Edad-moderna

En la historia universal, experiencia colonizadora de occidente y la cultura antioqueña y caucana, la vida económica, política y social transcurre con relaciones tramitadas por la fuerza de una ley feroz de selección natural: “a quien no tiene, le será quitado”.
En Tacaloa, nuestros padres estaban solos, bregaban entre una tormenta avivada por corrientes de falsa moral, querían acomodarse a ser mejores día a día, a hacer con el ejemplo a sus hijos, conservar y engrandecer su tener y sus asuntos vitales y trataban de eludir realidades. Lo adverso era más aplastante y papá buscaba sus escapadas en el licor, siempre cordial y buen conversador, persuasivo, negociador, a veces con uso de términos diminutivos, para lidiar contra este mecanismo primordial, esta ley inicua que estaba plenamente en vigor, y era reconocida por dirigentes, comerciantes, políticos y propietarios de la tierra, casi todos.
La conversación de alguien que posara como pobre les daba señales para doblegarlo. Los más fuertes y astutos dominaban en Tacaloa, jefes y altos devotos de la religión, casi amigos o vecinos, mantenían a gusto relaciones de ese tipo, esperaban obtener utilidad. Entre la población común se elogia desde siempre la cultura del avivato, el ventajoso se mide como una capacidad para ser bueno en los negocios, quien quiere aparentar posa como un individuo que ha hecho negocios con buena ganancia, no importa si favorables o inicuos. En ocasiones y circunstancias me topé nuevamente con esta ley feroz; Apia, a un distinguido comerciante y terrateniente le pregunté: don Evelio: —¿Cuál cree usted que sea la regla de comportamiento que le ha dado más resultado en la vida económica? —, contestó: —las razones de mi fortuna se las explicó así: “Al que vaya pa’ arriba, ¡ayúdele!, y al que vaya pa’ bajo, ¡quítele lo que pueda!, porque si no se lo quita usted se lo quita otro.

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Codiciada y prohibida

Jaime Sabines

Codiciada, prohibida, 
cercana estás, a un paso, hechicera. 
Te ofreces con los ojos al que pasa, 
al que te mira, madura, derramante, 
al que pide tu cuerpo como una tumba. 
Joven maligna, virgen, 
encendida, cerrada, 
te estoy viendo y amando, 
tu sangre alborotada, 
tu cabeza girando y ascendiendo, 
tu cuerpo horizontal sobre las uvas y el humo. 
Eres perfecta, deseada. 
Te amo a ti y a tu madre cuando estáis juntas. 
Ella es hermosa todavía y tiene 
lo que tú no sabes. 
No sé a quién prefiero 
cuando te arregla el vestido 

Sobre la Codicia (Agustín Squella)

codiciaEl avaro tiene para su mal el pretexto del ahorro, pero el codicioso puede disponer de palabras aun con mejor prensa para disfrazar su vicio: iniciativa, capacidad de trabajo, ambición, competitividad, son algunas de las contundentes explicaciones que puede ofrecer hoy un codicioso para presentar como un bien personal y social lo que no pasa de ser su tosco e incontrolable apetito de riquezas.

 

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