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Necesitamos nuevos mensajes, mejores palabras, formas más atentas y comprensivas para observar la realidad de nuestras ciudades y regiones, la complejidad en los micromundos de la vida urbana y social, el ritual cotidiano de las tribus urbanas, el sentir de los grupos de ancianos, la energía de las barras bravas del fútbol, el desencuentro existencial dentro de las pandillas, la armonía en los jugadores del billar, las nuevas reglas en los colectivos de profesionales que observan y piensan el espacio de la ciudad, y la búsqueda de los artistas que mueven el escenario propio y se generan con valentía y entereza sus espacios en sitios insólitos para hacerlos museos populares o festivales musicales.

Moebius
Moebius

Hay una ceguera de situación en los líderes gremiales, paralizaron sus miradas desde atrás del timón del vehículo y solo les interesa que las ciudades tengan nuevas vías, mejores centros de negocios y más comodidad para las élites económicas. También existe la ceguera situacional de los políticos, prisioneros en la cultura del chimpancé y los gestores de clientelas a las cuales complacer con estrategias asistencialistas y populistas para ganar cada elección y acceder al manejo de los presupuestos y los paquetes de la contratación pública y tener dominio en los cargos desde los cuales se ordena el gasto público.

 Y existen realidades que comienzan a gestar otras formas de actuación. Entre ellas está la redarquia o estructura organizativa natural, algunas veces espontánea, que generan las redes sociales abiertas y transparentes, son grupos de personas que incitan y mueven constantemente el debate desde sus dispositivos con Internet móvil y el uso de instrumentos como el wahtsapp. Son colectivos que generan nuevas formas comunicativas para tratar de encontrar respuestas más pensadas, mejores y posibles, otras miradas con más detalles acerca de los desafíos que tienen la ciudad y la sociedad o la ciudadanía que la habita.

 Las movilizaciones políticas de estos tiempos de campaña, no dejan aún descifrar por donde está la brecha en la ruptura que emerge desde el distanciamiento entre los grupos de poder que representan a los políticos y la fuerza inconforme de la ciudadanía activa, esas conciencias sobre la vida pública y social, y la gestión política, mujeres y hombres que no se sienten representados por las instituciones y los partidos personalistas,  esos grupos de clientela cerrados y amarrados a poderes oscuros, atados a familias que han ostentado el poder en beneficio propio. Que ponen en riesgo los valores y principios básicos con los cuales hemos construido el Estado Colombiano.

 Las jerarquías que nos gobiernan han significado un costo muy alto en términos de transparencia, iniciativa, creatividad y compromiso con la vida humana y natural. Esa maquinaria que premia la lealtad y sobre valora el legado de las experiencias del poder mesiánico a expensas de dejar de lado la innovación, la creatividad, la adaptabilidad a los desafíos que plantean esos problemas estructurales a los que no se les ha podido romper el espinazo, como el desempleo, la pobreza, el micro tráfico, las redes mafiosas que atraen a las jovencitas y las negocian para la prostitución, los que entregan por pedazos el espacio público para hacer circular el contrabando, el desempleo estructural y la marginalidad social que construye una educación de mala calidad.

 Las estructuras de las jerarquías que nos gobiernan y representan a los sectores económicos; aún en la academia, son pesadas y lentas, con tendencia a fracasar. Han de quedar atrás las universidades burobaroniales que rinden culto a viejas estructuras impropias, tardías al afrontar la volatilidad y el uso efímero de las innovaciones que cambian y evolucionan minuto a minuto, con constante apropiación de nuevos sentidos y formas para unir pensamientos y saberes impulsadas por las tecnologías disruptivas, tras ellas vibran personas que actúan con levedad , constancia y tejen múltiples relaciones en el mundo global.

