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Sueño Tóxico


En el viaje al funeral, un primo hermano me presentó a su otro primo. Me habían avisado que la prima pereció bajo las piedras en un terremoto.

Mi tío jamás reconoció a sus hijas de una mujer con quien convivió bajo una carpa de refugiados por el desastre de otro terremoto. El primo quería verse con su parentela luego de salir con vida de una dificultad. Balacera con final cercano.

Terremoto

Con el viaje madrugan llovizna y tormentas a un pueblo entre montañas en las lomas al Pacífico. Paramos en Buga ante el templo del Cristo Milagroso, oramos en la misa por el aparecido y la difunta. Viajamos entre cerros, rastrojos y arboledas, casas desbaratadas, deslizamientos, grietas de terremoto. Daños que se prolongaban en la cordillera.

Con la devastación, había hombres apostados con armas a lado y largo. Otra emergencia, reconocí en ellos a varios primos de otra rama familiar, alguno perdido en un tiempo desconocido con su paradero; a pesar de eso, tan jóvenes como si los años y los temblores jamás hubiese pasado por sus vidas.  

Llegados donde mi prima difunta, saludé y llegó un pelotón de armados; me preguntaron quien era, mostré documentos y me llevaron prisionero. Me ataron a un guayacán junto a una escuela, al lado una grieta de la que salía humo azufrado. Habían hombres ancianos, jóvenes y gente conocida de quienes no recordaba sus nombres aunque persistían en mi memoria visual. Con ellos Fredy con otros parientes de Cali.

Entre guerrilleros y captores hicieron un anillo de seguridad para unas personas que llegaban, un círculo que se movilizaba al ritmo del movimiento de los personajes protegidos. Los cuidaban de sus enemigos y para que no se los tragaran las hendiduras de fallas geológicas abiertas por el terremoto.

Arribaron a la escuela por un paso entre tablones y andamiajes que eludían las oquedades, habría una reunión secreta, algo así como una convención de narcos. Estuve cerca y entendí, hablaban de sus negocios y asuntos como la reciprocidad entre sus escuadrones armados, su seguridad y la necesidad de imponer silencio en sus territorios hacia el Pacífico. Compartían un vaso del que tomaban una pócima para su inmunidad, un brebaje para que no les hicieran daño las balas y otras armas, era un preparado específico para ellos, por un brujo peruano, para hacerse invisibles a toda autoridad.

Cuando salían con sus maletines, asomaban billetes rojos y verdes. Un cojo con su muleta plateada, se apoyó en una señora enana, maletona, su barriga enchapada con un cinturón enorme para su estatura, en su hebilla de metal muy brillante relucía un botón de diamantes que al oprimirlo emitía un rayo láser enceguecedor para quien quisiera reconocerla.

Otro capo altísimo, muy flaco, era a quién más cuidaban al pasar por los huecos. Vestía con guayabera rosada y pantalón azul, el sombrero granate oscuro le ocultaba manchas de vitíligo en la frente y una nariz partida en dos durante una pelea en otro terremoto; sabía y combatía a sus enemigos, aunque estaba perdiendo la pelea con las células inmunitarias que destruían los melanocitos en su piel; iba con acompañantes semejantes, también vestidos con pantalones oscuros y guayaberas verde manzana, azules y blancas; todos caratejos, en cada pelea les aparecía un nuevo mapa del carate en cualquier parte del cuerpo.

Caminaban, el anillo escolta se movía entre jovencitos aprehendidos para hacerles otro cerco. Los vecinos corrían cuando estos escoltas tocaban sus cuerpos con bocas de armas que transmitían el carate, a cada tramo el grupo transitaba con cambios de ritmo acordes con los jadeos de sus capos y sin desbaratar los anillos de protección.

Sin ser notado y fugazmente, me fui alejando entre la profundidad de una de las tarjaduras que partió un montículo frondoso de guaduas gordas. Con pocas personas, percibí cuando el personaje que me ceñía al anillo subía por el borde de mi atajo y me dejó hundido y solitario, aún rugía el terreno con estertores de terremoto, corrí hacia una esquina en la entrada al poblado.

Me escondí en un callejón con casas derribadas, me reconocí con familiares. Los seguí a la casa donde velaban a mi prima muerta. La depositaron en lo profundo de una fosa abierta por el seísmo, cerca del fogón de leña en la cocina del rancho, una ramada descubierta de sus hojas de cinc y cartones, el piso de tierra ardía, brotaban humo y chispas, candela. Mis primos rodeaban el hueco sentados en bancas de cedro.

Habían cubierto el cuerpo con piedras de colores que destapó el bramido del temblor, también se veía un cúmulo de cantos rodados de varios colores en el fondo de la fosa, le taparon con flores de monte, sentí su aroma llamado caballero de la noche, también emitían fragancia las azáleas de las seis de la tarde. En un un dedo extremo del pie de la difunta, le reconocí un lunar y la uña partida desde aquella hora cuando la pisó Matusalén, el caballo del abuelo, huían despavoridos entre peñascos por otro terremoto.

Al momento llegaron cuatro de aquellos hombres que me habían capturado, recriminaron porque abandoné el sitio donde me retendrían. Expliqué: por qué me encontré solo entre un precipicio cuando me botaron los hombres del anillo de seguridad y nadie me impidió llegar hasta donde estaba mi familia en duelo.

Entre estos iba uno de la familia de la difunta. Me regresaron hacia un poblado rural, vi montañas con árboles altos desde donde se descolgaban campanas de borrachero, flores blancas sagradas de las que extraen la belladona, esa flor que convirtieron en mito cuando compenetró al yagé.

Continuamos por callejones con casas desperdigadas a punto de caerse. Me unieron con varios hombres en la esquina junto a la escuela. Niños uniformados de milicianos hacían el anillo de vigilancia; luego, a las ocho personas que estábamos ahí, nos enfilaron para un protocolo de fusilamiento, atados con cintas de cuero, uno al otro por cada brazo y otra amarra en las piernas, una a la del otro.

Una escuadra de fusileros se enfiló a metros para sus disparos, otros nos hicieron voltear con empujones y patadas al vernos a espaldas. Atados como hilera unida de pies y manos, los de cada extremo enlazados a los árboles, sentí estallidos de sus descargas y percibí con el rabillo del ojo los fogonazos que vomitaban las armas. En un tiempo con escenas detenidas, conté las fracciones e instantes de un segundo, vi que se acercaban los proyectiles por un agujero de espacio y tiempo continuo a mi instante mortal, pedí a ese espacio y tiempo infinitos que jamás me perforaran.

Terminaron las descargas, se fue el escuadrón de fusilamiento.

Se acercó una mujer que nos desata y comenzamos a caminar por un sendero hacia la plaza. Poco a poco los hombres baleados caen, agonizantes, extenuados con sus heridas dejan gotas moradas y manchan el camino. Yo proseguía de nuevo por entre el surco que dejó el terremoto, los crujidos de la tierra amartillaban paredes de roca, dentro de mi cabeza se fueron derribando cosas, unas piedras contra otras les daban un ritmo de tun, tun, tun y me alejaba del lugar sin sensaciones dolorosas, poco a poco se paralizaba mi brazo derecho y rodaba sangre desde mi omoplato, en sus bordes los chorros tenían partículas brillantes que hacían una línea morada por donde se derramaban mis culpas, no estaba seguro donde estaba perforado, o si recibí uno o varios disparos.

Estaba lúcido y débil. Busqué el hospital. La gente me eludía, cuando comencé a flotar en el aire nadie notó mis aleteos, nadie me enviaba señales. Algún signo me llegaba de una casa con letras de jaculatorias y de allí otra indicación me guiaba a otra plegaria, solo recuerdo una travesía larga y al costado niños uniformados de milicianos que jugaban con sus armas.

Llegué de nuevo hasta aquella casa donde estaban mis familiares, anuncié que estaba herido, pero no oían, no me percibían. Lloraban, no me veían, me ignoraban; les hablé a gritos, no parecían escucharme. Yo no sentía dolores, ni siquiera sentía mi cuerpo, ya no me percibía en mi presencia física y todo el ambiente se fue volviendo rojo. Nubes rojas, cielo rojo, rayos morados, árboles rojos y mi cuerpo se difuminaba entre una nube rosa.

Un remolino de viento rojo y rosa me elevó hacia un agujero espiritual, giré entre el ojo del torbellino e ingresé a un tornado de aire caliente y me disparé entre un chorro de polvo de cocaína que volaba entre el remolino. Hallé mi cuerpo rodeado de narcos voladores, sus billetes salían de sus maletas, flotaban en el remolino; ahí de nuevo niños milicianos abatían sus alas en su círculo protector de mi presencia y volaban entre papeles verdes. En esa espiral de aliento narcótico mil narices aspiran cocaína con una fuerza que me atropelló hacia un conducto que se fue estrechando hasta cuando el rojo se hacia cada vez más oscuro y mi mente y mis percepciones del mundo y de la vida se disolvieron.

No me pasó nada, no vi nada, todo eso me parecía normal, eso era la vida en la realidad nueva que me envolvía. Termine en un nuevo terremoto cuando nuevas autoridades celebraban una nueva fiesta en otra vida de narcos.

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Volcanes infinitos de leyendas


En Tonga el planeta estaba silencioso entre la lluvia y el sol. La evolución molecular agitaba una actividad genómica de hormigas.

Surgían, se transformaban, exploraban el punto más húmedo de la isla, agitadas, hacia un promontorio donde brotaban sustancias verdes de hongos recién creados en aquel espacio. Bajo el infinito el caos y la inmensidad del océano circundante.

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Habían llegado los primeros lapitas, hace 3500 años. Mientras pescaban, una explosión cubrió y envolvió de cenizas al naciente conjunto insular del Pacífico e inundó el todo de agua. Fueron días de oscuridad.

Milenios después, al lado opuesto del planeta, en un edificio de la Plaza Italia en Buenos Aires, Milena, mientras leía estas cosas, recalentó un café de mal sabor, se bebía el primer sorbo cuando sintió aquella explosión en la boca del estómago y el sabor del café le supo a ceniza de volcanes. Caviló un presentimiento y recordó a la Madredigua. La conoció en cuentos de abuelo en su tiempo de niña; él habló de una tierra calladita, sin el croar de las ranas cuando no existía nada, ni siquiera la nada de la nada. Luego no se sabe de dónde supieron los cronistas, las aguas de la laguna de Iguaque se agitaron, surgió una luz con resplandores que jamás supieron nombrar. Entre esa luz la vida parió a Bachué.

Milena leía que, en ese mismo caos de tiempo, espacio y energía terrestre, en alguna isla de Indonesia, explotó el Pinatubo con una erupción de varios días. Meditó. Pensó desde una dimensión situacional, más compleja del mismo tiempo y los elementos de la vida. Se interrogaba; por qué, entre una cápsula de genomas, moraba la estructura de una nueva vida. Aquellas energías la movían, migraba un origen protegido entre millones de toneladas de gas dióxido de azufre, subía y daba vueltas en la estratosfera, esa atmósfera superior.

Monumento a Chía. Diosa Luna. Parque principal Chía- Cundinamarca

En esa cápsula de luces y energías, iría el germen que envolviere a un niño de tres años. Gases se combinaban con agua de los mares y un torrente de nubes, el agua creaba partículas aéreas de sol que se reflejaron y dispersaban, algunas de los otros rayos de otros soles, bloquearon la superficie. Entre una helada con luces de oscuridades, la cápsula transportadora llevó al niño al lado de la Madredigua que llamaron Bachué.

La diosa muisca de los cuentos del abuelo recibió del agua de la laguna Iguaque a un niño de tres años.

Allá en la Polinesia la vida transcurría entre erupciones de volcanes submarinos, las islas aparecían, las poblaban y se las volvía a tragar el mar. A Tonga, Samoa y Fiyi, llegaban exploradores españoles, guerreros, aventureros, borrachines. Católicos y Metodistas. Las leyendas de sus dioses, Maure y Rupe, hijos de las luces de miles de estrellas, bajaron como energías entre un coco gigante enviados por Rangi, el padre del gran cielo. Entre idiomas, contagios de enfermedades y doctrinas impuestas, leyendas se perdieron.

En Colombia, al altiplano de los Muiscas llegaron españoles, alemanes y aventureros a recoger aquella luz de estrellas, la energía de los volcanes y el germen vital del agua que las leyendas habían transformado en oro. Se enceguecieron con el oro, contagiaron a los pobladores Guanes, Yarigüies, Muiscas, chibchas, caribes todo pueblo indígena. Una trasmutación de enfermedades y leyendas con curas doctrineros y dioses nuevos. Santos de Sacristía. Dudosas vírgenes de madera opacaron a Chía la diosa de la luna. Bajo la luz de Sue, el dios del sol, se llevaron el oro y los caminos se llenaron de cruces.

Milena pensaba y leía, añoraba el café de la abuela y se dedicó la tarde a trazar caminos de leyendas en un mapa donde marcó también la explosión nueva de los volcanes que anunciaban las noticias.

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El poder y efecto de las palabras


Humanos parlantes y simbólicos. Nada expresa mejor lo que somos que las palabras. Cada persona entre la artillería de sus propias palabras, tiene su tono, ritmo y melodía.

Podemos vestimos a la moda y creernos distinguidos con marcas exclusivas; sin embargo, cuando nos relacionamos, sea en los negocios, en acuerdos sociales, la vida familiar y entre amigos, se distinguen quienes mejor suenan con sus palabras; pero esto, es contrario al hablar mucho, o no dejar hablar a los demás, implica hablar bien y saber escuchar.

Declara Ludwig Wittgenstein: «Los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo». No podemos sustraernos de las limitaciones de nuestro lenguaje, existen espacios de ceguera en nuestro conocimiento, sea por las ideas del mundo que hemos desarrollado, por prejuicios y creencias muy patentes, las impresiones que marcaron nuestra experiencia como el fracaso, la violencia, los logros, la compañía de un mentor, el lenguaje en el dominio de una profesión.

No enceguecen las emociones que nos impiden escuchar y ponen a nuestra mente loca en alertas para refutar o rechazar a quien escuchamos. Sabemos y aprehendemos con la capacidad lingüística. Al escuchar podemos comprender el lenguaje y emociones en el mundo del otro, aunque no podemos entenderlo siempre y toda hora, porque primero está en nosotros la individualidad.

«Si ‘los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo’ quizás sea bueno ir más allá de centrarnos en un diseño web u otro. Abrirse y aprender desde otras materias es clave. Incluso si son dispares» @fernandezcoca

Ser persona es un manejo humano como actor entre la vida. Alguien me dijo: “per” saber ser, “sona” saber sonar. Conocemos personas que hablan poco y despliegan un talento y experiencia muy efectiva. Siempre aprendí de un empresario del pollo asado, gran señor a quien había escuchado muy poco; sin embargo, cuando sus trabajadores me lo hablaron comprendí sus efectos.

Admiro a un hombre de mi región quien sabía sus pasos y avanzaba en un tiempo azaroso, estuve cerca de él en un tiempo político, sonaba como un buen gago a quien sus imitadores resaltaban sus muletillas. Le estudié sus gestos y lo comprendí como el más atento al escuchar, le aprendí que en el día son necesarios e importantes los minutos para relajarse, pensar y meditar en sí mismo y en la vida, tras esa disciplina decidía con los pasos acordes a su intuición, producto de un saber y una experiencia bien lograda, cuando fue presidente de la nación, actuó acertado a las demandas de la vida política y social como un estadista.

Fue menos asertivo en momentos y lugares propios del poder o los cargos públicos, aquellos cuando sus aduladores rodeaban al jefe en una jaula de cristal que le enceguecía el contacto con la realidad, la presión de los medios de comunicación y algunos lobistas le influenciaron algunas de sus decisiones como voceros de intereses privados o fuerzas políticas. A pesar de esas debilidades, cuando escuchó, procuró y orientó las conversaciones más decisorias, los escenarios expertos y representativos como la Asamblea Nacional Constituyente, fue convincente y orientador, los ciudadanos entendieron el valor de sus votos en ese momento, los delegados electos se escucharon, dialogaron y definieron las reglas básicas que regirían la nación.

Fueron otros tiempos, las personas cambian cuando se enceguecen con su ambición y se transforman en lo contrario a lo que fueron en sus tiempos más brillantes.

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Soy Casilda, negra libertaria y mito


Me llamaban «Negra Casilda». Dicen que fui una líder Malí reconocida ante los hacendados vallecaucanos, lideré fugas de esclavos; ayudé a los míos, afrodescendientes, en su rescate por su dignidad humana. No esclavos. Eran sueños de negros cimarrones.

Dizque soy Casilda – El historiador Felipe Arias Escobar publicó en Twitter lo que desmiente la historia de Casilda Cundumí Dembele, heroína afrocolombiana que se rebeló contra los esclavistas del Valle del Cauca en el siglo XIX. En sus trinos, el experto, según dice el mismo, detalló qué este “cuento solo existe en Facebook”. Aunque también está en LinkedIn y otras fuentes.

Había nacido en Malí – África en 1823, escriben. Secuestrada con mi padre y prisionera en un barco negrero llegamos a Colombia, fui examinada como un ente sin alma, me valoraron sana y fuerte. Fui encerrada en el barracón del maestre del navío. Me negociaron desnuda en el mercado de esclavos de Cartagena. A mi padre lo sacaron y me entregaron al comerciante español Pedro González; más traficante aún, me revendió a un hacendado vallecaucano para que trabajara en sus plantaciones de caña de azúcar de los ingenios en Palmira.

En aquellas plantaciones afronté con rabia y entereza mi destino. Ya actuaría con rebeldía libertaria. Inconforme e incomprendida en la tierra feudal, logré el habla española y escribía mi sueño. Me reconocí igual a esos amos y compartí esa sensación a los negros. En 1840, narran quienes han escrito sobre mí, acompañé y di aliento a cuarenta y cinco esclavos inconformes por maltrato; nos fugamos a las montañosas y creamos el Palenque de los Ceibos en una rivera del río Amaime. Sitio fértil y rico en aguas, donde la pesca y el trabajo aseguraban la subsistencia libre.

CASILDA GRITO DE LIBERTAD – CASTING | UN FILM DE DERBY ARBOLEDA | CALI – COLOMBIA

Mi historia se repite en varias fuentes y es confusa. Dicen que con un criollo tuve cinco hijos, que él también ayudó a varios esclavos a liberarse y terminó fusilado en la plaza pública de Palmira.

Que aprendí a leer y escribir cuando viví con un español criollo, padre de mis primeros cinco hijos; hombre sensible, quien me apoyó y actuó como intermediario para que los negros de varias haciendas se fugaran. Lo fusilaron en 1857 en la actual Plaza de Bolívar de Palmira, Valle del Cauca, acusado de traición y conspiración.

Escriben que con el negro Anatolio Chalá Lucumí, mi amigo esclavo liberto de Guapi, tuve otros nueve hijos.

Promoví la huida de más esclavos; fui capturada, ahí sin libertad, me asesinarían y descuartizarían. Así atemorizarían a los cimarrones y esclavos en cautiverio para que desistieran de escapar de la esclavitud. Dizque escapé con mis prácticas de magia y brujería. Toda mujer rebelde termina memorizada como bruja.

Como mujer guerrera y libre, no me dejé humillar o maltratar por los blancos, ni los negros. Quienes escriben, insisten en mis mencionados saberes de magia y medicina natural. Yo sí curaba con hierbas y semillas, como cualquier madre y mujer, son lecciones de la selva y la tradición. En especial sobre picaduras de serpientes.

Como devota de mis dioses africanos, no acepté el Catolicismo, esa religión de verdugos y esclavistas. También por eso fui descrita como bruja y adoradora del diablo.

Me describen esbelta, alta, cantadora africana y con mi buena tonada nativa para el sangaré, mi voz cantora con pocos tonos; entonces, tocaba la marimba y los ritmos se me sentían, orgullosa de mi piel negra.

Dizque yo, La Casilda, tuve un segundo marido llamado Juan Gregorio Caicedo Caicedo, que había nacido en Guapi, Cauca -Colombia. Un hombre curandero, brujo hechicero y también rebelde, quien después de haber sido declarado en libertad, salió de Guapi a Cali donde trabajó como jornalero en el Ingenio Manuelita de Palmira. Escriben dizque me conoció a mí mismita, La Casilda, que nos casaron ante un cura y tuvimos nueve hijos. Dizque soy Casilda quien tuvo catorce hijos y más de sesenta nietos.

