Etiquetas

, , , , , , , ,

Niebla de Marsella

Fotografía de Adriana María Grisales F. – Directora de la Biblioteca León de Greiff – Marsella

 

La niebla me cubría y no llegaste a las siete de la tarde, caminé el desespero desde la calle de Hoyo Frío a la plaza y desde allí a Calle Real y La Plazuela hasta el amanecer. Calle abajo, calle arriba, una lenta agonía me desgarraba y me gritaba desde adentro.

A las seis de mañana unas gotas diminutas me arropaban con una manta de agua que diluía mi soledad. La niebla me cubría nuevamente y no llegaste.

Recordé tu dignidad, tan lozana como la niebla de Marsella, ese sereno que refresca la confianza entre nosotros. Una puerta se abrió y doña Gilma Villa me  brindó su café de buen vecino. Me miro con tibieza, me acariciaba su mirada con esa seguridad de marsellesa que cuida de los otros y a nosotros, me compartió su memoria de relatos sobre tiempos idos y me habló sobre personas idas. Le dije que anhelaba tu llegada y me dijo: no esperes a la que no ha de venir.

Sonaron distinto las campanas de la iglesia, desde su torre salieron seis palomas a buscarme, y recordé tu alegría del día cuando partiste, en sigilo jugabas con tus sueños, te marchaste en un bus de escalera a la seis de la mañana, cantabas los silencios de tus sueños en Madrid.

Fotografía de Adriana María Grisales F. - Directora de la Biblioteca León de Greiff - Marsella

Fotografía de Adriana María Grisales F. – Directora de la Biblioteca León de Greiff – Marsella

 

Regresaste cuando mataron a tu padre, te lo quitaron en tiempos de borrasca, cuando personas que conociste perdieron la vergüenza, violaron los códigos  de honor y taparon las verdades de sus negocios sucios. Tu viejo lo sabía, se les negó a vender su tierra y profanaron sin piedad lo más sagrado, la vida, la pertenencia como parte de la tierra que se cuida y se protege, y desde lejos te atraparon en su violencia injusta. Yo me estaba acostumbrando a ver marselleses asidos de palancas que empujaron esa guerra sucia.

Entonces me buscaste, me abrazaste. ¿Qué está pasando aquí me preguntaste?, también en esa tarde la niebla nos cubría. Nos encontramos como hijos del rocío en mes de mayo, compartimos el llanto de pesares, se nos dañó el terruño,  cayeron flores de los árboles de guayacán, tapizaron el sendero al cementerio, repleto de tumbas con huesos sin identidad, llegaban a buscarlos sus mujeres con trenzas de muerto, juntaban tanto luto  que sus lágrimas querían fundirse en balas.

Te marchaste nuevamente como un escarabajo con las patas rotas, me dejaste la tristeza, al lado de la cama donde naciste está el reloj de arena, ya no cantabas tu partida. Me dejaste en compañía del ángel de los desvelados, me cuidará con su legión de mariposas nocturnas.

Continué con mi paso por las calles hasta el amanecer, dentro de mí la edad creciendo y no he fatigado mi tristeza hasta cuando regreses y te vea en la esquina de la plaza con paraguas. No soy el loco del pueblo y me miran como eso, a veces alguien me invita a tomar un café y me observa con lastima. Yo también les tengo lástima porque están marchitos por dentro apegados a la plata. Prefiero el café del buen vecino en las casas de señoras bordadoras y en la tienda del señor que  fía una panela con la seguridad de que le pagan, y él, como amigo le paga y le trae mazamorra de la abuela.

Continuaré esperándote con noches de neblina hasta una aurora eterna, cuando hunda el vacío de mis ojos entre la infinitud de las vueltas del reloj,  y mientras tanto y sea marsellés me saludarán en la calle día a día. 

Bosque de niebla

Anuncios