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Mascarón tallado en portón de  Marsella. Casa de Emilio Giraldo. Fotografía de Evelio Aristizábal

Mascarón tallado en portón de Marsella. Casa de Emilio Giraldo. Fotografía de Evelio Aristizábal

Diciembre 7/ 2014. Yo leía el blog de Manuel Cerdá, (Muro de Alcoy Alicante; 1954), un  post sobre “El culo de Sara”, ese universo con dos planetas que lo sacó de realidades infantiles y lo  condujo tras las puertas hacia los espacios infinitos de otras realidades.  No sé con claridad si dando vueltas por redondeces y bollerías encontró ese espacio sacro y por ahí comenzó su novela “El viaje”, cuya narrativa comienza con la desesperación por encontrar una botella de whisky.  

Ese momento me hizo recordar la narrativa infernal de mi primo Guillermo Salazar Gamba, quien me contó la historia del El Diablo cuando nos reunimos en la biblioteca Mario Carvajal Sinisterra de la Universidad del Valle. —El diablo durmió en mi casa, me lo aseguró el primo Guillermo, vivíamos en la hacienda Santa Elena, cerca de la desembocadura del río San Francisco en el rio Cauca en Marsella.  

Colegio Bethlemitas - Marsella 1954

Colegio Bethlemitas – Marsella 1954

Era octubre del año 1954, la primera noticia sobre la llegada de El Diablo llegó al Café de Peláez y se prendió un polvorín de conversaciones a lo largo de la Calle Real. —Anoche hubo una pelea descomunal en la fonda de La Bodega, allá mismo donde Santiago Villa hizo correr a Chuchi Sierra en esa riña cuando le cortó un dedo de la mano—.

El diablo venía del Norte – Valle del Cauca, traía en su carriel un listado de finqueros para extorsionar, se tomó dos aguardientes en la Fonda de La Bodega, allá mismo estaba El Guatín, otro chusmero; ese si bien liberal, con territorio en Marsella. El recorría desde El Alto del Nudo hasta Las Tazas, su dominio pasaba las calles desde Hoyo Frío a La Plazuela y por la cuchilla del Alto Cauca donde mantenía amenazados y extorsionados a conservadores y liberales, incluso por los caminos hacia Chinchiná en la Estación del Ferrocarril de Naranjal.

Comenzaron un duelo a machete, pelea pura y dura de esgrima bien lucida; media hora, dele y dele sin hacerse nada hasta cuando ambos quedaron sin armas; continuaron, brazo y puño limpio y nada, puñaleta y barbera. Nada. El Guatín enterraba el puñal en la barriga del diablo y rebotaba, no le hacía ningún daño. Alguien le pasó un revolver y ahí si la vio ganada, pero ese maldito no era El Diablo porque El Guatín terminó embobado tasajeando un racimo de bananos.  A El Diablo no le entraba ningún arma. El Diablo cansó al Guatín y salió a carcajada limpia en un Jeep verde 54, en La Bodega solo quedó El Guatín dormido en sus alucinaciones en medio del olor de azufrado de un sudor de infierno.

El Diablo era escurridizo, se transformaba en mata de plátano, aparecía como un marrano de esos que llaman verracos y con su mirada fulminaba la mente de sus enemigos, tenía un pacto con el diablo que llaman Lucifer y por eso decían de él: —No se metan con El Diablo porque, ¡a él no lo mata ni el mismo diablo!.

Via al paraje Las Tazas - Marsella

Vía al paraje Las Tazas – Marsella

En 1959 se enfrentaron nuevamente el Guatín y El Diablo en la fonda de Las Tazas, tampoco se hicieron nada. El primero porque tenía un chaleco de alambre fino que le cubría el cuerpo. –Ese será otro relato- y el segundo por ser El Diablo. Y todos quienes se enfrentaban con El Diablo no podían acabarlo porque era escurridizo, además, tenía poderes parapsicologícos que obraban como el hipnotismo a distancia. Jugaba con la mirada del enemigo y les enviaba mensajes de telepatía para alucinarlos, se veían y sentían atascados entre un pantanero;  El Diablo, ahí en su terreno, era un marrano que los  hostigaba con chillidos de cerdo burlón, un animal con colmillos de jabalí.

Hacia 1959, era Presidente de Colombia Alberto Lleras Camargo en el primer gobierno del período llamado El Frente Nacional, un pacto para dar fin a la violencia política entre liberales y conservadores. El propio mandatario en su Palacio de San Carlos, dio la orden al comandante del Batallón San Mateo de Pereira para acabar con el bandido, ya el Batallón Ayacucho de Manizales había dado de baja al Guatín. El capitán envió dos baterías de artillería hacia los lados del rio Cauca. Los primeros soldados encontraron a El Diablo entre un guadual, acampaba cerca al paraje del El Rayado, llamado así por las señales que dejaba el arado en los potreros.

Ventana de Marsella

Ventana de Marsella – Fotografía de Jorge Evelio Aristizabal

El Diablo con su cuadrilla enfrentó a la tropa; eran pocos, algunos de sus amigos habían huido por esos días hacia El Quindío y El Tolima, donde se unieron a Teófilo Rojas al que llamaban “Chispas”.   Los soldados terminaron el combate con varias bajas y buscaron el cadáver de El Diablo entre el guadual, desde atrás de esas cañas gordas los fulminó con una mirada y lo vieron transformado en una mata de plátano que se alzaba por entre las guaduas y hojas de caña brava. Los espantó con un olor fétido y ahí se les perdió. Unos pescadores que estaban en La Mojana, el sitio donde La quebrada La Nona cae al rio San Francisco, les dijeron que por ahí escucharon las carcajadas de él, era un diablo burlón de ellos mismos. El Diablo se había ido en el tren hacia La Virginia.

El comandante los envió allá con la segunda batería de artillería.

El combate comenzó hacia orillas del rio Cauca al lado del puente Bernardo Arango, construido en 1926 en predios de la hacienda Balsillas, veían un diablo con cachos y cola que corría como perro de caza, después los miraba desde la orilla donde desemboca el rio Risaralda como un buey de arado, más arriba se deslizaba como culebra de rio y el comandante persistía con la orden de no dejarse alucinar. —No se asusten muchachos, sean verracos, ese es solamente un bandido que trata de disminuir nuestra entereza en esta batalla.

Guillermo Salazar lo vio al final mientras tomó agua de su cantimplora cerca de Viterbo, El Diablo estaba ahí, cerca de él en la misma casa donde hacía cuatro años lo había visto detenido en Marsella en El Paraíso, la finca donde estaba la piscina que dicen hundió la maldición de Monseñor Estrada, ese día El Diablo estaba  embelesado entre las tetas de Sara. Y ahora, en ese octubre de 1959, El Diablo había recibido los primeros tiros mortales y dejó de ser escurridizo, su energía mental se quedó detenida, se le fueron las luces y se vio en medio de un pensamiento detenido entre el olor sagrado de las tetas de Sara. Ese era su final, tenía los cuatro tiros que le dieron en el rabo y lo hicieron caer, cerca de él las 248 vainillas de los tiros que gastó el Batallón San Mateo de Pereira para acabar con El Diablo.

Guatín3

El Diablo y El Guatín eran bandidos rurales, extorsionaban a los propietarios de la tierra y a los comerciantes y cumplían encargos de los jefes políticos para asesinar a sus contrarios. Así sostenían cada uno una cuadrilla, o eran parte de otra bajo otro mando en la época de la violencia política de la mitad del siglo XX.

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