpul improvisaba música de Apía, el maestro Rubo le reprobó ese hecho porque no se podía usar la música del pueblo para asuntos tan profanos. Quitar el mal de ojo con música.

Ramón Román o se curó tras las miradas de Rosana, o la pócima musical con agua de Piernamó de Gerpul y la virgen lo transformó en el joven más devoto de María. Con su cara de santo anunciaba milagros y las vecinas se embelesaron con el muchacho.  A ella la convirtieron en bruja y decían que lo rondaba horqueteada en una escoba erótica de conquistas y engaños. A él le descifraron todos sus gestos como manifestaciones de una lujuria contenida que le acobardaba de manera tan gallarda que hasta le lucía con su camisa parda.

Fotografía de Apía – Jorge Evelio Aristizábal

La Rosana le pedía perdón por haberle ojeado en un tiempo y una manera que jamás pudo explicarse, le abrazó y estampó un beso desenfrenado, se recostaron al espejo y lo quebraron. En todos los pedazos se fijaron sus huellas varoniles y las oscuridades de ella. Allí estaban reflejos de amores contrariados en el territorio arisco e inexplorado de sus cuerpos, fluían las luces de umbrales donde concurrían sus temperamentos más vitales con emociones y conductas negativas; rabia y celos, la vergüenza y la mentira, el resentimiento y la honestidad.

Dicen que la dejó preñada y lo negó, Yo no lo quiero amada, como escribió Neruda; aunque de aquellas circunstancias, nació un niño, tan hermoso y libre del mal de ojo que a todos los niños que miraba dejaba preservados contra el sarampión, los coronavirus, la rubeola, los males de ojo y la lloradera lacrimosa. Incluso lo creían poseído de dones que generaban curaciones instantáneas, completas y duraderas, como cuando con solo tocarla se le alivio la tembladera del mal de sambito a doña Rosario Isaza, una provinciana del Chocó que había llegado de pagar una promesa al cristo milagroso de Buga y siguió en la búsqueda de los curanderos de Viterbo que llamaban Los Grajales.

A la casa de Ramón Román llegaban toda clase de enfermos, los miraba y se aliviaban, el cura Jaramillo le trajo una custodia antigua de un latón desbaratado y desteñido desde un baño dorado que decían sacado de las miradas de la milagrosa de Chiquinquirá, solo relució cuando la vieron parpadear en medio de una procesión de mayo. Con ese objeto envuelto en un retazo brocado, decían que el niño de Ramón Román con la Susana, tocaba a los desahuciados y le respondían con todas las energías de la vida y otras vidas. Los apodaron los milagrosos del Ranchoquemao.

Rosana se dedicó a servirles, preparaba sus alimentos y les protegía de las sombras de su propio cuerpo con la única luz que poseía, la trasfería desde una infinitud tan pequeña y frágil que atraía los poderes desde tinieblas inagotables, su luz y su poder son negativos. La gente decía en los pueblos vecinos que sus pasos estaban en la calle y tras ella los pasos del padre y el hijo hasta donde los enfermos finaban o se levantaban sanos. 

Les declararon santos cuando, el padre Jaramillo, explicó a una junta de vecinos, el proceso de la iglesia católica para escoger sus santos. Se deberían documentar todos sus milagros, y si no los hubiere suficientes, lo hecho bastaba para declararlos venerables siervos de Dios de esta tierra olvidada. Cuando Belisa Cruz habló de las curaciones instantáneas del hijo de Román con la Rosana a su hijo el tullido, porque caminó y pidió café tras ser mirado por el niño, mientras la candela del fogón ardía con la llama más divina, con solo que la Rosana la soplara para que no se apagara, allí siguió una viva ardiente llama, más hermosa y luciente para todos los siglos, sin gastos de leña y sin ceniza.

Con lo días llegó un delegado que presentaría el caso al Ministerio de los Santos en Roma. Aquel trámite recogió evidencias durante dieciocho años, pero quizá, no entraba en la línea propagandística de la Santa Sede. Se quedaría en el Limbo. Aunque otro testimonio aseguraba que en el pensamiento del papa Bergoglio estaba poblar con santos los pueblos de cordillera porque eran considerados la reserva del pueblo de Dios. Sacaron entonces los testigos, aquellos milagrosos casos de tumores desvanecidos, alivio y curación de desahuciados, tres devotos en tres localizaciones al mismo momento, cuando aquel trío sagrado invocó las fuerzas divinas de María ante el altar de la parroquia en Apía. Hasta hablaron de algún resucitado que no pudieron comprobar porque huyó desde el sepulcro por miedo de venganzas enemigas.  