Mundos cercanos y locales, mundos lejanos que se enlazan con hilos comunicativos multiculturales cada vez más fuertes, atados a raíces de humanismo profundo, con prolongaciones pivotales incompresibles para quienes solo perciben la masa y cada vez más atractivos para quienes comprenden otras búsquedas de la individualidad en mujeres y hombres cuyo proyecto de vida se desliga cada día más de antiguas creencia y tradiciones, las reinventan y las mejoran.

1200 velas 1200 vidas 1200 historias que no se contaron
1200 velas 1200 vidas 1200 historias que no se contaron

 La redarquia social ya está aquí, lo dice el consultor José Cabrera en un artículo sobre estos asuntos en la revista especializada “América Empresarial”.

 Eso mismo lo gritan los escritores, opinadores, profesores, miembros de organizaciones sociales, colectivos de ciudadanos, mujeres y hombres independientes que emergen en el ejercicio de la  ciudadanía de opinión y debaten asunto reales todos los días en espacios como # AgoraPeiRis,   una red de opinadores que se expresan como El Ágora Cívica del diálogo ciudadano en Pereira.

 

1200mEsa nueva forma de redarquia social, emerge como efecto de esas nuevas relaciones sociales de comunicación horizontal y social, incluso global.  Ellos no solamente manifiestan su inconformidad; eso no se queda ahí, también nos han invitado a movilizarnos, así lo hizo un escritor con su manejo de palabras nuevas, José Vicente Sánchez, CAVISA,  todo un bacán, quien además de escribir narrativas para niños que gozamos muchos adultos, como su libro “Leyenda de Gordo Sisas y otros cuentos de La Pradera”. CAVISA generó el acto más simbólico para la sensibilización  de una ciudad y un país dolido por la muertes de tantos niños de manera violenta por estos días: “1200 velas vidas, 1200 historias que no se contaron”.  Iniciativa pereirana a la que se sumaron más de 10 ciudades de todo el país: Bogotá, Cartagena, Armenia, Cali y Bucaramanga, entre otras, para generar compromisos hacia la protección y el futuro de los niños de nuestro país. Se encendieron las velas en el atardecer del miércoles 18 de febrero y sonó el coro: “No a la violencia contra nuestra niñez”.

 Esa otra forma de movilización política para buscar soluciones a problemas de manera colectiva; ahí en esa esa hora de encuentro, nos obligó a pensar en la importancia de proyectos como “Los Círculos Virtuosos que impulsan la educación desde la primera infancia” asunto en el cual están comprometidos muchos maestros, circuitos académicos, padres de familia, un sector del gobierno; mientras tanto, los gremios de la economía miran despalomados desde atrás del volante del vehículo porque en su escenario creen más importante la construcción de las ciudades desde el cemento y las vías y muy poco desde los potenciales de la gente que a futuro habitará las ciudades y transformará el mundo.

 La historia nos ha dado lecciones que no se aprenden, el libro “Balas por Encargo” de Juan Miguel Álvarez es una crónica que muestra con gran compromiso en la investigación y una cruda enumeración de casos, que en esos espacios urbanos marginales se generaron los muchachitos que fueron entrenados en la más tenebrosa escuela del sicariato que ha dado todo el continente americano. Hay tantas cosas por transformar en nuestro propio mundo.

 Para seguir pensando en estas cosas, comparto diez principios del Manifiesto Redarquia que José Cabrera nos presenta en su artículo de América Empresarial No. 13, página 60. Los 10 desafíos que enfrentan nuestras organizaciones son.

  1. Más propósitos y menos retórica.
  2. Más colaboración y menos competencia.
  3. Más emergencia de pensamiento que invita a la acción y menos planificación
  4. Más confianza basada en el acercamiento entre las personas y menos control
  5. Más innovación y menos miedo impulsado por jerarquías poderosas y amenazantes.
  6. Más influencia con más liderazgo compartido y menos autoridad.
  7. Más comunidad y menos fronteras generadas por organizaciones de papel.
  8. Más transparencia con información ágil que fluye y menos opacidad.
  9. Más diálogo y menos imposición.
  10. Más redarquia y menos jerarquía.
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