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No existen  razones para que no me  guste el nombre de Marsella, pueblo natal.  Mi bisabuelo llegó a sus lados hacia 1850,  años antes de cuando, Don Félix de La Abadía, contratara la apertura del Camino del Privilegio entre  Cartago Viejo y Villamaría. El bisabuelo aún niño,  se voló de la casa pegado de las colas de las mulas que transitaron por  lodazales de un camino indígena que venía desde Cartago. Un día recibió tierras por los lados de la quiebra de Naranjal, no existía Segovia, nombre que dieran a la primera hilera de casas en donde hoy está Marsella;  Mascachochas, el General Mosquera, facilitó la adjudicación a mi bisabuelo, hijo de un masón a quien negaban sus documentos de identidad porque no era bautizado, no quiso estudiar el adoctrinamiento con sus hermanos y se hizo campesino.  Lo mismo pasó con mi abuelo, se defendieron con una boleta censal de registro como hijos extranjeros, nadie paraba bolas con tal papel y sólo se hizo reconocer cuando le titularon tierra.

Muchos como mi bisabuelo, fueron nadies en Marsella, aprendían a defenderse en tragedias de terremoto, invierno de lodazales, o hijos de la violencia política.

Me puse a comparar el cementerio de  Marsella – Francia, donde hay tumbas reconocibles de 32 artistas, 7 industriales, 8 personalidades políticas, 6 eruditos de la ciencia y 5 grandes deportistas. La diferencia del cementerio llamado Saint Pierre con el José María Estrada de Marsella, además de que el nuestro es patrimonio arquitectónico nacional, tiene un  espacio interior con más de 450 N.N, contados desde 1982, no se si existan enumeraciones de antes, deben ser muchos más. Alguien contó  que en el año  1.949, se enfrentaron por los lados de El Pajuí, la chusma conservadora que comandaba El Guatín con la cuadrilla liberal al mando de El Diablo, quien quería detener las fechorías ordenadas por Patepalo, un Inspector de Policía que organizaba las listas de los liberales para asesinar y entrenaba a los jovencitos para que se volvieran matones. En ese combate murieron más de treinta hombres, la mayoría no eran de Marsella y los enterraron como N.N.

Tanta historia mala, tanto muerto que llegó en las cuentas de las aguas por el Río  Cauca y los otros más por las corrientes de ajustes de cuentas, operaciones limpieza que organizaron propietarios de tierra y amenazas por tierra de quienes conseguían riqueza fácil.

Se habla tanto desde los cuentos del agua del río, que decidí nombrar a Marsella en el libro que presento por estos días como “Tacaloa”, una tierra de viento y de sueños. Tacaloa en el significado de los chimila, quienes inventaron esa palabra, es el nombre de lo que se habla junto al agua, y ese topónimo llegó río arriba a Marsella y así se llama un paraje y una quebrada de mi pueblo. 

 

Medité en el día de los muertos, tan importe en la cultura mexicana;  recordé a una pequeña medusa,  la Torritopsis  Nutricula, su tamaño no alcanza ni medio centimetro y sus células poseen la extraordinaria capacidad de regenerarse. No envejen,  durante su madurez  sus tejidos comienzan a rejuvenecer, se debe a un fenómeno llamado transdiferenciación,  se regeneran  y esa capacidad es potencialmente infinita. En ellas la muerte orgánica es algo que no sucede.


Pensé en la necesidad de regenerarnos, reinventarnos y cumplir eficientemente la tarea esencial de crear.  Uno tiene temores en esta sociedad regional donde la producción es un asunto rutinario, solamente regeneran la economía los inversionistas que traen centros comerciales, formatos copiados de otros lados, construyen y ponen a andar las Zonas Francas donde no se pagan impuestos y se llevan las ganacias de la región. Y muchos están convencidos de que eso es desarrollo.  Las tareas esenciales del desarrollo social y económico  son producción,  la reproducción con la cultura del cuidado, y la creación.  Reproducimos tantas costumbres malas que nos dificultan estar mejor, en toda mi vida he escuchado destapar asuntos de corrupción, he visto elegir personajes con ganas de poder y sin conocimiento e ideas nuevas para el progreso y la calidad de la vida humana.

Hemos pasado esta etapa de elecciones, los nuevos gobernantes podrían facilitar la apertura de tiempos para recrearnos, la creación y la innovación son tareas esenciales que deberíamos cumplir nosotros mismos, no debería ser asunto de inversionistas ni personajes que llegan a ilusionarnos con los escenarios de la sociedad de consumo.    


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