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Grano Uno:

Dicen que los centros de la cultura original se desarrollaron en Los Andes, Centroamérica, India, China, Medio Oriente y en las Costas del Mediterráneo. Y aseguran que desde viajes en barcos de vela los mundos se encontraron en El Caribe y ahí se creó otro mundo. Y llegaron con su ritmo las culturas africanas y los rituales de todos lados danzaron en infinitud de fusiones.

Grano dos:

Meira del Mar, poetisa de Barranquilla es “El Caribe”, donde llegaron más culturas, ella es colombiana de sangre libanesa.

Verde mar: (Del libro Verdad del sueño)

I

De tanto quererte, mar,

el corazón se me ha vuelto

marinero.

Y se me pone a cantar

en los mástiles de oro

de la luna, sobre el viento.

Aquí la voz, la canción.

El corazón a lo lejos,

donde tus pasos resuenan

por las orillas del puerto.

De tanto quererte mar,

ausente me estas doliendo

casi hasta hacerme llorar .

II

¡Mar!

Y es como si, de pronto,

se hiciera claridad.

Ángeles desnudos. Ángeles

de brisa con luz. Cantar

del agua que danza una

zarabanda de cristal.

Islas, olas, caracolas.

Grito blanco de la sal…

Y el corazón, de latido

en latido, dice ¡Mar!

Grano tres:

Para los andinos el mundo es totalidad viva. No continentes y culturas extraviadas, cualquier incidente está ligado a los demás, cada parte se refleja en el todo. Mundo íntegro y vivo, como si fuera animal, un tigre  capaz de reaccionar con fiereza cuando se le agrede. Su integridad es colectividad natural o Pacha; una  conjunción de comunidades vivas, diversas y variables, lo que cada persona hace representa vida en el universo.

Grano Cuatro:

Para los colonos europeos que dominaron a América, esclavizaron al África y saquearon en todas partes, y lo es aún ahora en la mentalidad de los banqueros y las empresas multinacionales, el resto del planeta es tierra por poseer y culturas por enredar en las redes de la sociedad de consumo.

Grano cinco:

Han pasado los siglos desde cuando Cristóbal Colón llego con sus carabelas, Francisco Pizarro llegó a Cajamarca y, combinando la astucia y la fuerza de las armas, capturó a Atahualpa y puso fin al Imperio Inca y Hernán Cortés, con el apoyo de una amplia coalición de pueblos indígenas, conquistó a sangre y fuego Tenochtitlán, la gran capital de los aztecas y dominó a Motecuhzoma o Moctezuma Xocoyotzin.

Los conquistadores españoles prohibieron el cultivo y uso de la Quinua, un producto sagrado que hacía fuertes a los pueblos indígenas gracias a su consumo diario y su utilización en sus rituales paganos,  se la cambiaron por el trigo, por su sacralidad inventada en la ostia, al comulgar, une a los cristianos en el cuerpo místico de Cristo. La quinua permaneció casi olvidada hasta hace unas décadas. La nueva gastronomía la ha vuelto a poner en nuestras mesas

Desde entonces se ha cambiado todo, se formaron los sincretismos, el nuevo mundo es una amalgama de culturas, lo bueno y lo malo, no somos lo uno ni lo otro. Somos sangre de dioses y bandidos. Somos fusión donde los pensamientos y las visiones de la vida siempre serán complejos y divergentes.

Grano seis: La cultura de los siete granos

Visiones entre el mundo ancestral americano andino y las culturas que valoran la alimentación como el sustento de la vida. Vida ligada a la tierra en unos, vida atada a la prosperidad en otros.

Hablamos de granos andinos: la quinua, kañiwa, kiwicha, maíz y otros. Contribuyen en buena medida a cubrir necesidades nutricionales en aminoácidos esenciales de forma eficiente. En una reunión con los mayores indígenas de Los Pastos me hablaron de los siete granos y su importancia mítica y sagrada porque los une a la vida y la tierra que los da para la alimentación. 

La quinua – quinoa le dicen otros- es una planta alimenticia muy antigua en el área andina. Según investigaciones, su cultivo data de 5000 años a. c. Los incas reconocieron su valor nutricional y la aprovecharon de modo integral, reemplazaba las proteínas animales. Actualmente, en muchas áreas los siete granos siguen siendo las principales fuentes proteicas.  

