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Los veo mirando el cielo sin lluvia ni frío. No se si desnudos entre pastizales y frailejones  pueda uno celebrar con ellos que  la multinacional Greystar, que pretende explotar el oro en el Páramo de Berlín a cielo abierto, haya retirado su solicitud de licencia ambiental sin apenarse ante la luna de mandarina que no cabe en el cielo por estos días, les mira y les brilla con otros oros. No se si continuar en pelota y erizar los pelos y los poros, mientras mi estandarte se cae con el temor de que esos ingleses continúen decididos a no abandonar su proyecto de extracción de oro en Santander,  y busquen nuevas alternativas con los burócratas de los ministerios de Ambiente, Minas y Energía, porque los átomos que brillan por el suelo en esos lados les pertenecen.

El mundo anda en pelota por todas partes. En Lima durante el Día de la Mujer, la Chola se desnudó para protestar por el maltrato a ellas y a madres indigentes, niñas, ancianas. Se estaciono como su madre la trajo al mundo, que Dios no la trajo porque ese señor no pare a las cholas, ni a creyentes o no creyentes, eso lo hacen las mujeres, tampoco se si los crea, eso es asunto de mujeres con hombres. Los congresistas y los  burócratas la miraron indiferentes, los curas ni la bendición.  Me entrego al ocio, al agasajo de mi cuerpo desnudo entre las cobijas con una cobija con orejas y envío a mi alma con mi ángel de la guarda a que miren la hierba y nos dejes disfrutar nuestros cuerpos. Quizá me pueda fumar un poco.

 Mi cuerpo y el de La Chola, los de quienes protestan en el Páramo de Berlín, y los de todos quienes me lean, están compuestos de átomos de agua, de aire, y de elementos esenciales que provienen de la misma heredad sagrada de donde sacan el oro y donde vienen nuestros antepasados.  Amamos el perfume y el lujo, hasta el oro escondido en las cajas fuertes o transformado en baratijas que brillan en el cuerpo, no se aún por qué se aman tanto los anillos; sufrimos por el oro y nos matamos, pero no escuchamos las palabras de quienes viven en la sombra, o sentimos más cálida la de quienes viven en la luz y saben explotar la riqueza que sale de nuestra tierra y enriquece multinacionales, que la acumulan en la otra punta de la escala donde se concentra el poder en el Coeficiente de Gini.

Y las palabras se pierden entre remolinos de viento, las letras con fotografías de la desnudez llenan páginas de medios noticiosos, mientras la luna llena nos ilumina más grande por estos días.  Los habladores hablan: no poseemos en plenitud el cielo ni la tierra, nos aletean los ángeles y no estamos obnubilados por la riqueza. Amo y temo al espíritu de este mundo que me quiere revolcar con terremotos, tengo miedo de la penumbra donde se toman las decisiones que nos afectan, me quieren asustar las radiaciones que brotan de la planta de Fukushima Daichi, imagino el signo $ en los ojos de los vendedores de armas que le están echando fuego al conflicto entre los amigos y enemigos de Gadafy, un loco de poder y un pueblo inconforme y rebelde son un gran negocio. Mientras arde Trípoli y se levanta Japón entre  sus ruinas, yo también ignoro a mi chola  porque me quiero engolosinar con candidatos candidotes que proponen pendejadas.

Hoy me sentaré a filtrar mis opiniones.

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