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Con palabras nuevas Francisco Romero, párroco de  Salazar de las Palmas, Norte de Santander,  impulsó en 1834 la imagen mental de su pueblo: un campo de cultivos de cafeto. Su historia es reconocida. Su ejemplo, exhortaciones, penitencias en el confesionario y logró que nacieron los cafetales como alternativa de ingreso. Ni compararlo con el cura de Marsella, él cultiva animadversiones y desgasta energías con regaños para las niñas bonitas que asisten a la iglesia con blusa descotada o faldita corta. No entrará en su paraíso.

Salazar de las Palmas
Salazar de las Palmas

Cien años antes, el sacerdote jesuita español José Gumilla, leo su historia en la obra “Orinoco ilustrado”, planta las primeras semillas de café dentro de la misión de Santa Teresa de Tabage y sus compañeros lo llevaron a Popayán en 1736 a un lote en el seminario de la comunidad.

En 1851, los cafeteros de Salazar de las Palmas, exportaron los primeros 2.592 sacos de café a Europa, liderados por el Señor Fraser, veterano de la independencia, quien unió municipios del Cantón para juntar 6.000 quintales de café, valieron cerca de 80.000 pesos. Vencieron sus rutas en mal estado a lo largo de los doscientos cincuenta kilómetros hasta Encontrados en el Zulia, a paso lento, inseguro, con riesgo para las recuas de mulas y los arrieros a través del afanoso “Camino de los Callejones”… un camino diabólico, demoledor de huesos, lo superaron sin curas regañones.

En el occidente, vecinos de Cartago que habían acompañado a Mosquera en su campaña contra los antioqueños hacia 1860, trajeron seis años después desde Popayán unas semillas y las dieron a Manuel Gamba, paisano suyo, que estaba desmontando tierras en El Congal, La Estrella y La Quiebra de Naranjal en Chinchiná, las recibió como pago de asociado en la construcción del Camino del Privilegio entre Cartago y Villamaría. El general Tomás Cipriano de Mosquera influyó en el otorgamiento de tierras en ese territorio para poblar de caucanos el límite entre el Estado Soberano del Cauca y los antioqueños. Sembraron los primeros cafetos en esos contornos, lo usaban para el consumo porque su negocio era un zacatín que abastecía a borrachines de Cartago. Después de 1870 comenzó una tendencia de siembras en tierras de la colonización antioqueña.

El café de las breñas de Santander se exportaba al reino de Saboya con el cacao, el de allí era muy valioso como mercancía por su posición en las mesas gourmet. Salía de Puerto Santander hasta La Solita en tren de trocha angosta y ancha más allá hasta Encontrados; la construyeron los cacaos, aquellos que dieron su origen a ese mote de ricos; ellos acumulaban su fortuna en granos de cacao en sus bodegas para la exportación y hacían trueque de granos por mercancía que traían en sus matutes en los barcos que llevaron el cacao y el café a Europa. Ingleses y alemanes los financiaron, los últimos generaron el mayor negocio cafetero de mundo, lo compraban, investigaron el procesamiento y lo distribuyeron a toda Europa,  han sido los grandes exportadores mundiales de café sin producir un solo grano.

Café, cacao y maderas en 1888, impulsaron la creación del Ferrocarril de Cúcuta, la primera locomotora generó un puerto terrestre donde los cacaos negociaban e importaron mercaderías, aliados con casas comerciales, alemanas, italianas desde Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Italia y Alemania. Se llegó a transportar 200.000 cargas de café de superior calidad y 150.000 de cacao, a Estados Unidos y Europa, siguiendo la vía de la Estación Cúcuta a Puerto Villamizar por el ferrocarril; luego de ahí, pequeños barcos navegaban por el Lago de Maracaibo para transbordarlo a los trasatlánticos en Curazao, La Guajira y Puerto Cabello rumbo a  Nueva York y a Europa. Las importaciones alcanzaron 1.383.008 kg. Bebidas alcohólicas, calderos, vestidos femeninos, harina de trigo, prensas de hierro y sal. Artículos suntuarios como perfumes, alfombras, espejos, guantes, jabón, loza, lámparas, pañuelos, relojes, paragüas, telas, trajes, herramientas de todo tipo, maquinaria, otros de hierro, etc.

