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Brigitte Bardot

Brigitte Bardot

En las calles de Tacaloa aún ruedan palabras de años viejos. Andanzas de la Mona Remera, deseable esposa de Manuel Fonda. Era una Brigitte Bardot y él un galán de  película italiana; boticario y líder político, despistado de los cambios de la modernidad y militante de La Acción Católica. Era tal su religiosidad que descuidó sus obligaciones conyugales y aplacó su sensualidad para imitar a San Luis Gonzaga.

Genoveva Alvar, mujer devota y casta de su misma religión, escuchó en grupo de oración unos comentarios libidinosos sobre los atractivos varoniles de Manuel Fonda, apuesto, de porte militar y  aficionado a las armas. La dama más santa que jamás dará Tacaloa, convenció a monseñor Estrada, un cura de misa y olla,  para que orientara la vida de Manuel Fonda. Una tarde platicaban sobre la doctrina social de la Iglesia, el párroco le habló: Eres semejante a San Luis Gonzaga, el angélico que nació en Castiglione-Italia en 1568″, _¿..?_,  tienes sus exquisito trato social y artes militares, él fue edecán gobernantes; también, como tu, fue objeto del deseo de las más bellas damas de la corte.

Monseñor le persuadió a seguir el ejemplo de San Luis Gonzaga, devoción a la santísima virgen María y un ferviente voto de castidad, que solo debía alterar con muy discretos deberes conyugales. Lo alineó tanto como parroquiano ejemplar, que se compró una docena de calzoncillos mata pasiones, aquellos de amarrar en el dedo gordo del pie; y para no provocar a su esposa, cargaba bolitas de alcanfor entre los bolsillos del pantalón para amortiguar los deseos de la carne, aunque ella se le presentaba cada noche con una bragas francesas, más seductoras que los calzones bordo de olla que Manuel le compraba en el almacén de Genovevita, porque quien sí vendía esas cosas atrevidas era el turco Antonio Issa paras unas clientas del prostíbulo del Morro.

San Luis Gonzaga, en traje de Caballero de Santiago. Estatua que se venera en la Iglesia de Uclés, de la provincia de Cuenca.

San Luis Gonzaga, en traje de Caballero de Santiago. Estatua que se venera en la Iglesia de Uclés, de la provincia de Cuenca.

Manuel Fonda, colgó en su farmacia y en su hogar los iconos de san Luis Gonzaga y regaló una imagen del beatífico, con cara de ternero degollado, para la parroquia. Le rezaba cada día como le enseño Genoveva Alvar: “Oh Luis Santo adornado de angélicas costumbres! Yo, indigno devoto vuestro os encomiendo la castidad de mi alma y de mi cuerpo, para que os dignéis encomendarme al Cordero Inmaculado, Cristo Jesús, y a su purísima Madre, Virgen de vírgenes, guardándome de todo pecado. No permitáis, Ángel mío, que manche mi alma con la menor impureza; antes bien, cuando me viereis en la tentación o peligro de pecar, alejad de mi corazón todos los pensamientos y afectos impuros; despertad en mí la memoria de la eternidad y de Jesús Crucificado; imprimid hondamente en mi corazón un profundo sentimiento de temor santo de Dios, y abrazadme en su divino amor, para que así, siendo imitador vuestro en la tierra, merezca gozar de Dios en vuestra compañía en la gloria. Amén”, y remataba con el santo rosario antes de una religiosa comida de frísoles. 

securedownload-13Él fue parco, lánguido y poco placentero con su Mona Remera, le aplicaba una ración de sexo frío, y ella lo evocaba tan amable y bondadoso, tan perfecto y exitoso en la vida pública, que inhibía sus deseos más ocultos, esa distinción impedía las apetencias subversivas de su lujuria. Además, Fonda le despojaba sus escenas de amor cuando volteaba hacia la pared los cuadros del Corazón de Jesús y María Inmaculada para no irrespetarlos, la intimidad erótica del cuarto que ella intentaba avivar con tendidos de cama y almohadones rojos, se transformaba en un ambiente de trasteo. En sus demás actos era rutinario, asistía la reunión de la Acción Católica, con quienes impulsaba la idea de erradicar del Morro todas esas cantinas de vicio y perdición para destinar los terrenos a la construcción de casitas para los pobres, esa debería ser la próxima obra social de la iglesia.