Los siete granos andinos son quinua, maíz, fríjol, lenteja, maní, alverja, cebada. También el amaranto y el garbanzo.

maiz1Otra interpretación en la sociedad de consumo, no sé si buena o mala, se refiere a los siete granos de la prosperidad, no para la nutrición. Ese mito nos viene del feng-shui, un sistema chino ancestral de estética que pretende utilizar la doctrina taoísta para ayudar a mejorar la vida. Para que nunca falte la prosperidad, abundancia, dinero y comida en casa, estas semillas son ideales. Se deben tener en un contenedor y ponerlas en la cocina. 7 semillas que te traerán todos los beneficios de un mundo loco por el dinero, además alejan las malas vibras. Ordénalas en un frasco de vidrio en forma ascendente: el garbanzo (va al fondo), frijol, maíz, arroz, trigo, lenteja, mostaza. 

Las cinco semillas de abundancia más recomendadas son el arroz, el frijol, el trigo, el maíz amarillo y las lentejas, pero también lo son el café y las semillas de girasol. Adentro una vela ungida con aceite de oliva para la abundancia, también monedas lavadas en aceite. Granos que adornan el hogar y hacen pensar en lo abundante, el dinero, los bienes, lo necesario para consumir comida chatarra y viandas gourmet que generan obesidad, hipertensión y vida no saludable. Los andinos usan los siete granos en la olla, los magos del feng-shui en frascos de colores. 

Procede al llenado del frasco ԁе la abundancia сοn granos de la siguiente forma: 1. Introduce tres monedas, 2. Después las lentejas. 3. Encima de estas еƖ arroz. 4. Después еƖ frijol. 5. los granos ԁе maíz у рοr último agregarás los ԁе trigo. 6. Cierra еƖ envase.   No se si eso sea efectivo, lo presento porque lo veo en muchas casas de muchos lugares en América Latina y Norteamérica, es un ritual que muestra el sincretismo cultural de entre nuestro mundo y la cultura china. 

Grano siete: – Gabriela Mistral nos dice:

Ya sabe Ud. cómo me importa la raza indo-española de punta a cabo. Ya sabe cómo el mapa de nuestra América es para mí una cosa de carne, y no un cartón ni una geología. Hay muchas flaquezas, muchas confusiones y muchas miserias en nuestra sangre tendida a lo largo de un Continente; pero ¿quién dice todo el bien latente, la sensibilidad maravillosa que Dios nos dio, las posibilidades inmensas de nuestro mestizaje cuando se discipline y se oriente la generosidad de una parte, la inteligencia de otra, que hasta el extraño nos nota? Siento un orgullo vivo e intenso de ser de donde soy, de hablar español, de cargar con mi raza mestiza a cuestas, y de saber que el éxito definitivo de nuestra América es cosa de un siglo más, tan seguro como nuestro sol y nuestras estaciones.

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Gabriela Mistral, como otros escritores y poetas, establece su poética a partir de pérdidas, en el desarraigo y aislamiento, en la extrañeza y exilio de sí mismos, en la salida del paraíso original.

“Despedida”:

Bajé por espacio y aires

y más aires, descendiendo,

sin llamado y con llamada

por la fuerza del deseo,

y a más que yo caminaba

era el descender más recto

y era mi gozo más vivo

y mi adivinar más cierto,

y arribo como la flecha

éste mi segundo cuerpo

en el punto en que comienzan

Patria y Madre que me dieron.

¡Tan feliz que hace la marcha!…

 

“La extranjera” se publica en 1938, fuera del país natal de la poeta, dentro del poemario Tala, dedicado a su íntima amiga Palma Guillén y cuyas ganancias dona para ayudar a niños vascos huérfanos a raíz de la Guerra civil española.

La extranjera

Habla con dejo de sus mares bárbaros, 

con no sé que algas y no sé que arenas; 

reza oración a dios sin bulto ni peso, 

envejecida como si muriera. 

En huerto nuestro que nos hizo extraño, 

ha puesto cactus y zarpadas hierbas. 

Alienta del resuello del desierto 

y ha amado con pasión de que blanquea, 

que nunca cuenta y que si nos contase 

sería como el mapa de otra estrella. 

Vivirá entre nosotros ochenta años, 

pero siempre será como si llega, 

hablando lengua que jadea y gime 

y que le entienden sólo bestezuelas. 

Y va a morirse en medio de nosotros, 

en una noche en la que más padezca, 

con sólo su destino por almohada, 

de una muerte callada y extranjera.

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