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Monumento a Jovita Feijóo - Fotografia Oscar Guzval

Monumento a Jovita Feijóo – Fotografió Oscar Guzval 

Recuerdo el entierro más concurrido que hubiésemos presenciado en Marsella, desfile pocas veces visto. Sobre una muchedumbre uniformada de negro y camisas blancas, avanzaban dos ataúdes en lenta flotación sobre mantos y cabezas sin sombrero, los féretros arreaban la multitud al sonido de réquiem de campanas. Por encima de los pasos otra sensación colectiva, indescifrable y muda, arrastraba las ánimas de otros muertos y en muchas almas vivientes los descansos de muchos miedos. Mataron a Chuchi Sierra y al pueblo de Marsella era como si se le hubiesen llevado el diablo. Chuchi  obró siempre como si fuese el mismísimo demonio.

Volví a presenciar una muchedumbre como esa el miércoles 15 de Julio de 1970, una sensación distinta animaba a la caleñidad perturbada de dolor, despedían  a su reina, su sepelio fue el más sentido y concurrido de la capital del cielo. Aquella mañana un desplazado por las derrotas y el miedo desde su finca en Marsella, me habló del acontecimiento cuando mataron a Chuchi en 1955 y decía: —en aquel día  sentí alivio porque se me desamarró el miedo, hoy me saluda una tristeza dulce y quisiera bailarla con la negramenta caleña en la calle desde la catedral y por las diez cuadras de la Carrera Primera hasta el cementerio central.

JOVITA FEIJÓO - fotografía de Fernell Franco
JOVITA FEIJÓO – fotografía de Fernell Franco

 

Jovita Feijóo fue la soberana de todas las reinas en el corazón caleño, coronada cuando la postularon los muchachos de la Facultad de mecánica  de la Universidad del Valle como  reina de la alegría. Fue gran personaje de la cultura popular, mujer caminante de la calle, actriz del paisaje urbano, carismática, bien vestida, perturbada de utopías y entendida en sueños irrealizables.  

Fue reina estudiantil amada y popular, a pesar de ser más de treinta años mayor a los universitarios. Mujer cívica y consciente por la vida, acompañó a sus muchachos caleños en la protesta y era capaz de cantarle la tabla al gobernador y al alcalde cuando era  necesario, vio perros abandonados, zonas verdes desprotegidas y calles con basuras acumuladas y los buscó hasta en los clubes o en una recepción frente al presidente de la nación. Parecía un personaje estrafalario porque saludaba a todos sin importarle linajes, profesiones, procedencias, colores de piel  o categorías. Era soberana en la Calle, animosa en el estadio y la figura central en las marchas estudiantiles.

En sus días más difíciles con su enajenación mental, lucía con una elegancia desaliñada de personaje teatral que la hacía muchísimo más atractiva, la gente preocupada por ella hacía lo imposible para hacerla sonreír y ese momento era un triunfo de la caleñidad.

Un locutor la nombró, evento en el Parque Caicedo, reina de la simpatía, y los estudiantes de la Universidad del Valle la aclamaron y coronaron en el coliseo del Colegio Santa Librada, reina central del mito donde aprendíamos los inmigrantes a superarnos desde las aplanchadas y el miedo a gente como Chuchi Sierra, Jovita era soñar con tragarnos el mundo como Jovita cuando se vino desde El Alisal, vereda de Palmira, a finales de los años treinta.

 

Jovita Feijóo – Biografía de las ilusiones

Quería ser artista. Lo narra Javier Tafur González, el escritor caleño de su “Biografía de las ilusiones”. Jovita se presentó a don Hernando Bueno, dueño de una emisora “La Higueronia” a concursar como cantante, tenía 15 años y cantó “La Capirana”. Jamás fue cantante y se hizo la más popular.  

El día de su funeral la bailamos, la acompañamos, porque en Cali no podemos soportar la carencia de espacios incluyentes donde quepa un vecino que no baile y lo invitamos. Amamos la vida Afrodescendiente y americana mestiza que canta y baila todo, la vida y la muerte. Bailamos salsa revuelta entre  ricos o pobres.

Aquella mañana en Cali,  recuerdo a don Jaime Cardona, propietario de Almacenes La 14, le hablaba con mi padre sobre nuestra fábrica de obleas y mecato. —Don Juan, venga. Pensemos bien como ustedes pueden mejorar, busquemos tres cosas nuevas que ayuden a hacer mejor ese negocio, cosas que dependan de fuera de la industria del mecato que se vende en la esquina y en la calle. Y nos llevó frente a una góndola del supermercado a mirar como otras inteligencias estaban cambiando muchas cosas, nos habló de quienes estaban ahí y vendían más, nos abrió ese espacio de ventas en sus almacenes.

Le contamos de cuando llegamos de Marsella donde los violentos como Chuchi Sierra nos acabaron, levantamos la agudeza para mirar lejos el negocio de mecato vallecaucano con base en obleas y manjar blanco, después juntos salimos de La 14 hacia la funeraria en la  avenida Vázquez Cobo para unirnos a la solemnidad ambulante que  cubría la ciudad por el entierro de Jovita Feijóo. Cali estaba de luto y la ciudad se movía como Jovita en la calle. Fue un evento de caleñidad.  

Gato de Hernando Tejada - Cali

                   Gato de Hernando Tejada - Cali 

La Caleñidad es amante de la naturaleza, sus esculturas más simbólicas son el gato de Tejadita y la estatua de Jovita. 

Amo esa caleñidad solidaria e inteligente detrás de la búsqueda de cosas simples para deleitar la vida, esa caleñidad capaz de hacer del baile una industria internacional con escuelas populares de salsa, allí mismo donde nacieron las cuchotecas y las luladas parranderas en la terraza ancha de la calle del barrio. Cali aprecia a los habitantes de la calle, sus  estudiantes coronaron a Jovita Feijóo, la reina menor de ellas como su señora reina, aquella para quien el 15 de enero de 2007 Diego Pombo empezó a amasar una figura en la arcilla que daría vida a la escultura pintoresca en acrílico. 

 Ahí está en la Quince con Quinta. Iniciar esta obra significó para Pombo volver a su infancia y forjar ese lazo fortísimo que ahora desde el Parque de los estudiantes nos enlaza a ella. Y él mismo dice: “Esta estructura es homenaje al cuerpo de la mujer caleña. Tiene muy buenas nalgas… a mí me encantan las nalgas de las mujeres y yo disfruté mucho moldeándoselas. En cambio de pechos es breve. Y le exalté rasgos particulares, como su nariz grande, y le puse la mirada un poco más intensa, como para que no se olviden de que sí estaba loca”. Era esa locura que nos arrebata a bailar y ver con simpatía a la Loca Marlene cuando tira besos a los adolescentes en la Plaza de Caycedo. 

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