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Hola mundo mio:

_m2Estoy atrapado entre los dilemas que nos plantea el momento político y tengo la cabeza caliente. La política en la que puedo intervenir, sea para opinar, hacer civismo o votar, está en mi vida cercana y local; sin embargo, los hilos del poder que mueven la realidad en la que me muevo son globales, siento un montón de fuerzas de la globalización que me aplastan.

Siento un torrencial que baña mi cuerpo y lo mete entre el río de la globalización, yo sin saber nadar lo suficiente entre los capitales que se movilizan desde esquemas financieros complejos e interconectados, siento resbalar en mi las corrientes que se llevan mis ingresos entre un flujo de costos transaccionales del dinero, una parte de lo que conseguimos es para los bancos y desde estos va para una telaraña de oscuros financistas escondidos en una orilla de paraísos fiscales.

Siento la globalización en las comunicaciones, las tics y los instrumentos telefónicos de una red difusa; sinembargo tan confusa, que hasta me satisface las necesidades humanísticas de siempre, sentir cerca a la gente y me la coloca en pantalla, los amigos de siempre, las personas más hermosas y desconocidas que busco y no encuentro en la calle, están aquí, aunque seamos metidos entre esa burbuja virtual con más y más redes de amistades con grupos sociales afines sobre asuntos en los que no esperaba encontrarme, aunque los encuentre en la plaza cibernética y no me reconozcan.

Siento la globalización en las redes criminales que generaron los grandes negocios del narcotráfico y las armas, hasta entre los pantaneros de la selva lejana con ríos y esteros donde las cuadrillas de las Farc abandonan la lucha ideológica para entenderse con el cartel de Sinaloa hacia territorios con rutas por donde viajan los envíos, y con bandas criminales en los terrenos donde están los cultivos y los laboratorios, mientras sus jefes negocian con el gobierno bajo el amparo de los Cubanos que manejan sus hilos en Venezuela para tener petróleo, pastel y mermelada de esa importante renta petrolera del caribe.

Siento la globalización en el comercio, me emparama en los centros comerciales de grandes superficies donde siento el impuso que me lleva a comprar cosas y más cosas, a llenarnos por arrebato  de objetos inútiles y modas efímeras, mientras en las calles las redes de los contrabandistas nos acosan, no nos dejan caminar y ocupan todo el espacio para llenarnos con sus baratijas colocadas por el comercio informal, golosinas y porquerías, libros y pornografía, discos y películas, ropa de marca y productos pirateados,  olores de cachivache de usos múltiples.

Y ante este espejo tengo quince días para decidir mi voto y para ayudar a elegir el próximo presidente de Colombia. Me miro ahí, reparo mis canas y noto el cambio. A lo largo de mis años se me diluyó el pensamiento que tuve cuando fui concejal de mi pueblo y presidente de Junta de Acción Comunal en la vereda de La Candelaria en Apia, entonces era un incauto y creía que los políticos como el viejo López Michelsen eran todopoderosos y el Estado estaba compuesto por un conjunto de instituciones por las que mis abuelos habían luchado para ayudar a crearlas y nosotros debíamos trabajar para perfeccionarlas.

Ahora cuando compruebo que solo tenemos una realidad que nada entre un líquido indefinible que cambia las situaciones de manera permanente, cuando los partidos se diluyeron entre las aguas turbias de las organizaciones oscuras y los intereses globales que definen políticas públicas como los tratados de libre comercio, ya no sé cómo pensar mi voto.

Ya hace tiempo se me disolvió entre los pensamientos líquidos de la modernidad la idea de la divinidad que emana de Dios, estoy comenzando creer que es la misma humanidad la que está condenada a redimirse para no terminar cocinada y aplastada entre los fenómenos del cambio climático, atosigada por las drogas, enterrada entre un basurero de cosas inútiles que parecen indispensables o atropellada entre sus sueños por hileras infinitas de automóviles que botan humo y trancones. Siento que necesitamos otro tipo de instituciones locales y globales, sin sotanas y doctrinas arcaicas, una ética más avanzada para entendernos entre este fluido tan complicado. 

¿Será capaz Santos de cambiar su desgaste político, mejorará su pensamiento y su capacidad de hablar más fluido para comunicarse mejor con nosotros en lo inmediato, aquí cerca donde la micro política arregla pequeñas cosas y nos hace sentir importantes y al mismo tiempo ser un gobernante con autoridad para negociar con fuerzas delictivas que se disfrazaron de guerrilleros que tienen una mesa cuadrada para ganar un espacio más tranquilo desde donde continuar sus negocios oscuros? ¿Será capaz de ponernos en un sendero de prosperidad que no sea confuso y obediente a los intereses multinacionales o de los grupos financieros?

Y será capaz Oscar Iván Zuluaga de ser un personaje autónomo y cercano a los manejos del poder, como lo era cuando fue alcalde de Pensilvania, porque la desconfianza que genera es por parecer, o porque lo hacen parecerse a un instrumento libreteado por Alvaro Uribe. O al menos eso hablan y escriben, caricaturizan, todo lo que quieren hacernos creer esos otros diablos con micrófono y teclado de revista, los columnistas cachacos que jamás estuvieron entre la violencia y la marginalidad, los voceros de medios de comunicación con intereses desde empresas de las comunicaciones internacionales y canales de los mercaderes globales, así su historia esté ligada a la vida nacional?

Envíame aspirinas para mi trasnochadas de estos días.

globalizacion1

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