Los frutales desaparecían en Marsella en la década de los años 70 del siglo XX, los técnicos del café Caturra habían traído esa tecnología de la revolución verde para cultivarlo sin sombrío, una deforestaron arrasadora, se buscaba el signo $ con la más alta productividad y un modelo económico desarrollista que unos chicos se inventaron con un discurso: —el dinero compra todo, no es negocio sembrar comida, siembre café y con el dinero compra más comida y sobra—, así los decía el agrónomo del servicio de extensión a los vecinos del Alto Cauca.

Con los años Corren otras energías entre corrientes bajo el cielo y el clima se calentó.

Hombres de Marsella - Tomás Issa y Manuel Semilla

Por ahí andaba Manuel Semilla

Manuel semilla era árbol nuevo cada día

SOS, estábamos sin agua, tañía y persistía

creía en estambres y propósitos sagrados  

y la flora viva hizo nacer con el bono del agua.

Asumió que semillas son los hijos

de un bosque pensativo y silencioso

donde escuchar el canto de las aves

y la gestación de ser entre su tegumento.

Universo del viento tiempo, música y florestas

observó y comunicó saberes ocultos en la hoja

guardó el bosque nativo y sus memorias ancestrales

pulsó poderes del equilibrio de la vida

y sabía las palabras precisas para contarlo.

Sabio del bosque, duende encantador

pasión de sembrador su pie acarició el suelo

removió fuerza de la sabia y fluía vida medular

esa energía abisal que emerge en verde y flores

con el árbol que crece, día a día y contiene los colores

que estalla en luces, sabores y elementos esenciales

diluye aromas entre el viento norte a sur

y tras ellas su palabra enseñaba de este a oeste.  

Manejó totalidad y nombres de variada floresta

del antiguo follaje americano, el llegado de Castilla

o esa vida que vuela desde el África en el polen

y ese germen que viene desde lejos en un pájaro

y consiente del ser universal, sembró de nuevo

plantó al amanecer y concentró la vida germinante.  

Y surgió la Casa de la Cultura el 22 de diciembre de 1974, se sentía que en Tacaloa se agotaban las aguas, “SOS todos”, las quebradas “El Maní” y “El Zurrumbo”, no surtieron más el acueducto municipal; “SOS” y funcionaron las ideas, los jóvenes de la cultura estaban iluminados, invitan a cruzadas ecológicas y de racionamiento.

Nació una Junta pro-reforestación, los “Hombres y mujeres de Agua” crearon un Centro de observaciones ecológicas, eran estudiantes inconformes, Carlos Arturo López propuso en el Concejo Municipal el Bono del Agua, (resolución 022 del 25 de agosto de 1977), don Tomás Issa amplió sus proyecciones como primer director de la “Zona de reserva forestal”, y Manuel Salazar vinculó al Comité de municipal de cafeteros.

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