El 21 de junio, el mismísimo día del santo, mientras Manuel atendía sus devociones, la Monita Remera, quien era objeto del deseo de muchos parroquianos, entró en un nuevo éxtasis frente al espejo de su vida con una película de Luis Buñuel, ganadora de un León de Oro en el Festival de Venecia: “Belle de Jour”; desde esa fecha incorporo el uso de una minifalda escocesa o azul, discreta y provocadora, con una blusa sedosa que ataba su busto pulposo con pequeñísimos broches brillantes que al replegarlos abrían camino a un escote apasionante, medias de colegiala con zapatos can-can. Salía  a escondidas de Manuel Fonda, caminaba lenta y distraída en la calle y despertó las pasiones de Giorgio Veloz, el nuevo gerente del Banco Cafetero, lector del kamasutra que le regaló con lecciones una veterana argentina que estuvo en el Morro durante los carnavales.

La Remera, adorable muñeca de los deseos de todos los varones de Tacaloa;  pero el banquero fue más audaz, convenció al devoto Fonda para abrir una cuenta de ahorros a nombre de su esposa. —Manuel, es muy bueno que ahorre y acumule alguna fortuna que asegure su futuro, nadie está exento de infortunio, esos que trae la vida en un pueblo tan violento como Tacaloa.  Le insistía en conversaciones casuales y en el Café de Peláez: Recuerde bien Manuel que, sin que lo sepa, su persona,  Usted ya es objeto de mira de los ateos liberales y quién sabe qué cosa le puede llegar a pasar. Yo sé por qué se lo digo—

La modista Mary Quant revolucionó la moda en los años 60 al lanzar la minifalda, faldas y vestidos cortos de líneas simples y colores vivos, ...

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Con la anuencia de Fonda, el banquero visitó a la Mora Remera en su casa para ilustrarla sobre el ahorro, el manejo financiero de los bancos y la importancia de la acreditación como camino del éxito económico. La invitó a su agencia bancaria a firmar documentos y le instó; —procura depositar una pequeña suma cada semana, y cuando te sea posible cada tres días, pídele pequeñas cantidades a tu esposo, él no te las negara si le confías tus metas de ahorro, porque “de grano en grano llena la gallina el buche”—.

Esta decisión le colocó a la dama en posición de enamoramiento, ella tan desatendida y tan pasional, sin saberlo o a sabiendas, se ilusionó perdidamente, tanto que, pasando del terreno de la audacia al de la temeridad, Giorgio Veloz le visitaba en su propia casa mientras el boticario atendía sus obligaciones con la Acción Católica.  Eso se rumoraba, los cuchicheos escurrían en los empedrados de la calle.  Y alguien informó sigiloso a Manuel Fonda de las visitas del banquero en horas insólitas y éste  regresó temprano a casa.

Nadie le escuchó comentario, ni le percibió gesto de indignación o ademán de desespero en su rostro, pero un encadenamiento sigiloso de conversaciones recorrió  todas las salas y los infiernillos de Tacaloa, porque el director del banco apareció con una pierna rota, dijeron que se lanzó desde un tercer piso, desnudo y renqueante,  un alma que arrastró el diablo a refugiarse en la casa del Primate Adán Hoyos y durante tres días el Banco Cafetero dejó de prestar sus servicios porque se habían perdido las llaves oficiales.

La Monita Remera tiene en Tacaloa un monumento con palabras, las lenguas más bravas desfilan de tarde en tarde tras ese adorable objeto del deseo, conversaciones que rondan la plaza, pastillas anticonceptivas en el bolso, las minifaldas más preciosas; hermosa, ajena y lejana en las habladurías, coqueta e impúdica en mil aventurillas divertidas y con distintos amigos en compañía de la novia del teniente recién llegado.

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