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Boticelli, Sandro:La Calumnia de Apeles 1494-95. Témpera sobre madera. 62 x 91 cm Galleria degli Uffizi, Florecia1280px-Sandro_Botticelli_021

La envidia es aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas tangibles e intangibles. Wikipedia
La Real Academia Española la ha definido como tristeza o pesar del bien ajeno, o como deseo de algo que no se posee.

 

Mi envidia

Hay personas que no saben de miseria y desgracias, que envidia”
— El diario de una gorda.

Soy hijo del tiempo de occidente y el consumo
mis misionales ráfagas no cuidan mis recelos,
respiro prevenciones, tengo patas de fauno,
alucino más y más enamorado de mi envidia,
es conflicto y laberinto, desazón que no salda,
miseria entristecida de mi furia malhablada
e incompletud carcomida que no aplaco.

Envidia amada que calienta mis odios y me penetra
Incitante me posee con hediondez y con perfume
ansioso espacio del deseo hacia lo que el otro tiene,
tienta que irradia en mis ojos con ahínco y codicia,
vacío activo y desbocado con raudales en mis ansias
al consumo que manosea mis claves, con alucinaciones
juego ansioso y alterado que soy incapaz de manejar.

Los dioses traviesos de occidente me la cargaron
aguijan en mi vacío con sentimiento de mis culpas
se infiltran en mis deseos por llenar lo que me falta
para sentir ese encanto vacío que no es ningún vacío.

Trampa y mercado con llenura de cosas incompletas
Me altera y desespera, oculta mi alteridad y la deshecha,
rivaliza aferrada a eslabones de cadenas con imágenes
por las ansias que proyecta el mercader y su mercadeo.

Mi envidia es mi pesar del bien ajeno, afán de exitoso triunfador
nutricio en agobiante competencia sin el lugar del ostracismo
creencia por lidiar, gradación que induce y publicita mis deseos
degradación alienada del poder que me comprime sin paciencia.

Siento miedo de mi envidia a pesar que soy su hijo,
y también amo mi envidia, ambición del bien ajeno
que engancha con imágenes e inducen lo indebido,
miseria mía y sazón de endeudamiento con mi vida,
mi sentir en sociedad del consumo que me aplasta
con degradación desde el poder en tiempo de abundancia.

Hay más y más de todo, y lo que no poseo está ahí,
me llama a poseerlo desde las posesiones de otros
y más esa renta superior que lo llena de bienes y cosas
y mi corriente circular se chupa en hendija de deudas,
transacciones bancarias, impuestos y canasta familiar,
busco llenarme con las cosas y cosas con sentido de envidia.

Deseo envejecer con dignidad y mejor sentido de la envidia,
más decente y más crítica. Ceniza del final oloroso de envidia.
Y me aceita la envidia del poder, potestad, poderío envidiado,
quiero ser diferente desde el conocimiento, iluminar, causar envidia
mi motor es la envidia, me somete a ser igual a los demás,
aplastado por ideales subliminales y virtudes de marquilla.

Zelotti, Gian Battista: El tiempo, las Virtudes y la Envidia liberadas por el demonio. 1553 Óleo sobre lienzo. Palazzo Ducale, Venecia

image91La envidia es parte inseparable de esa otra gran defensa neurótica, el narcisismo, desde el que el sujeto experimenta un ansia infatigable de destacar, ser el centro de atención, lograr valoración en toda circunstancia. Por eso tantas personas se sienten continuamente amenazadas por los éxitos, la vida y la felicidad de los demás y, atormentadas por la envidia, viven en perpetua competencia contra todo el mundo. No es ya que los demás tengan cosas que el envidioso desea. ¡Es que las desea precisamente porque los demás las tienen! El envidioso es un niño inmaduro. Y su sufrimiento condiciona enormemente su personalidad, su estilo de vida y su felicidad.
José Luis Cano Gil – Psicoterapeuta y Escritor.

http://www.psicodinamicajlc.com/articulos/jlc/020.html

 

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