Dizque soy Casilda, la que muchos años después reencontré a mi padre, a quién no veía desde cuando me vendieron como esclava en Cartagena. Dizque mi padre era un «Hougan» o Sacerdote Vudú a quien también trajeron de Malí en el mismo barco negrero. Dizque él me transmitió, a Casilda como hija, sus conocimientos secretos y me apoyó con la causa de los negros Cimarrones para que lograran su sueño de libertad.

Por ahí la memoria se me confunde con tantas versiones porque habría vivido mucho más de ciento veinte años.

Que después del encuentro con mi padre, me infiltré de nuevo como jornalera en las plantaciones de caña, dizque di a los esclavos un polvo tóxico y narcótico y cuando terminaron su jornada, lo echaron en la bebida de los blancos. Que así huyeron y se unieron al Ejército Negro. Que igual sucedió con las esclavas de la cocina; así como esto, lograron muchos esclavos escaparse para unirse a la causa libertaria. Porque escriben sobre mí que Casilda, el 14 de febrero de 1862, llegué con más de cien negros, mulatos, e indígenas, cuando vencimos al Ejército Criollo de Palmira.  

Dizque La Casilda muere en octubre de 1945 en Palmira y no pudo ser enterrada en un cementerio; por que los blancos, influenciados por costumbres y creencias religiosas, decían que ella no era digna de enterrarse en un panteón cristiano porque era «negra», aún más, por qué, si fue considerada una rebelde, enemiga de las autoridades civiles, eclesiásticas y militares, que en el siglo XX, seguían considerando como un delito grave que el negro se rebelara y luchara por su libertad.

Entre tanto escrito; la tengo clara, porque fui una negra real, me transformaron en bruja y también en mito. Casilda Cundumí Dembelé, libertadora de los negros en el Valle del Cauca. Mujer fuerte, valiente y longeva. Quien vivió los últimos años al cuidado de una de sus nietas. Soy leyenda y morí a la edad de 122 años.

Fuentes hay varias. https://enciclopedia.banrepcultural.org/index.php/La_Negra_Casilda

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Saludo al 2022


He recibido de mi hijo Alejandro, un mensaje que les comparto. Su manifiesto personal para comenzar el año

 

https://alejgah.blogspot.com/2022/01/manifiesto-personal-para-comenzar-el-ano.html

Finalizaba el año, me llegaban mensajes con energías y esperanzas, deseaban mejor salud, amor, unión familiar, dinero y éxitos. Me gustó recibirlos, traté de retribuirlos para que quien los lea sienta la felicidad que me da leerlos y sentirlos; así que, de mi parte les comparto lo que se me viene al pensamiento en estos días, creo que me será útil para el trajín en este nuevo año y  lo que quiero en mi vida. 

Mi nieta Agustina también les saluda en el nuevo año
  1. Enfoque; cuida con atención  esa meta personal, familiar, laboral, financiera, física, espiritual que queremos lograr;  que nuestra disposición, tiempo, energía se destine en eso;  hay que estar pendientes de descartar todo lo que nos distrae; que nuestro tiempo sea en hacer una sola cosa a la vez, y la paradoja es que así vamos a tener más tiempo.
  2. Nada que pedir, todo por agradecer; la gratitud atrae y nos quita esa incertidumbre de estar esperando de los demás.
  3. Cuiden su familia, traten de estar presentes, vivan pendientes.
  4. Se piensa mucho el propósito y no el camino; éste se recorre minuto a minuto con una sumatoria de acciones pequeñas y constantes, lo clave es cuidar el camino, es decir la atención, la energía, la ruta trazada y todo lo que llega a nuestra mente,  Khalil Gibran decía  «La tortuga puede hablar más del camino que la liebre».
  5. Las redes de contactos y amistades se construyen dando, de esta forma va a estar más en nuestras manos la labor de hacer vínculos, conocer personas, y van a llegar a nuestras vidas las personas que necesitamos. Sigan compartiendo todo lo que los haga felices, hay que sacar provecho de esa facilidad que nos da las redes. 
  6. Así como se es cumplido con el horario de trabajo se debe ser con el de descanso, respeten las pausas y es mejor forzar la hora de acostarse que de levantarse. 
  7. Cuidar la mente y el cuerpo, todo lo que entra y sale; eviten ver y compartir noticias, chat, videos amarillistas, disminuya el tiempo en redes sociales allí se ve otra percepción de la realidad, no la nuestra, eso nos aparta del camino; escuchen a su cuerpo, que no sienta bien, que no entra bien, que cansa más, que quita el sueño. 
  8. Se viene un año difícil por lo que vamos a ver y escuchar,  se van a mover muchos intereses (no son los nuestros), la política se alimenta de las pasiones y nos desdibuja, va haber mucha información tóxica, muchas mentiras y mucha difusión, antes de creer y opinar verifique y,  vuelva al punto anterior. 
  9. Van haber momentos malos, la buena noticia es que todo pasa y es susceptible a mejorar.

Como todo en esta vida, tome lo que más sirva, yo haré lo mismo, la idea es estar presentes, la atención es el recurso más valioso que tenemos. 
Alejandro Gamba H

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Ladrones del tiempo


Por Abdumominov Abdulloh
Historia tomada en https://williwash.wordpress.com/

 Una revista que profundiza en todas las cosas LIFE para promover la creatividad

Autor: Abdumominov Abdulloh
Alumno de la escuela núm. 102, distrito de Shayhantahur, Tashkent, Uzbekistán.
Edad: 13

Soy Doniyor. Mi vecino Abdullah y yo nos hemos hecho amigos cercanos. Un día no pudimos encontrar ninguna forma de divertirnos. No teníamos ningún objetivo. No sabíamos qué hacer. 

Cuando estábamos haciendo algo con un trozo de madera, mi padre despertó de repente. Con los ojos entreabiertos dijo: “¡Oigan, ladrones de tiempo! ¿Estás perdiendo el tiempo? No entendí en absoluto el significado de los «ladrones del tiempo» de mi padre. 

Quería preguntarle, pero se quedó dormido. Mi amigo Abdullah también le preguntó: «¿Somos ladrones
Cuando amaneció, entró en su casa. También me dormí por el cansancio. Pensé que llegaría tarde a la escuela; así que, rápidamente lavé mi cara y bebí té a toda prisa. No recuerdo que comí. Pensé que llegaría tarde, pero la clase aún no había comenzado. 

Tan pronto como llegué, entró la maestra. La saludamos con respeto.
“¡Mis queridos alumnos! Estoy encantada de verles. Mi alegría no tiene límites»
Justo cuando nuestra maestra nos explicaba un tema, uno de mis compañeros de la clase, entró y dijo: «Maestra, lamento llegar tarde hoy».

“Doniyor, no llegues más tarde”, le dijo la maestra. “Esta vez te perdono, pero la próxima te castigaré”.

“Queridos estudiantes”, dijo, “deben construir una nueva Uzbekistán y al mismo tiempo justificar la confianza de sus padres, dispuestos a dar la vida por ustedes. Si te vuelves famoso, estaré orgullosa de decir en la calle que le enseñé a este alumno, dijo.

Estas palabras de mi maestra tuvieron un efecto especial en mí y aumentaron mi confianza en mí mismo. Varios susurros comenzaron en el aula. ¿Vendrás a mi cumpleaños mañana?

También escuché aquellas palabras. Estaba claro que nuestra maestra también escuchó estas palabras. “Ladrones de tiempo”, dijo ella. Su aguda mirada a los estudiantes estuvo marcada por el pesar. “Ladrones del tiempo”.

Escuché estas palabras de mi padre mientras jugaba con mi amigo. Por eso no me sorprendió escucharlas. Mis compañeros de clase se quedaron atónitos. Doniyor temblaba de miedo, como si yo, su amigo Abdullah, hubiera cometido un crimen.
«Donante, ¿por qué tiemblas?» preguntó la maestra.

“Nos llamaste ladrones, ¿no? Después de todo, ¿no se castiga a los que roban?»

Curso acelerado sobre Uzbekistán, la cara visible de los "stan" - Marcando  el Polo


Marcando el Polo
Curso acelerado sobre Uzbekistán, la cara visible de los «Stan» – Marcando el Polo

Los ladrones de tiempo son castigados por el tiempo mismo. Al hacerlo, quien roba el tiempo, se está lastimando a sí mismo. » Un profesor lo dijo.

“Maestro, no entiendo en absoluto el significado de esta oración. Cuéntenos sobre el robo de tiempo «.

“Por lo general, los que roban son castigados”, dijo la maestra. “Los ladrones de tiempo no son una excepción. Es cierto que el ladrón del tiempo no es castigado. Ni siquiera es responsable ante la ley. Pero perder su tiempo ahora equivale a robar su tiempo, su futuro

Quien dedica todo su tiempo a la ciencia, ahorrará tiempo y se convertirá en una persona madura en el futuro.

Oh. mi amigo Abdullah y yo somos los ladrones de nuestro futuro. Doniyorm pensó. Estas palabras del maestro inspiraron a Doniyorm, y, en ese momento, se dio cuenta de lo que era un “ladrón de tiempo”. Incluso llegó apresuradamente a nuestra casa: “Anvar, ¿estás ahí? … A partir de hoy, puedo decir que entiendo el valor del tiempo.

“Sí, Abdullah, entiendes, ahora no estamos robando nuestro tiempo, solo estamos siguiendo el camino del conocimiento. En el futuro, estaremos entre las personas maduras mencionadas por mi maestra. Estoy de acuerdo con usted. ¡No pierdas tu tiempo! ¡Siempre recordaré que es un trofeo!

Revista de la UNAM «Pensar el tiempo. «El tiempo es una gran interrogante. ¿Qué es? La filosofía y la física responden cada una a su manera. Sergio Freidberg en entrevista con Yael Weiss nos introduce a las ideas que opusieron a Heráclito y a Parménides, a Einstein y a Bergson. Controlar el tiempo no significa comprenderlo
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Saludos. Navidad entre duda y asombro


Aquella semana la mente de Juan David enfrentaba al engendro de un niño Dios invisible y otro transformado en muñequito en el pesebre de la casa y su Dios robot comprador.

Había construido al suyo, lo armonizó con una alianza de personajes de videojuegos para cazarlo entre los pasillos de un almacén, allí aquel Dios niño robótico, habría de comprarle una silla de juego y algún traje para su papel de gamer que completaría su rol entre el estudio y los videojuegos.

Mundo de mañana. Acrílico. Kent and Vicky Logan in honor of de museums 50 Aniversary

La mamá aún no encontraba explicaciones a los cambios de su hijo, lo percibía en una alteridad complicada para ella, él vivía horas situado en lugares utópicos y entre amigos virtuales, él tramaba a su pandilla de muñequitos animados para que convencieran al niño Dios sobre los objetos que debería traerles en navidad.

Ella ante aquella fábula de pantalla y realidades donde jamás había estado o imaginado; precisamente ahí, Juan David había trasladado al niño Dios de la novena y el pesebre, quería asumirlo como un personaje de su narrativa y mito. Un robot inteligente que traería a su mundo real los objetos de la sociedad de consumo y entre estos la silla de gamer tan deseada.

La silla era real y estaba ahí, la mamá y su compañero la habían comprado. Usaron la caja contenedora como la base del árbol de navidad. Aquello mientras Juan Felipe con chispas subliminares y radiaciones poseía la mente de aquel Dios muñequito y comprador del universo en el comercio donde los objetos se configuran para hacerlos llegar al sitio que tenía deseado.

Ella sentía asombro, su niño entre pasajes y escenas con participantes movilizados por comandos desde cuatro teclas y un video juego, se revolvía desde el mundo de Myst, aquel primer videojuego de alta resolución de 1993, hacia las muñequitas de Second Life del año 2003, hasta la hora de aquellas escenas en 3D donde doscientas mil personas entran a diario y el sistema procesa monedas virtuales. Que delirio. Debió agregarle permisos a la computadora amenazada por unos muñequitos virtuales capaces de rebasarle los cupos a sus tarjetas de crédito.

Esta máquina infernal se llevará a mi niño quien sabe hacia dónde. Pensaba en los desafíos que afrontaban; ella en cómo vivir con esas realidades potenciales, se prenden y se apagan, un clic y continúan con su cuenta virtual y el dinero se transforma en una entelequia complicada.

En nochebuena , ella en su escenario de sonrisas, luces, villancicos antiguos que siempre parecen sonar nuevos, tras aquella novena centenaria que nunca cambia, se reza año a año, aunque resbaladiza entre dudas y añoranzas.

Alguien oprimió un botón, el árbol navideño se elevó trasladado por hilos invisibles entre chispas de colores y las luces iluminaron la silla gamer de Juan David.

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Un ventarrón de sueños sin pudor.


Diana Sánchez descifró la genealogía de Rodrigo Sánchez Buitrago. Estudió las memorias transcritas con letras cifradas, como una alineación de hormigas en manuscrito en papel arañado. Descubrió un documento abandonado en la biblioteca de un caserío descaminado entre los olores azufrados del vapor de un volcán y las nieves de un páramo cubierto con matorrales de frailejones, valerianas y lana de ovejas.

Son las mismas huellas de la heredad desnuda en el semblante de unos personajes de daguerrotipo, paralizados y expuestos en las paredes de la Casa de la Cultura en Tacaloa. 

Yo sólo recordaba retazos de relatos encadenados entre las habladurías de una familia de abolengos desgastados que aún relucen entre los restos de una vajilla de Castilla y tres baúles de cedros libaneses. Era una casta recia, fundadora de aldeas, que trajinó los atajos lodosos de los precipicios andinos y se asombró con los trinos volátiles entre los bosques de niebla. Descendían a inventarse una plaza y cuatro calles, con iglesia y edificio municipal, en senderos de montaña acamparon cansados de viento y lomas.

Calle Real – Ayuntamiento Buitrago de Lozoya 1922 https://www.buitrago.org/historia-y-patrimonio

Mis genitores fueron inmigrantes desde Buitrago de Lozoya, un pueblito español de la comunidad de Madrid. Algún año aciago viajaron a Lisboa, partieron en una galera que arribó a Santa Marta despedazada por los huracanes del Caribe; continuaron en un buque que tragaba bosques completos  de leña, cuando su ruido sofocaba los cantos de las sirenas del  río, arrumbó brioso y atafagado de esperanzas los  raudales del  Magdalena y les dejó  atascados entre unos humedales cenagosos,  plagados de boas y cocodrilos; allí  recuperaron sus bravezas devastadas por  las fiebres del paludismo y participaron en la fundación de Ocaña. 

Entre ellos llegó el tatarabuelo de la Gambada, un italiano que portaba entre ceja y ceja una estrella de ambiciones descomunales, rebuscador de minerales relumbrantes con los espejismos de “el Dorado”.

Escudriñó el oro en la jurisdicción aurífera de Bucaramanga y Vetas, entre los socavones de las minas del páramo de Suratá, un lugar de trabajo prohibido a las mujeres. La minería ancestral en las minas de los Andes era cosa de machos por un agüero cimentado en el pudor hacia las entrañas de Pachamama, la Diosa Tierra.

Allí mismo compartió con una casta de zambos bolivianos  y seis indios de la encomienda de Cácota, uno de los cultos de los indios mineros a ella, la Pachamama, la Mamá más grande de todas; desnudos practicaron un rito masculino;  le hicieron un desafío erótico y ardiente a su diosa; se ilusionaron amorosos con una toma de yagé, excitaron sus órganos de la virilidad hasta sentirlos erectos, como estandartes para penetrar a una virgen, hicieron contorsiones voluptuosas para estimularla en los mismos agujeros de su feminidad y untaron su esperma en las paredes de la mina.

Esquina de Cácota – El pueblo más antiguo de Norte de Santander

Ella era la gran hembra y con las percepciones de esa sensualidad delirante dejaría desprender el brillo de las vetas de su oro y le concedería a uno de ellos, su elegido, la suerte necesaria para  confiarle el favor de poseer su riqueza.

En Suratá y en la parte alta del Río del Oro, mi abuelo consiguió la primera fortuna de la familia, sus descendientes la dilapidaron con el juego y el alcohol, no aquellos que años después ensayaron con sembrados de cacao entre las breñas de la región Marabina y su grano fue portador de un deleite afrodisíaco de alta calidad para el reino de Saboya. Lo condujeron por el río Zulia en una embarcación impulsada por un clan de chitareros, lo fletaron a Europa desde el Puerto de Maracaibo.

Por allí otro abuelo se hizo notorio porque impuso la costumbre de pagar las cuentas del comercio con semillas de cacao como moneda de intercambio y compartir los favores de las treinta y ocho damiselas de un burdel con un círculo de amigos italianos y alemanes. Con ellos se aventuró entre las trochas del contrabando; desafiaron las amenazas de los indios motilones entre los raudales de La Solita y Puerto Santander para poner de moda en Cúcuta los encajes de lino, los vinos de Francia, los condimentos de la India, los cristales de Murano, y otros referentes de los gustos y modas arribistas y refinadas de las ciudades europeas.

Daguerrotipo de la salida inaugural de la estación de Encontrados – Estado Zulia – Venezuela hacia Uracá Estado Táchira.

Un primer jueves de mayo se atascó la barquilla del matute en los raudales cercanos al poblado de Encontrados, y las autoridades de las ciudades beneficiarias del río, aplazaron la celebración del día de la madre, durante dos semanas, para que los clientes contrariados pudieran disfrutar el espectáculo de ver a sus progenitoras embelesadas y orgullosas con sus regalos de atavíos extranjeros.

Aquella familia esforzada y veterana, emprendió excursiones con una recua de arrieros hacia el occidente de Colombia, se unieron a Fermín López, después de la fundación de Salamina en Caldas, prosiguieron por los caminos de la colonización antioqueña, atiborrados con sus raleas y sus corotos, un perro fiel y la carga elemental de su identidad estampada en los trazos del   mapa borroso de su árbol genealógico.

Un canto a la Pachamama. Deborah Yudelewicz – Este canto nació en el paraíso de Ojo de Agua, Capilla del Monte. Una humilde expresión de profundo agradecimiento.

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El viaje tras el polen y la luz


Entre aquellos nómadas, iba un alma de trotamundos de ojos verdes, su fondo era un espejo de mi propio temor para separarme de los míos; tormentosa y calmada como él, quería verlo todo y vivirlo todo.

Estrella de la Sagrada Familia PERE VIRGILI

Soy Lagardere, amigo personal del Judío Errante, pintor de iglesias y restaurador de santos de sacristía e íconos coloniales, tostador de café, amansador de bestias y curandero de animales, carpintero y ebanista. Puedo escrutarle el destino a los señores y señoras entre las chispas y las llamas que surgen frotando un par de leños, o en las cartas de la baraja española, o, si tienen desconfianza… ¡tráiganme su naipe!

Lagardere, mostró fotografías en los templetes donde se ha trepado, atalayas de latón y campanarios encumbrados con pilastras de piedra; adentro el bronce solfeaba melodías de monjes que canturrean sus letanías de maitines y laudes. 

El silencio y las meditaciones son su primera manera de entrar en las alturas. Un saludo al aire que se levanta en las ciudades con sus calles sin una persona en la madrugada. Armado de ataduras, zapatillas de escalador y brochas de muralista, inicia su labor restauradora; reanima la mala cara de los arcángeles revestidos con túnicas de chaparrón, aviva los capiteles y columnas de maderas preciosas, retrae desde épocas remotas detalles originales de las torres, recupera en sus rasgos originales la arquitectura tras recuerdos arrinconados en los recovecos de la memoria de feligreses centenarios. 

Marisol Stemblak: — Diana Sánchez, el hombre que viene conmigo, ha recorrido cuarenta y tres países, habla en siete idiomas y quince dialectos, entiende el arameo y los jeroglíficos de los manuscritos enterrados en las arenas del Sahara. Es fiel portador de genes neandertales del mundo antiguo entre Bélgica y Beringia. Me lo presentó calmada y su brazo en su hombro. 

—Hola Lagardere, soy vecina de la Calle Larga, Calle real, así le dicen desde su inicio en El Morro. Edad catorce años, los cálculo y anotó mi abuela en el dibujo de una margarita en los tablones de nogal, tras de la puerta principal de la casa. Mi nacimiento le alegró sus soledades cuando mi abuelo, el negro Mena, trabajaba en el Caribe. Lo trazó en la hora cuando afanosa salía a llamar a Blanquita, la comadrona que atendió mi nacimiento; si pones el oído en esas vetas, ahí están grabadas las vivencias de mi familia—.

Hablé con tono cordial y mirando a los ojos de Lagardere. 

