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Entre la exactitud y el mito

 

Son las cinco de la mañana, despierto y mientas orino, imagino a un sacerdote egipcio cuando colocaba una pluma que servía de pesa en el platillo de la balanza como el símbolo de la exactitud del peso de las almas. 

Alineaciones megalíticas en Carnac, Francia

A las seis de la mañana vislumbro nuevamente en el pasado, observo a uno de los primeros iluminados del neolítico en Carnac, Francia. Observa el cielo, escarba trazos para hacer su  mapa contra el suelo, fija señales posicionales de los cuerpos celestes;  aplica los conocimientos más avanzados de su tiempo, matemática y geometría, intuye movimientos de los astros. Durante varios ciclos de su tiempo los comparte, los conversa y acuerda con su círculo tribal construir su propio alineamiento de piedras para la práctica de la astronomía a simple vista, un espacio ritual que les ayude a determinar los solsticios y equinoccios. Imagina tú ese sentimiento de aquel día cuando comprobaron su certeza  en la predicción de sus eclipses.

 

Desayuno, muerdo una arepa y me traslado otros miles de años, estoy en la edad media del oscurantismo, ahí está parado aquél Monje fanático que se inventó una leyenda bretona para su evangelización,  aseguró que Dios le reveló la historia de un santo perseguido por fanáticos y cuando querían condenarlo a la hoguera, él transformó a sus perseguidores  en aquellas mismas piedras del neolítico en Carnac para salvarse.

 

Después leo lo cierto, estas alineaciones de piedras se corresponden con la salida y el ocaso solar, debieron ser un verdadero calendario de un culto solar antiguo. Aseguran que otros menhires aislados señalan simplemente la presencia de una fuente, de un cruce de caminos, de una tumba. “Algunos de esos círculos de piedras fueron erigidos de modo que señalasen la salida y la puesta del Sol y de la Luna en momentos específicos del año; señalan especialmente las ocho posiciones extremas de la Luna en sus cambios de declinación del ciclo de veintiún  días que media entre una luna llena y la siguiente” leo en Wikipedia.

Stonehenge, Inglaterra

A las nueve de la mañana recuerdo aquel día cuando me dijo Carlos Arturo, -he construido mi propio Stonehenge en el patio de la finca-, lo usa para la meditación, desde allí mira la luna o ella lo mira a él desde los ojos de Nohora Elena. En Inglaterra,  Stonehenge ha sido uno de los sitios más extensamente estudiados. Se construyó en varias fases entre los años 2200 y 1600 a.C. Su utilización como instrumento astronómico permitió al hombre del megalítico realizar un calendario bastante preciso y predecir eventos celestes como eclipses lunares y solares.

 

En Santander – Colombia, entre la Mesa de los Santos y el Cañón del Chicamocha, cerca de un caney y a lado de los sembrados de tabaco y los cultivos de sábila de un grupo de mujeres, encontré esta hilera de piedras colocadas por los Guanes en su propia edad de piedra. ¿Cuál es el mito ahí. Qué medía o decía su exactitud?

A la una de la tarde recuerdo a mi amigo Dioskomar, no se en que mito pensaban sus padres cuando le pusieron ese nombre. Él en Medellín me habló sobre la cultura de la precisión y la medición como fuente de calidad total y mejoramiento continuo, de otras cualidades para hacer seguimiento y evaluarse en corto y en largo plazo. Después otro más poeta lo dice así, la exactitud quiere decir tres cosas: diseño del proyecto o de la obra bien definida y bien calculada y la evocación de imágenes nítidas, incisivas, memorables. Habla del lenguaje más preciso como léxico, las medidas más ajustadas, las cuentas claras en los negocios, la palabra como expresión de los matices del pensamiento y la imaginación. La calidad de las conversaciones capaces de generar un pensamiento compartido y una inteligencia social.

 

A  las dos de la tarde estudio sobre la agricultura de precisión,  ese concepto agronómico de gestión de parcelas agrícolas que se basa en la existencia de variabilidad en campo. Requiere el uso de las tecnologías de Sistemas de Posicionamiento Global (GPS), sensoressatélites e imágenes aéreas junto con Sistemas de Información Geográfico (SIG) para estimar, evaluar y entender las variaciones de la información recolectada que puede ser usada para evaluar con mayor precisión la densidad óptima de una siembra, estimar fertilizantes a usar y otras entradas necesarias que ayudan a predecir con exactitud la producción de los cultivos, usa los invernaderos controlados con sensores que miden la temperatura, la humedad y sincronizan el ritmo del goteo que  irriga el agua.

 

Son las cuatro de la tarde cuando asisto a una invitación de la Sociedad de Mejoras Públicas de Marsella, presentan ideas para un proyecto de gestión climática  territorial y una propuesta de modelo integrado de gestión vial para la vía Pereira – Marsella- Chinchiná. Propone mantenimiento vial, gestión de cultivos adecuados en las laderas aledañas a la vía y su manejo cuidadoso de los suelos. Se integra con ideas sobre el paisaje cultural cafetero, la cultura de la vida lenta y el buen gusto por la vida, el paisaje, las aves, las bellas construcciones y todos aquellos asuntos que nos demandan cultura de precisión con pensamiento sistémico.

 

Antes de dormir repaso el día. Pienso en todas las cosas que deben sucederse en el mundo y en la vida planetaria, todos sus desafíos, como el cambio climático y las demás amenazas telúricas, repaso nuestras capacidades de adaptación y vislumbro con admiración los pensamientos de una generación de profesionales nuevos que tiene Marsella, que están embelleciendo la plaza, que merecen su espacio y apoyo para hacer cosas grandes. También pienso en aquellos que ignoran el origen del semen que los hizo con su vida envolatada tras una manada de mafiosos.

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