Ramón Román con su hijo y con Rosana, cansados de sainetes milagreros; un cierto día, anochecieron y no amanecieron; entonces, cuando los trámites de su santificación estaban en el turno 1345 entre los diez mil doscientos catorce casos en estudio ante la Congregación de las causas de los santos, se requerían 130.000 euros para cumplir con las tarifas del tribunal sacro y los abogados sustentadores según derechos pontificios, más los tramitadores de aquella causa piadosa.

Propusieron recoger ese capital con rifas y empanadas, más donaciones por cada milagro de los susodichos. Ya nos estaban en Apía. Alguien dijo verlos en una parranda santa en la Guajira multiplicando panes y botellones de agua para el desfile de los venezolanos desplazados, hasta aquella mañana cuando se ahogaron entre un mar de plegarias y oraciones con sabor de ron cubano.

Manizalados del Flaco Jiménez


Traigo desde Manizales, la capital de Caldas, departamento del paisaje cafetero, al Flaco Jiménez, le decimos así. Así lo presenta el escritor caldense José Miguel Alzate.

El primer capítulo de “Manizalados”, novela del Flaco Jiménez, entrega una narración de un escritor de estilo depurado, un lenguaje con la gracia que nutre a veces una prosa de giros con un buen humor. El nombre mismo del narrador, Miguel de Cervantes Zuluaga, quien cuenta su vida en primera persona, es un juego intertextual que toma el nombre del autor de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la mancha”. Recrear con alegría los hechos que le toca presenciar; a veces protagonizar, como el acto inicial, un atentado contra el general Camacho en Bogotá, Hotel Tequendama, donde él tuvo a su cargo, por orden de una célula guerrillera, poner una bomba. 

https://www.lapatria.com/opinion/columnas/jose-miguel-alzate/manizalados-la-novela-del-flaco-jimenez

𝙲𝙾𝚂𝙸𝙰𝙲𝙰 𝙴𝚂𝚃𝚄𝚅𝙾 𝙴𝙽 𝙼𝙰𝙽𝙸𝚉𝙰𝙻𝙴𝚂 EN LA TIENDA DE LA TIA CLARA.

La tienda de mi tía Clara, en el camino que va de Neira a Manizales, tenía cucas, gelatinas, polvorosas, borrachos, liberales, cocoteros y aguardiente amarillo de Manzanares.

⸺¿Ustedes los citadinos a que vienen al campo? ⸺ me preguntó, un día, la tía.

⸺A desestresarnos tía…

⸺¿Y los del campo a donde vamos entonces?

⸺No sé, tía. ¿Al mar tal vez?

⸺No sea tan sororombatico. Vamos a la ciudad. O salimos al corredor de la casa a ver pasar gente para la ciudad. Por esta tienda por ejemplo pasó para Manizales el obispo de Medellín con mitra y báculo en una mula blanca, pasó el elefante del circo Royal Dumbar arrancando racimos de banano con la trompa.

Pasaron los tenores de La ópera de Milán ensayando una ópera, el Verraco de guacas con sus seis mujeres, un automóvil desarmado que traían en una parihuela de bueyes (el primero que llegó a Manizales), paso el judío errante y dijo profecías, el poeta Valencia de Popayán dejó la firma en la pared y pasó también el más vulgar de los vagabundos, el tramposo y boquisucio Cosiaca.

José García no era precisamente como se le conocía. Cosiaca es el nombre con que todos recuerdan a este popular personaje del siglo XIX y principios del XX. Para ningún antioqueño es desconocido Cosiaca, un simple vagabundo que deambuló por las calles de Medellín y algunos municipios de Antioquia y que se hizo popular por las ocurrencias con que siempre contestaba, a veces divertidas y otras vulgares. https://www.bibliotecapiloto.gov.co/cosiaca/

⸺¿Usted conoció a Cosiaca tía? ¿Y cómo era?

⸺¿Cosiaca? De todos los que nombré ¿el único que le interesó a usted zumbambico fue Cosiaca? Ahí se ve lo pernicioso que es.