Se acercó a la puerta, con su índice buscó en la trama del tejido vegetal seco, escrutó los tonos y las sinuosidades, lento y con pausas al son de una melodía que entonaba en susurros ininteligibles. —¡Mírame bien, Diana Sánchez!  Mis ojos aciertan el sueño de tus 5187 noches. Venían a conocerte y su mirada no tendrá fin, allá donde despunta una grieta en el ángulo de la puerta, se anuncia tu destino.

Me había perseguido desde las cuatro de la tarde cuando platiqué mi memoria en las carpas de las caminantes más ancianas. Le entusiasmó mi afán por conocer etnias y naciones, mis comentarios sobre cómo, recurriendo a la mentira de los sueños, han inventado esos mitos los jerarcas y sacerdotes de las tribus globales, para someter las mentes y conquistar el mundo. Mi interés por llegar al fondo de las cosas. 

Lo decidí convencida de mi necesidad de comprender las expresiones de la vida, curiosidad que me incitaron las conversaciones con don Tomás Issa, el maestro con quien compartí quince jornadas de observación y estudio para el aprendizaje de la flora y la botánica. Caminamos las trochas del monte de don Berna, Tacaloa y la orilla del ferrocarril entre Beltrán y Estación Pereira; él era encantador en el bosque de don Manuel Semillas, explicaba, nos enseñó a observar y pensar, hablar y preguntar; compartí con el hijo de El Grillo, ese sentimiento frente a la vida que atrajo mis pensamientos de identidad al lado de un limonero. El sol se ocultaba en el cerro de Tatamá, bajó la sombra y a don Tomás alcé mis ojos, ya tenían en su brillo la templanza. Al día siguiente encaré con libertad y entereza a mi tío Martín Sánchez.

—Eres la verdadera dueña de tu vida, con esa posición que has asumido, a tu familia no le queda más alternativa que confiar en ti. Tengo la seguridad, eres una hija de la abundancia del universo, en tu mundo no existe esa nada parecida a la escasez, ni sentido de limitación o pobreza. Me contestó, convenido de que le hablaba desde mí ser esencial. Decidí mi rumbo, esa conversación con el tío Marín me indicó que lo bueno del mundo estaba disponible para mí y marché con los caminantes en un amanecer con lluvia de abril.

Atardecer Marsella – Casa de la Cultura

Viajamos entre cambios del follaje, colores de la vegetación, flora y fauna multiforme. Preguntamos a campesinos de sombrero vueltiao de caña flecha, ellos olvidaron las inundaciones de la Depresión Mompoxina y nos llevaron a observar con microscopio; vibraron en los lapsos cuando hicimos rastreos de la expansión de la materia vegetal, nos apreciaron como genios encantados durante esa mañana cuando nos convertimos en seres pequeñísimos; desde una situación que se mide en  nano dimensiones, avistamos; navegaban entre el  torrente de la sabia los atributos, coloraciones y  propiedades provenientes de los efectos del nitrógeno, el influjo de la irradianza en la eficiencia fotosintética en cada escenario ecológico, y el lugar y momento mismo cuando vimos gestarse, aumentar o disminuir, el comienzo de las flores; el polen se desprendía, volaba y descendía en una carrera larga y solitaria hacia su destino con rumbo al goce de la fecundación.  Allí mismo debimos lidiar con el estrés lumínico entre una hoja de anamú donde casi nos absorbe el aguijón de un pulgón lanígero. Esa noche fue un ritual con cantos de pescadores, tamboras y flautas de carrizo.  

Te Invito, Herencia de Timbiquí – Video Oficial
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VIENTO Y DESTINOS


Narrativas desde Tacaloa

Éramos tres las niñas, jugábamos en una calle larga y perdida entre su caparazón de olvido: rondas, matarile, escondrijo, a que te cojo ratón y otras ruedas de cantos; cogidas de las manos, cruzábamos alboradas tras estrellas rezagadas.

Éramos tres las niñas, las tres hijas de padres distintos y una misma madre, con un hermano mayor y un gato angora, una vida en caserón con vistas al río y la montaña, un patio de flores, mil olores, mangos, naranjales, nidos y trinos, gallinero y tres garajes; veíamos la vida entre rendijas, camiones, automóviles, camperos. Nos metíamos bajo la puerta de latón en nuestro juego al extravío tras los viajeros. Tierra, cielo y campo a itinerarios en busca de ese asfalto que conduce a las conquistas del día en las ciudades repletas de esperanzas y de miedos.

Una noche llegaron unos nómadas, descendían desde alguna estirpe neandertal muy olvidada en los límites del mundo, estuvieron disgregados desde los tiempos más ignotos entre las neblinas de la era glacial, los habían extraviado sus soledades y oleadas de trashumantes, diluvios y contratiempos entre rutas de fango y atascaderos de magma basáltica. Dejaron marcas rojas en las estalagmitas de un yacimiento malagueño, migraron perseguidos por hordas de tribus desarraigadas, se orientaron hacia  un sendero de tundras, bordearon continentes hostiles, eludieron el abismo en cuyo fondo se levantan las murallas del fuego eterno del infierno y 1014  volcanes en perpetua erupción; escaparon a más de 650 siglos de exterminaciones étnicas, cruzaron cinco mares que aparecían y desaparecían entre sus propios mitos.

Una goleta antigua superó las aguas calientes que expulsan los huracanes y las tempestades del Caribe y el sur del Asia y remontó las aguas dulces del trópico andino. Instalaron sus carpas al lado del río; ellas con faldones pintorescos, ataviadas con collarines de semillas de Madagascar y el norte europeo, caninos de animales africanos, osos blancos y piedras de ágata y lapislázuli.

Llegaron en gran celebración.  Recorrieron la Calle Larga, portón tras portón, ofrecieron alhajas de baratijas y prometieron un porvenir sin sobresaltos desde los mapas del destino.

Una de ellas, Mariana Pihedova, pregonaba su erudición sobre los rasgos de la personalidad, las biotipologías y patologías, bosquejadas por la genética en las líneas prensiles de la mano. Heredó su poder de la revelación desde los anhelos de un sabio fenicio, contrastaba las impresiones dactilares y la correlación entre la longitud del anular y el índice, caracteres que se definen durante el crecimiento embrionario por el efecto de las hormonas que circulan por el útero con un torrente de huellas genéticas; y ella, con la quiromancia y la astrología de todas las civilizaciones y culturas, podía entender otras señales que definen los misterios de la vida en la conducta, en los sufrimientos y los imaginarios de las personas.

La buenaventura de Enrique Simonet (1899).

Ella escrutó en la vida de nuestra abuela Betsabé sus divergencias entre la felicidad infinita y el vacío de soledades por su relación con el negro Mena, quien la enamoró un día alucinante en la isla Margarita y fue uno de sus siete amores, dejándola preñada de mamá y después ha sido una experiencia de fogosidades y sacrificios.

Otra caminante. —Soy Romelia Natchkovo, conozco del futuro familiar que se perfila en las separaciones del árbol genealógico y se advierte diluido entre el caos del humo y las trazas de las cenizas de los cigarrillos—. Ella dijo a nuestra abuela Betsabé que Mena la amaba infinitamente, pero era un hombre capaz de repartir todo su amor con entusiasmo y ternura entre varias mujeres porque venía de una alcurnia de mandingos que solamente era esclava de su propia libertad.

Los hombres de las caminantes montaban en potros cerriles que domaban con las yemas de los dedos aplicadas como agujas en los puntos donde vibran  las energías musculares de los equinos, para venderlos briosos y soberbios en las ferias de los pueblos; los  más viejos, machacaban en el fondo de unos cuencos de cobre, los desinfectaban con ácidos de pringamoza y otras ramas  para forjar las pailas de los cocineros.  Organizaron con José Reyes varias carreras de caballos en la calle de La Pista al lado del hospital y le enseñaron como preparar a los potros y a los jinetes para ser ganadores.

Frank Gaitán
DOMADOR DE CABALLOS (2004)

— Hola, las tres jovencitas: ¿Cómo os llamáis? —, exclamó una mujer blanca y alta de ojos negros. 

—Somos Diana, Maite y Aleyda de la familia Sánchez Mena, abandonadas por nuestros padres; las tres hermanas vivimos aquí, en la Calle Larga—, respondí Diana con voz lenta y afinada. 

—¿Queréis seguirnos para conocer el mundo?   Iremos desde el Caribe hasta el Brasil por las rancherías más confinadas, conoceremos sus tradiciones milenarias y aprenderemos los principios activos en la química de las plantas tropicales y los elementos sustanciales de los venenos animales—, replica la mujer.     

—¡Hola jovencitas! —, declara otra, —aprenderemos  los cantos y los bailes, los rituales y mitos en las fiestas de todos los países—. Decían en su propia algarabía:  —Estamos afanosos, nos iremos hacia una zona más exuberante donde el sol persistente y los vientos de la aurora nos colmen el alma con energía.  Exclamaba un viejo. 

—Un lugar que intensifique los colores a mis carpas—, completaba su hijo. —Allí podré conquistar con más carácter la curiosidad de las señoras y la ilusión de los señores—, meditaba en voz alta su mujer. Mientras los tres organizaban sus baúles atiborrados con los efluvios esenciales de su fórmula para el elixir de la eterna juventud, los frascos con las pócimas necesarias para aplacar los miedos, los filtros con el aliento divino que expulsa las almas para todos los males y los sufrimientos de la humanidad, y todo tipo de talismanes para la buena suerte.

Estábamos decididas a acompañarlos. Nos contuvimos, se apareció el compadre de mamá y le confió nuestro secreto al tío Martín Sánchez; debimos desistir de aquella andanza porque nos asustó: —Esos caminantes las venderán a los barcos extranjeros en Cartagena de Indias y en el muelle de Santa Marta, terminarán la vida como lavanderas de pisos, cocinarán como esclavas y calmarán las ansiedades impasibles de un sinnúmero de  marineros; después,  las obligarán a apaciguar la furia semental de los piratas—. Hasta nos narró las leyendas malditas, historias de cuando se les agotan las raciones y emboban a los niños con brebajes para desnucarlos y después hacer fiestas con viandas de carne tierna y ron barato.

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Flores Mías


Un 7 de diciembre visité a mi hermana Amparo porque solía acompañarla a prender las velas e íbamos a ver la pólvora.

Me acompañaba Diego que había llegado de España. Visitamos a Aleyda López Ángel, estaba deprimida y se animó con nosotros leyendo sus poemas. Visitamos la cuadra donde nacimos y las flores en el parque y los balcones.

Hoy la recuerdo con su poema.

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Una carajada, ni cuerda, ni loca, ni mansa


La Segunda Guerra Mundial, este conflicto militar global se dio entre 1939 y 1945, a Marsella llegaban pocas noticias, había miedo y rezos. Monseñor anunciaba desde el púlpito los tres días de oscuridad que precederían el juicio final. ¡Arrepentíos! Dios nos juzga entre trompetas celestiales.

Mientras tanto, la ciencia de la guerra en el hemisferio norte creaba tecnologías para matar entre naciones poderosas, los Países Aliados y Potencias del Eje socialista se movieron a enfrentar una guerra total, la mayor contienda bélica, ejércitos y espías a toda capacidad económica, militar y científica surtían los frentes bélicos.

Esa locura de la historia ocasionó muertes masivas, holocaustos con gases, armas nucleares, los 50 a 70 millones de víctimas. Pilotos de la guerra que al volar se sentían totalmente ingrávidos: flotaba por encima del avión, escribía uno, años años después, sentía un arrebato beatífico como perro de la guerra. Consumía pervitin. Las metanfetaminas eran el motor del estado emocional de los pilotos alemanes. Después de la derrota, el consumo de estas cosas generó una epidemia de suicidios en Alemania.

El planeta alcanzaba un lustre racional – positivista, se pregonaba la obsesión del progreso con base en la razón científica y esa misión también trajo dos guerras mundiales con el desarrollo tecnológico más enfático de la historia humana, también catástrofes terribles.

En los años 60 el siglo XX se partía con el corazón tocado y despacioso, su aliento entrecortado y el futuro oscurecido. Todo eso fue real, historia que golpea mi cabeza y esos hechos cuestionan.

En los tiempos nuestros, hemos transformado estas cosas en el gran negocio, la cocaína ha sido el combustible del conflicto colombiano. ¿Qué otra ola de tiempo revuelca nuestros días?

El desfile. Fernando Botero. Año 2000

Mi abuelo Ramón Gamba me habló de la guerra: en recuerdos y fractales de sus días se desplazaba un miedo movedizo, su cerebro lo disfrazaba y transformaba hasta cuando ya no tenía seguridad de nada; una tarde con tragos de aguardiente amarillo de Manzanares, más borracho aún, llegó alguien que le rememoraba; mientras nadaban ese océano de licores del pasado, el sueño de la ebriedad revisaba entre telarañas los recuerdos; tras la sed y la resaca, un guayabo puntudo. El pasado es dudoso, no sabía si era él, si fuimos nosotros u otros, incluso si el pasado ha sido como lo recordamos.

Los recuerdos se revisan de manera consciente en el mundo de la fantasía, si no pueden volverse reales y joderte. Despiertan emociones enterradas, remueven sentires olvidados. Si el recuerdo dejara de ser pasado, si sale de estar en la memoria, vuelve a ser presente.

Es preferible, que permanezcan en el mundo del ensueño y la imaginación. Así, los guardas, los atesoras, los mimas desde el momento en que te das cuenta de que son cosas que no volverás a hacer, momentos que no volverás a vivir. En caso contrario, quieres más, la realidad te lo niega, nos dice Manuel Cerdá de Muro de Alcoy, Alicante, historiador industrial y escritor español.

Cuando leí su libro “El tiempo de las Cerezas», me sentía en los tiempos de otro abuelo, Juan Antonio Sánchez. Él huyó desde Valencia España, lo iban a matar por anarquista, debía registrar su llegada a Antioquia en Rionegro y presentarse a un cura, este quiso imponerle sus creencias, como librepensador llegó a Marsella donde su mujer lo volvió muy rezandero, era un anciano con un cerebro cuerdo y loco revolcado por las guerras.

Luego en treinta años, 1928 a 1958, el siglo pasó con violencia política en Colombia y a paso lento entraba en modernidad, la industria avanzó con ingenierías de producción, las ciudades iluminadas y conectadas, fueron posibles viajes y movidas de mercancías. Unas familias de Marsella migraron a Cali en esos años; decían después, don Lino Arias, Abel Zuluaga, Julio Issa, las tías Amparo y Martha Vera: ¿por qué no se vinieron antes de allá? tanta violencia, no habrían sufrido ni lo habrían perdido todo.

En los años 60 el siglo XX se partía con el corazón tocado y despacioso, su aliento entrecortado y el futuro oscurecido. Todo eso fue real, historia que golpea mi cabeza y esos hechos cuestionan.

Surgían luchas obrero – sindicales, desconfianzas en la clase dirigente y capitalista; creían unos, aún lo creen, que es mejor construir un orden a partir de la religión, de la tradición o de la fuerza. Temían al comunismo internacional que tomó el control de los países de la «cortina de hierro», tras las reparticiones territoriales entre potencias al final de la guerra. La fuente del temor ha sido la difusión del socialismo universal en un mundo atrapado en pensamientos de la llamada guerra fría.

Bajo esa sombra dos ideas impulsaron en esos tiempos la violencia política colombiana, el pueblo entraba en evolución política y cultural y querían impedirlo.

En los años electorales del presente, ese fantasma galopa en los discursos y las contradicciones; centro, izquierda y derecha oscilan, pienso en estas cosas como en la parte física del modelo atómico de Schrödinger​​ (1926), oscilamos entre una onda estacionaria de conflictos y amenazas por todos lados en amplitud, siempre la política aparece con las palabras del cambio y encubre asquerosidades, sus ideales semejen las ecuaciones más hermosas y extrañas que hayan surgido del ser humano.  

Siguieron los tiempos del café, entre las guerras más violentas, el café persiste como base económica local.
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El viaje tras el oro entre el granizo


Esperanzas y mitos conectados, estaban entre granizo, el camino de lluvia donde viajaron las creencias, era senda de la fe que aseguraban las capillas rurales en Alto Cauca, La Estrella, El Trébol, El Español y el Camino del Privilegio con en el sitio de La Capilla que tumbaron para paso del ferrocarril.

Marsella y Chinchiná tenían liderazgos y fortalezas en tiempos del departamento de Caldas, se opacaron con la separación que creó a Risaralda. Requerimos acuerdos que fortalezcan la región cafetera y como patrimonio cultural. La nueva cultura.

A Villarrica de Segovia, algún terreno entre uno de los nombres que tuvo Marsella, llegaban los exiliados de tierras difíciles y sin oportunidades, construían los caseríos de los años esperanzados del siglo XIX, buscaban su parcela y un destino con el oro o los cultivos. Crecieron sus cafetales y proyectos colectivos. En el siglo XX la Federación de Cafeteros con sus comités locales y la cultura económica, producen lo mejor, acercaron los sueños a las realidades: tierra, trabajo, vivienda, familia unida, vecindarios prósperos.

Antes del café, llegó el cura en su año con un pregón antiguo, la tierra prometida no estaba en estos destinos, se las tenía Dios en los cielos. Sería necesario el sufrimiento acá abajo para alcanzar la gloria en un cielo de heredad divina y salvadora. En medio de una borrachera el menos creyente, pensó el nombre de Gloria para su nueva hija, porque aquella gloria sagrada era tan complicada, mejor una felicidad con bellos ojos en un cuerpo de mujer.

Los abuelos encontraron tierras de aires nuevos y vientos difíciles, trajinadas por violencias de hombres armados que andaban por trochas entre ramales montañosos. Levantaron el poblado con sede de poder local, debía construirse la iglesia mayor. Allí al frente estaría el parque principal con el palacio municipal y un colegio católico.

Los mayores dueños de la tierra hicieron; por ahí mismo, sus viviendas y locales de comercio. Reservaron un salón para socios con su nombre en mayúsculas, en ese Club Social escribieron su propia historia y desconocieron en ella a los no católicos. La calle principal se nombró Calle Real para un territorio sin reino, era real con esas palabras castellanas.

La calle del pecado tenía su identidad, en algún municipio la llamaban Colegurre, en Marsella El Morro y no sé el origen, los hombres allí buscaban otros morros. La reina del lugar fue la morrocotuda y hubo una cotuda cuyo sitio gozón llamaban el coto. En la Calle de la Pista la fiesta quincenal con apuestas por carreras de caballos. Las había entre chalanes y otras entre desarrapados con táparos, incluso Matusalén, el caballo más viejo de mi abuelo, fue un campeón entre yeguas y caballos ancianos.

En cuatro capillas se asentó más la presencia sagrada invisible, entre vírgenes de yeso y santos con mala cara. Desde la cuchilla por donde llegaron los españoles y sus descendientes y los caminos nuevos con caseríos, salas de oratorio, altar y torre de campanario, construidas en convites y parrandas con aguardiente. Las motivó el cura Jesús María Estrada, fijó en los pobladores la religión católica. Su palacio en la iglesia principal con torres más altas que un castillo medieval.  

Surgieron con la unión entre creyentes y organización de base, comités de vecinos para las fiestas patronales que cargaron imágenes de la virgen por los senderos que ocuparon los liberales caucanos, aquellos librepensadores que pelearon por la división entre la iglesia y el estado con los conservadores paisas. Guerras frontales. Pelea de fanatismos violentos, animada con símbolos rojos y azules.

Aquella competencia se ritualizó con fiestas en los días de la virgen, o un santo patrono, había centelleos de luces y truenos, una vaca loca con sabiduría de polvoreros.

Esta tierra cafetera entre los ríos San Francisco y Chinchiná, límite donde en el siglo XIX pugnaban por el poder la hegemonía antioqueña con la caucana, luego de una guerra de mil días entre liberales rojos y conservadores azules; lo más conflictos, se combinaba ese baile continuo de varias formas. Rosarios, celebraciones, semana santa y los días de la pólvora. Monseñor Estrada fue un domesticador y un motivador, impulsó organizaciones católicas de base, veredas con comités para fiestas patronales.

En los años del pacto de rojos y azules (1958 a 1974) período del Frente Nacional, con democracia cerrada donde solo ellos compartían el poder nacional, regional y local, se distendieron las violencias políticas, se crearon las Juntas de Acción Comunal, en cuya organización intervenían el cura y el alcalde con promotores municipales. En esas organizaciones veredales y barriales los vecindarios generaron mejores carreteras, escuelas, acueductos Y electrificación rural, mejores calles y el manejo del poder comunitario de base para empoderarse y negociar con el estado.

