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En Colombia vivimos un año electoral, los opinadores ocupan los espacios en los lugares públicos y en las redes sociales, los candidatos a ser electos como alcaldes, gobernadores, diputados y concejales, incluso los ediles y otros cargos, organizan sus equipos de trabajo, negocian coaliciones y estrategias . Los jefes políticos manejan las reglas del juego y preparan las jugadas con fichas tapadas de su ajedrez. Habrá listas para todo tipo de gustos. 
Metamosle candela a la lengua de los opinadores con este asunto: 

El Estilo del Chimpancé

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Concentraciones de población con el discurso promesero de la yuca. Se cantan oraciones y se ofrecen regalos, cuadernos y mercados.  Comilona, licor y parranda. En este ambiente de jolgorio, el líder es el gran amigo de todos y con cada uno tiene un compromiso que se escribe en el cuaderno que manejan sus asesores. Ese cuaderno es una libreta mágica, tiene la capacidad de tragarse todo y llevarlo a los campos del olvido. 

Se reparte mucho dinero que se gasta en comprar a la gente con dádivas que estimulan el estómago y el clientelismo. Muchas celebraciones y el grupo de avanzada de la campaña está conformado por un conjunto de bufones  generadores de algarabía con artistas y ambiente de apertura al espectáculo.

El programa de gobierno es una lista de mercado donde todo cabe. Se dilapida el erario público para sostener el grupo de complacientes y oportunistas, las relaciones que adulan el poder y las redes de espionaje.

Las movilizaciones son cabalgatas, desfiles de carros, eventos con reinas y figuras de la farándula.

El gobierno es populista, se inventan enemigos, si no existen se generan o se señalan en el gran capital, en las potencias universales, entre las fuerzas del mal, son los políticos opositores que se han de observar como diablos productores de los hechos más peligrosos y destructivos.

El Estilo de Maquiavelo

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Liderazgo con discurso doctrinario y visionario, en su lenguaje predomina el pensamiento tradicional porque divisa desde arriba la naturaleza del  pueblo y ese panorama se camufla con el mensaje del progreso, de la paz y de la esperanza. También tiene capacidad para mirar sus fuentes del poder desde abajo y con esa comprensión escondida del poder desarrolla su capacidad para anticiparse al conflicto.

Divide y reinarás. El líder es cercano al pueblo y lo sabe conducir, cambia periódicamente su círculo de confianza y en el tiempo esa maquinación lo desgasta y genera su caída. A los líderes de base se les conquista o se les elimina.

Tras del poder están las casas de familias poderosas, grupos económicos, castas políticas, medios de comunicación, terratenientes y fuerzas que mueven la corriente circular del dinero y de la opinión pública. Cada cual tiene su delfín o personaje para madurarlo, impulsarlo y llevarlo a poder, cada mandatario en su turno deja la base de piedra angular para la edificación del siguiente.

Políticas públicas tradicionales que perpetúan a los grupos del poder y las castas. Preferencia por el uso de la mano dura y la justicia por mano propia.

Discurso de doble faz. A la gente se le dice lo que quiere oír, se le escucha a través de voceros que son de la cuerda del candidato. Se les prepara para manipular al electorado.

El candidato tiene camuflados a otros candidatos a quienes impulsa en el juego electoral, esas jugadas parten la votación de manera que la guerra entre fracciones le favorezca.

Se inventan encuestas y noticias tendenciosas. Se maneja la guerra de carteles o de pasquines que sacan a relucir los trapos sucios de los contendores. Se inventan jugadas que los debiliten y se publicitan. 

Algunas alianzas con la justicia y la fuerza pública para sacar del camino o enlodar a los contrarios. Se hacen circular rumores que son mitad falsedad y mitad facetas de la realidad que al rodar en la narrativa de conversaciones del mundo público se trasforman en verdades imposibles de comprobar, efectivas para hacer daño y generar cortinas de humo.

Los problemas se manejan en un menú, primero se enfrentan los que generan más poder y mayor  renta en comisiones y coimas, existen otros problemas que siempre están ahí, son parte del paisaje, se les deja madurar o se trata de mantenerlos en un espacio gris. Por eso el programa de gobierno es lo suficientemente claro para manejarlo con palabras convincentes y lo suficientemente oscuro y difuso como para que no puedan pedir cuentas por compromisos adquiridos.

El estilo de Gandhi

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El poder muchas veces está inspirado en las fuerzas divinas, en principios universales. El candidato estudia y cuida la calidad de sus discursos y promueve conversaciones de calidad. Analiza casos, cuestiona, hace pensar y hablar.

El candidato maneja principios y valores que lo mueven y procura rodearse de un equipo de trabajo consistente con esos valores y principios: conocimiento de sí mismo y del pueblo, orden en la propia vida y en comunidad, ingenio para hacer del mundo y la vida su esencia y su hogar, con la palabra de amor es capaz de generar grandes deseos transformadores.

Se genera un programa de gobierno claro, entendible, defendible y sencillo. La fuerza de su narrativa está en los principios. 

El endiosamiento de la ideología muchas veces les genera cegueras situacionales que les impide entender con claridad la realidad.

Su talón de Aquiles queda al descubierto cuando son poco prácticos, poco gerenciales, disminuyen o desconocen el control y se abren las brechas por donde penetran las fuerzas de los contrarios, espacios vacíos donde se camuflan y pueden actuar con comodidad.

Los Maquiavélicos y en muchos casos los chimpancés, siempre tienen una estrategia de relaciones y camuflaje entre los Gandhi, ocupan los espacios más fértiles del poder, desde ahí con un conocimiento profundo de las debilidades, con la sagacidad necesaria para enclavarse en los centros de decisión, provocan los hechos que generan el desgaste y caída del régimen, mientras tanto ellos se enriquecen y construyen la piedra angular del poder para el  próximo representante de sus castas.

Los Gandhi son pocos, son sacrificados por la sociedad y en lo largo del tiempo persiste su doctrina que es la base para el mejoramiento de los demás estilos del poder. Porque la sociedad es de ángeles y demonios, y entre políticos, todos los estilos están ahí revueltos.

El candidato de los Gandhi con su equipo de trabajo, promueven reuniones de conversación donde se construye una narrativa colectiva acerca de los que es la sociedad, lo que se debe transformar, se hacen marchas o movilizaciones simbólicas para promover compromiso y entusiasmo con los ideales de la sociedad que se espera construir. Se busca un proceso continuo de autodesarrollo.

Pregunté a un político veterano, un perro que late echado: ¿Usted que opina de estas cosas que voy a publicar en Grano Rojo?

Me contestó:  Lo aconsejable es la tendencia al estilo Gandhi; sin embargo, se debe pensar muy bien y combinarlo adecuadamente con los otros dos estilos, dado que nuestro electorado es inmaduro, existe la incultura política y son muchos los desafíos de una campaña. No se puede perder.   

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