⸺Es por cultura general tía

⸺Cultura las cachas. Lo que usted quiere es aprender perrerías. Muérgano, marrullero. Pues sepa y entienda que a Cosiaca le fue mal porque era jodido desde chiquito. Con decirle que a los ocho añitos el papá lo echó de la casa. Que se fuera a rebuscar, le dijo, a conocer mundo.

⸺Pobre creatura.

⸺¿Pobre creatura? No señor. El mañosito se fue a embaucar montañeros con un culebrero que vendía agua en fraquitos, disque traída de Fátima y esa tal agüita le daba larga vida a los que tomaran dos gotas en ayunas, todos los días.

El tipo disque ponía una caja en el suelo y decía que iba a sacar una culebra Mapaná. Los campesinos ingenuos y desprogramados hacían corrillo para ver salir la culebra y entonces el embaucador, en vez de la culebra sacaba con mucho misterio el frasquito y les decía:

“Que pesar de nuestros tatarabuelos que NO CONOCIERON este elixir y prueba es que todos están muertos ¿Verdad? ¡!Que pesar!! En cambio, yo tomo desta agua bendita todos los días y aquí donde me ven gordo y colorado, joven y bello, tengo ya 755 años cumplidos”.

Así recorrieron mucho, hasta que un día en Fredonia, después de vender todo, el culebrero se fue para el hotel y un campesino desconfiado se le acercó a Cosiaquita que estaba recogiendo la caja de la culebra y le ofreció un peso (que era mucha plata en esa época) si le contestaba una pregunta, pero con la puritica verdad.

Cosiaquita dijo que, SI. Y juró por esta cruz bendita, que claro que le decía solo la verdad y se embolsilló el peso y el campesino preguntó:

⸺¿Es verdad que ese culebrero tiene 755 años?

⸺No señor –respondió con franqueza el picarito–. Lo que yo le diga es mentira. Para que le voy a hablar mierda. Yo no sé cuál es la edad de ese güevón. ¿No ve que apenas llevo 100 años trabajando con él?

Ya grande, Cosiaca estuvo en las ferias de Manizales y en una urgencia SE tuvo QUE CAGAR detrás de un árbol en el parque de Bolívar, pero un policía lo vio y lo amenazó:

⸺Cochino Cosiaca, le voy a dar parte al alcalde.

⸺Si quiere désela toda señor agente, respondió cosiaca mirando satisfecho la obra que acababa de realizar al pie del árbol.

El policía se fue muy ofendido y Cosiaca se puso a dar vueltas por el pueblo hasta que se enamoró de un carriel muy bonito que traía un Marinillo, de cuero de nutria.

⸺¡El Marinillo tenía cuero de nutria, tía?

Carriel o guarniel de Marinilla, también los hay de Jericó.

⸺No pendejo el carriel era de Nutria, en esa época mataban las nutrias y los tigrillos pa hacer carrieles y resulta que el Marinillo era un rico muy humillativo y llamó al policía para ponerle la queja: Que Cosiaca no hacía sino mirarle el carriel, que talvez quería robárselo.

El policía que estaba berraco con Cosiaca, lo agarró de la ruana y lo llevó donde el alcalde don Marcelino Palacio

⸺Ese carriel es mío dijo cosiaca. Señalando el hermoso ejemplar que traía terciado el marinillo ⸺Me lo robaron en Salamina hace tres días.

⸺Muy sencillo Cosiaca, ⸺respondió el alcalde, que era hombre salomónico⸺, diga usted que tiene el carriel para saber si de verdad es suyo. Pero si no acierta, lo meto a la cárcel por injuria y calunia.

⸺Si señor alcalde. Yo me sé de memoria las cosas de mi carriel, dijo Cosiaca y empezó a enumerar:

En ese carriel tengo una vela de cebo (para alumbrar de noche y para untarme en las peladuras porque desde Medellín hasta aquí me gasté una mula y dos culos)

El alcalde sonrió y efectivamente encontró la vela en el carriel. ¿Y que más tiene Cosiaca?

⸺Tengo una camándula (para rezar el rosario porque soy muy católico), tengo los dados (porque me gusta el juego más que a un gato chiquito), una peineta de plástico azul (que le falta un diente) Un espejo (que por detrás tiene la estampa de la virgen del Carmen), una pastilla de Mejoral (porque mejor mejora mejoral) y otra de Anacín (que al dolor le pone fin).

