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La relatividad es un tema difundido por todas partes a partir del chispazo de Einstein. De allí surge un desafío sobre el mito de la sociedad basada en el cambio y sugiere una forma de actuación. No vacilar, no aplazar. Velocidad mental para escuchar, pensar, decidir, hacer y hacer que otros hagan. Es la base para la generación de un sentido de la oportunidad que genera confianza entre las personas y la sociedad.

 Jorge Aristizábal aprendió a pensar despacio, camina sus afanes con tiempo suficiente para mirar y toma imágenes como esta.

benedettiLento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

hoy está más allá
de las nubes que elige
y más allá del trueno
y de la tierra firme

demorándose viene
cual flor desconfiada
que vigila al sol
sin preguntarle nada

iluminando viene
las últimas ventanas

lento pero viene
las últimas ventanas

lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

ya se va acercando
nunca tiene prisa
viene con proyectos
y bolsas de semillas
con ángeles maltrechos

Mario Bennedetti

PIENSA DESPACIO PARA ACTUAR RÁPIDO

 Un escritor consideró algún día que la velocidad máxima a la que podía viajar su alma era aproximadamente la del paso de un burro, así que tardaba días en volver a encontrarse con ella después de un viaje en avión. Aprendió a pensar despacio y después, por esas relatividades del tiempo y la velocidad, su alma llegaba y se sentaba a su espera en los viajes.

Un paisano mío vive despacio, a Emilio Rojas de Marsella le alcanza el tiempo para pescar el orden de la vida en el día mejor de la esquina mayor. Otro de nuestros paisanos vive tan deprisa que cuando lo recuerdo estoy alucinado porque no vive, es un sobreviviente de las trampas que tienen inmersos sus negocios. Vive en esa cultura con la que su padre le inculcó el miedo más tenaz, el temor a perder el tiempo, hace permanentes cálculos y cuentas sobre la afluencia del dinero por minuto en su caja registradora y en esa paradoja de aceleraciones desperdicia la vida, ya tiene una costura de operaciones en el corazón.  Su otro hermano corrió su destino con el mismo afán, acumuló posesiones, ahorro hasta la avaricia, compró  tierras y desposeyó de fincas a quienes a su lado querían venderlas para vivir despacio. Una tarde lo alcanzó su mismo afán y en esa carrera su corazón reventó como la cuerda de un reloj forzado.  La vida natural en sus tierras continuó sin afán como lo ha sido desde los primeros milenios cuando comenzó la vida en el planeta.

Marylin también vivió su intensidad, en sus tiempos no pude alcanzar a la más hermosa de mis amigas, tan hermosa como ella; su frenetismo e intensidad para alcanzar su mundo iban a tal velocidad que no les alcanzaba para enfrentarse a lo que les pasaba en sus cuerpos y sus mentes. Mi amiga evitaba las preguntas importantes, iba por el carril más rápido hacia el dinero fácil, cargada de emociones y adrenalina. Sin tiempo ni tranquilidad jamás reflexionaba ni sabía qué es lo realmente importante. Cayó  de afán en una trampa de aduanas y después  vivió entre la lentitud de los días más largos de su vida atascada entre las paredes de una celda, salió un diciembre, vieja, apachurrada y frustrada.

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