Amores extraños

Aquella imagen de niña hermosa con los años se volvía gorda y con las huellas de una vida de adicciones.

Carlos Arturo y sus garrapateros

Carlos Arturo descubrió entre las memorias de un tío tatarabuelo la receta para enamorar a las hembras despectivas, fue en un cuadernillo del siglo XIX forrado en cuero italiano, escrito paginas de piel de conejo con una signatura adornada con ilustraciones barrocas.

Mientras leía despacioso, una ansiedad le afligía con tormentos que no le dejaron dormir durante innumerables noches, le ardían las pasiones hacia Giselle Vásquez, una hembra trigueña que ostentaba las caderas más torneadas e incitantes de la Provincia del Quindío, unos labios de rosa carnosa y las puntas de sus senos desafiantes.

Ella lo sondeó con su mirada un domingo a la hora de la retreta, ese alfilerazo de ojos carmelitas que se tragaron los sueños de dos generaciones de los muchachos que habitaron entre el sector de Mil ochenta, la Calle Real y las cantinas de Hoyo Frío en Marsella. En su mente fantasiosa armó la trama necesaria para enamorarla con la ayuda de la receta mágica de su antepasado. 

Alto del Nudo Marsella

Las primeras instrucciones le llevaron al camino Quimbaya antiguo desde las lomas de la montaña de Don Berna hasta el Monte de Manuel Semillas; trajinó las veredas del Alto del Nudo y el sendero llamado De Palo Santo en busca de un pájaro garrapatero, debía apresarlo en lugar descampado, al lado de un monte marcado con una alegoría de fantasías que había leído.

Don Tomás Issa, su maestro de biología le explicó sobre los garrapateros que habitan en los potreros asociados con el ganado, las reses les ayudan con sus movimientos a levantar los insectos que son parte de su alimento.

Según la fórmula a seguir, se trataba de coger viva a la hembra de garrapatero o un Pirincho u otro pájaro familiar de los cucúlidos, distinguida por la cooperación entre parejas para la cría de sus polluelos, debería medir treinta y ocho centímetros, su plumaje pardo oscuro, mejillas claras y destacadas en un píleo que forma un penacho irregular, cola larga y patas cortas con cuatro dedos, tres hacia adelante uno hacia atrás.

Se alimenta de insectos y ratones, explicó del abuelo; quien subrayó en una enciclopedia que “se distribuyen por bosques claros y praderas secas, desde Méjico hasta Brasil y el centro de Argentina, donde viven juntos hasta una decena de individuos; algunas hembras ponen los huevos y todo el grupo se ocupa del cuidado de los polluelos”.

Carlos Arturo armó trampas con lombrices y ratones pequeños pegados a unos cordeles que al jalarlos atrapaban el ave por sus patas, persistió dieciocho tardes y atrapó veintitrés ejemplares hasta tener tres con las referencias precisas.

El segundo paso era esperar hasta el primer viernes de cada mes, a las nueve de la noche, para sacrificar uno a uno los pajarracos para lograr los efectos eróticos deseados. Lo haría en el mismo cementerio donde yaciesen los restos de alguna antepasada de la mujer a enamorar; en su caso, Giselle tenía en el camposanto de Marsella a la tía Belarmina y él haría un ritual para fenecerlo con una crucecita de plata con empuñadura de madera del árbol de la santa cruz, en el punto de cruce entre cuatro cirios dispuestos al pie de la tumba de otra mujer soltera que hubiese muerto el día de todos los santos.

Él siguió cada detalle, sacrificaba cada hembra de garrapatero, bebía su sangre en una copita de vidrio negro, enterraba el animal frente a la tumba de Belarmina y llevaba a su casa el corazón envuelto en un pañuelo de lino blanco con el nombre de Giselle estampado con letras de su misma sangre de pretendiente.

San Antonio de Padua al que llaman Chiquito y colocan de cabeza para conseguir novio

Ante a una estatua de San Antonio Chiquito, a las doce de la noche, achicharraba con fuego de vela bendita el corazón hasta tostarlo, lo trituraba hasta hacerlo polvo y rezaba treinta y tres veces la misma letanía: “Espíritus de las aves que moran en los campos y los bosques, uníos a las peticiones de las mujeres anhelantes que suplican a este santo asceta y varón el milagro y el don de encontrar un amante perdido y haced que Giselle se apasione por mí”. 

En esa misma hora Giselle existía embelesada con su primo Carlos Ángel. Con él repasaba las lecciones que expondría en el Colegio de las Betlemitas, siempre rezaba el santo rosario a la Virgen Inmaculada  para que le liberase de todo mal y peligro, imploraba a San Judas Tadeo para que ayudara  a un tendero conocido suyo, apodado el Garabato, el papá de Carlos y le fuera bien en las ventas de baratijas;  porque si  salían  de tantas deudas,  ella tendría en él la esperanza de un futuro con matrimonio y vida despejada; más tarde, a media noche, reposaba adorable y lejana, dormida y plácida,  desnuda y deseable entre sábanas blancas.

Carlos Arturo la pretendió aquellos dos años en la iglesia, en los bailes del club, a las salidas del colegio, en todas las calles y todas horas; amable y diligente, le cargó paquetes en los días de mercado mientras le ofrecía unos turrones bogotanos muy apetecidos por las jovencitas, les introducía de manera furtiva el mismísimo polvo del corazón de garrapatero.

Le galanteaba con licores aperitivos, vinos  y cócteles exóticos,  cada vez con mayores dosis del polvo cordial; en reuniones, fiestas decembrinas y bailes de la semana cívica; en otras ocasiones le envió golosinas almibaradas y alteradas con el embrujo, le inventó reuniones de cumpleaños a sus amigas y amigos para escenificar sus propósitos; ella siempre le consintió indiferente e incorruptible, su destino le tenía trazados otros carriles  aunque ensanchase su masa corporal por efecto de las golosinas cargadas con polvos de corazones  de garrapateros. 

Para Carlos Arturo siempre será un recuerdo anecdótico.

Publicado por guillegalo

Me hago preguntas, las cosas que están abajo y las que están arriba giran, mis días y los tuyos giran, perseguimos una joya del tiempo que no existe y las fuentes de la edad nos vuelven niños. Escribo desde un orden de mi tiempo disgregado tras las sombras de la noche tras la luna.

10 comentarios sobre “Amores extraños

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    ¡Bienvenido!
    Mary Carmen

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