Algunos hablaron mal de las juntas de acción comunal por politiqueras, desconocen que en esas reuniones los liberales y conservadores aprendieron a trabajar solidarios por el bien común, a negociar con los representantes políticos los llamados auxilios económicos para sus obras colectivas, el Comité de Cafeteros era impulsor de obras y también en su estancia y en las juntas ha sido motivador. Eligen y son elegidos en representación de sus vecinos y productores, son parte del poder local de base.

Surgía una nueva forma de estar y ser en el poder sin tantas camándulas. Los jóvenes peludos de los años sesenta, trajeron la moda urbana y las pastillas anticonceptivas que borraron los placeres en la Calle del Morro. Crearon su propio conjunto de poder con organizaciones como la Casa de la Cultura y trabajo comunitario para nuevos barrios, impulsar la cultura hacia una vida sostenible y obras públicas.

En Colombia, entre estas realidades de organización política no cabían otros librepensadores o los atados al marxismo leninismo. Surgieron otros partidos y otras violencias porque, cuando no hay lugar en los poderes, la guerra es el ritual, enfrenta contraculturas con disfraces de soldados, grupos violentos y guerreros.

Fondas camineras: Se recuerda con nostalgia las fondas camineras a donde llegaban a descansar los arrieros que colonizaron el suroccidente colombiano.

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El fuego de San Telmo


Luminiscente y gigante fogonazo. Mi primera noción que viene en las lecturas sobre el fuego de santelmo o San Telmo . Como plasma de baja densidad, tenue o fuerte y su contraste asombra en el mar oscuro, unas veces leve, en otras con potenciales eléctrico-atmosféricos.

Marineros antiguos, ante esta ruptura eléctrica lumínica del aire que envolvía a sus embarcaciones, electricidad estática, ignoraron su origen atmosférico y creían los trasladaba entre borrascas de mal augurio, o se sintieron entre energías protectoras de San Telmo, el patrón de los marineros.

Resplandor blanco azulado, a veces con aspectos de fuego en chorros desde turbinas no inventadas, se frotaba a lo alto de los mástiles, en las vergas y chimeneas, se activaba desde las tormentas eléctricas, encendía chispas en el aire que rosaba a los dirigibles, podrían estallar con el gas de su flotador de helio.

En los llanos de San Luis y Trinidad, llanos del Casanare colombiano, nacen las crías del ganado. Allí los vaqueros reconocen el fuego de San Telmo de las tardes tormentosas, cuando sus chispas rodean las astas de los toros; en la fiesta lo simulan con los cuernos embolados de la corraleja.

 Busque el fuego de San Telmo en el barrio que lo nombra en Buenos Aires, sonó entre la candela como una melodía mientras Anita, mi hija, preparó el mejor asado de mundo. Noche fría bajo neblinas, los cuernos del demonio prendidos con el fuego del santo; no achicharraba mis pecados y complacía mi gula, que es un pecado santo y más santa mi lujuria que persigue el fuego.

Las aproximaciones que me llevaron a entender el fuego de San Telmo no estaban en la física, ni al pensar en las ecuaciones que no lo explican, están en las imágenes que presenta el poema del ecuatoriano Juan Ruiz Moyano.  

Poemas del ecuatoriano Juan Ruiz Moyano

El fuego de San Telmo

Aquello que tan altamente se dibuja, que tiene destellos y flores amarillas
Del que se desprenden todas las ruinas del tiempo, las iglesias unidas a un puño de luz.
La paz de las calles negras, la piedad de los extraños en reflejos circulares,
En electricidad y corriente que se despliega por encima del mar cabrío.
Aquello que se entumece como un muerto joven
Que crece en el azogue de la vida
En llamas ocultas
En infiernos agoreros
Si es que en el infierno hay buenos augurios y templos
Aquello que se escapa de la estrella más antigua, de la línea que hacen las tres marías en la noche
Y se dilata en la culebra que crece en la cabeza del navegante
Donde pule el hierro en que reflejarse
El fuego oh fuego de San Telmo
El que se mira desde abajo
El que procrea nacimientos
Y entraña los secretos de antiguos filibusteros
Oh Fuego de San Telmo
Descarga remontada en azul, en púrpura
Desde las habitaciones eléctricas de otros cielos
Tú, resplandor de augurios y presagios
Dame la calma hoy que las guías disparan otros senderos
Hoy que la brújula tiende a ser de hielo
Y norte y sur se disipan en macrocosmos
Y en trinos celestiales,
Oh fuego de San Telmo, arroja las nubes sobre mi cuerpo
Limpia la sal de viejas travesías
La marea es negra y áspera la cubierta de mi frente
Dios pincela con saliva el día mustio
Dios hace de grises la nave
Y sobrevuela sobre el farallón sobre el que escribo
con su túnica blanca como
La costra que la madrugada hace sobre el agua.
Fuego oh fuego de San Telmo
“Haced del mar nuestra patria”

Boeing 747 divisa el Fuego de San Telmo

El desprendimiento de los fuegos

He aquí la sonata del fin
De otro final que se aproxima como lluvia horizontal
Como agujas para tatuar la sal en el cuerpo
Luz del tripulante contenida en calor
Luz del tripulante en cueva de tayos
En socavones de vírgenes ahogos
En uña de murciélagos labrando luz
En tragedias y círculos infernales para que todo sea claro
Luz del tripulante en las conquistas del hipocampo
Vendrá ella/él/él/ella/él
Con la fe que suponen los horizontes
Haciendo habitable la bitácora
Haciendo feliz la flor canicular de la ciudad en la que insisto…
Agua todo es agua
yo apretaré la mano de Jonás
Y entre paredes de ballena respiraremos el mundo.

Lo sentí en esta música

Canción St. Elmos Fire (Man in Motion)

Artista: John Parr

Álbum: St. Elmos Fire (Man in Motion)

Con licencia para YouTube de: WMG (en representación de Atlantic Records); UNIAO BRASILEIRA DE EDITORAS DE MUSICA – UBEM, CMRRA, Peermusic, Sony ATV Publishing, SOLAR Music Rights Management, LatinAutorPerf, UMPG Publishing, LatinAutor – SonyATV, BMI – Broadcast Music Inc., LatinAutor – PeerMusic, ASCAP y 11 sociedades de derechos musicales.

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En la Albarrada de Mompox


Una carta de mi novela «Ritmo aroma y tiempo de Palacín»

Albarrada de Mompox

 Viviana

En la banqueta de al lado de la “Piedra de Bolívar” , en la Albarrada del Campillo en Santa Cruz de Mompox, te escribo. En esta calle entre la Plaza de la Concepción y la Plaza de santa Bárbara, estuve con mi padre.

Habló en susurros y no había salido el sol, sus palabras fluían como el sonido del agua y resaltaban sobre ella como una voz cantora con fondo musical continuo. En este confín me nace un recuerdo del día cuando lo escuché junto al brazo del río Magdalena que pasa junto a este malecón de Santa Cruz de Mompox; estábamos aquí, en esta Albarrada con las paredes de piedra recién pintadas con cal de carburo, se presentaban nuestras sombras y veíamos reflejos de una luna intensa contra los Portales de la Marquesa, un toque de olores removió sus desvelos de ayer y aquel río no era su corriente de entonces.

Habló de cuando estudiaba en Medellín y tenía una vida intensa.

Él había escarmentado muchas impresiones y conocería más heridas sin ninguna aventura, las dificultades estaban ahí, a la espera.  Tenía uno setenta y siete de estatura y muchas cosas habían cambiado en él, habían secuestrado a Clarita su hermana y la buscó sin encontrarla.

Aquel niño asustado y resuelto, lo hizo traer don Alfredo Trujillo desde Cartagena hacia Medellín para protegerlo, era un ser sólido que enfrentaba problemas de hombre de mundo, sus aprietos eran del camino de la tierra y el agua, su libertad con obligaciones empresariales. 

He regresado en estos días de noviembre a esperar el paso de las ánimas, colocaré una vela que acompañe el paso del animero, entre ellas estará mi padre y me traerá sus pensamientos de aquellos días.

Tu primo Emiliano Palacín

Lectura de un pasaje de «El General en su laberinto» de Gabriel García Márquez – tradiciones culturales de Mompox
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Mirada ante “Un verdor Terrible”


En estos días mis búsquedas de autores me han puesto en ese punto dinámico donde observo la vida con la otra mirada que me llega en el lenguaje seductor de Benjamín Labaut en su libro “Un verdor terrible”.

Al leerlo pienso lo que ahora escribo.

Benjamín Labatut nació en Rotterdam, Países Bajos, en 1980. Infancia en La Haya, Buenos Aires y Lima, con catorce años se estableció en Santiago de Chile.

No sé si la pandemia, aquellos paros continuos contra el gobierno y contra todos, aquellos enfrentamientos verbales con choque y palabras tan violentas y difusas, o las redes sociales con su desnudez influenciadora, o la sociedad prisionera del consumo de las cosas y los chats con nuevos símbolos.

Me aplastan, o he despertado, o me he golpeado ante los libros.

Ciertas realidades parecen deformarme y creo verme irreconocible, se me ha hinchado la manera de mirar, siento náuseas con ciertas columnas del periódico, como si solo una fracción de la basura de este tiempo, que contienen billones de átomos de polvo en sus residuos, partículas con fuerza nuclear con su latente poder de destruirnos. Para hablar de todo esto deberá de existir otro lenguaje.

Una narración política que sea tan clara y bella, a la vez tan complicada o diferente, que describa la otredad desde un mundo subatómico.

Aquellos periodistas y fanáticos que solo describen miedos, hechos y contradicciones, peleadores a ciegas, el chateo de los prisioneros en una jerga de mamertos, marxistas, capitalistas, creyentes en doctrinas que persisten en sus libros de piedra paleolítica, los que son fuentes de hechos de otras realidades que se observan desde lentes opacos por su ceguera situacional: fanatismo, las creencias, experiencias difíciles, el culto a los caudillos y los sobres de quien paga sus escritos.  

Todo está cambiando de tal manera que los conceptos de la física clásica, como posición, velocidad, choques y estallidos o sus momentos, no son términos para comprender el lenguaje de lo mínimo en la infinitud de una partícula subatómica, o la nueva realidad emergente en las mentes de los niños.

Es tiempo de pensar en metáforas para otras conexiones mentales. Las generaciones emergentes son más veloces; también inquietas, algunos las quieren cautivas ante las mafias con sus nuevos productos sicodélicos.  

Será importante admirar el juego de un niño que intenta armar un puzle con que alguien quiere romperle la cabeza, aunque él quiere sus propias soluciones con las nuevas ideas de su edad, con las que ya descifra las relaciones de la suma, multiplicaciones y matrices, de manera diferente, sin aquel lenguaje complicado de sus maestros casposos del tablero y la verborrea en una clase en la internet.

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Cuanto más compleja sea la operación, más oscuros son sus argumentos, y en esa oscuridad él quiere vislumbrar luces de piedras de colores preciosos que no se ha visto en el arco iris, porque a lo único que conducen los números de la ciencias de la guerra es a una llanura incendiada, al calentamiento de la vida, a esa experiencia del consumo que se ha de achicharrar en un paisaje estéril del futuro.

Cuando salí de los días del paro que armaron los izquierdistas, o de aquella neblina de los días del encierro y la pandemia, o el escondite en la cantera del trabajo para afrontar las circuntancias con entereza para sobrevivir con las familias que me rodean, cuando a sus vidas las han cercado por cien caminos hacia la pobreza; mientras los otros, bancos que se enceguecen en sus ganas y los políticos que andan distraídos con sus lenguajes para peleas y violencias en sus búsquedas del poder.  Valoro esa mirada hacia el mundo desde lo más pequeño en la complejidad de un virus, que en sus moléculas y átomos con electrones y núcleos orbitando entre ellos enloquecidos, los presumimos con sus movimientos de olas de un mar donde se reacomodan sus fuerzas y desafían la vida. Mientras los otros buscan las vacunas para darle aliento a sus negocios.

Quisiera revolcarme en el mundo de abajo, entre aquel círculo negro entre el centro de las cosas. Deberé buscarlo entre las calles de los drogadictos prisioneros de su vicio, las propiedades químicas de la basura que consumen y la influencia de las mafias que mueven guerras, capitales sucios y familias ciegas en sus ambiciones.

Quisiera darle otro rumbo a la vida entre la corriente migratoria de los haitianos con los venezolanos, las jovencitas que ofrecen sexo por comida, con los jóvenes que tiran piedras en la calle y los animales que están en extinción con sus voces mudas.

Quiero mirar el mundo desde el agua, el viento y el verdor en los cantos y relatos sonoros indígenas para niños. Quisiera radicarme en la otredad de un mundo subatómico y no el mundo achicharrado bajo el sol del calentamiento global.

Quisiera estar en aquel espectáculo que anuncia El País de Madrid.  Meterme entre la piel de Ana Belén y Mel Salvatierra, que en una obra de teatro encarnan el papel de dos actrices de generaciones distintas, han de interpretar a un mismo personaje. En esta coincidencia chocan dos maneras de entender la vida y la profesión. La actriz más joven lucha por conseguir la oportunidad de darse a conocer. La actriz mayor se esfuerza para que el paso de los años no la haga desaparecer de los escenarios. Pero eso no las convierte necesariamente en enemigas, sino que se trata de miradas complementarias que pueden aprender la una de la otra, sin ninguna necesidad de destruirse. ¿Se darán cuenta o acabarán devorándose?

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La bruja del Hotel del Parque


Edificio bogotano en la calle 63, media cuadra de la Biblioteca Nacional. Llegado de Marsella, ya en el pasillo, advertí las vibraciones que me llevaron a esa la habitación del quinto piso, al rincón una puerta y penetré al cuarto de sauna; estaba en el rincón donde presentí sus ojos carmelitas, ávidos, preví su desnudez tibia y pecaminosa.

No la vi, la sintió mi mente. Sudé inquisitivo, embotado. Se perdió. Encontré una nevera con licores baratos, había objetos eróticos; cuantas fufurufas habrán estado acá, acompañantes de viajeros que dejaron algo en esta habitación.

Hotel del Parque

Días después, al narrar aquella noche, aseguré que había atraído con ese pensamiento a los espíritus eróticos que rondan mis noches. Aún la sentía con una erección que se volvió miedo, cuando la guerrilla nos atacó en una calle de páramo, huía con terror hacia los matojos en Marulanda Caldas.

Sentía cansancio y músculos adoloridos, quizá por efecto de alguna virosis; quité la sobrecama, advertí bajo la almohada un cabello, levanté un mechón rubio enroscado en una espiral hermosa, un caballito de mar; curioso, ubicado entre cuatro patitas de cucaracha, instaladas en posición de cruz gamada invertida.

Cavilé en los descuidos de la mucama, examiné las sábanas: limpias, olorosas a planchado y detergente fino; inquieto, me concentré en otros pensamientos y poco importaron estos aconteceres; quizá eran esas trampas mentales que tiende el cansancio, o las ficciones que generan los fluidos en el cerebro cuando se caen las energías por la altura de Bogotá. Me concentré con la televisión, penetré al paraje de un documental sobre los gitanos de la ciudad de Mendoza en Argentina. Cuando sentí los ojos maltratados apagué para descansar. No podía dormir bien.

Una y media en madrugada. Escuché un movimiento en la cerradura y la entrada de una persona, la observé con su traje moldeado con trapos pesados, arrastraba un ruido de paños antiguos y atavíos con tejidos metálicos; la turbación me impidió movimientos. La dama comenzó a molestarme con un juego asediante, encendía y apagaba la lámpara, en la calle silbidos de pájaros garrapateros quejosos y agudos: «uichu uichu uichu uichu». Entre los reflejos titilantes de ese juego, apareció regada entre el blanco de las sábanas, una sombra de polvo negro con forma de corazón de garrapatero, al lado, un pañuelo de lino con las iniciales de Giselle, una mujer de Marsella a quien quise enamorar con brujerías. Le daba turrones de coco espolvoreados con ripio de corazones garrapateros.

Medio silbado: «cuik cuik cuik cuik», ella parecía poseerme en su juicio y agarrotarme los músculos para inducirme la pesadez de un delirio, me cambió las cobijas y me sopló un aliento indefinible, me rozaron sus uñas, sentí picazón en la piel del pecho, en la espalda y las piernas. Me ardían los genitales con una erección que no sabía controlar.

Quise controlar su juego. La miré, imagínate, me había cubierto con una cobija vieja, llena de pelos carmelitas enredados con alas y patas de cucaracha; me concentré para alejarme de esa alucinación, pronto, pronto, aunque me pareciera un siglo.  –Sería un sueño con pesadillas y debía despertarme-.

Reinició con una algarabía musical, martillaba un piano que antes no estaba en la habitación, levanté la cabeza y ví la música, centelleaban lucecitas de luciérnagas al ritmo de las notas y guitarras con tonos bajos y penetrantes; trepidaban mis huesos, se zarandearon los hierros de la cama; después los sonidos se fugaron con silbidos, cuik, cuik…. Y los sacó de ahí un vehículo raudo y bullicioso que subía la calle veinticuatro hacia la Avenida de los Cerros.

Descanse sin resuello media hora, me sentía al lado de aquella energía misteriosa; era ahora una dama rubia y delicada, su pijama liviana y blanca con las puntas de su cuello punzantes en mi piel. Me ericé, la advertía con un bucle peinado y un perfil parecido a Giselle, pero no podía recordarle su cara.

Sexo en la antigua Roma

Saltó sobre mi cuerpo y registré un roce cálido, tierno entre un suspiro afectivo, la sentía acostada a mi lado y pretendí tocarla: era un cuerpo blando, levemente tibio y pegajoso; ya miraba con ojos brillosos e inexpresivos, su sonrisa burlona me transmitía una conmoción provocativa, sus ojos decían nada y sus mensajes mentales me poseían, estremecían desde la coronilla hasta las puntas de los pies. Parecía dominarme.

Cerré los ojos un instante; un siglo, ahora quería comprobar si ese cuerpo permanecía ahí. Lo sentí cálido y meloso; pero se me fue, se diluía entre las manos y solo me parecía sentirlo al final. Se perdía en el frío de las sábanas y solo la percepción de los cabellos rubios y las alas de cucaracha en las cobijas; ya entonces, Giselle revoloteaba por la habitación entre un efluvio blanco y luminiscente, me rondó varias veces hasta cuando se posó en mi cuerpo, se me montó para cabalgarme, me retó a un acto erótico, excitada, olía al tiempo de los veintiocho días mientras sus senos temblaban acuciosos.

Perdí la noción de estos sucesos y me hundí entre un túnel de tiempo y horror, el sueño me llevó hasta las laderas del Alto del Nudo y el Monte de don Berna en Marsella, desde allá los garrapateros muertos me llamaban con cantos tristes y moribundos. Recobré el sentido, imploré la ayuda de san Miguel Arcángel, lo apropiado para esa situación, lo recordé por consejos de mi hermana Aleyda que pertenecía a la iglesia de los ángeles ascendidos; no tenía recuerdos de haber leído en las memorias del abuelo algún conjuro para un caso como este; solo recordé lo que relató en alguna ocasión el tío Antonio, jamás supe si ateo o rezandero, me aconsejó que en momentos de crisis, rezara un padrenuestro y un ave maría al ánima sola, más súplicas a la virgen del Carmen que libera de temores y tentaciones de las ánimas perdidas en los edificios antiguos. ¿Cuáles ánimas? eran las tentaciones de mis propios miedos.

La mujer allí, me contemplaba afectuosa con un naipe blanco, sus cartas se barajaban solas y flotaban como alas de mariposa frente a mis ojos, su sonido soplaba un zumbido con vibraciones a las células del cuerpo, estuve lelo; ella me animó, coqueteaba, sonreía con unos ojos cargados con la misma picardía complaciente de la mirada carmelita de Giselle; esa forma de mirar que perdió a dos generaciones de hombres en los años sesenta en Marsella.

Arte erótico Roma

Aun ahí, barajó las cartas; esta vez percibí un juego cinematográfico con figuras de ranas rojas y serpientes verdes, círculos negros, calaveras y huesitos de garrapateros; cosas simbólicas, elementos indígenas de cultura Quimbaya y calima, patas de cucúlidos y números entre los que pude recordar el 3636 y el 666.  Pensé de nuevo en san Miguel Arcángel y al distanciarme de aquella pesadilla, ella salió rauda, carcajeándose y dándose palmadas en las nalgas. Juega mis números en la lotería, me dijo. Se evaporó entre humos ambarinos al descorrerse los cerrojos por donde llegó.

