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Primer lunes de junio, subí a una chalupa en el puerto de Magangué, viajaba entre una flotación de flores amarillas y moradas, una canoa arrastraba un ataúd atada a dos troncos de sietecueros, sonaba  un tambor y el canto fúnebre de alabaos al alma del muerto, un negro aventurero del Pacífico que se vino a lavar oro en una quebrada de La Loma. En la silla detrás en mí embarcación unas mulatas hablaban de La Mojana, de esa mujer diminuta y ancestral que ronda por los ríos latinoamericanos, a mi izquierda una joven de ojos verdes y aliento de clavos y canela, la definió con cabellos dorados y tendidos hasta sus pies invertidos.

Mojana

Mojana

El martes viajé a San Benito Abad, Sucre, nos metimos entre humedales a buscar a La Mojana, quería encontrarla porque escuché hablar de ella por primera vez en una canción olvidada de Francisco El Hombre. Quise estar en esa casa suya con piedras blancas y azules enormes, construida bajo el agua, porque escuché relatos sobre sus penas al lado de los potreros por donde aparece a cuidar sus gallinas, su perro y sus patos. Y quisimos buscarla en una mojana donde caen aguas que nacen en el cerro de Juanché, ahí donde la vieron bañarse con su totuma de oro, libre y desnuda como el aire y el viento. Nos perdimos, nadie sabía ni dio razón de ese paraje con charco grande, no es localizable porque solo existe en los mitos de la tradición oral de la Costa Atlántica Colombiana.

Quieto y pensativo, el abuelo de Jaime dijo haberla visto con frecuencia cuando iba a curar el ganado a Caimito, cerca de la gran hacienda donde dicen  que Gabriel García Marqués conoció la leyenda que dio origen a su cuento de Los Funerales de la Mamá Grande, el abuelo andaba solo porque sabía percibir sus huellas después de los aguaceros y no lo asustaban los mitos de la tradición oral, su rapto de niños cuando se bañan solitarios en sus dominios y sus invitaciones a su morada subacuática; por eso, en San Marcos y Caimito vi algunos críos con un cordón verdiblanco y rezado contra los maleficios del río, lo portaban en el cuello o en la cintura.

La Mojana sucreña hacia los lados de Majagual
La Mojana sucreña hacia los lados de Majagual

El miércoles aprendí que La Mojana también es un topónimo, ese nombre que dieron a esa región de inundaciones, “La Mojana de Sucre – Colombia”, hasta allá llegamos en un bote de los que llaman voladora, ahí confluyen al río Magdalena los ríos San Jorge y Cauca, ocasionan inundados en tierras de once municipios, es un sistema de ciénagas y caños que genera esa región, la depresión Mompoxina y La Mojana, al sur están los poblados de  Majagual y Guaranda con sus grandes cultivos de arroz. Ahí se regulan los caudales, más de 500.000 hectáreas de cenagales con  gran biodiversidad de Fauna y flora silvestre.

La Mojana - Al sur donde se localizan los humedales y el paisaje aluvial

La Mojana – Al sur donde se localizan los humedales

El jueves me dijo un historiador: la leyenda surgió en la Cartagena de indias durante la época de la Colonia. Habitó en su plaza central una mujer de la nobleza con esposo y su hijo, pero ella no atendía bien al  marido por dedicarse del todo a su hijo.  El hombre no la soportó más cuando lo rechazó una tarde, el niño estaba solitario en el patio cuando él, enojado y sin control la mató.  Ella gritaba agonizante, el pequeño allá estaba sentado junto al pozo, asustado, perdió el equilibrio y se hundió en la profundidad. Al tiempo,  aparecía la silueta de la mujer con una peineta de hueso en la mano, resplandecía al desenredar sus cabellos largos de muerta, varias veces los   niños  hipnotizados caminaron hacia ella, como ninguno era su hijo los arrojó al pozo.

 El viernes en Mompox me dijeron otra cosa, hablaron de la mitología indo americana que surge de espantos de habitan en aguas de ríos, ahí La Mojana tiene una presencia de mujer alta y de piel blanca, recuerdan que llegó por el ferry desde Magangué hasta Talagua, venía de Cartagena de indias, continuó y se bajó en frente a la plaza de Santa Bárbara,  los demás viajeros no la percibieron, solamente los joyeros de Mompox la identificaron,   supieron distinguir sus cabellos dorados largos en su peineta de hueso, la joyas de acuamantina en sus ojos; el más antiguo de ellos, conocedor de  mitos de río desde El Banco hasta Barranquilla, me dijo que ella cuida la naturaleza y es la hembra del Mohán. Hasta ese momento yo no sabía nada de ese mancito, ese otro brujo de las tribus muiscas y caribes.

Paraje por Palmito, en La Mojana
Paraje por Palmito, en La Mojana

El viernes yo ya iba de regreso en un motorizado por las Sabanas de San Ángel, en una parada pregunté a un grupo de familias descendientes de Los Chimila, esa tribu nómada que anda siempre entre la Sierra Nevada de Santa Marta y Tacaloa, un poblado al norte de Magangué y Mompox, donde se reúnen sus familias errantes en tiempos de sequía. Ellos si conocieron al Mohán, saben más de ese man que cualquiera porque fueron ellos quienes inventaron esa palabra y también le dieron su nombre a La Mojana. Dijeron que lo nombraron así porque hablaban tanto de un ser raro en todos los pueblos a orillas del río Grande la Magdalena, tantos cuentos y leyendas sobre sus avistamientos en sitios oscuros de la ribera, acompañante de los pescadores perdidos en las profundidades de los ríos y por los jagüeyes, los solterones más asustados decían que acechaba a las doncellas, a las niñas de pelo dorado y a los pescadores nocturnos.

Templo a Santa Bárbara en Santa Cruz de Mompox - Colombia
Templo a Santa Bárbara en Santa Cruz de Mompox – Colombia

—Sí señor, ese nombre se lo pusimos nosotros, los Chimila de ancestro caribe, aunque la gente dice que un mohán es un hombre tan corpulento como un gigante; sin embargo, nuestro Mohán es varón  y pequeñito, tiene su cuero y el mismo rostro poblado de pelos, sus ojitos sobresalen a veces grandes y a veces chiquiticos, muy brillantes,  y no le falta su  tabaco encendido en la boca. A veces se sofoca, pero sabemos que se calma cuando le dejan una pila de tabacos y trozos de panela, los carga y guarda en una mochila de pelos de chivo. Lo han visto por Sitio Nuevo, por Pueblo Viejo, junto a la ciénaga grande de Santa Marta, de mañana sentado sobre raíces que traen las aguas y cuando llega la tarde llegan a rodearlo los peces, icoteas, patos, cocodrilos e iguanas  y otros animales salvajes.

 Mojana (2a)El sábado leí en la biblioteca de Santa Marta que El Mohán es el espíritu de las aguas. El Mohán y La Mojana los cuidan y los animales no se hacen daño entre ellos porque esa ciénaga es la madre de la vida con sus parajes de mangle y sus aguas mezcladas desde el río Magdalena y el Mar de las Antillas. Por eso es parte de reconocimiento por la  misión de Ramsar que protege a los humedales más valiosos del planeta tierra.

 

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