El alcalde iba sacando esas cosas y Cosiaca seguía diciendo:

⸺Tengo una aguja de arria (para coser costales), dos metros de cabuya, un atao de tabacos (desde aquí hasta Neira me gasto dos tabacos) un yesquero (para prender los tabacos) un trompo (cójame ese trompo en la uña) una pirinola, una barbera y una navaja capadora (pa pelar naranjas), Un frasco de Sal Vida Lister (porque no es el corazón el que regula el amor sino el hígado y un hígado aliviado es amor asegurado)

El alcalde muy asombrado seguía sacando las cosas y las ponía sobre el escritorio ante el desconcierto del Marinillo.

⸺Tengo el almanaque Bristol (la guadua se corta en menguante), el Tricófero de Barry (para la caspa voladora) Alhucema (para el dolor de cabeza) Vic-vaporub (se frota y basta), una lupa (agáchese y me lo chupa), agua florida de Murray y Lanman, un tute (porque yo a cualquiera le hago LAS CUARENTA), tengo un cóngolo (para la buena suerte), una herradura vieja, la uña de la gran bestia, la emulsión de Scott (con aceite de hígado de bacalao), la novena del niño dios (disque San José era padre putativo de Jesús. Que grosería) un ajo macho, una pata de conejo, unas alpargatas de repuesto, un reloj (marca ferrocarril de Antioquia), un frasco de BAY RUM siete medallas (para después de la afeitada, pero en caso de emergencia me lo tomó pa desenguayabar) tengo la foto de la novia y (un cachito de su pelo), y la foto de un amigo (y un pelito de su cacho).

El escritorio del alcalde ya estaba lleno de cosas y Cosiaca seguía recordando mientras el marinillo palidecía. Todo lo que el pillo enumeraba era inmediatamente encontrado por el alcalde y los que hacían corrillo, incluida la tía Clara, ya se estaban convenciendo de que aquel carriel pertenecía a Cosiaca.

⸺Tengo además una botella de tapetusa (con un trago en ayunas se matan todas las lombrices) un frasco de Piparzol (purgante de efecto mortífero), un poncho de cuadritos, un pote de Vaselina (usted sabe pa qué señor alcalde) una pasta de jabón de tierra, un parche de cariaña (para las heridas de machete) Pomada Merey (para las heridas de bala) bicarbonato (para la pedorrera) una copa aguardentera, una cuchara de palo, un plato de peltre y un pocillo y una tusa ( para las diarreas). Un limón (el limón es el medico de los pobres) una dentadura postiza (de repuesto), un pañuelo rabo de gallo, un cuero de culebra enrollado, una estera de guasca de plátano y una cobija (porque uno nunca sabe dónde lo va a coger la noche), un canasto para coger café, un zurriago (para espantar los perros bravos) una parrilla para asar arepas (el que no se voltea no se asa), una máquina de moler maíz y cinco morrocotas de oro.

⸺Definitivamente este carriel es suyo dijo el alcalde. Enseguida le entregó el carriel a Cosiaca y metió a la guandoca, por ladrón al Marinillo, que juraba que el carriel era propio y suplicaba que le dejaran siquiera la plata y los tabacos.

⸺¿Y usted Cosiaca como se acordó de todo? Le preguntó la tía por la noche en la tienda cuando cosiaca fue a celebrar con aguardiente amarillo de Manzanares.

⸺Pues porque todos los putos carrieles tienen las mismas maricadas, respondió el pícaro y pidió otra ronda para la concurrencia. Y todos se reían de sus ocurrencias.

La tía clara agradece a todos sus compinches por el apoyo y les amda decir que comenten y pregunten y compartan zumbambicos.

El FLACO JIMÉNEZ

Escritor, cuentero y actor. Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad de Caldas. Participó en el X Festival Internacional de Narradores “Abrapalabra”, en Bucaramanga; en la II Muestra Iberoamericana de Narradores Orales de Medellín; y en las ediciones XX y XXI del Festival Internacional de Teatro de Manizales. A nivel internacional ha sido invitado a participar en encuentros y festivales de Viena, España, Holanda y Estados Unidos.
Sus shows más destacados han sido: Un paisa en la otra vidaEl negro Manuel Los tres genealogistas.
Algunas de sus obras son: Amalia se fue a las nubes (1993) y Rosado arrojo (2016).
http://babeliantes.blogspot.com/2019/02/adenda.html

Los días de labinA en aípA


labinA escuchaba miles de cantos de cigarras, emitían frecuencias que se movían entre ondas de frío y de calor desde la tarde hasta medianoche, sus zumbidos no le rechinaban desde aquel miércoles de octubre, los pensó como un eco del cielo cuando nació Nubia su hija; como buen padre, recordó ese amanecer de hace diecisiete años cuando escuchó su gemido tras el primer canto del gallo que silenció a todas las cigarras. La niña lloró y tiritó del frío ya fuera de la comodidad del vientre.