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Pachacué


Vereda «Pachacué». Pereira – Colombia, en laderas del Parque Natural Los Nevados. Sus pobladores quieren compartirla con visitantes armoniosos con su vida.

Este nombre ancestral Quimbaya, significa «Cosmos, tiempo y espacio

El suelo de Pachacué esta habitado por quienes quieren vivirlo en armonía con los demás seres vivos e inertes y preservarlo.

Agradezco a Jorge Aristizábal Gómez, arquitecto, fotógrafo, ecólogo y gestor cultural, quien nos compartió estas imágenes de la vida en Pachacué en su facebook ‪#‎pachacuéancestral‬ – Explorar | Facebook https://www.facebook.com/jaristizabalg

Una razón para retomar este nombre histórico, por allí pasó el Libertador Simón Bolívar; también científicos, José Celestino Mutis y Francisco José de Caldas en su expedición botánica, Humboldt cuando estudiaba el mundo natural del planeta, expedicionarios, tropas patriotas, viajeros universales.  Allí se perciben huellas de corrientes biológicas, voces de volcanes y cantos del viento.

Sus habitantes nombran Pachacué a su terruño en honor a quienes forjaron la libertad de nuestra nación.  La libertad implica responsabilidades frente a la vida.

La piel de la tierra

Para la academia, el suelo es un recurso natural finito que produce servicios. Para otros es un ser viviente que se transforma siempre. Para los pueblos indígenas, como el Nasa de Colombia, situados en el Cauca, Valle del Cauca, Putumayo, Tolima, Huila, Caquetá y Meta, el suelo es un ser vivo y parte del territorio que incluye la atmósfera, el suelo y el subsuelo.

En el suelo se dan procesos biológicos y geoquímicos. Actúa como regulador climático porque almacena dióxido de carbono (CO2) y metano. Su calidad está en relación con la calidad de la vida humana. Si los suelos son pobres la comunidad también lo será.

«La ecoteología es una cosmovisión con inspiración ética y religiosa que cuestiona el modelo de la civilización tecnocientífica, propone un pensamiento que salvaguarde una armonía entre los derechos de la naturaleza con los humanos, pues la actual crisis surge de una civilización hegemónica. El paradigma prometido por la ciencia y la tecnología resultó ser selectivo y discriminatorio» Nuestro espíritu debe compenetrase con los espíritus de las formas de la vida que acompañan el transcurso de nuestra vida.

Los desequilibrios han enfermado a la tierra, Uma Kiwe, para los Nasa de Colombia. «El suelo del lugar donde nos encontramos y desarrollamos, en el actuamos, es un ser vivo. Es la piel de la madre tierra, Uma Kiwe, y allí dentro de esta capa existen seres espirituales que denominamos tapanos, espíritus que toman formas diferentes con las hojas de los árboles, con las ramas que se van descomponiendo y que generan equilibrio con todo el territorio», señala Luz Mery Pachacué, indígena Nasa quien vive en el departamento del Caquetá.

Según la cultura Nasa el suelo, como piel de la tierra, se desarmoniza y enferma cuando hay quemas, se aplican químicos, se destina a monocultivos como la palma; además, cuando hay mala minería y deforestación.

En América Latina, la ecoteología como evolución o nueva perspectiva de la teología de la liberación, incluye a la Tierra -Madre Tierra, Pacha Mama, Uma Kiwe, con las diferentes denominaciones que pueda adquirir, es otro sujeto a liberar; además, del pobre.

La tierra es también oprimida. Se libera, tiembla y se sacude para armonizarse y evolucionar, si se le maltrata se escucha y refleja con insistente clamor, su voz con viento y huracanes interpela a teólogos y ciudadanos para protegerla.

Otra tierra ancestral

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La novia que impulsó al emprendedor


Administrarnos a nosotros mismos es un gran desafío, el dominio personal en la búsqueda del saber exige autonomía, no quedarse en estancos de academia, en muchos casos la educación es un negocio para otros y un estado de dependencia a las ilusiones de los títulos y los rangos sociales que son un mero estatus de apariencias. Hay pasos más allá de su frontera y entre estas mismas instituciones están los nichos de la investigación y la innovación transformadora.  

El buen manejo de nuestros estados emocionales se basa en realidades, nos hace seguidores, nos paraliza o nos impulsa, y el reto más difícil de la administración es manejarnos a nosotros mismos, las capacidades de inventiva y los estado de fluidez son un dominio mental y emocional en la persona; los mejores, manejan circunstancias y se concentran tanto que olvidan los obstáculos y en cada dificultad perciben desafíos.

El señor Carlos Llanos lo explicó así: mamá decía que yo era chatarrero porque cogía partes de mecanismos usados y desechados, los observaba y pensaba en mecanismos nuevos, el metal es duro y maleable, yo hacía desarrollos y combinaba.

Cuando llegué a la universidad me sentí triste, en las clases eso no era lo que yo esperaba. No parecía ingeniería mecatrónica, yo estudiaba las materias que eran pura teoría; cuando proponía problemas de la vida real al profesor con mis ideas de soluciones, él quedaba grogui, él no me interpretaba porque solo era un repetidor de fórmulas y no sabía observar la realidad de las cosas que funcionan y la vida.

Dejé de asistirle y busqué libros en la biblioteca porque odiaba esas clases, hacia simulaciones con mis gráficos y fórmulas, armaba mecanismos con alambres y cosas de reciclaje, después llevaba el asunto para discutirlo en la clase y otra vez quedaba grogui, nadie, ni el mismo profesor la cogían; sin embargo, no me sentía frustrado, ese no era mi lugar.

Yo desde niño inicié mis estudios en el taller de mi papá que era un mecánico, el me hacía organizarle el sistema de herramientas y me explicaba cada uso, yo le decía que quería estudiar para ser ingeniero. El me repetía que lo importante no era ser ingeniero, ni siquiera los cartones; lo esencial y lo que me iba a generar más valor es ser ingenioso, que mi tarea constante era ser genial y generador de valor. Siempre conversamos y pusimos entusiasmo en esa idea, cada día me motivaba, me entregaba cachivaches para que los desbaratara y con esos y otros elementos que comprábamos me dedicaba a inventar cosas, muchas veces no funcionaron, repetía y repetía hasta lograrlo.

Decidí continuar en la universidad sin seguir el currículo, estaba en tercer semestre y asistía a clases de séptimo y noveno, decía a los profesores: señor, no me califique, pero yo le asisto y déjeme pensar, me ingeniaba soluciones a los asuntos del mundo que carecían de soluciones y cuando la universidad ya no me daba la dejé. Y desde la universidad busqué otros escenarios del saber, como el SENA, allí si aprendí a construir mi método, cuando me inventaba un dispositivo nuevo, me animaban.

La primera emoción estuvo en un mecanismo para dejar caer un huevo sin que se rompiera y justificarlo, rompí muchos y lo logré. Yo asistía con presiones, porque ya tenía muchos negocios y asuntos que resolver, pero sentía emociones en ese tiempo tan valioso porque aprendí y apropié mi método, la emoción no era graduarme, encontré las claves para ser más creativo, resolver dificultades y crear soluciones con equipos de trabajo, y manejar buenas relaciones.

Sentir a las personas y saberles llegar a quienes saben más y al que me ayuda para que aprenda. El esfuerzo no es problematizar las cosas, es pensamiento y dedicación para lograr y hacer que algo funcione. El ingenio requiere mucha observación, estar alerta a las innovaciones, escuchar mucho, pensar mucho y esforzarse. En el SENA sentía libertad, no estaba prisionero de las notas, poco a poco pedía cosas dañadas. Me decían: observe, desbarate, diga y aprenda, yo dañaba y arreglaba.

Emprendedor Carlos Llanos al fondo entre compañeros de negro Diana al frente

Dianita, mi gran compañera, cuando éramos novios, anhelábamos una moto, ella me escuchaba y motivaba; escuchó mis emociones y comprendió, sabía que lo necesario para mí era tener máquinas y herramientas, entonces me frenó. Mírame, no pensemos en esa bendita moto, ese dinero lo debemos invertir en la máquina que necesitas y en herramientas. Arrancamos ahí, ella se puso mi overol.

Tras siete intentos fabricamos una máquina para hacer conos y obleas para servir helados de esos que tanto le gustan a la gente. Las fabriqué, las mejoré y vendí a las empresas, en cada caso encontré ideas nuevas y sus saberes escondidos. Ahí en esa experiencia nacía mi empresa Maquiconos. Hoy fabricamos máquinas y exportamos a varios países en un taller sencillo, mamá y papá me cedieron la casa y celebraron cuando la convertí en talleres.

El caso Kinetic Wall at Geneva Motor Show- Interactive Kinetic Installation (Temporary)
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Jaramillos de Sonsón


El primer Jaramillo de Sonsón que conocí era el padre Jaramillo mi profesor en el seminario menor de Pereira, el sacerdote Aristóbulo Arias le cambió el apellido en una fiesta estudiantil: «Habrás de llamarte el Cura Jamarillo» porque jamás has sido el hijo del otro cura. Medio siglo después conocí a Toño Bonilla Jaramillo, arquitecto constructor de iglesias. Con su conversación sabrosa desentrañe la diferencia entre el cura Jaramillo de Sonsón y Jamarillo.

Familia cafetera. Oleo del maestro Luciano Jaramillo. Museo de arte de Caldas en Manizales

“En Cloe, gran ciudad, las personas que pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas las unas de las otras, los encuentros que podrán ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas, no se detienen. Pasa una muchacha que hace girar una sombrilla apoyada en su hombro, y también un poco la redondez de las caderas. Pasa una mujer vestida de negro que representa todos los años que tiene, los ojos inquietos bajo el velo y los labios trémulos”.  De las ciudades invisibles de Ítalo Calvino

Siglo XX. «Venimos de tiempos idos que no reconocemos, Siglo XX y cambalache. Somos hijos de los tiempos de la familia extensa». Decía el arquitecto Toño Bonilla Jaramillo, quien construyó de dieciocho iglesias, trece capilla, dos cementerios y treinta edificios emblemáticos. 

—Soy Jaramillo de Sonsón, uno de los tantos descendientes del semental de allá. ¡El tata Jaramillo!.. ¡Fue un padrazo!..  Dejó regados ochenta y siete hijos en las breñas del páramo de Sonsón. Las manos de ese patriarca; ya viejo, tenían el agarre del acero y jamás las estrechamos, dizque uno quedaba de hospital. Lo vi arrojar una herradura que voló como una bala, sus dedos tenían el trinque de un halcón y las habilidades de un serrucho.

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Familia Ruiz Londoño de Pácora

Siglo XXI.  Y preguntaba al otro, el arquitecto amigo suyo:— Y vos que. ¿Dizque también sos Jaramillo de los de Tata, el semental?.. O acaso sos de los hijos del otro Jaramillo—.

Pensó y caviló el otro; mientras tragó saliva, salieron los feligreses de la iglesia de la virgen del Carmen: —No sé, debo ser de otros, hay tantos Jaramillo, no reconozco bien de donde viene mi apellido—

—Yo si lo sospechaba ya. Alguien me dijo, dizque venís  de la ralea de los hijos del cura Jaramillo, ese salía del altar para la cama y oficiaba.

En estos días aún puede ser vigente el tango “Cambalache” como expresión de una contracultura, vivimos los tiempos de extinción de la familia extensa tradicional, es fuerte el individualismo, el mundo es fragmentado y los consensos duran tan poco, Pereira ya no es un pueblo de colonos, cada día las noticias nos asaltan desde los hechos divisorios que dan sentido a una fragmentación tormentosa.

Jaramillo con Jaramillo, primo con primo, el abuelo tío del abuelo, sobrina y tía de la misma edad y un enredo que solo se vive en el Alto de los… Jaramillo. Es la historia del cromosoma J, que surgió como un proyecto escolar del programa Ondas de estudiantes de octavo y noveno grado de la Institución Educativa Farallones, en Ciudad Bolívar, sección Alto de… bueno, ya se sabe. Una vereda de gentes de nariz achatada, cabello ondulado, ojos claros u oscuros y cejas pobladas y separadas. Paraje que casi nadie conoce por su nombre de los libros oficiales, La Angostura parte alta, establecido hace casi 200 años por Antonio Jaramillo y su esposa M. Dolores Arboleda que pasaron por Titiribí en su camino colonizador, aunque su patria chica podría… Escribió Ramiro Vázquez Gómez en El Colombino de Medellin (dic 14 de 2017)

Y decía Toño Bonilla: —deshazte de tus tres bestias: los abolengos, esa ambición y esa ansiedad. ¡Mírate! tenés la marca de esas dos herraduras y aquel zurriago en la calva. Ya, tu  puedes deshacerte de tu carro y los cacharros. Deshazte de todos los dispositivos electrónicos, si lo haces, recuerda que esos son unos cocos, son de esos que nos asustaban en la niñez, no sabíamos que era eso pero ya sí. ¡Tranquilo!… no te seguirán. O te seguirán seguramente cuando tú mismo les pones un alma que te ata a ellos. Eso se verá muy feo entre tu ataúd.

Y decía el otro: —No me diga eso, Usted no conoce Bonilla, entre esas redes de contactos cuyas palabras llegan a mí; ahí está un diluido de puntos de vista, pensamientos y lenguajes, es probable que renazcan aglomerados de contactos humanos despedazados,  en algún momento volverán a emerger como tribus regionales o incluso globales; y, como son tan agresivos, podrán ser   semejantes a las tribus que se enfrentaban con la agresión de tiempos primitivos, como la edad de hielo de los homos que se tragó a los dinosaurios y neandertales, sería una destrucción de pueblos y especies sobre otros como ha sido siempre. ¡Vea pues!… quiero hablar de lujo y vida y pienso en decadencia. Son mis cosas de viejo.

Las Ciudades Invisibles – Italo Calvino– Ottavia, interpretaciónes Janne Krejverg, estudiante danesa de arquitectura. https://elblogdefarina.blogspot.com/2012/08/las-ciudades-invisibles-de-italo-calvino.html

Bonilla: —No jodás. No hables mas barbacha, esa gente solo mira sus pantallas; míralos, ahí están las copas de los árboles arriba de ti, allá vuelan pájaros, esta ciudad es un éxtasis de seres vivientes que están por desaparecer. Pero ahora se multiplican y se harán más vivos esos aparatos inventados. No sé si por ahí se podrán oler las hojas húmedas con aroma de naranjo.

El otro: —Mirá Bonilla, habrá mucho que ver. Nuestra pequeñez es tan basta que uno no se da cuenta de su propia oscuridad. Ya lo decía mi abuela, que sus huesos eran hechos de luces de estrellas. Y, ¿acaso no somos hijos de la luz?… Y vos ahí, encorvado. ¡Porque a mí!.. Me levanto, tomo cafecito, hasta me doy cuenta, lo que me hace levantar es el peso de mis expectativas. No te das cuenta, no estamos tan viejos, si a nosotros nos anima es la luz. Así caminemos a veces como un cangrejo entre el agua turbia bajo la lluvia.

Golconda
Golconda, por René Magritte, 1953.
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Un Nobel lejos de casa


Abdulrazak Gurnah, escribió en The Guardian, era el año 2004: “Viajar lejos de casa ofrece distancia y perspectiva, así como un certero grado de amplitud y liberación. Esto hace que los recuerdos, que confluyen al interior del escritor, sean más intensos.

Abdulrazak Gurnah, Nobel de Literatura. REUTERS

Unos colombianos nacidos entre 1948 a 1970, se refugiaron en Inglaterra cuando acá masacraron a personas de la Unión Patriótica; antes por violencia y la guerrilla, después los paramilitares; así año tras año, fuerzas reconocidas han generado inseguridad en el país. Funcionarios, músicos, poetas, líderes sociales, periodistas y maestros de la vida rural, los perseguidos más recursivos, han huido a pedir refugio, también tras ellos, los traficantes humanos tras el caos. Quisiera entrar y aprender en sus recuerdos.

Calle patrimonial, Stone Town, Zanzíbar

Abdulrazak Gurnah, escritor africano, Premio Nobel de literatura en este año 2021; nació en 1948 en la isla de Zanzíbar frente a la Costa Oriental de África; vivió y sufrió tiempos difíciles y sus ritmos violentos. Refugiado en Inglaterra cuando tenía 18 años, era fin de la década de los años 1960, su país vivía una de esas violencias que llaman revolución, conducía a la opresión, la sufrían intensamente los ciudadanos de ascendencia árabe. Así como sufrieron los migrantes de ascendencia Sirio Libanesa que llegaron a Colombia al comienzo del siglo XX; los oí en Marsella y en Pereira con sus voces transformadoras.

En 1964 cuando la vida me llevó con mi edad de 16 años a enfrentar la obligación de maestro rural, mientras inventaba recursos y pedía apoyos a las maestras de Apía, adorables y sabias, leía entonces a los escritores rusos y las tragedias humanas por la guerra mundial: Constantin Virgil Gheorghiu entre otros . Algún año posterior se fue al África mi paisano sacerdote Nelson Salazar, a cumplir una misión evangelizadora y en 1984 acompañó a aquel escritor tanzano Abdulrazak Gurnah, quien regresó a encontrarse con su padre en los días cercanos a su muerte.

Stone Town Zanzíbar

La tierra es furia de torrentes y masas de agua, presiones y duelos por guerras y violencias, corrientes migratorias; transcurren mis años y todas las energías que transforman la vida parecen cada vez más aceleradas. Envejecemos y se apagan las últimas voces que han vivido la experiencia de pertenecer y crecer, migrar y transformarse como parte de su familia extensa. Abdulrazak toca el colonialismo y los abismos de los refugiados. Las telenovelas turcas dan testimonio de conflictos familiares. Entro a aprender de familias ahora, personas solas con sus gatos.    

En sus tiempos cambiantes, este escritor del Premio Nobel 2021, estudiaba a escritores como Wole Soyinka, Ngũgĩ wa Thiong’o y Salman Rushdie; Sin embargo, el suajili es su lengua materna, él ha sido un ávido lector de poesía árabe y persa. Abdulrazak Gurnah, comenzó a escribir en inglés a la edad de 21 años, pocos años después de mudarse al Reino Unido.

«La dedicación de Abdulrazak Gurnah a la verdad y la aversión a la simplificación son sorprendentes «, dijo la Academia Sueca. Sus novelas están lejos de ser descripciones estereotipadas y nos abren los ojos a un África Oriental, culturalmente diversa y poco conocida en muchas partes del mundo «. El jurado quiso así honrar la literatura de un escritor que » conscientemente rompe con las convenciones, trastocando la perspectiva colonial para resaltar la de las poblaciones locales «. https://www.franceculture.fr/litterature/le-nobel-de-litterature-pour-abdulrazak-gurnah

«La memoria de su país natal es muy sensible en sus novelas»: Nathalie Carré, profesora de lengua y literatura swahili en Inalco, Instituto Nacional de Lenguas y Civilizaciones Orientales.

Un escritor con tanta experiencia y testimonio por contar, será para nosotros una fuente viva de la literatura africana, universalmente contrastada, por su experiencia como profesor de literatura inglesa y poscolonial en la Universidad de Kent en Canterbury.

Lo que es arriba es abajo, como es adentro es afuera, dice uno de los libros más antiguos, el Kybalión, cuyo contenido es base de un movimiento del siglo XX llamado “nuevo pensamiento”, que sigue al hermetismo, vincula a Hermes Trismegisto, a su vez procedente de ideologías con la deidad egipcia Thot, cuya existencia en el norte africano, antes de los Faraones, fue guía y origen de creencias cuyas corrientes transformadas se mueven por el mundo con un dios único y doctrinas cristianas.  

Zanzíbar Isand

Esta cita me llama desde la literatura a buscar en África las torrentes de una fuente de vidas y migraciones que nos han transformado. Los negros de la ciudad que habito, cada día me acercan más a conocer las profundidades de su origen. Esa ciudad de piedra de Zanzíbar, con su centro histórico patrimonio de la humanidad, me llama con las palabras de este escritor Nobel, cuya lectura puede traernos sabores de nuez moscada, canela y pimienta de su tierra.

Recuerdo aquel árbol de canela en el jardín de la expedición botánica que creó el sabio José Celestino Mutis en Mariquita – Tolima; lo ví, lo palpé, lo olí y quise saber su origen, me contesto un conocedor que su germen había sido traído de Zanzíbar. Hoy me alegra reencontrarme con esta tierra en la literatura que tengo por leerme.

