806_oTiempo reciente de ciudad, el alcalde no parecía un gobernante, quizá era más y un administrador público insignificante ante el poder de su jefe senador y su grupo político ocupado en sus pequeñas cosas en los rincones y barriadas donde se escaparon los votos.

Con el alcalde del cambio, nos arropamos con las palabras del discurso de la “Capital del Eje”,  un lenguaje incompleto de conceptos de ciudad y el alcalde se transformó en un amo de la política cuya esencia del poder se opaca en confusiones y conversa con aduladores y asesores que confunden aún más. Al transcurso en su primer año se apuntalan saltos imprecisos, dicen que desea convertirse en el gran jefe político y por eso debe validar sus votos y afianzar su jefatura mediante la colocación de sus alfiles en el congreso. Lo cubre su imagen de eterna juventud, sin las capacidades divinas de la transformación y el cambio.

Lamentablemente, el régimen del poder en los últimos tiempos sobre la “Tierra Pereirana” ha producido, hasta ahora, pocas cosas de las que podamos sentirnos orgullosos. Otras fuerzas del mercado han domeñado nuestro entorno, en el mundo interconectado penetran y aumentan sus redes comerciales y las fuerzas de la producción y la economía crecen con decisiones ajenas al liderazgo de la ciudad y el territorio, el ingreso y las condiciones de vida están por medirse más eficientemente.

¿Hemos reducido la incomodidad de las personas que trajinan en la calle o la de los conductores de los vehículos? – ¿Existe infelicidad y deterioro en el estar y trajinar en las calles de la ciudad? – ¿Qué cambio representa ejercer el poder de alcalde de una ciudad que ha denominado Capital del Eje? Ese concepto de capitalidad no se construye con obras enlazadas en una agenda de las pequeñas cosas. Ni con reformas administrativas deficientemente formuladas y fiscalistas.

Pereira ha sido en años muy cercanos, una de las primeras ciudades colombianas con actividad cultural organizada y liderada por la sociedad civil y sus organizaciones privadas, ¿Cómo debe ser la entidad que potencie esa capacidad y facilite una vida cultural de clase mundial y formadora de un vivir en la pereiranidad y la formación, el crecimiento y despliegue de los talentos y destacarlos?; y otra vez, un gran aumento del poder electoral no mejora necesariamente el saber y la capacidad para ejercer como líder, eso no combina poder, autoridad y liderazgo con visión de la ciudad, no sé si represente un sistema regional donde la capitalidad y la identidad como parte del mundo, se despliegan con proyectos culturales de calidad, agendas de trabajo desde espacios organizativos donde los representantes de las aglomeraciones urbanas desde donde se dimensiona la capitalidad mejoran y activan su capacidad de presencia e imagen cultural, negociación de la ciudad con la región, el liderazgo para el ejercicio de saberes y capacidades culturales como sentido de la vitalidad de la ciudad con región y el país y para gestionar también presencia activa ante organismos multilaterales y representación en escenarios de diferentes índoles.

En las últimas décadas los seres humanos hemos hecho al menos algún progreso real en la condición vital, se reducen el hambre y la enfermedad, aunque desmejora la calidad de atención a cambio de cobertura, parece que vamos en pos de terminar la guerra. Sin embargo, la situación en otros espacios, la vida de los animales y la calidad del hábitat, en las ciudades y el planeta se están deteriorando más rápidamente que nunca, sin cultura ciudadana como habitantes de ciudades armoniosas, las calles repletas de motores que impulsan la incapacidad humana de caminar y ejercer la motricidad, no se vitaliza el ser feliz en la calle, mejora la salud y en la historia del planeta vida humana es demasiado reciente y frágil para poder estar seguros. Además, a pesar de las cosas asombrosas que los humanos somos capaces de hacer, seguimos sin estar seguros si los alcaldes tienen claridad de los grandes objetivos que deben alcanzar las ciudades y parecemos estar tan descontentos como siempre.

 

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