Un eco del cielo. Roberto Matta – surrealista chileno

labinA había madrugado a despedirse de la luna que desaparecía tras el cerro de Tatamá, él se sentía al revés y sentado en la cocina, se examinaba todo el cuerpo porque creía lo había poseído una mujer gusano; estaba ahí confuso, tomó su pocillo de peltre, atento de la noticia de doña Rosario la partera. Ella le había anunciado un gran día y una buenaventura porque en esa semana millones de cigarras habían salido de la tierra después de un encierro de diecisiete años.

En siguiente época sonaban de nuevo las cigarras, ese tres de junio amaneció claro tras la lluvia, se tomó el tinto de los tragos de siempre y labinA presintió que se le escurría por sus tripas exteriores. Le dijo a Nubia que sintió las gotas del café cuando pasaban por el cardias, se movían como la sangre y le cayeron al estómago como a una palangana que lo revolvía y lo vaciaba en los intestinos. Sintió que su hígado colgaba del ombligo como agarrado de un gancho de carnicería. Su hija le palpó la punta del intestino y la naturaleza de su apéndice, lo sintió flojito y muy puntudo. Solo pudieron recomponerse de esa imagen cuando labimA se cambió la ropa para irse al cafetal.

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Roberto Matta

La finca del paisano labinA se ubicaba en una vereda vecina a la tierra de un médico compañero suyo durante la escuela primaria, Nubia le sugirió visitarlo porque de tanto en tanto los visitaba y lo sabía escuchar; tenía su pendejada; un especialista  en vaciar el bolsillo de sus pacientes, les atendía en sus lenguajes y los reconocía hasta en lo más profundo sus animosidades, sus malestares, sus perfiles psicológicos con sus imaginarios y los desajustes de su fisiología.

A labinA, así percibía su nombre, aunque lo real sería al revés, en los días de la cosecha lo visitó el vecino médico, le escuchó y examinó, le aguzó el oído a sus malestares. Acostado sobre la mesa del comedor le verificó con un tenedor forense las revolturas de su cuerpo; al tiempo, le entendía esas palabras de su arrevesado lenguaje: -rop íha rotcod, iha em agleuc anu asoc-  

Por cada parte que le palpaba, el hombrecito sentía el enrevesamiento de sus órganos. Escúchame: Debemos iniciar la recomposición de tus tormentos y mejorar tus descomposturas, me contarás tus sensaciones y te haré una operación. Y labinA lo miró —orep, ¿ose on áres yum orac rocod?—   y el doctor:  Humm…  No es ese el problema. Hombre, piénsalo, si en la cirugía y te saco la apéndice, tu tripitorio funcionará mejor y se reacomodarán tus órganos. Un mes luego de la operación y medicinas, el intestino grueso se habrá acomodado, sentirás gran alivio después de comer. Piensa que pasados sesenta días, podrás devorarte un toro o una bandeja paisa.

Nubia le replicó que era una solución muy costosa. labinA le explicó que era cuestión de vender seis vacas y tres marranos- Así la cirugía se pudo financiar.

Roberto Matta- La tierra es un hombre

Cuando labinA regresó de Medellín, hablaba a todos y lo explicaba con detalles, decía sentirse muy bien. Llegó al pueblo el día del mercado, era un hombre cambiado y su felicidad consistía en demostrarle a cada uno de sus vecinos la cicatriz de su operación. Parecía un soldado del Batallón Fudra, recién salido de mil batallas, se sentía un héroe de mil guerras.

