Mi patria era un baúl en el desván,
una lora que decía palabrotas,
las desventuras del gato con botas,
una peonza, un globo, un antifaz.
Joaquin Sabina
Otros niños han tenido batallas diferentes, ya están viejos y les ganó la guerra de los buses y el pavimento de la calle.

Grano Rojo

Han pasado  veintiocho años, septiembre 1988. Vi llorar un niño desamparado al pié de la escala del edificio del Banco Popular, plaza de Bolívar de Pereira. Cuatro muchachos le quitaron sus zapatos nuevos, su  único estrene era su tristeza. Una dama de almacén de La Octava se los dio con medias, lo descubrió derrotado entre el alboroto de las tres de la tarde, sus dedos rajados por la infección, los callos de los talones cuarteados por el asfalto caliente desde Cartago, le prometió ropa nueva y comida para el día siguiente, si no los vendía. Había huido de un papá que le obligaba a mendigar para su concubina y su mamá estaba envolatada entre las cantinas de los Llanos.  Los cuatro muchachos de las diez de la noche, junto al edificio del Banco de Caldas, que robaron sus tenis “Puma” al gamín nuevo, lo bautizaran. Visitaron a los ropavejeros de…

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