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Para elegir alcalde comienzan a moverse las viejas alianzas.

Superhéroes de comedia de James Gunn

Superhéroes de comedia de James Gunn

Chanfle ¿Quién podrá conducirnos?..

A veces incómoda el territorio donde piso, su futuro proyectado del pasado. De hecho el hoy es pensamiento con historia esposada a poderes con apellidos ligados a gobiernos nacionales que impulsan a sus castas. Esta atadura con destinos conducidos por fuerzas extraviadas, con pesadillas y alianzas democráticas por votos que ruedan desde el presupuesto al listado de contratos. Me resisto a reuniones sobre asuntos de ciudad que se miden en plata y metros de cemento.

A veces incomoda mi país, la radio donde escucho a periodistas tendenciosos y la prensa de los opinadores sin fundamento, el chat con palabras cortadas, la paz que aviva a nuevos grupos armados con minería y narcotráfico, que anima a la justicia cuidandera de rentistas.

Me siento arisco ante expertos y saberes. Los dominios de la vida de ciudad son estilo de  vida en los centros comerciales, marcas de las multinacionales, inversión extranjera en grandes superficies, tendencias al manejo de palabras en inglés y flotar en bilingüismo que ilusiona a ser y parecer con los deseos sacados de una perene propaganda.

Me siento confundido e insurrecto ante mí ser, no asumo la idea de ser competitivo para el capital financiero y el consumo que mide modas y aparatos de la revolución del más, más y más cosas que emergen en vitrina, me confunde saberme competente para la desconsideración del trabajo programado con procesos lineales.

Me siento confundido ante lo que sé y lo que he vivido,  no soy de color gris, percibo tonos  de colores que están manchados con los grises de los políticos que  no van a dejar de robar, el gris de los que venden ilusiones tras de cosas para tener las cosas, solo es pensar y repetirlas con deseos del corazón para obtenerlas como sea. Su baloto llega así, es  respuesta a un llamado a la mano de un Dios que mueve las balotas, que ocupado ataja terremotos, huracanes, y cuida a los banqueros.

Soy un mutante envolatado,  huyo a los días de la malparidez y el pesimismo, al ilusionismo de las cosas. La sensibilidad que guía mis percepciones muchas veces no asimila las realidades que vive mi ciudad, esta diversidad que se estira por la calle y gira en sus mundos, se apretuja en los buses, se transporta en motos, camina por andenes malos, evade vehículos mal parqueados y taxistas que suplican le añadan anchura a la calle para transitar con la ley del embudo.

La incompletud es mi certeza en esta ciudad que es un proyecto inacabado, con una perspectiva y deber ser con horizontes movedizos impulsados por poderíos que los mueven con sentido indefinible, con vago sentimiento colectivo. Ciudad siempre cambiante y fragmentada, a la que llegan muchos seres por violencia, aunque vienen de parajes con falta de energía y carencia de pavimento.

Llegaron por caminos que han dejado atrás el vivir su sabrosura a la luz una vela, esa llama que titila con historias de ancianos y espabila saberes de identidad. Negros, indígenas ancestrales y provincianos mestizos, mujeres con mixturas de pieles bajo pieles entramadas en la ruralidad, en poblados pequeños y los siglos; ahora están aquí, maquilladas y bellas en la metrópoli, trabajan para volver al lado  del mar, afanosas en la calle sin la corriente limpia del río, trabajan sin descanso, sin mañanas con cantos de pájaros, sin el baile de tamborito y las mingas, ni las cantadoras que cantaban alabaos o los coros que repiten letanías y trazan los sueños más allá de la muerte.

La incompletud de mi ciudad es su brújula truncada, modernidad con fuerza y movimiento creativo que da vueltas en sí mismo. Ahí está su tensión de tiempo viejo y nuevo colgado en su espacio de comunas con calles de casas apretadas por donde hay vecindario, conjuntos residenciales con edificaciones en colmena,  construcciones arrumadas en serie para habitar en condiciones descocidas del entramado  geográfico y social.

