Aquí está el mundo mágico de la caracola, la ocarina y sonidos precolombinos. Tras sus sonidos los dioses y la energía de todos los mundos y cosmogonías. El negro de los agujeros y las luces de la infinitud de todos los orígenes y fines que no tienen jamás ni origen ni fin, solo que nuestra mente limitada debe crearles alguna magnitud comprensible.

En el campo de lavanda

El sonido de la caracola, del tambor, de la ocarina en la música aborigen es mágico. Es un regalo a los dioses de la primavera y de la vegetación, el encuentro entre el universo y la tierra, el sol y la luna; es el caminar de las deidades de la fertilidad para despertar en sus vientres las semillas de la naturaleza y de los hombres.

Es la memoria viva de los pueblos que recoge la herencia de todas las generaciones precedentes, que atraviesa el tiempo con sus símbolos y nos regala sus ritos de caza y de curación. Es el lenguaje de los espíritus protectores y maléficos  que juntos concilian las fuerzas opuestas y así consiguen el equilibrio de la vida.

Esa música imita la voz de los animales a través de instrumentos que no han variado nada con el tiempo, susurra al hombre la comunión con lo intangible y ayuda a…

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