Etiquetas

, , , , , , ,

 Véalo pues, huele a chandoso mi primo quien vive por la segunda, Barrio América de Pereira.  Sus amigos pasan por su lado y aúllan desde cuando su mujer le mandó desde España un perfume para perros, ella aseguró que era de una finísima casa francesa y él se lo echó; ella me lo dijo: —Le envié ese enjuague para que se entretenga con las otras—,  porque ella, al otro lado del continente, ya no  podrá prestarle sus servicios y darle el mantenimiento que requiere ‹‹un perro de su calaña››, como ella dijo.  

muralismo

Y no sé si será de esos olores que se echan los hombres enamoradizos a quienes sus mujeres les llaman perros, ahora dizque vienen con feromonas, o si sea de esos aromas que han inventado  para esos animalitos que miman en las familias donde ya no tienen niños y mantienen  mascota en cuna para bebé canino, le cobijan con un cobertor que ellos mismos jamás pudieron usar cuando eran niños, un tirano de la casa que en el mercado tiene raciones con marca de pedigrí;  aunque,  la esposa de mi primo dice que su esposo es un lanchan, un langaruto chandoso.

 Ella no se quedó quieta junto al momificado sentimiento erótico de su varón en los últimos dos años, desde esa semana cuando a él se le cayó el zurriago porque perdió todo su interés por ella, ella se inventó el viaje, no era por necesidad como muchos piensan, era un asunto cultural, como quienes  buscan otros aires, otros ambientes y otros calores ardientes en España, aunque alguna le decía que siguiera el rumor de la canción italiana que dice: “para hacer bien el amor hay que venir al sur”, y que se consiguiera un argentino, —muchos de ellos hasta pagan sus estudios con sesiones de erotismo virtual y son bellísimos—, le decía mi amiga la chabacana.  

 No sé qué le pasó a mi primo con su mujer. El hombre siempre había sido juicioso, levantó muy bien sus cuatro hijos profesionales, ellos han conquistado sus mundos en su carrera de migrantes: dos en España, uno en Gringolandia y la otra en el Brasil.  Pero él,  entre un momento y otro se enfrió con su mujer, y eso que ella tiene pierna divina y aún está muy  buenona, jamás se dejó crecer banano en su cintura, ni esas alas de murciélago bajo el brazo que dan aspecto a las mujeres jamonas. Ella es trabajadora y responsable como buena pereirana, la mejor vendedora de esos productos novedosos que anuncian por la televisión y distribuyen los negocios de multinivel.  Pero ella decía que él era muy perro. Por eso se fue a España.

 Después de quedarse solo, mi primo comenzó a tomar cerveza tres tardes por semana en una cafetería de la quince con cuarta, engordó de tanto comer morcilla, caldo de albóndigas, fríjoles, desayuno con calentado y almuerzo con sopa de mondongo en el restaurante de su amigo, allí donde comen los taxistas pereiranos en la misma cuadra de la cuarta tirando hacia la catorce.

 En su esquina se metió entre ese remolino de  patos y perros de barrio, un gremio de olorosos a tinta y papel de imprenta, a sudor de vendedores de cueros y asuntos de zapatería, hasta los músicos de la cuadra del Páramo, buenos bebedores de cerveza y malos compradores, esa variopinta combinación de bichos que beben como animales con las acuchuchas que los rondan.

 Lo primero que supo la mujer de mi primo y le dolió, fue cuando se enteró que andaba con la vendedora amiga suya. —Pero si sabés, anda con esa  perra a quien los maridos y conocidos de mi gremio comerciante rechazaban públicamente—, aunque ella misma ignoraba que la perra, por su misma naturaleza canina, tiene una gran aceptación en secreto. 