Mi ciudad y mi región son varios mundos. Se niegan a caber todos esos mundos en mi cabeza. Me desafían a pensar la ciudad desde abajo, a aprender sus territorios por la orilla de los ríos y desde el firmamento, a escuchar la vida desde conversaciones de vecinos, a entender sus universos múltiples del presente y el futuro con sus lazos migratorios de tribu global, con su calidoscopio de fotografías con parientes desperdigados por cien ciudades y países y adheridos con aromas de los platos de la abuela e idioma nativo.

Me cuestiona la planificación que hemos hecho, ilusos tras dimensiones encuadradas con recetas del pasado, maniobras encubiertas en lenguaje novedoso: economías competitivas, estrategias sustentables, desarrollo y progreso para tapar las trampas de la pobreza con asistencialismo.

¿Cuál es la fenomenología y el parentesco de mi ciudad, su sustancia enlazada con ancestros en mundos múltiples y atados con la sacralidad de la tierra?..

Quedó allá y atrás el sentir y el pensar la naturaleza como parte de nuestro propio ser, la ciudad como mundo natural, la tribu global que fluye con la movilidad social que empieza en la familia, el colegio, el trabajo y las universidades, las organizaciones y la comunidad que fluye hacia el universo con otros mundos. Nos confunde la cultura de colonos y el capitalismo, el futuro que continúa por el  cielo y más allá de la muerte como compensación a la resignación y el sometimiento.

Nos negamos a ser “sentipensantes”, a incluirnos en la naturaleza, ese sujeto del que somos una fracción de vida que se trasforma en el tiempo, no nos sentimos agua conectada a los ríos y a los árboles, ni seres de la  ciudad con espacios verdes.

No hemos desconectado de la tierra desde cuando comenzamos a ser una humanidad que dejó de caminar y nos unimos al vehículo. Los gremios económicos reclaman incentivos, exenciones tributarias y apertura de espacios para los vehículos y los salones de convenciones, los anclajes a plataformas de almacenes de moda mundial, superficies donde fluyen negocios globales; vida global desconectada de lo propio, con el descuido de la economía propia que se construye con micro-negocios, capitalismo solidario y societario de nuevos emprendimientos.

Ciudad de consumidores atrapados en aparatos cibernéticos, individualidad ensimismada que se disimula con símbolos abreviados y bytes que flotan en la realidad efímera de las redes sociales. Solitarios con leve compañía en la realidad virtual donde flotamos, nos unimos de nuevas maneras; alejados cada día más en esa nueva borrasca, desconocemos a los demás seres de la vida y cuando ellos desaparezcan dejaremos de existir. Por ahí esta el horizonte.

La ancestralidad y el futuro se opacan entre sombras, nos faltan luces hacia un mundo compuesto por todos los mundos de ciudades donde ellas, ellos y los otros que incluyen la diversidad del sentir, el pensar, el vivir y el convivir, componen un pluriverso planetario con todos los seres.

No quiero estar atado a la tabla de los náufragos en las corrientes de la globalidad de las multinacionales y las agencias multilaterales del capital financiero.

Se requiere pensar esta ciudad desde los tertuliaderos, las barras de la esquina, los corrillos del café, armar la trama y el rompecabezas de los deseos populares, las políticas de vida que ejerciten a las comunidades, las luchas en defensa de la habitabilidad ciudadana en las calles, el reciclaje común de las ideas y los materiales, los territorios colectivos en los barrios, en el espacio público, en los clubes y los templos, en las áreas comunes de los conjuntos residenciales. Los lazos que nos unen como la tribu global que somos y debemos descifrar como hacerla protagonista de nuestro destino.

Se requiere rescatar la política en la vida del campo y la ciudad, restaurar el paisaje de montaña y los ríos con riveras frondosas, los espacios para caminar y andenes para el desplazamiento seguro de los ancianos, los afanosos y los niños.  Se requiere quitarle la política a los repartidores de baratijas, comilonas y clientelas del espacio público.

El ombligo de la ciudad está en la plaza, en la revoltura de la gente que disfruta su pluralidad y enfrenta la corrupción que se confunde en los presupuestos, la vida cultural que anima a las colectividades en la calle y abre espacio a la solidaridad con un saber vivir.

Para elegir alcalde comienzan a moverse las viejas alianzas.

Chanfle… ¿Quién podrá conducirnos?..

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