304507_10151366274872182_1015914826_nUn joven provinciano sin pergaminos, con raíces de musgo y ancestro llegado del suroeste de Antioquia a Marsella, se fue a Bogotá a estudiar periodismo y regresó a las calles de este pueblo para ejercer su profesión. Los cincuenta años de este periódico y este número de 300 ediciones son su marca de persistencia, son el logro de Mario Salazar S. quien es un ejemplo que los padres de familia de Marsella deberán colocar a sus hijos, no es necesario ser potentados del dinero y los bienes materiales que parecen comprarlo todo, aquí la lección es la entereza para persistir con un sueño. “Marsella al día” es la palabra donde nos encontramos. Esta edición 50 años es también un logro para quienes lo han acompañado, anunciantes, columnistas, lectores y amigos. Siento satisfacción porque en algunas ediciones de este periódico inicié mi vida de escritor. Realmente son 30 treinta años, menciono los 50 cincuenta porque esos muchachos que iniciaron el periódico el 5 de julio de 1986, ya en 1981 Mario había generado un periódico mural en el colegio y esos otros años atrás son la tradición cultural de un pueblo que había inventado sus publicaciones y esa idea se reproducía de generación en generación hasta llegar a este logro. Son más de 50 años de tradición cultural de medios escritos en Marsella, pero son los últimos cincuenta los más definitivos.

Aldia“Marsella al día” es identidad de un territorio donde han convivido tres culturas a lo largo de su historia, primero llegaron familias caucanas y antioqueñas a colonizar tierras donde alguna vez los caciques Tacurrumbí y Nona tuvieron su pueblo regado entre el monte y los borraron las enfermedades que trajeron unos señores que pasaron por acá, por esa cuchilla del lado del Español antes la llamaban la cuchilla de los Españoles, y hasta se llevaron a nuestros antepasados indígenas a los resguardos de Anserma, averígüelo Vargas, porque ese Vargas quien parece ser el más viejo de todos, también tiene añoranzas largas.

En el siglo XIX llegaron a Marsella personas sin trabajo y con ganas de conseguir algo, en esos años no se iban al exterior y el destino era buscar oro. Entre guaqueros, mineros y barequeros, había cultura de ambiciosos, jugadores, bebedores clientes de cantinas y prostíbulos. Esto aquí era hasta peligroso, tanto que algún tío bisabuelo se debió ir porque en una pelea mató a otro y lo atormentaba mucho el difunto cuando se le aparecía en El Socavón, así como Aureliano Buendía en la novela “Cien años de soledad” veía en el patio de la casa a Prudencio Aguilar, a quien había matado con su lanza y lo llamaba para que le ayudara a cerrar el roto de su herida en el cuello y le veía ahí sangre cristalizada. Dice Gilberto López en sus conversaciones históricas: esto aquí era tan jodido que el arzobispo de Manizales, Gregorio Nacianceno Hoyos, debió mandar a Monseñor Estrada para que domesticara la gente. Aunque también dice otra de esas lenguas bravas que se reúnen en “La Ramada” que los bravos de acá lo dañaron a él, porque Chucho María Estrada era bebedor y mojigato. Este es un pueblo de ángeles y de demonios.

La segunda cultura que se forma en Marsella es la de los campesinos cafeteros laboriosos y honrados, que frecuentaban menos los prostíbulos e hicieron familias numerosas, en algunas hasta alrededor de treinta hijos, decía mi tío Germán López que su suegro no se bajaba ni en los pasos malos, porque mano era lo que se necesitaba para generar la economía cafetera. Unos señores muy católicos, se quitaban los pantalones y caían arrodillados y por milagro de dios la mugre también caía sola, además porque sus mujeres eran unas santas.

La tercera cultura se fue formando con familias de todas las anteriores, descendientes que formaron bien a sus hijos y trajeron proyectos modernos, aquí caben rebeldes librepensadores radicales a quienes también domesticaba este pueblo con educadores como Tomás Issa, cuya familia proviene de cultura cristiana Maronita que llegó migrante de Rafeaka, lugar de El Líbano ocupado por Turcos Otomanos en una guerra del medio oriente. Desde estas culturas familiares que vienen desde los ángeles y los demonios, surgieron los promotores del periodismo, existencialistas, nadaistas de izquierda creadores de la Casa de La Cultura, ecólogos y ambientalistas, tipleros trasnochadores y músicos chupa cobres, liberales lambemicas que madrugaban a misa de cinco con los conservadores más devotos, los animadores del deporte y la educación, los buenos administradores de la tierra.

Quedan aún por ahí algunos sin domesticar, son aquellos a quienes les parece lícito hacer justicia por mano propia o conseguirse el dinero fácil mediante los negocios torcidos y manejar con malas costumbres los bienes públicos. Porque este pueblo de Marsella no es ni bueno, ni malo, es lo que da la tierrita y de todo hay en la viña del señor. No sé si ese señor del cielo tuvo viña, porque es un dicho que viene de la cultura mediterránea donde señores eran los dueños de los viñedos. Nos queda la palabra de “Marsella al día”, aquí nos encontramos.

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