Transcurrieron las siguientes tres lunas perdidas y aparecieron en los cafetales millones de arañas rojas, tejieron un manto blanco que amenazaba arrasar los cultivos. labinA percibió que se le habían metido por entre las orejas y los agujeros de la nariz, no sabía si por esa sensación de una procesión de arañas rojas que le andaban por todas partes, se le había volteado el cuajo. El médico vecino lo llevó a su clínica en su carro BMW hasta Medellín y lo operó; y así,  mes a año y temporadas, a más lunas perdidas, con cada aparición de hormigas arrieras, o nubes de cucarrones, invasiones de polillas, algo se descomponía en la mente de labinA y se reflejaba en su cuerpo. El médico vecino le hacía operaciones por hernias inguinales y problemas en el vientre.

El veintiocho de diciembre, labinA sintió un pulmón congelado y lo trasladaron a Bogotá donde lo metieron en un pulmón mecánico para descongelarlo y calibrarlo. Seis meses después, cuando labinA caminaba hacia adelante, sentía que la sangre se le devolvía, y al revés, cuando caminaba hacia atrás cot cot cot; el asunto era grave, lo llevaron a Miami donde le aceleraron el flujo sanguíneo que se estaba atascando en las venas y le acomodaron el sistema circulatorio tras una cirugía de corazón abierto.

Con cada cambio de luna a labinA se le removía un imaginario telúrico con sonidos de la tierra y ruidos de animales, los gusanos picudos que roían en las palmas, las nubes de libélulas y resplandores de cocuyos. El médico miraba los fenómenos que anunciaba el almanaque Bristol satisfecho, a cada cambio de temporada le añadía una operación; aunque se gastara una fortuna labinA se mostraba más y más feliz.

En la plaza de aipA, antes de la misa mayor en el día del mercado, a labinA lo rodeaban los campesinos y muchos visitantes. Le preguntaban por su estado porque ya era reconocido con un personaje exótico; y él, se quitaba la camisa y se bajaba los calzoncillos para mostrarse  a todos; así explicaba, cada vez mejor y a cada uno las circunstancias de los fenómenos de la vida natural cuando le dejaban sus desarreglos físico y orgánicos, y como su médico amigo se los cura con sus cirugías. Su cuerpo era un mapa de cicatrices y huellas de una guerra mundial donde todos ganaron, los cirujanos dejaron sus marcas en el cuero de labinA y en los $$$ de las finanzas en la clínica del médico.

LabinA, a pesar de sus dolencias y en su heroicidad imaginaria, con su conversa arrevesada de siempre, era una lanza en los negocios, siempre hubo vacas lecheras, marranos para engordar y cultivos para financiar sus aventuras con los cirujanos.

Roberto Mata
Roberto Matta  – arquitecto, humanista y pintor surrealista chileno Roberto Sebastián Antonio Matta Echaurren, más conocido como Matta, fue un arquitecto, pintor, humanista y poeta chileno . Considerado el último representante del surrealismo.

Perdí durante muchos años el rastro de labinA. Sus hijas crecieron y se fueron a buscar fortuna en España y Estados Unidos. Nubia sentía su ausencia y le convenció; vendió las tierras y llevó a su padre en la tercera temporada cuando regresaron los cantos de las cigarras.

La semana pasada, lo encontré en una revista de farándula, retratado ahí, era un personaje en una página central, el protagonista de un reportaje. Su figura más joven, un labinA renovado y en las ondas de la moda con un peinado punk. Tenía todo su cuerpo repleto de tatuajes y rejuvenecido facialmente por efecto de siete cirugías plásticas, le seguían quince reporteras a quienes habló de sus cirugías. Ya era una figura del Jet Set. Había participado en películas y en un reality show sobre permutaciones humanas a partir de aprendizajes y hechos experienciales

No sé si sea labinA y tampoco lo dudo; aunque, algunos de sus descendientes están en las ondas más rarísimas del postmodernismo; conocí a uno de ellos a quien apodaron gusano en recuerdo de las extravagancias de su abuelo; y como dicen por ahí, dizque todos tenemos un doble.

Existe un alguien que anda por ahí perdido en el mundo, a lo mejor sea ese el doble de labinA. Lo malo es, como dice Fabio Alzate, que si llega la circunstancia cuando uno se encuentre con el doble, el uno es el positivo y el otro el negativo, entonces los dos estallan y se esfuman sus moléculas y continúan entonces, una serie de estallidos atómicos como la otra gran explosión para otro universo. No sé si sea verdad o no, y no me han dicho si labinA ya tendrá la contra para eso.

Santiago de Cali, Marzo de 2018.  

Dos viejos de montaña y sus asesinos.