 Primera locomotora cafetera

Los gringos olieron este gran negocio, sus narices fueron hasta la última vibración sensitiva del aroma de café, el valor del grano en la bolsa como mercancía commodities  y el efecto de la cafeína en una conversación, financiaron a los exportadores, orientaron la creación de la Federación Nacional de Cafeteros, motivaron al gobierno para el cierre de las exportaciones por Venezuela en el corredor desde La Solita hasta Maracaibo,  los arrieros acabaron de voltear las rutas del mercado cuando invirtieron en sus cultivos las fortunas rebuscadas por todas las trochas y sacadas de las guacas. Manuel Henao fue guaquero en Apia y renegaba porque en su territorio de guaquería solamente encontró olletas de arcilla de escaso valor artesanal y ennegrecido de hollín. No pudo ser cafetero y prosperó como carnicero de pueblo y decía: —los indios Apias eran muy pobres, esos miserables parece que se enterraron de huida de las deudas porque solo sacamos olletas y ceniza, me quedé sin cafetal—

En 1927, Colombia pasaba de la era de los gobiernos manejados por gramáticos a la de los políticos y economistas, nació la Federación Nacional de Cafeteros, una organización a la que ladran o aúllan desde 1940, porque manejaba el impuesto de ripio y pasilla, ad-valorem y las contribuciones de retención que  dieron origen y capital al Fondo Nacional del Café, transferían al Estado Colombiano las ganancias y protegían el precio interno cuando llegaban las cosechas con precio de vacas flacas y eran escasos los billetes verdes. Se perfiló para intervenir el mercado del café; de hecho, participaron en su fundación hacendados-exportadores y productores que conservaban intereses en un negocio que había arruinado en los primeros años de la segunda década del siglo XX, cuando fracasó el modelo de producir, transformar el grano y transportarlo a los puestos de destino.

En los años de la violencia política más adversa, la corriente del café no dejó de fluir, los arrieros, los jeep y camioneros sacaban sus cargas y traían el dinero, remesas de mano en mano desde las arcas de las trilladoras Hard and Rand y la Great and Pacific tea co y otras. Todo lo necesario para que los cultivadores cafeteros estuviesen en plena actividad productiva. Ese canal desde los cafetales hasta los pocillos de los banqueros ingleses funcionaba perfectamente, aún durante los años de la violencia nefasta, cuando las casas con techo de elda y secadero parecían abandonadas, rastree las estadísticas sobre exportaciones en esos años y pude confirmarlo, el pueblo campesino se desangraba y la corriente circular de café equilibraba el ingreso familiar, orientaba la vida comercial de los pueblos de colonos antioqueños y no dejó decaer las exportaciones, aunque en ese negocio los violentos hicieron desalojar y mataran propietarios de fincas.

Cuando la guerra mundial empobrecía a los mejores tomadores de tinto del planeta en Finlandia, donde la bebida era necesaria para la supervivencia existencial, don Pedro Uribe Mejía, el mejor montañero que ha tenido la Federación de Cafeteros, los visitó y les ofreció todo el café que fueran capaces de tomarse, fiado y pagadero cuando ellos pudieran honrar la deuda. Era la cultura de los negocios afianzados con alma ancestral, el honor, la palabra y la solidaridad, por eso existe en Helsinki la plaza Pedro Uribe Mejía en honor a ese gesto histórico.

Cuando expiró el pacto mundial del café, el suave colombiano estaba con precio superior a los arábigos no lavados, los robustas y los suaves centroamericanos que comenzaron a tomar posiciones, las marcas más conocidas en los supermercados del mundo eran Edkaro, Taloca, Faffer Einkausk, Hill Bros, The Folger, Albrecht y Tetley, Nescafé, entre otras. Los pulpos se enriquecían a costillas de los caficultores y los tomadores de tinto porque estaban en el manejo de la parte inteligente del negocio. Los cafeteros Colombianos habían creado el simbólico Juan Valdez con su mula conchita, para venderle café en grano a estas tostadoras y en este tiempo de esta historia vuele a ensayar la formula que enriqueció a Rockefeller cuando llevó el petróleo del pozo al tanque del carro; es decir, colocar el café colombiano desde el cafetal a la taza.

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