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El trio Santo de Apía


Ramón Román, cuando nació, tres meses antes, la vecina Rosana ya lo presentía. Lo concebía cercano y cálido. Ella vivía en el caserón más viejo, “Ranchoquemao”; al conocerlo le admiró, le observó con detención, con insistencia en los detalles de su piel tierna y su cara, sintió un desbordamiento de burbujas en su estómago con una conexión tan inmediata que le clavó un “mal del ojo”. Así lo aseguran todos.

Siguieron otros años con ella allí cercana, pasaba y lo miraba con el sol, obsesionada y admirada con ese niño hijo de india y blanco con rizos de oro.

¿Por qué decían eso? Lo pensaba. Eso es amor con traga de ojo, decía la tía.  

Andaba por ahí en todas sus épocas y también en su andadera figuraba el jovencito; por ahí, se la encontró a la vera de un sendero largo con guayacanes florecidos, ella le miraba con intuiciones de lujuria, ojos suyos rayados de vecina solitaria, portadora de presagios y mala leche. Eso decían todos.

Ella solo asustada, se había calmado de un llanto quebradizo cuando se encontró con si misma y mirándose al revés, su interior era una cárcel sin barrotes, su espíritu huidizo, sus días contados en los palotes que marcaba en los guayacanes del camino. Un pariente abusó de ella y le callaron, es secreto de familia.   

El joven Ramón Román, se asentó en aquella piedra marcada donde está una huella de hace 356.000 años, aseguran que es pisada de un Neandertal de más allá de la edad del hielo; cerca también estaban señales de los indios Emberá, cuatro siglos atrás pasaron guiados por Dachizeze, el errante creador del mundo indoamericano, escondieron el tesoro de los Apias por el cual Jorge Robledo, conquistador español, ordenó ahorcar a Tucarma su cacique. La Rosana llegó, puso su mano en esa piedra y lo besó, le miró con el brillo del tesoro y ambos sintieron energías distintas y renovadas.

Decían que por la vecina Susana, Ramón Román había padecido una diarrea endemoniada que le revolcó el cuajo y se lo dejó al revés hasta aquel día cuando llegó su tío Gerpul, le hizo tomar un frasco de purgante que se había diluido en agüita de la virgen de Piendamó: Agüita de piernamó te traigo mi sobrino, bébela, esta bendita por la virgen. Se la dio a tomar mientras la banda papayera que acompañó a Gerpul improvisaba música de Apía, el maestro Rubo le reprobó ese hecho porque no se podía usar la música del pueblo para asuntos tan profanos. Quitar el mal de ojo con música.

Ramón Román o se curó tras las miradas de Rosana, o la pócima musical con agua de Piernamó de Gerpul y la virgen lo transformó en el joven más devoto de María. Con su cara de santo anunciaba milagros y las vecinas se embelesaron con el muchacho.  A ella la convirtieron en bruja y decían que lo rondaba horqueteada en una escoba erótica de conquistas y engaños. A él le descifraron todos sus gestos como manifestaciones de una lujuria contenida que le acobardaba de manera tan gallarda que hasta le lucía con su camisa parda.

Fotografía de Apía – Jorge Evelio Aristizábal

La Rosana le pedía perdón por haberle ojeado en un tiempo y una manera que jamás pudo explicarse, le abrazó y estampó un beso desenfrenado, se recostaron al espejo y lo quebraron. En todos los pedazos se fijaron sus huellas varoniles y las oscuridades de ella. Allí estaban reflejos de amores contrariados en el territorio arisco e inexplorado de sus cuerpos, fluían las luces de umbrales donde concurrían sus temperamentos más vitales con emociones y conductas negativas; rabia y celos, la vergüenza y la mentira, el resentimiento y la honestidad.

Dicen que la dejó preñada y lo negó, Yo no lo quiero amada, como escribió Neruda; aunque de aquellas circunstancias, nació un niño, tan hermoso y libre del mal de ojo que a todos los niños que miraba dejaba preservados contra el sarampión, los coronavirus, la rubeola, los males de ojo y la lloradera lacrimosa. Incluso lo creían poseído de dones que generaban curaciones instantáneas, completas y duraderas, como cuando con solo tocarla se le alivio la tembladera del mal de sambito a doña Rosario Isaza, una provinciana del Chocó que había llegado de pagar una promesa al cristo milagroso de Buga y siguió en la búsqueda de los curanderos de Viterbo que llamaban Los Grajales.

A la casa de Ramón Román llegaban toda clase de enfermos, los miraba y se aliviaban, el cura Jaramillo le trajo una custodia antigua de un latón desbaratado y desteñido desde un baño dorado que decían sacado de las miradas de la milagrosa de Chiquinquirá, solo relució cuando la vieron parpadear en medio de una procesión de mayo. Con ese objeto envuelto en un retazo brocado, decían que el niño de Ramón Román con la Susana, tocaba a los desahuciados y le respondían con todas las energías de la vida y otras vidas. Los apodaron los milagrosos del Ranchoquemao.

Rosana se dedicó a servirles, preparaba sus alimentos y les protegía de las sombras de su propio cuerpo con la única luz que poseía, la trasfería desde una infinitud tan pequeña y frágil que atraía los poderes desde tinieblas inagotables, su luz y su poder son negativos. La gente decía en los pueblos vecinos que sus pasos estaban en la calle y tras ella los pasos del padre y el hijo hasta donde los enfermos finaban o se levantaban sanos. 

Les declararon santos cuando, el padre Jaramillo, explicó a una junta de vecinos, el proceso de la iglesia católica para escoger sus santos. Se deberían documentar todos sus milagros, y si no los hubiere suficientes, lo hecho bastaba para declararlos venerables siervos de Dios de esta tierra olvidada. Cuando Belisa Cruz habló de las curaciones instantáneas del hijo de Román con la Rosana a su hijo el tullido, porque caminó y pidió café tras ser mirado por el niño, mientras la candela del fogón ardía con la llama más divina, con solo que la Rosana la soplara para que no se apagara, allí siguió una viva ardiente llama, más hermosa y luciente para todos los siglos, sin gastos de leña y sin ceniza.

Con lo días llegó un delegado que presentaría el caso al Ministerio de los Santos en Roma. Aquel trámite recogió evidencias durante dieciocho años, pero quizá, no entraba en la línea propagandística de la Santa Sede. Se quedaría en el Limbo. Aunque otro testimonio aseguraba que en el pensamiento del papa Bergoglio estaba poblar con santos los pueblos de cordillera porque eran considerados la reserva del pueblo de Dios. Sacaron entonces los testigos, aquellos milagrosos casos de tumores desvanecidos, alivio y curación de desahuciados, tres devotos en tres localizaciones al mismo momento, cuando aquel trío sagrado invocó las fuerzas divinas de María ante el altar de la parroquia en Apía. Hasta hablaron de algún resucitado que no pudieron comprobar porque huyó desde el sepulcro por miedo de venganzas enemigas.  

Ramón Román con su hijo y con Rosana, cansados de sainetes milagreros; un cierto día, anochecieron y no amanecieron; entonces, cuando los trámites de su santificación estaban en el turno 1345 entre los diez mil doscientos catorce casos en estudio ante la Congregación de las causas de los santos, se requerían 130.000 euros para cumplir con las tarifas del tribunal sacro y los abogados sustentadores según derechos pontificios, más los tramitadores de aquella causa piadosa.

Propusieron recoger ese capital con rifas y empanadas, más donaciones por cada milagro de los susodichos. Ya nos estaban en Apía. Alguien dijo verlos en una parranda santa en la Guajira multiplicando panes y botellones de agua para el desfile de los venezolanos desplazados, hasta aquella mañana cuando se ahogaron entre un mar de plegarias y oraciones con sabor de ron cubano.

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Manizalados del Flaco Jiménez


Traigo desde Manizales, la capital de Caldas, departamento del paisaje cafetero, al Flaco Jiménez, le decimos así. Así lo presenta el escritor caldense José Miguel Alzate.

El primer capítulo de “Manizalados”, novela del Flaco Jiménez, entrega una narración de un escritor de estilo depurado, un lenguaje con la gracia que nutre a veces una prosa de giros con un buen humor. El nombre mismo del narrador, Miguel de Cervantes Zuluaga, quien cuenta su vida en primera persona, es un juego intertextual que toma el nombre del autor de “El ingenioso hidalgo don Quijote de la mancha”. Recrear con alegría los hechos que le toca presenciar; a veces protagonizar, como el acto inicial, un atentado contra el general Camacho en Bogotá, Hotel Tequendama, donde él tuvo a su cargo, por orden de una célula guerrillera, poner una bomba. 

https://www.lapatria.com/opinion/columnas/jose-miguel-alzate/manizalados-la-novela-del-flaco-jimenez

𝙲𝙾𝚂𝙸𝙰𝙲𝙰 𝙴𝚂𝚃𝚄𝚅𝙾 𝙴𝙽 𝙼𝙰𝙽𝙸𝚉𝙰𝙻𝙴𝚂 EN LA TIENDA DE LA TIA CLARA.

La tienda de mi tía Clara, en el camino que va de Neira a Manizales, tenía cucas, gelatinas, polvorosas, borrachos, liberales, cocoteros y aguardiente amarillo de Manzanares.

⸺¿Ustedes los citadinos a que vienen al campo? ⸺ me preguntó, un día, la tía.

⸺A desestresarnos tía…

⸺¿Y los del campo a donde vamos entonces?

⸺No sé, tía. ¿Al mar tal vez?

⸺No sea tan sororombatico. Vamos a la ciudad. O salimos al corredor de la casa a ver pasar gente para la ciudad. Por esta tienda por ejemplo pasó para Manizales el obispo de Medellín con mitra y báculo en una mula blanca, pasó el elefante del circo Royal Dumbar arrancando racimos de banano con la trompa.

Pasaron los tenores de La ópera de Milán ensayando una ópera, el Verraco de guacas con sus seis mujeres, un automóvil desarmado que traían en una parihuela de bueyes (el primero que llegó a Manizales), paso el judío errante y dijo profecías, el poeta Valencia de Popayán dejó la firma en la pared y pasó también el más vulgar de los vagabundos, el tramposo y boquisucio Cosiaca.

José García no era precisamente como se le conocía. Cosiaca es el nombre con que todos recuerdan a este popular personaje del siglo XIX y principios del XX. Para ningún antioqueño es desconocido Cosiaca, un simple vagabundo que deambuló por las calles de Medellín y algunos municipios de Antioquia y que se hizo popular por las ocurrencias con que siempre contestaba, a veces divertidas y otras vulgares. https://www.bibliotecapiloto.gov.co/cosiaca/

⸺¿Usted conoció a Cosiaca tía? ¿Y cómo era?

⸺¿Cosiaca? De todos los que nombré ¿el único que le interesó a usted zumbambico fue Cosiaca? Ahí se ve lo pernicioso que es.

⸺Es por cultura general tía

⸺Cultura las cachas. Lo que usted quiere es aprender perrerías. Muérgano, marrullero. Pues sepa y entienda que a Cosiaca le fue mal porque era jodido desde chiquito. Con decirle que a los ocho añitos el papá lo echó de la casa. Que se fuera a rebuscar, le dijo, a conocer mundo.

⸺Pobre creatura.

⸺¿Pobre creatura? No señor. El mañosito se fue a embaucar montañeros con un culebrero que vendía agua en fraquitos, disque traída de Fátima y esa tal agüita le daba larga vida a los que tomaran dos gotas en ayunas, todos los días.

El tipo disque ponía una caja en el suelo y decía que iba a sacar una culebra Mapaná. Los campesinos ingenuos y desprogramados hacían corrillo para ver salir la culebra y entonces el embaucador, en vez de la culebra sacaba con mucho misterio el frasquito y les decía:

“Que pesar de nuestros tatarabuelos que NO CONOCIERON este elixir y prueba es que todos están muertos ¿Verdad? ¡!Que pesar!! En cambio, yo tomo desta agua bendita todos los días y aquí donde me ven gordo y colorado, joven y bello, tengo ya 755 años cumplidos”.

Así recorrieron mucho, hasta que un día en Fredonia, después de vender todo, el culebrero se fue para el hotel y un campesino desconfiado se le acercó a Cosiaquita que estaba recogiendo la caja de la culebra y le ofreció un peso (que era mucha plata en esa época) si le contestaba una pregunta, pero con la puritica verdad.

Cosiaquita dijo que, SI. Y juró por esta cruz bendita, que claro que le decía solo la verdad y se embolsilló el peso y el campesino preguntó:

⸺¿Es verdad que ese culebrero tiene 755 años?

⸺No señor –respondió con franqueza el picarito–. Lo que yo le diga es mentira. Para que le voy a hablar mierda. Yo no sé cuál es la edad de ese güevón. ¿No ve que apenas llevo 100 años trabajando con él?

Ya grande, Cosiaca estuvo en las ferias de Manizales y en una urgencia SE tuvo QUE CAGAR detrás de un árbol en el parque de Bolívar, pero un policía lo vio y lo amenazó:

⸺Cochino Cosiaca, le voy a dar parte al alcalde.

⸺Si quiere désela toda señor agente, respondió cosiaca mirando satisfecho la obra que acababa de realizar al pie del árbol.

El policía se fue muy ofendido y Cosiaca se puso a dar vueltas por el pueblo hasta que se enamoró de un carriel muy bonito que traía un Marinillo, de cuero de nutria.

⸺¡El Marinillo tenía cuero de nutria, tía?

Carriel o guarniel de Marinilla, también los hay de Jericó.

⸺No pendejo el carriel era de Nutria, en esa época mataban las nutrias y los tigrillos pa hacer carrieles y resulta que el Marinillo era un rico muy humillativo y llamó al policía para ponerle la queja: Que Cosiaca no hacía sino mirarle el carriel, que talvez quería robárselo.

El policía que estaba berraco con Cosiaca, lo agarró de la ruana y lo llevó donde el alcalde don Marcelino Palacio

⸺Ese carriel es mío dijo cosiaca. Señalando el hermoso ejemplar que traía terciado el marinillo ⸺Me lo robaron en Salamina hace tres días.

⸺Muy sencillo Cosiaca, ⸺respondió el alcalde, que era hombre salomónico⸺, diga usted que tiene el carriel para saber si de verdad es suyo. Pero si no acierta, lo meto a la cárcel por injuria y calunia.

⸺Si señor alcalde. Yo me sé de memoria las cosas de mi carriel, dijo Cosiaca y empezó a enumerar:

En ese carriel tengo una vela de cebo (para alumbrar de noche y para untarme en las peladuras porque desde Medellín hasta aquí me gasté una mula y dos culos)

El alcalde sonrió y efectivamente encontró la vela en el carriel. ¿Y que más tiene Cosiaca?

⸺Tengo una camándula (para rezar el rosario porque soy muy católico), tengo los dados (porque me gusta el juego más que a un gato chiquito), una peineta de plástico azul (que le falta un diente) Un espejo (que por detrás tiene la estampa de la virgen del Carmen), una pastilla de Mejoral (porque mejor mejora mejoral) y otra de Anacín (que al dolor le pone fin).

El alcalde iba sacando esas cosas y Cosiaca seguía diciendo:

⸺Tengo una aguja de arria (para coser costales), dos metros de cabuya, un atao de tabacos (desde aquí hasta Neira me gasto dos tabacos) un yesquero (para prender los tabacos) un trompo (cójame ese trompo en la uña) una pirinola, una barbera y una navaja capadora (pa pelar naranjas), Un frasco de Sal Vida Lister (porque no es el corazón el que regula el amor sino el hígado y un hígado aliviado es amor asegurado)

El alcalde muy asombrado seguía sacando las cosas y las ponía sobre el escritorio ante el desconcierto del Marinillo.

⸺Tengo el almanaque Bristol (la guadua se corta en menguante), el Tricófero de Barry (para la caspa voladora) Alhucema (para el dolor de cabeza) Vic-vaporub (se frota y basta), una lupa (agáchese y me lo chupa), agua florida de Murray y Lanman, un tute (porque yo a cualquiera le hago LAS CUARENTA), tengo un cóngolo (para la buena suerte), una herradura vieja, la uña de la gran bestia, la emulsión de Scott (con aceite de hígado de bacalao), la novena del niño dios (disque San José era padre putativo de Jesús. Que grosería) un ajo macho, una pata de conejo, unas alpargatas de repuesto, un reloj (marca ferrocarril de Antioquia), un frasco de BAY RUM siete medallas (para después de la afeitada, pero en caso de emergencia me lo tomó pa desenguayabar) tengo la foto de la novia y (un cachito de su pelo), y la foto de un amigo (y un pelito de su cacho).

El escritorio del alcalde ya estaba lleno de cosas y Cosiaca seguía recordando mientras el marinillo palidecía. Todo lo que el pillo enumeraba era inmediatamente encontrado por el alcalde y los que hacían corrillo, incluida la tía Clara, ya se estaban convenciendo de que aquel carriel pertenecía a Cosiaca.

⸺Tengo además una botella de tapetusa (con un trago en ayunas se matan todas las lombrices) un frasco de Piparzol (purgante de efecto mortífero), un poncho de cuadritos, un pote de Vaselina (usted sabe pa qué señor alcalde) una pasta de jabón de tierra, un parche de cariaña (para las heridas de machete) Pomada Merey (para las heridas de bala) bicarbonato (para la pedorrera) una copa aguardentera, una cuchara de palo, un plato de peltre y un pocillo y una tusa ( para las diarreas). Un limón (el limón es el medico de los pobres) una dentadura postiza (de repuesto), un pañuelo rabo de gallo, un cuero de culebra enrollado, una estera de guasca de plátano y una cobija (porque uno nunca sabe dónde lo va a coger la noche), un canasto para coger café, un zurriago (para espantar los perros bravos) una parrilla para asar arepas (el que no se voltea no se asa), una máquina de moler maíz y cinco morrocotas de oro.

⸺Definitivamente este carriel es suyo dijo el alcalde. Enseguida le entregó el carriel a Cosiaca y metió a la guandoca, por ladrón al Marinillo, que juraba que el carriel era propio y suplicaba que le dejaran siquiera la plata y los tabacos.

⸺¿Y usted Cosiaca como se acordó de todo? Le preguntó la tía por la noche en la tienda cuando cosiaca fue a celebrar con aguardiente amarillo de Manzanares.

⸺Pues porque todos los putos carrieles tienen las mismas maricadas, respondió el pícaro y pidió otra ronda para la concurrencia. Y todos se reían de sus ocurrencias.

La tía clara agradece a todos sus compinches por el apoyo y les amda decir que comenten y pregunten y compartan zumbambicos.

El FLACO JIMÉNEZ

Escritor, cuentero y actor. Licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad de Caldas. Participó en el X Festival Internacional de Narradores “Abrapalabra”, en Bucaramanga; en la II Muestra Iberoamericana de Narradores Orales de Medellín; y en las ediciones XX y XXI del Festival Internacional de Teatro de Manizales. A nivel internacional ha sido invitado a participar en encuentros y festivales de Viena, España, Holanda y Estados Unidos.
Sus shows más destacados han sido: Un paisa en la otra vidaEl negro Manuel Los tres genealogistas.
Algunas de sus obras son: Amalia se fue a las nubes (1993) y Rosado arrojo (2016).
http://babeliantes.blogspot.com/2019/02/adenda.html
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Los días de labinA en aípA


labinA escuchaba miles de cantos de cigarras, emitían frecuencias que se movían entre ondas de frío y de calor desde la tarde hasta medianoche, sus zumbidos no le rechinaban desde aquel miércoles de octubre, los pensó como un eco del cielo cuando nació Nubia su hija; como buen padre, recordó ese amanecer de hace diecisiete años cuando escuchó su gemido tras el primer canto del gallo que silenció a todas las cigarras. La niña lloró y tiritó del frío ya fuera de la comodidad del vientre.

Un eco del cielo. Roberto Matta – surrealista chileno

labinA había madrugado a despedirse de la luna que desaparecía tras el cerro de Tatamá, él se sentía al revés y sentado en la cocina, se examinaba todo el cuerpo porque creía lo había poseído una mujer gusano; estaba ahí confuso, tomó su pocillo de peltre, atento de la noticia de doña Rosario la partera. Ella le había anunciado un gran día y una buenaventura porque en esa semana millones de cigarras habían salido de la tierra después de un encierro de diecisiete años.

