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FUGA Y CAFÉ

Desde agosto en Marsella y Apía hay granos rojos,
mesa en la esquina madura con ansiedad de cosecha, 
olor  humeante de café, sabor a café, palabras del café.
 
Conversación fraterna.
Rumorean cafeteros con mente despejada.
 
 Alrededor emerge un deseo febril y emoción creativa,
vibración que atormenta con cifras del mercado,
café sensual y ardiente en corazón zarandeado.
 
Brillo rojo de granos y cielo paladean en la taza del café.
 
Calor de las mañanas, aires, aguas y soles, subliman el sabor.
Y cuidadoso trabajo cafetero con toque gourmet al sorbo,
ilumina el palabreo del amor perdido y  el dolor con brebaje,
huele afrutado y calma miles desasosiegos.
 
La ternura vivida sabe a café de abuela y hombre noble,
con olor intenso anima la palabra en un país lejano,
reverdece su lúcida  señal, guitarra y saxofón,
energía olorosa, efusión intelectual.
 
 
Los procesos más visibles se despliegan con buenas palabras, generan imágenes con emociones, cuadros que motivan los sentires y regresan a las palabras.
“El Paisaje cultural cafetero”, declarado como patrimonio de la humanidad,  es un mensaje que viaja montado sobre una emblemática visual y  nos trae la exigencia de pensar y crear mucho más allá, nos inventa un desafío: hacer visible en  el panorama universal un imaginario de sentidos, tal vez alguien lo entienda mejor como un imaginario de sentires.
En la visión del mundo cafetero,  hacia el futuro y desde el presente, día a día,   varias imágenes se deben proyectar con una expresión figurativa.  Existe el reto de poner en juego la capacidad de imaginar con los ojos cerrados, ver mejoramientos, conversar muchas cosas y hacer que broten palabras que formen figuras con colores, olores, sabores, sonidos, roces de película en la mente de las personas en lugares lejanos. 

 

Ese asunto un poco abstracto; “paisaje cultural”, se podría transmitir con eficacia si las palabras que empujan los negocios llevan detalles con sensaciones placenteras que hacen pensar con imágenes. Pacho Herrera negocia en Alemania con la misma pinta y el sombrero de Apiano que explica a un productor como un pájaro ayuda a la germinación.

 

Y todo ese juego de palabras que empuja imaginarios hace realidades que la gente del mundo evoque, sienta, genere y viva su propio sueño de nuestro mundo del café: paisaje cultural que viene desde una topografía natural y construida con pintas y luces, lomas, arquitectura, sincronía geométrica en los sembrados que juegan con las exigencias del relieve, conservan el suelo, hacen cantar el agua y sostienen la diversidad natural, no el monótono tono del monocultivo, que trae sus propias crisis.

 

La fuerza del paisaje cultural esta en los olores que fabrica el caficultor cuando cuida cada cafeto con precisión de artesano para lograr el tipo de grano que recolecta oportuno en su maduración, las moléculas odoríferas que juegan en el ambiente cuando se cuela un café, vienen desde el goce de un buen cultivador.

 

La emoción del sentir cafetero es deparadora de sabores y desde estos se va a mil lugares a despertar vibraciones mentales con palabras de quienes toman un tinto. Para que las palabras del ritual mágico, cuando un sabor de café toca cualquier plaza del mundo, sean bien sentidas, las conversaciones de los caficultores y los pobladores en estos pueblos, en su casa y en su mundo, deben ser cordiales, inteligentes, constructivas, generadoras de acciones que despliegan todo el talento para un buen cultivo y el emocionar de hacer las cosas bien.

 

La imagen se construye con señales en varios lenguajes, cantos de pájaros, grupos culturales, sonido del agua clara que corre por los ríos, la música bambuquera revuelta con un universo de ritmos que suenan tras las puertas en calles de pueblo como una mazamorra de canciones representativas del mundo rural latinoamericano que, en esta tierra, se amontona en músicas de todos lados como en viaje de jeeps con coroteo por lomas camineras.
El paisaje del café se palpa desde la textura de un canasto fabricado con bejuco tripa de perro, el acompañamiento de un técnico junto con suavidad de hoja de cafeto, sensación de culto a una tecnología en celebración que empuja a conversar con pocillo de café al tacto, calidez de saludo transmisor de cordialidad con apretón de mano y cortesía desde viviendas campesinas armoniosas, en veredas con equipamientos vitales para educarse, recrearse, compartir la vida social, educativa y cultural.

Maestro Carlos Fernando López N. Fundador - Escuela de Música de Apía

Mi amigo tiene miedo de quienes ven en este cuento del “Paisaje Cultural Cafetero” un negocio que haga sonar la música en la registradora de operadores turísticos con excursiones de montonera invasora.
 

 

 

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