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Minadelchaquiro1Marsella se llamó Segovia, después Distrito de Segovia hasta 1915. 

Hablan de Villarrica  y La Isabela, donde hoy funciona el Eco-hotel Los Lagos, como los sitios del oro, también la cuenca del río San Francisco. 

Eran los tiempos de la minería de oro con exploración por los ingleses, una época corta con orígenes envolatados por los duendes que traban las palabras con imágenes míticas que se narran en historias de lengua brava con voz aguardentosa, y al duende de la Mina del Socavón lo veíamos sobre cajones de hierro con ruedas a las que llamaban marranas, y eran el vehículo para cargar el material arenoso sobre rieles, ahí revuelto mineral del oro, pasado bajo el chorro de agua brillaba y se extraía.

Esos cajones terminaron en el sótano de la Escuela Urbana de varones, el duende era un montón de ladrillo revestido, camisa clara y cachucha, relucía con el sol de las rendijas, y en ese asombro aprendimos a leer, cursamos la primaria en mitad del siglo XX; ahí sacamos el oro de las primeras letras a empellones con esa pedagogía de la letra con sangre entra que aplicaron don Quintiliano y el Atila Heriberto López; aún así fuimos cuerdos, aprendimos así con pescozones los Álvarez, Ángel, Acevedo, Bejarano, Betancourt, Buitrago, Castaño, Cárdenas, Franco, Gamba, Giraldo, Gómez, Gutiérrez, Henao, Hernández, Montoya, López, Martínez, Mejía, Pineda, Posada, Rodríguez, Rojas, Sierra, Toro, Saavedra, Sánchez, Vera, Villa, Villada, Zapata y otros.

El único oro quedó en algunas alhajas, brilló en las dentaduras de los ricos cuyos dientes refulgían con luces de socavones; mientras las bocas de los pobres, fueron desdentadas con alicates, así eran los servicios de sanidad, erradicaban las caries  a destajo, un dentista sin títulos, “el doctor calzones” le decíamos; y la calle estaba poblada con sonrisas ausentes llenas de sombra. Tiempos duros, la crisis económica de 1930 acabó el proyecto minero, no era una explotación viable con los costos y tecnología de ese tiempo. Después no encontraron oro ni en tesoros de los entierros escondidos en las paredes de casas donde habitaron quienes aprovecharon el tiempo de la minería. 

En la época del oro, Villa Rica de Segovia, era un pueblo con mucho habitante desordenado en el vicio, prostitución y juego, tras ese año de 1913 cuando llegó Mr. Smith, después de la guerra de los 1000 días, la concesión Caucana impedía su explotación, pero; dice Gilberto López en un escrito, que jugaron maturranga.

Y los rayos comenzaron a caer con cualquier aguacero, temblaron  agujas de pararrayos en las torres de la iglesia y repercuten aún entre los treinta y siete túneles del mito con rescoldos que dejó Míster Smith; de quien dicen, propuso trasladar el centro poblado al sector de Tacaloa, porque Marsella es un pueblo construido sobre la mina de oro; e incluso afirman que, en esos días, uno de los rayos se clavó por una de las vetas de los yacimientos que señala el mapa que llevó Mr. Smith entre sus zamarros, su energía viajó bajo la tierra a velocidad de luz entre la cordillera hacia el norte, y asomó debajo de la cama para asustar a Jesús María Estrada en Pácora-Caldas, ese pueblo desde donde llegaron, él y otros de Aguadas a Marsella, pisaban la huella de Fermín López, fundador de Chinchiná y Santa Rosa, y esos rayos anunciaron el espacio telúrico hacia el cual estaban destinados por colonos que los pondrían en el camino de los malditos infiernos, lugar que supieron transformar en paisaje cultural cafetero.

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Antigua escuela de varones, construcción republicana diseñada y construida por el maestro Julio César Vélez.

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