En siguiente época sonaban de nuevo las cigarras, ese tres de junio amaneció claro tras la lluvia, se tomó el tinto de los tragos de siempre y labinA presintió que se le escurría por sus tripas exteriores. Le dijo a Nubia que sintió las gotas del café cuando pasaban por el cardias, se movían como la sangre y le cayeron al estómago como a una palangana que lo revolvía y lo vaciaba en los intestinos. Sintió que su hígado colgaba del ombligo como agarrado de un gancho de carnicería. Su hija le palpó la punta del intestino y la naturaleza de su apéndice, lo sintió flojito y muy puntudo. Solo pudieron recomponerse de esa imagen cuando labimA se cambió la ropa para irse al cafetal.

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Roberto Matta

La finca del paisano labinA se ubicaba en una vereda vecina a la tierra de un médico compañero suyo durante la escuela primaria, Nubia le sugirió visitarlo porque de tanto en tanto los visitaba y lo sabía escuchar; tenía su pendejada; un especialista  en vaciar el bolsillo de sus pacientes, les atendía en sus lenguajes y los reconocía hasta en lo más profundo sus animosidades, sus malestares, sus perfiles psicológicos con sus imaginarios y los desajustes de su fisiología.

A labinA, así percibía su nombre, aunque lo real sería al revés, en los días de la cosecha lo visitó el vecino médico, le escuchó y examinó, le aguzó el oído a sus malestares. Acostado sobre la mesa del comedor le verificó con un tenedor forense las revolturas de su cuerpo; al tiempo, le entendía esas palabras de su arrevesado lenguaje: -rop íha rotcod, iha em agleuc anu asoc-  

Por cada parte que le palpaba, el hombrecito sentía el enrevesamiento de sus órganos. Escúchame: Debemos iniciar la recomposición de tus tormentos y mejorar tus descomposturas, me contarás tus sensaciones y te haré una operación. Y labinA lo miró —orep, ¿ose on áres yum orac rocod?—   y el doctor:  Humm…  No es ese el problema. Hombre, piénsalo, si en la cirugía y te saco la apéndice, tu tripitorio funcionará mejor y se reacomodarán tus órganos. Un mes luego de la operación y medicinas, el intestino grueso se habrá acomodado, sentirás gran alivio después de comer. Piensa que pasados sesenta días, podrás devorarte un toro o una bandeja paisa.

Nubia le replicó que era una solución muy costosa. labinA le explicó que era cuestión de vender seis vacas y tres marranos- Así la cirugía se pudo financiar.

Roberto Matta- La tierra es un hombre

Cuando labinA regresó de Medellín, hablaba a todos y lo explicaba con detalles, decía sentirse muy bien. Llegó al pueblo el día del mercado, era un hombre cambiado y su felicidad consistía en demostrarle a cada uno de sus vecinos la cicatriz de su operación. Parecía un soldado del Batallón Fudra, recién salido de mil batallas, se sentía un héroe de mil guerras.

Transcurrieron las siguientes tres lunas perdidas y aparecieron en los cafetales millones de arañas rojas, tejieron un manto blanco que amenazaba arrasar los cultivos. labinA percibió que se le habían metido por entre las orejas y los agujeros de la nariz, no sabía si por esa sensación de una procesión de arañas rojas que le andaban por todas partes, se le había volteado el cuajo. El médico vecino lo llevó a su clínica en su carro BMW hasta Medellín y lo operó; y así,  mes a año y temporadas, a más lunas perdidas, con cada aparición de hormigas arrieras, o nubes de cucarrones, invasiones de polillas, algo se descomponía en la mente de labinA y se reflejaba en su cuerpo. El médico vecino le hacía operaciones por hernias inguinales y problemas en el vientre.

El veintiocho de diciembre, labinA sintió un pulmón congelado y lo trasladaron a Bogotá donde lo metieron en un pulmón mecánico para descongelarlo y calibrarlo. Seis meses después, cuando labinA caminaba hacia adelante, sentía que la sangre se le devolvía, y al revés, cuando caminaba hacia atrás cot cot cot; el asunto era grave, lo llevaron a Miami donde le aceleraron el flujo sanguíneo que se estaba atascando en las venas y le acomodaron el sistema circulatorio tras una cirugía de corazón abierto.

Con cada cambio de luna a labinA se le removía un imaginario telúrico con sonidos de la tierra y ruidos de animales, los gusanos picudos que roían en las palmas, las nubes de libélulas y resplandores de cocuyos. El médico miraba los fenómenos que anunciaba el almanaque Bristol satisfecho, a cada cambio de temporada le añadía una operación; aunque se gastara una fortuna labinA se mostraba más y más feliz.

En la plaza de aipA, antes de la misa mayor en el día del mercado, a labinA lo rodeaban los campesinos y muchos visitantes. Le preguntaban por su estado porque ya era reconocido con un personaje exótico; y él, se quitaba la camisa y se bajaba los calzoncillos para mostrarse  a todos; así explicaba, cada vez mejor y a cada uno las circunstancias de los fenómenos de la vida natural cuando le dejaban sus desarreglos físico y orgánicos, y como su médico amigo se los cura con sus cirugías. Su cuerpo era un mapa de cicatrices y huellas de una guerra mundial donde todos ganaron, los cirujanos dejaron sus marcas en el cuero de labinA y en los $$$ de las finanzas en la clínica del médico.

LabinA, a pesar de sus dolencias y en su heroicidad imaginaria, con su conversa arrevesada de siempre, era una lanza en los negocios, siempre hubo vacas lecheras, marranos para engordar y cultivos para financiar sus aventuras con los cirujanos.

Roberto Mata
Roberto Matta  – arquitecto, humanista y pintor surrealista chileno Roberto Sebastián Antonio Matta Echaurren, más conocido como Matta, fue un arquitecto, pintor, humanista y poeta chileno . Considerado el último representante del surrealismo.

Perdí durante muchos años el rastro de labinA. Sus hijas crecieron y se fueron a buscar fortuna en España y Estados Unidos. Nubia sentía su ausencia y le convenció; vendió las tierras y llevó a su padre en la tercera temporada cuando regresaron los cantos de las cigarras.

La semana pasada, lo encontré en una revista de farándula, retratado ahí, era un personaje en una página central, el protagonista de un reportaje. Su figura más joven, un labinA renovado y en las ondas de la moda con un peinado punk. Tenía todo su cuerpo repleto de tatuajes y rejuvenecido facialmente por efecto de siete cirugías plásticas, le seguían quince reporteras a quienes habló de sus cirugías. Ya era una figura del Jet Set. Había participado en películas y en un reality show sobre permutaciones humanas a partir de aprendizajes y hechos experienciales

No sé si sea labinA y tampoco lo dudo; aunque, algunos de sus descendientes están en las ondas más rarísimas del postmodernismo; conocí a uno de ellos a quien apodaron gusano en recuerdo de las extravagancias de su abuelo; y como dicen por ahí, dizque todos tenemos un doble.

Existe un alguien que anda por ahí perdido en el mundo, a lo mejor sea ese el doble de labinA. Lo malo es, como dice Fabio Alzate, que si llega la circunstancia cuando uno se encuentre con el doble, el uno es el positivo y el otro el negativo, entonces los dos estallan y se esfuman sus moléculas y continúan entonces, una serie de estallidos atómicos como la otra gran explosión para otro universo. No sé si sea verdad o no, y no me han dicho si labinA ya tendrá la contra para eso.

Santiago de Cali, Marzo de 2018.  

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Dos viejos de montaña y sus asesinos.


En “El libro de las maravillas”- relatos de Marco Polo- Aquel mercader desde Venecia viaja a Catai – Norte de China y regresa por Malaca, Ceilán, India y Persia. – Sep. 15 – 1254 a enero 8 de 1324- Traducción de Francisco Gijón. El viajero relató a Rusticelo de Pisa, su auténtico escritor que redactó este libro en léxico francés y sintaxis veneto, ambos en prisión de Génova (1298 – 1299) y generó sus fantasías apoyado en lo escuchado de marineros y comerciantes.

En este libro hay un pasaje: En su lengua se llamaba Aladino, según decía Marco Polo , era “El viejo de la montaña”, diferente al cuento de la lámpara; así como ha existido un Carranza colombiano, diferente al Venustiano Carranza revolucionario de México y a Eduardo Carranza el poeta.  

El viejo de la montaña y sus asesinos

Escuchó Marco Polo: un Muleet que significa herético según la ley de Sarain, había ordenado convertir en lo más bello, un jardín como jamás se había visto en un valle entre dos montañas. Allí habría los mejores frutos de la tierra, un parque con mansiones y palacios. Un edén con una fuente al centro y un caño donde pasara vino, en otro leche y otro de miel.

El Viejo de la montaña convenció a sus súbditos que aquello era El Paraíso, porque Mahoma había escrito a los Sarracenos que quienes van al cielo, tendrán cuantas mujeres hermosas apetezcan. La construcción de ese jardín se hizo como aquel paraíso de Mahoma, con fuentes de vino, leche y miel. Los Sarracenos así mismo creyeron en el viejo.

Ilustración El Viejo de la montaña – tomado en Wikipedia

Aladino atrajo hacia su corte a doce jóvenes que habrían de convertirse en asesinos. A su entrada inexpugnable nada entraba; a ellos tras un brebaje, los llevaron adormilados. Ya despiertos en su recinto, les convenció que estaban en el cielo, con damas y damiselas y tenían cuanto deseaban en compañía de El viejo de la montaña, quien era su profeta.

Allí los adiestraron sobre el uso de las armas, convencidos que así eran los valientes del paraíso; cuando el viejo requería un emisario, le daba su brebaje y despierto en el palacio le indicaba su misión. Aunque teman de morir le cumplen, están en el paraíso e irán después al propio cielo donde serán señores. Al regreso a su corte, alguno es ejecutado por emisarios para guardar secretos, el viejo festeja su gran hazaña y conoce por testigos quien ha sido el más arrojado.

Os dejaré en este punto el libro Marco Polo, sin referirme al año 1562 del nacimiento de cristo, cuando Alan, el señor de los tártaros, le puso su final al Aladino, El viejo de la Montaña.

Espejos en la montaña

Fura y Tena – Tomado en la página del municipio de Otanche

En el paraíso de las esmeraldas

Muiscas y otros indígenas americanos han creído que el mundo son tres estados: un supramundo arriba, el inframundo abajo y el mundo del medio donde están los humanos.

En una parte de este mundo estaba lo que Cristina Ulloa me definía como “El Valle de las viudas”, un poblado cercano a dos montañas Fura y Tena, patrimonio cultural en una zona donde están las más ricas fuentes de esmeraldas, los indígenas muzos habrían librado feroces batallas con los conquistadores españoles para no revelarles aquellos yacimientos. Las más valiosa gemas de allí ha sido la esmeralda Emilia. 

La esmeralda Emilia

Otanche es parte de un paraíso perdido donde existen Fura y Tena, par de montículos en honor a su leyenda. Por allí el dios Are, al haber creado el mundo percibió que faltaba algo, vio unos juncos y de uno formó la creatura más bella a quien llamó Fura – mujer. Intentó repetirla con un junco mayor del que salió Tena – hombre. Al toser sobre ambas figuras les dio vida y os dejo a investigar o la intuición lo siguiente de este pasaje.

En poblados de aquel paraíso esmeraldero, donde las mujeres han llevado la peor parte. Muchos hombres eran educados para una guerra en que atacaba y se defendía el Señor de las esmeraldas, “donde pasa el Zar brota una gema” decían sus compañeros.

En Otanche existía un internado para los niños huérfanos, El señor del paraíso de las esmeraldas los visitaba cada semana y obraba como padre y protector. Los jóvenes crecían, les entrenaba sobre las armas, tras él aprendieron a obrar en los grupos armados en las guerras del Zar de las esmeraldas. Cuando triunfaban eran amos y jefes en el supramundo de los esmeralderos y si morían serían parte de un inframundo donde Are les guardaría energía en un lugar donde nacerían más esmeraldas. 

El Zar generó la bolsa mundial de las esmeraldas y fue ´poseedor de Fura y Tena, las dos esmeraldas más valiosas del mundo.  

Os dejo más de esta historia en:

https://es.wikipedia.org/wiki/V%C3%ADctor_Carranza

Ya no hay guerra, pero persiste la pobreza, la falta de oportunidades y la ausencia del Estado. Son casos las guaqueras, las viudas de la guerra verde y las trabajadoras que por primera vez entraron a competir en un negocio dominado por los hombres.

El paraíso de las esmeraldas
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Tiempo y paisaje cafetero


En mi mente se mueve un caleidoscopio generador de imágenes cambiantes de una existencia inteligible. La estudio e indago en otras mentes y palabras, busco cosas escritas, fotografías, datos para dilucidarla y entenderla.

Escribo desde reflexiones en mi libro «El Congal. Diáspora y bordado»

Algunos me han descrito su trasegar histórico, creencias y emociones que condicionaron sus estilos de vida en otros tiempos y el presente. Percibo sus retratos mentales más auténticos, sus imaginarios, esos atavismos mentales que les enlazan lo remoto a lo cotidiano.

Luis Antonio Toro Osorio, oriundo de Marsella, cuando era Caldas, casado con Elena Vargas, salió de Marsella y tras sus revueltas, fue alcalde de Armenia en noviembre de 1967 a septiembre de 1968. ¿Quién le marcó ese rumbo? Su experiencia de migrante al Quindío demuestra esa capacidad para apropiarse de escenarios y momentos decisorios. Circunstancias que se interpretan y se adaptan.

Asumimos tiempos y posiciones para situarnos en la historia, a veces nos sentimos un punto del presente que navega entre ondas del tiempo líquido que hace parte del universo; en otras, circulamos en un disco de acetato, giramos en formas diversas porque un disc-jockey nos pulsa, somos vibraciones con curvas y circunvoluciones de tiempo sónico que van y vienen, sonamos con emociones.

Persona es ser y sonar. Corremos entre el humo de la historia para alejarnos sorprendidos en una elipse que nos hace regresar al origen impregnados de tiempos futuros, recogemos pedazos vitales del pasado y los metemos en nuestra mochila experiencial, somos maneras de ser y de estar entre la vida, vida que es ayer y hoy, logros día a día hacia el futuro. Actuamos con actos de habla, sonamos con recuerdos y emociones.

Cada casa donde habité en Marsella, Pereira y Cali Viejo puede contener una novela. Aprendí del mito del oro que está emparedado en una casa que ocupó Vicente López, el primer alcalde de Marsella. ¿Qué pudo satisfacer aquel metal que solo dejó esa leyenda imaginaria?

Somos formas de existencia, realidades de tener intemporales, el oro y los metales, u objetos que se desgastan y deterioran, las cosas nos reflejan y en ellas las personas y su roce al paso del tiempo.

Valoramos las casas antiguas y fundacionales por cuantos más hechos hayan sucedido allí y sus ocupantes más hayan dejado en su huella cultural. También se revalora o desmejora lo construido; se transforma en instalaciones para el negocio del turismo que las captura y transforma como las cosas de la economía naranja.

Objetos y personas, sujetos al diapasón de modas y afanes de ostentación, lo presente que es del pasado, aunque sea parte subjetiva del ser presencial presente. Estamos entre la sociedad del más, cada día más y más cosas de modas pulsadas por la locura del consumo efímero, somos banalidad y realidades aparentes, las asumimos, disfrutamos y cabalgamos en sus ondas y olas inmensas de tendencias que nos pueden disolver entre adicciones. Es la complejidad en la era del ser distinguido y replegado en la realidad de tantas relatividades.

Nuestro desafío es hacer del paisaje cultural cafetero un valor más perenne y mejorado ante el cambio planetario. La tierra nos da señales, nos desafía la movilidad terrestre que a veces es imperceptible aunque este a la vista desde las fallas en el suelo que son parte del trazado de las placas tectónicas. Nos alertan las noticias del cambio climático con el mayor dinamismo de las aguas que con vida y transformaciones.

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En los días atrapado


A veces uno escribe y no publica. Escribe y duda por la angustia de este tiempo cuando el mundo arde y también hay situaciones congeladas. Comparto lo que nos han dado quienes nos hacen pensar.

https://mastersofphotography.wordpress.com/2021/06/12/fernando-moleres/

Fernando Moleres es un fotógrafo vasco, nacido en 1963 en Bilbao, que vive en Barcelona y realiza fotografía documental socialmente comprometida.

Tanto he vivido sin haber vivido.

La vida es un viaje experimental, hecho involuntariamente. Es un viaje del espíritu a través de la materia y, como es el espíritu quien viaja, es en él donde se vive. Hay, por eso, almas contemplativas que han vivido más intensa, más extensa, más tumultuosamente que otras que han vivido externas. El resultado lo es todo. Lo que se ha sentido ha sido lo que se ha vivido. Uno se recoge de un sueño como de un trabajo visible. Nunca se ha vivido tanto como cuando se ha pensado mucho. Fernando Pessoa

Yo soy aquella mujer que escaló la montaña de la vida removiendo piedras y plantando flores

La Canción de una sirena.

He tomado esta reflexión desde un blog que siempre me incita hasta cuando me hace pensar. https://lacanciondelasirena.wordpress.com/2021/08/20/tanto-he-vivido-fernando-pessoa/ Es una obra que está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 3.0 Unported.

Encontrarás a los que se deleitan con las artes liberales y sus estudios, ¿no vemos que no se preocupan de su salud ni de su hacienda y que todo… lo soportan dominados por el deseo de conocer y de saber, considerándose pagados de las mayores preocupaciones y trabajos con el placer que encuentran en aprender? Encontré esta cita de Cicerón en El Canto de un sirena

https://lacanciondelasirena.wordpress.com/

He tomado de Wikipedia esta nota sobre José Luis Sampedro Sáez (Barcelona1 de febrero de 1917Madrid8 de abril de 2013)123

Fue un escritorhumanista y economista español que abogó por una economía «más humana, más solidaria, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos». En 2010 el Consejo de Ministros le otorgó la Orden de las Artes y las Letras de España por «su sobresaliente trayectoria literaria y por su pensamiento comprometido con los problemas de su tiempo». En 2011 se le concedió el Premio Nacional de las Letras Españolas.4

https://mastersofphotography.wordpress.com/ En Mírame y se color. Encontrarás hermosas fotografías de los mejores fotógrafos.

Nos indica su autor. Mírame y se color es un sitio diseñado para compartir el gusto por la fotografía y a los artistas de mi preferencia. No tiene ningún otro propósito aparte del placer estético. Sin embargo, si un autor se siente ofendido por la publicación de sus obras, serán retiradas de inmediato en cuanto me lo solicite.

Fotografía de Fernando Moleres en Mírame y se color. https://mastersofphotography.wordpress.com/2021/08/17/fernando-moleres-2/

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El tiempo relativo del Grillo


En tiempo de mi infancia que no sabría precisar, miré aquel espacio del portón donde distinguí al Grillo Arturo López con cara de no haber desayunado, estaba estacionado al pie del quicio y la sombra mañanera se inclinaba ante su frente.

Sin hacer el menor ruido y sin notarme entré a un cuarto del primer piso donde tenía su estudio Carlos Arturo, el hijo, entre un ambiente de trasteo que siempre permanecía así para cualquier viaje mental. Estaba tan delgado en esos días, que en la escuela Julio Ángel, no sabía si endilgarle el apodo de Grillo o de Palillo.

Desconocíamos que al señor Grillo lo querían extorsionar y se libró de esos bandidos porque intervino don Chuchi Sierra.  Gilberto aún muy niño, no supe si me miraba o estaba en otro mundo, fijaba la visión con su estrabismo loco y complicado de pensador; algún día lento, dejó una de esas miradas colgada bajo un nido, observó a los pájaros en un el limonero del patio del vecino, le observaron y trinaron, en ese instante se alinearon sus ojos; a los cuatro días en ese vecindario nació una niña estrábica que a los años también envió a otro lado ese trastorno que andaba por Marsella entre los nidos de los pájaros.

En su casa tras lecturas y poemas, una tarde luminosa, el Grillo Carlos Arturo, tomó un prisma, cerró la puerta y escogió una hendija por donde se filtraba la luz, lo situó ahí, observamos que el mundo es una gama de los colores, existen tonos que no vemos, reflejos que alarman y paralizan, podríamos teñir el tiempo para darle a los días los matices que necesitemos y así no nos dejaríamos apagar porque nos perderíamos entre las oscuridades de la ignorancia y lo desconocido.

