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Carlos

Caminó fijo y desbarató el piano de Alirio.

Tas, tis. Croch; tambores antillanos,

do, re, mi, fa; flauta traversa,

clape, clish; pentagrama con trombones.

Cantó. Atacó, exploró, pulsó cada clavija.

Todo a tiempo tras nota y saxofón,

calor, sonido, lluvia.

Sudores del sábado santo.

 

Cadenciosas pulsaciones solares cada tarde,

tic, tac, croaciones de ranas,

montaña, río, sol y silencio mojado,

pisadas de antiguos, toc, toc, toc,

cantos de pájaros,

en camino fri, frufrú de túnel,

clarinete y fagot, tiempo y viento   

al Tatamá que lamenta a Tucarma.

 

Remolineaba un sonido esencial de ocarina,

soplido deslizado en eufonías,

viajaba con él,

arrulló ramas, acarició pieles,

mujeres peligrosas,

sacó amores a orearlos con su música,

escapada por huequitos de universo y chirimía.

 

Maestro que arma coros,

orienta a los niños,

su nota rueda por los techos,

agita poblaciones,

salta, pica y sacude al bandido,

trasfigura su fusil por  clarinete.

Al cura transformó su sermón atormentado.

 

Jaguar antiguo que cambió el olor a sangre,

emana sonidos entre cráneos de pájaros.

 

¡Vibra musicalidad de Apía!..

da vueltas en el mundo,

silencia ruidos, motores, con flautín y margarita,

buganvilias con tambores, no estallido de granadas.

Traspasó ráfagas sucias de violentos,

aplacó penurias, coro a desventurados.

 

Pone a cantar cada vereda con su luz en la quebrada,

doma furia a terremotos con matraca,

serena huracanes con sonido de viento,

roza talones donde está el miedo de los hombres,

sonido de laúdes acaricia su tristeza.

 

Su flauta acicala el pelo de las niñas,

la fiesta del guerrero uniformado se transforma,

desfila música, disfraces, cantos de pájaros,

el universo telúrico renace con plumas irisadas,

es cambio provincial incitado por su música.

Apia al corredor

Por Guillermo Gamba en mi canon viejita

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