Etiquetas

, ,

Encontraba mi antídoto de ojos cerrados en tarde lluviosa. 

La vi tenue y tierna entre una gota, nada o un poco ebria,

su humedad calaba. No lavaba ruindad ni caminaba triste.

 

Emplumado,  sin promesas bajo el gallinero,

con mirada de pecador de viernes,

él calentaba un caldero bajo este cielo de fulgores lleno.

 

Lo vi en su ritual, cura de la misa y olla, con la eucaristía,

quien me dio consejos de aguardiente y vino, 

y bajo crespones del cielo lavado miraba a su moza.

Lo vi tan humano.

Nada le prohíbe disfrutar de las cosas dulces y la carne asada,  

si con ese alambre se quiere enganchar.

Miró a su mulata y lo puso a gozá.

Vete, vete, pero vete lejos

con un pecaíto y un aguardientico,
vete por tu vida y yo salvo la mía.

Y ahora mulata poneme a gozá.

Anuncios