guayacán

Guayacán amarillo

En Tacaloa florecieron los guayacanes y el polen no podía permanecer en el mismo lugar, debía cumplir su obligación, volaba al Valle de Risaralda hacia un destino que haría la gloria en las flores abiertas.  Nada puede detener el polen. El polen es masculinidad del mundo. Fino polvo masculino.

 

Araguaney

Las flores de ciertos guayacanes son amarillas con nutrientes suficientes y ajenas a todo, rechazan el polen del árbol padre y al viento proyectan su nube de polvo con granos de polen. Esa planta florecida es el éxtasis de la femineidad con su corola abierta en espera del polvo masculino, pertenece a la familia de las bignoniáceas. Una de esa parentela llamada Araguaney fue decretada como el árbol emblemático de Venezuela, nombre de origen indígena (Caribe) que describe a varias especies del Género Tabebuia del cual chrisantha es la especie emblema.

En Santiago de Cali, tenemos familia de ese árbol que emite femineidad.

Un espejo en mi casa reflejaba las cosas que iban a pasar, en los embarazos de mamá mostraba la sombra del hermano que estaba en camino, sombras y luces amarillas que anunciaban florescencias y aconteceres que estaban por llegar. En el Barrio Popular nos visitó el escritor y cineasta Andrés Caicedo, hablamos de las flores amarillas que embellecían la calle y del grupo cultural Cineclub de Cali, vimos una película italiana de 1970, dirigida por Vittorio De Sica, “Los Girasoles de Rusia”, la primera de una productora occidental que se filmó en Unión Soviética. Historia de amor en tiempos de guerra, agridulce dicen los críticos.

Tres noches después un borracho orinó en la raíz del árbol de Guayacán amarillo que embellecía y hacía fresca la calle, Maité y Aleyda escribieron un cartel de cultura ciudadana que le decía: “señor don meón, no se orine en nuestro árbol emblema y símbolo del barrio. Tiene todo su derecho de orinar porque es necesidad vital, pero no aquí. Orine feliz, orine contento, pero no sea cochino, busque un orinal donde se relaje y pueda cantar para que deje ahí su agüita amarilla” ….

Esa frondosidad amarilla frente a nuestra casa era nuestra misma sombra, no solo florecieron guayacanes, también la ceiba que adornaba el patio. Y tras esa mañana luminosa de flores las ventas de obleas iban bien, mamá instaló el taller de modistería y el espejo se rompió. En ese punto del tiempo pudimos sacudirnos de todas nuestras desgracias.

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