En “El libro de las maravillas”- relatos de Marco Polo- Aquel mercader desde Venecia viaja a Catai – Norte de China y regresa por Malaca, Ceilán, India y Persia. – Sep. 15 – 1254 a enero 8 de 1324- Traducción de Francisco Gijón. El viajero relató a Rusticelo de Pisa, su auténtico escritor que redactó este libro en léxico francés y sintaxis veneto, ambos en prisión de Génova (1298 – 1299) y generó sus fantasías apoyado en lo escuchado de marineros y comerciantes.

En este libro hay un pasaje: En su lengua se llamaba Aladino, según decía Marco Polo , era “El viejo de la montaña”, diferente al cuento de la lámpara; así como ha existido un Carranza colombiano, diferente al Venustiano Carranza revolucionario de México y a Eduardo Carranza el poeta.  

El viejo de la montaña y sus asesinos

Escuchó Marco Polo: un Muleet que significa herético según la ley de Sarain, había ordenado convertir en lo más bello, un jardín como jamás se había visto en un valle entre dos montañas. Allí habría los mejores frutos de la tierra, un parque con mansiones y palacios. Un edén con una fuente al centro y un caño donde pasara vino, en otro leche y otro de miel.

El Viejo de la montaña convenció a sus súbditos que aquello era El Paraíso, porque Mahoma había escrito a los Sarracenos que quienes van al cielo, tendrán cuantas mujeres hermosas apetezcan. La construcción de ese jardín se hizo como aquel paraíso de Mahoma, con fuentes de vino, leche y miel. Los Sarracenos así mismo creyeron en el viejo.

Ilustración El Viejo de la montaña – tomado en Wikipedia

Aladino atrajo hacia su corte a doce jóvenes que habrían de convertirse en asesinos. A su entrada inexpugnable nada entraba; a ellos tras un brebaje, los llevaron adormilados. Ya despiertos en su recinto, les convenció que estaban en el cielo, con damas y damiselas y tenían cuanto deseaban en compañía de El viejo de la montaña, quien era su profeta.

Allí los adiestraron sobre el uso de las armas, convencidos que así eran los valientes del paraíso; cuando el viejo requería un emisario, le daba su brebaje y despierto en el palacio le indicaba su misión. Aunque teman de morir le cumplen, están en el paraíso e irán después al propio cielo donde serán señores. Al regreso a su corte, alguno es ejecutado por emisarios para guardar secretos, el viejo festeja su gran hazaña y conoce por testigos quien ha sido el más arrojado.

Os dejaré en este punto el libro Marco Polo, sin referirme al año 1562 del nacimiento de cristo, cuando Alan, el señor de los tártaros, le puso su final al Aladino, El viejo de la Montaña.

Espejos en la montaña

Fura y Tena – Tomado en la página del municipio de Otanche

En el paraíso de las esmeraldas

Muiscas y otros indígenas americanos han creído que el mundo son tres estados: un supramundo arriba, el inframundo abajo y el mundo del medio donde están los humanos.

En una parte de este mundo estaba lo que Cristina Ulloa me definía como “El Valle de las viudas”, un poblado cercano a dos montañas Fura y Tena, patrimonio cultural en una zona donde están las más ricas fuentes de esmeraldas, los indígenas muzos habrían librado feroces batallas con los conquistadores españoles para no revelarles aquellos yacimientos. Las más valiosa gemas de allí ha sido la esmeralda Emilia. 

La esmeralda Emilia

Otanche es parte de un paraíso perdido donde existen Fura y Tena, par de montículos en honor a su leyenda. Por allí el dios Are, al haber creado el mundo percibió que faltaba algo, vio unos juncos y de uno formó la creatura más bella a quien llamó Fura – mujer. Intentó repetirla con un junco mayor del que salió Tena – hombre. Al toser sobre ambas figuras les dio vida y os dejo a investigar o la intuición lo siguiente de este pasaje.

En poblados de aquel paraíso esmeraldero, donde las mujeres han llevado la peor parte. Muchos hombres eran educados para una guerra en que atacaba y se defendía el Señor de las esmeraldas, “donde pasa el Zar brota una gema” decían sus compañeros.