[009604]En este lado de Pereira, los gallinazos y patos amigotes de mi primo, anhelan revolcarse con esa perra. Me dicen que envidian su mieles de sexo frenético y afectivo que parece otorgarle; porque,  desde cuando él la conoció se tiñó el pelo, se volvió disciplinado con el gimnasio, a su mujer le decía por teléfono que era una norma de medicina preventiva porque se le estaba subiendo el azúcar y lo jodían los amigotes por los kilos que estaba ganando de tanto comer morcilla, aunque ellos adivinaban que el milagrito de su rejuvenecimiento metrosexual es asunto de su amiguita. Además ella dice a boca llena que Gustavo le gusta mucho porque no le interesan los compromisos afectivos, solo es un  hombre que da billete para costear la cerveza y un poco de rumba, pero no crean que lo sigo con intereses son económicos. —Es solo por pasarla bien, la vida hay que  vivirla—. 

A la mujer de mi primo le llegaron los rumores a España y se dijo; dejémoslo que haga lo que sea, pero le mandó su perfume perruno. A ella le quedaba el consuelo que aún no se había conseguido una zorra, como esas que les quitan toda la plata a los hombres y los exprimen, sabía que la amiga vendedora que anda con su marido no alcanza a ser una loba y mucho menos una grilla. Ella sabía que era una  perra porque le daban estertores epilépticos si no fornicaba cuatro o cinco veces por semana, a veces con tres servicios en la noche, —esa pecosa lo da miando—, le contó a una amiga mía cuando le preguntaba sobre lo que decía Gustavo cuando se echó el perfume perruno que le envió de España. —No te preocupés mijita, que esa es solo una vaca loca que está experimentando con tu marido que estaba tan frío, esa no merece una mechoniada; porque, si tu marido es como dices, ya ligerito lo dejará por otro, esa no durará mucho con él, es una casquifloja sin límites—. Le dijo la amiga.

—No mijita, yo creo que esa pulgosa es una zorra volantona, esa no es tan arrecha como nos decía, ella lo que busca en un pipiloco que le costee la cerveza, porque bebedora si es—. Dijo otra vecina. 

—Claro y Gustavo cayó con esa perruncha, quién sabe qué le estará buscando, pero ni se crea que yo le voy a mandar plata, si mucho le enviaré más perfume perruno y unos calzoncillos con muñequitos—. 

—Despreocúpate mija, cuando la perra sienta que Gustavo es un pipiflojo se cansará rapidito. Sus amigotes saben que es una zorra, lo que necesita es un pipiloco,  ya están pendientes a ver cuál presa de ella les toca,  ya sabemos que  ella al disimulo de tu esposo se los lagartea, en la oficina le oyeron decir dizque quiere irse el final de año para San Andrés, Seguramente esa fufurufa está buscando un hombre casado y platudo que se vuele con ella y la costee. Gustavito ahí saldrá de circulación. Mandale un consolador—

—Otra cosa mijita, vos no  sabés que esa perra loca es un poco zorra y un poco loba. La semana de las fiestas de Pereira la vieron por La Circunvalar en la cabalgata, andaba con otras lobas en busca de parranda con caballistas de esos platudos con carros finos. Si, la hija de Maruja nos dijo que andaban prendidas, que chillaban como locas pidiendo más guaro en ese bar de “Piano Ron y canto”, que en la calle tenían un carro con un equipo con sonido de circo, le coquetiaban a cuanto hombrecito se les atravezara, terminaron cada una con su lobo. 

America1— ¿Gustavo estaba ahí?, —No, Gustavo estaba bebiendo en La Quince, andaba con una grilla, una mujer más fina que esa perra loba.

Despeocupate, lo de Gustavo son solo calenturas. —Y. ¿Quién es esa vieja que estaba con Gustavo. Una cuchibarbi?. 

—Una Grilla mija, se sentó con él después de cuando salió de la peluquería toda peliteñida y con rayitos, esta es más veterana, tenía un vestido apretadísimo, una camisetica de la que brotaban unas tetas de silicona. Gustavo no hacía sino mirarle el ombligo, y ella se quedó con él y dejo a otro man metido en la cabalgata. A esa si le tengo miedo.

—Dejalo mija. Yo ya conozco a esas grillas, cuando Gustavo no sea capaz de seguirle esa vida con ese tren de gastos, imagino el berrinche que le va a armar. Ese no aguanta una misa con triquitraques. 

Anuncios