En Otanche existía un internado para los niños huérfanos, El señor del paraíso de las esmeraldas los visitaba cada semana y obraba como padre y protector. Los jóvenes crecían, les entrenaba sobre las armas, tras él aprendieron a obrar en los grupos armados en las guerras del Zar de las esmeraldas. Cuando triunfaban eran amos y jefes en el supramundo de los esmeralderos y si morían serían parte de un inframundo donde Are les guardaría energía en un lugar donde nacerían más esmeraldas. 

El Zar generó la bolsa mundial de las esmeraldas y fue ´poseedor de Fura y Tena, las dos esmeraldas más valiosas del mundo.  

Os dejo más de esta historia en:

https://es.wikipedia.org/wiki/V%C3%ADctor_Carranza

Ya no hay guerra, pero persiste la pobreza, la falta de oportunidades y la ausencia del Estado. Son casos las guaqueras, las viudas de la guerra verde y las trabajadoras que por primera vez entraron a competir en un negocio dominado por los hombres.

El paraíso de las esmeraldas

Tiempo y paisaje cafetero


En mi mente se mueve un caleidoscopio generador de imágenes cambiantes de una existencia inteligible. La estudio e indago en otras mentes y palabras, busco cosas escritas, fotografías, datos para dilucidarla y entenderla.

Escribo desde reflexiones en mi libro «El Congal. Diáspora y bordado»

Algunos me han descrito su trasegar histórico, creencias y emociones que condicionaron sus estilos de vida en otros tiempos y el presente. Percibo sus retratos mentales más auténticos, sus imaginarios, esos atavismos mentales que les enlazan lo remoto a lo cotidiano.

Luis Antonio Toro Osorio, oriundo de Marsella, cuando era Caldas, casado con Elena Vargas, salió de Marsella y tras sus revueltas, fue alcalde de Armenia en noviembre de 1967 a septiembre de 1968. ¿Quién le marcó ese rumbo? Su experiencia de migrante al Quindío demuestra esa capacidad para apropiarse de escenarios y momentos decisorios. Circunstancias que se interpretan y se adaptan.

Asumimos tiempos y posiciones para situarnos en la historia, a veces nos sentimos un punto del presente que navega entre ondas del tiempo líquido que hace parte del universo; en otras, circulamos en un disco de acetato, giramos en formas diversas porque un disc-jockey nos pulsa, somos vibraciones con curvas y circunvoluciones de tiempo sónico que van y vienen, sonamos con emociones.

Persona es ser y sonar. Corremos entre el humo de la historia para alejarnos sorprendidos en una elipse que nos hace regresar al origen impregnados de tiempos futuros, recogemos pedazos vitales del pasado y los metemos en nuestra mochila experiencial, somos maneras de ser y de estar entre la vida, vida que es ayer y hoy, logros día a día hacia el futuro. Actuamos con actos de habla, sonamos con recuerdos y emociones.

Cada casa donde habité en Marsella, Pereira y Cali Viejo puede contener una novela. Aprendí del mito del oro que está emparedado en una casa que ocupó Vicente López, el primer alcalde de Marsella. ¿Qué pudo satisfacer aquel metal que solo dejó esa leyenda imaginaria?

Somos formas de existencia, realidades de tener intemporales, el oro y los metales, u objetos que se desgastan y deterioran, las cosas nos reflejan y en ellas las personas y su roce al paso del tiempo.

Valoramos las casas antiguas y fundacionales por cuantos más hechos hayan sucedido allí y sus ocupantes más hayan dejado en su huella cultural. También se revalora o desmejora lo construido; se transforma en instalaciones para el negocio del turismo que las captura y transforma como las cosas de la economía naranja.

Objetos y personas, sujetos al diapasón de modas y afanes de ostentación, lo presente que es del pasado, aunque sea parte subjetiva del ser presencial presente. Estamos entre la sociedad del más, cada día más y más cosas de modas pulsadas por la locura del consumo efímero, somos banalidad y realidades aparentes, las asumimos, disfrutamos y cabalgamos en sus ondas y olas inmensas de tendencias que nos pueden disolver entre adicciones. Es la complejidad en la era del ser distinguido y replegado en la realidad de tantas relatividades.

Nuestro desafío es hacer del paisaje cultural cafetero un valor más perenne y mejorado ante el cambio planetario. La tierra nos da señales, nos desafía la movilidad terrestre que a veces es imperceptible aunque este a la vista desde las fallas en el suelo que son parte del trazado de las placas tectónicas. Nos alertan las noticias del cambio climático con el mayor dinamismo de las aguas que con vida y transformaciones.