Mañana tras mañana nos envolvíamos entre luces de arco iris. Con una tiza, trazó en el tablero su siempre ahí, dibujó bocetos de un mapa sideral con rutas de planetas, perfiló simulaciones del movimiento según las leyes de la distancia y la gravedad, estrellas y asteroides con rayones y objetos complicados, las huellas de las cosas al caer dentro del agua, como si no fuera el agua, sino un espacio denso y el pensar en el vacío con poca gravedad.

Entramos en la idea de la velocidad de la luz entre distintos campos gravitatorios, usó velas y linternas, luminiscencias enfocadas al giro de un mapamundi con cambios de velocidades que trastocaban el paso de días lentos, largos, dilatados e infinitos. Éramos amos y pobladores de un planeta donde vivíamos los cambios de los tiempos, las desviaciones de la luz en un espejo y a través del agua; leíamos y experimentábamos, así me acercó al tiempo relativo en la física de Einstein.

Pensamos: —El tiempo era solo un reflejo de la eternidad en la pantalla del teatro de Marsella—. Concentrados, escogimos un momento y pusimos a viajar a dos seres entre un rayo de luz a través del tiempo y el espacio, nosotros acá en las lomas del Mil ochenta de Marsella, detenidos entre una onda de fuerza gravitacional deformada entre la violencia y nuestro tiempo, ellos más allá montados en otra onda del tejido del espacio temporal como lo simula el cine.

Queríamos que superaran la velocidad de la luz; los despachamos, ser y tiempo es complicado, el ser es solo un hoy en el presente, más allá no se es, se está en el tiempo y el futuro, se está entre el cálculo de las probabilidades más complicadas.

Un miércoles de calor y viento largo, el cielo de Marsella anaranjado, estábamos ahí, dimos una vuelta hacia la Calle de la Agonía y al regreso, visitamos a don Julio César Giraldo Vélez, quien en los tiempos de peladez convertía la mesa de corte en una mesa de dibujo y pintaba al óleo, entre el albedrío de un creyente del milagro y de sus días, un Cristo Sembrador brotó de su pincel y no le dio la cosecha que esperaba. Miró hacia una cortina rota que se movía con los sonidos de una garra de gato juguetón sobre el hule de la mesa. 

Regresamos, la calle igual todo era igual, lo cotidiano ahí.

Al llegar nos abrió la puerta nuestro viajero del espacio y otros días, venía desde el futuro por el túnel del tiempo, esperábamos a un anciano de trecientos cinco años, lo habíamos construido más allá de la relatividad de nuestro tiempo, pero él nos percibió de otra manera, se había transportado entre anchuras adversas, su materia se fusionó con luz en las ondas del tiempo de la relatividad y duraciones cuánticas; de pronto ahí, los ancianos éramos nosotros mismos, éramos los trescientos cinco años y él había transcurrido en tiempo hacia atrás  del nuestro en menos de lo que demora un hombre en cambiarse la camisa.  Solo percibíamos su sombra y fantasía.

Estuvimos entre tiempos muy complejos y la mente se nos volvía un hervidero de interrogaciones.

Pienso en estas vivencias de mis primeros años en una tierra de ceniza, no era justo que el mundo de la relatividad de los violentos de Marsella nos aplastara, ni a nosotros ni a nuestros padres. Sonaba un tic toc en la pared, un péndulo de aquella antigüedad desde los tiempos del alcalde Vicente López, cansado de moverse, ese reloj marcaba con una sola manecilla algún instante entre las 9 y las 10, ese tiempo inexpresivo señalaba el sentido claro de nuestras afirmaciones relativas a nuestras dudas sobre el tiempo.

Había un pequeño espejo descolorido que al mirarse en ahí negaba nuestra flacura de esos días, entre su oscuridad se desvanecían nuestras imágenes y apenas recogía la luz que se negaba a asomarse a la oscuridad del cuarto, mostraba un destello opaco que reflejaba el caos que queríamos explicarnos. 

Recordé al escribir esto y pienso ahora mis tres años y aquella noche ocho años antes en Chinchiná, entonces me asombraba mirando el tren y quería irme más allá, monté mis imaginarios y me volé encima del tapete que mamá usaba al lado de la máquina de coser, allí se pararan las damas a medirse los vestidos; y sobre aquel tapete, volé por la ventana a remontar las nubes y las luces de una noche de luna llena y estrellada, quería un viaje al infinito en busca de un ramo de estrellas para regalarle a mi mamá porque había nacido Fernando.

Música y Letra por: Flor Amargo Realizadores Alfredo Suárez y Montserrat Castañeda
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Confidencias ante un reclinatorio


Era  un mueble para el uso de altos jerarcas del clero católico, ahí actuaban en momentos de rezo y actos religiosos: simulaciones de pesadumbre y contrición, rituales de meditación, introspecciones al contacto con el universo en los predios del cielo y los estadios de Dios. Arrepentimiento y penitencia.

También les ayudó a sentirse distinguidos al ocupar un sitial en la vida litúrgica donde evitasen mezclarse con las clases sociales más bajas. Allí calmaron momentos de tensión. -Existe una hora del día cuando  os ponéis cachondos, con ganas de sexo-, como dice mi Luna Valenciana. Y sin manera de echar un buen polvo. Se meditaba entonces en el niño Dios, quien se conformó con una pobres y humildes pajas.  

Dicen que los reclinatorios se datan desde el siglo XV como el más reconocido de los muebles eclesiásticos. También ocupaban sitial en las casas de familias adineradas. Son parte del mobiliario diseñado en Viena en la línea del arte religioso.

A la Nueva Granada, acá del mar de las Antillas, trajeron los jerarcas españoles su mueble de rezo y uso privado, como era usual en las iglesias europeas y para la moda de quienes quisieron posar de nobles, aquellos que habían traído enfermedades rancias entre su mugre y sus costumbres desaseadas; se arrodillaron ahí sus ambiciones y desviaciones criminales para someter a la población nativa.

El reclinatorio era su lugar para empatar las cuentas que se saldan con letanías, oraciones y gestos de compunción y pena. Quien intenta obrar mejor, el que peque y rece, empata. Hasta logra tener en sus cuentas con el cielo un buen saldo de indulgencias plenarias otorgadas como tabla de salvación por la iglesia católica.  

En Marsella, Chinchiná, Manizales, lugares por donde peregrinó mi infancia y en Pereira donde me convirtieron en devoto y rezandero en el Seminario Menor San José, el reclinatorio era el mueble de alcurnia e iglesia mayor. Ornamental de la madera más fina, de estricto uso privado, con pasamanos y asiento acolchado para las rodillas. El campesino lo nombró el arrodilladero de los ricos porque en los asientos de la iglesia, duros y rígidos, tenían los otros su arrodilladero de penitencia. Algunos también usaron el suyo más rustico con arrodilladero de almohadón. La mugre del suelo donde nace y crece la vida los ornaba.

El compadre José Ezequiel Ramírez Salazar, con su tono de campesino malicioso y vivaracho del dueto “Emeterio y Felipe, Los Tolimenses», definió al reclinatorio como aquel mueble donde uno se arrodilla para arrepentirse de los pecados cometidos en otros muebles.

Algunos reclinatorios se diseñaban con un cajón especial para objetos rituales y el culto, estaban marcados con el nombre de su dueño, hombre o mujer. En un museo de Boyacá  indagué aquel nombre y hablaron de un pecador rezandero y muy bandido, de quien decían se quitaba las calzonarias y caían arrodillas en busca de una morocota  que se le perdió en los cajones del tesoro del cura, dizque allí rezaba siempre por temor a los truenos y a los ecos de los balazos que amedrentaron a quienes amenazaban sus enviados, fuera para  quitarles la tierra,  o para cubrirse de las maldiciones de aquellos a quienes compró su tierra más barata.

En un templo capital un gran señor ocupaba su propio reclinatorio y su silla privada, un sitial de poder cercano al círculo sagrado del obispo, aquella zona que demarca el campo energético de ciertas dignidades con apellidos rancios. Mueble de jerarquías y heredades para el uso de familias elegidas por la iglesia de Dios para dirigir el rebaño de la feligresía con su cayado y sus armas, con potestad civil o religiosa con fuerza política. Con esa iconografía emblemática de cruces y cadenas de oro y plata y sus armas.

En los santuarios de muros gruesos y rayos solares filtrados, con obras de arte con marco emplomado, el mundo es menos gris hacia donde unos rayos de luces se infiltran con la magnificencia que otorga el diseño de los arquitectos sagrados para que la irradiación acaricie el lugar de los reclinatorios, altar, la silla del obispo o el párroco.

En Tuluá me hablaron un chisme que aseguran con tono de verdad. Rumores que son media verdad y mentira. León María Lozano, El Cóndor y gran jefe de los pájaros en los años de la violencia entre liberales y conservadores, sobre quien Gustavo Álvarez Gardeazabal escribió su novela “Cóndores no entierran todos los días”.

Aquel señor Cóndor, amigo del presidente Rojas Pinilla a quien dicen le hablaba con autoridad, el mismo León María Lozano, tenía su reclinatorio, obra de un ebanista ecuatoriano, con tres compartimentos: el primero para el misal y la Imitación de Cristo de Tomás de Kempis, en el segundo dos camándulas, una criolla de chumbimbas brillantes ensartadas en hilos de alambre trenzado y otra camándula ayurveda con lágrimas de San Pedro ensartadas en alambres de plata. El tercer lugar para el revólver con una medalla, el obispo le bendijo estos objetos en Santa Rosa de Osos como elementos protectores.

En un pueblo católico y culto como Apía, pocos reclinatorios, ese trebejo es un encarte cuando se carga para ir a la misa en un pueblo faldudo, más aún con la costumbre de arrodillarse con frecuencia en los cultivos, ante las flores y ante la música. Solo recuerdo a Gerpul cuando le dijo a la Mona Patoja. -Mona, ¿Cuánto me cobráis por una arrodilladita?…   Y ella le dice: -Depende de la desmayadita.

PAENFTS – SOLO LE PIDO A DIOS (Cover/León Gieco) Prof. Music. Christian Alejandro Poma Torres

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Ciudad con alma de gato


Decía Tejadita. Gatúbela madrugó a engatusarme con admiración y simpatía. Había leído sus cosas y se extasió cuando habló con la mujer madera, decía ella. He visto tus bocetos de gatos.  Corría tras ella como gato y la seguía a hacerse un oso y mirar el mundo de otra manera. Ella le llevó a su mundo gatuno.

Gato en madera. Hernando Tejada. https://www.hernandotejada.com/vida/

Me transportó a su mundo; dijo, vimos egipcios antiguos con sus gatos, son sus seres divinos. Hablamos con su diosa Bast (Bastet) con su cabeza de gata.

Gatúbela orgullosa y enojada. Al despertar encontramos un gato muerto en un andén hacia San Antonio. Mirá este tiempo, estamos jodidos; dijo, no amamos, ¡vamos a sepultarlo! Y la acompañé a llevarlo por el camino de su tiempo hacia ciudad Bubastis, otra vez Egipto antiguo, allí hallamos un cementerio con gatos momificados. Lo dejamos. Le esperaremos en las dimensiones de otra vida.

En otra cuadra por Bretaña se incendió una tipografía hace tres noches, una amiga había auxiliado a un gato, se salvó cuando saltó a otra azotea; el pobre ahí, encerrado. Los bomberos creyeron que traía mala suerte.

Gatúbela me narró de su historia y Herodoto: los egipcios en un hecho como este; lo primero, salvar a los gatos, luego lo que se pudiera. Si alguien mataba a uno de ellos, era condenado a muerte.

Estefanía la mujer telefonía – Hernando Tejada – Museo La Tertulia – Cali

Me gusto esta Gatúbela historiadora, me llevó a sus noches y leyendas de la Edad Media: mírame aquí tan incógnita, sola, ni una gata más en esta calle, ya no me vinculan con brujos, ni con hechiceros, a los gatos nos tenían miedo. Quisiera ir con ella a la tierra de los Celtas, retroceder más tiempo en siglos para entrar por sus ojos gatunos que son puerta al reino de las hadas.

Tejadita en aquellos, días metía toda su alma en sus gatos. Dejó esperanzada a la mujer madera. Su gato preferido quedó instalado por los lados de Normandía en la rivera del rio Cali. Cautivó a los caleños. Se le arriman, los seduce, los deja atónitos y hasta se llevan una fracción de esa alma gatuna a sus casas; sin saberlo, la dejan con sus calorías en cada mueble donde se sientan. Desde ahí salen sus almas a divagar hasta encontrar a algún gato agobiado que las acoja.

Algún día le llevaron novias creadas por artistas al gato de Tejadita. Es otra historia que le dejó Gatúbela en un sueño a Alejandro, él sobrino del artista. Las gatas querían estar ahí, Gatúbela llevó imaginaciones a los artistas pintores y por eso los caleños aman a los gatos igual que ellos a sus gatos.

Alguna vez escuchamos en la orilla del Rio Cali que alguien hacia sonar una flauta cuya melodía se entonaba con almas de gatos, los oídos no lo captaban, pero las emociones si estaban a tono porque ellos también la llevan en el laberinto de su hipotálamo. Desde allí portan su alma a sentir su territorio.

Alma de gato llevan: los animales del Parque del Perro, la zarigüeya de Unicentro, las iguanas del Parque La Hacienda, los gallos del barrio Belalcázar, las tórtolas de los semáforos en el paraje de Cien Palos, el pájaro amarillo que se posa y canta en las flores amarillas de las acacias en la Calle Quinta, el loro pico largo de San Antonio, los patos del lago en Cauquita, las ardillas del Ciudad Jardín, las palomas de la Calle Quince que se vuelan hasta el cerro de Cristo Rey y las garzas del corredor del ferrocarril. Búhos, iguanas, babillas, tortugas, guatines, peces, sapos, lagartijas y todo tipo de animales conviven con los caleños en su ambiente lleno de árboles. Todos con almas de gatos.

Charles Baudelaire

EL Gato  

En mi cerebro se pasea,
Como en su casa,
Un lindo gato, fuerte, dulce y tibio.
Cuando maúlla se le oye apenas,  

Tan tierno y discreto es su timbre;
Por más que su voz se apacigua o retumba,
Es siempre rica y profunda.
He ahí su calidez y su secreto.  

Esa voz, que brota y se filtra
En mis fondos más tenebrosos,
Me llena como un verso numeroso Y me regocija como una pócima de amor.  

Ella atenúa los más crueles males
Y detiene todos los éxtasis;
Para decir las frases más largas,
No necesita palabras.  

No, él no es el violín, instrumento perfecto,
que muerde mi corazón,
pero hace, más regiamente,
Sonar su cuerda más vibrante  

Que tu voz, gato misterioso,
Seráfico gato, gato extraño,
En quien todo es, como en un ángel, Tan sutil como armonioso.  

II  

De su piel rubia y morena
Brota un perfume tan dulce, que una tarde
Fui embalsamado por haberlo
Acariciado una vez, sólo una.  

Es el espíritu familiar del lugar;
Juega, preside e inspira
Todas las cosas de su imperio;
¿Puede ser un hada, un dios?  

Cuando mis ojos son atraídos,
como por una amante,
hacia ese gato que amo,
Se vuelven dócilmente
Y me veo a mí mismo.  

Miro con sorpresa
El fuego de sus pálidas pupilas,
Marchita claridad, ópalos vivaces,
Que me contemplan fijamente.  

Versión de Antonio Cajero
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MEMORIA DE UN TIEMPO


VII Juan Francisco Quevedo

Poesía para vivir. Nos presenta semblanzas de un tiempo joven. Cuando leo lo siento mío, como buenos hijos de nuestro tiempo siempre seremos jóvenes. Hemos visto llegar para quedarse las costumbres de la modernidad, se modifican y continúan.

«Se les llamaba hippies y hacían honor a la etimología de la palabra. Hip se usaba en la jerga de los negros y significaba algo así como colocado; era el estado en que los dejaba la marihuana o el ácido. Se extendió, después, para estos nuevos profetas de la modernidad que aparecieron en los sesenta y, de alguna manera, la palabra los acabó poseyendo«.

Todo cuanto presenta Juan Francisco en su página nos da buenas memoria. Un cronista magnífico.  

Juan Francisco Quevedo

(Museo de Boston) 1927 Edward Hopper-Drug store- En Greenwich N.Y.

Ayer y hoy del nº184 de Waverly Place Village

VII

ROCK Y DROGAS

Por supuesto, en esa lucha por experimentar con lo que ofrecían los tiempos, hubo que pagar un doloroso peaje que en su forma más auténtica acabó con aquel sueño de libertad, con la esperanza de haber hecho un mundo mejor. Las drogas mandaron al traste el espejismo que inundó el planeta de flores y cánticos alegres a la luz de las hogueras. Con aquel regalo envenenado se perdió, quizás, la oportunidad de haber hecho del hombre un ser más libre en una sociedad más justa.

Quien te mal faz mostrando grand pesar

guisa como te puedas dél guardar

Don Juan Manuel (El conde Lucanor)

Cuentan que por aquellos años se fabricaba un excelente L.S.D. en las, no lo olvidemos, factorías legales del químico Owsley Stanley, un hombre…

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Bamboleos entre la yerba y la luna


Fui maestro rural en la escuela La Estrella en 1964. Compartí momentos con el Negro Márquez de mi vereda Jordania – Apía. Moreno, buen bigote, patillas risadas y pinta de gitano. Compañía de la enfermera con su vida elemental, a veces profundo.

Se perdía en las trochas del cafetal al regreso de llevar la vaca a su potrero, se regocijaba al atardecer con su porro marihuano, prendido y delirante, se dilataba en sus momentos contemplativos a los pulsos de la vida, los movimientos de la sabia de las hojas de plátano, el crecimiento lento de la celulosa que estira las ramas de los árboles de un nogal, el ruido de un motor que lleva pasajeros en la carretera de Pueblo Rico.

El plano orbital de la luna está ligeramente inclinado con respecto al de la Tierra, ello crea el llamado efecto de oscilación. La NASA trató de tranquilizar al público: «No hay nada nuevo o peligroso en el bamboleo”. Crédito…Dave Sanders para The New York Times

Alguna noche miró la luna desde su dimensión dilatada del tiempo, la notó en un plano orbital nuevo e inclinado respecto a la tierra, la observó, calculó y detalló esa tenue diferencia, miraba, meditaba, conversaba y repasaba sus movimientos oscilantes y contemplativos; más despacio aún, percibió movimientos pendulares.

Ufff… inhaló con cultura cannábica y el humo lo transportaba en una flotación sobre un mar de nubes. Su sistema sanguíneo bullía lento, su cabeza oscilaba con los movimientos de la luna. Por allá están en una pelea de brujas siderales y su oscilación altera las corrientes del mar con su fuerza gravitacional. Me dijo. La marea alta en los años que vienen va a estar tremenda. Sigue las noticias.

Transcurrieron años hasta el tiempo actual, los científicos de la NASA expresaron en un comunicado: es más como un bamboleo y más como un ciclo lento y predecible. Se espera que el movimiento cause inundaciones acá en la tierra en la próxima década.

Aquella oscilación que los humanos desconocíamos hace siglos, la comenzó a notar cuando el humo se introducía como gas helio en los pulmones del negro Márquez y liberaba sus componentes. El aumento de las temperaturas provocado por emisiones de gases, como el humo del porro del negro Márquez y los pedos de su vaca, con su efecto invernadero, no son la única causa de inundaciones y mares agitados que arrasan sus costas.

Hay algo nuevo exclamaba el negro mientras un ritmo lento y constante, oscilaba entre sus tripas, lo agotaba con cerveza para hacerlo nadar en su mareo de nuevas oscilaciones que la luna también transmite al mar. Alguna vez subiremos a las lomas del Cerro de Tatamá y podremos ver un Océano Pacífico más cercano.

Después el negro comenzó a filosofar. He pensado en esta hierva cannabis, planta que se cultivaba desde hace 12.000 años, me sueño entre la traba de hace 4000 cultivándola en Asia con alguno de mis antepasados, un descendiente de un homo erectus que llegó del África al Asia. Me sueño comiendo arroz adobado con ramitas después de amansar esta yerba.

Y por esos días recuerdo esa conversación del negro Márquez, cuando un grupo de biólogos y otros científicos sugieren que el cannabis sativa fue domesticado por primera vez en el oeste de Asia y que todas las razas existentes provienen de un acervo genético ancestral de variedades silvestre y cultivadas que crecen actualmente en La china.

El día cuando el Negro Márquez me ofreció aspiraciones de su porro me había invitado a una cabalgata. Él montado en una yegua blanca preciosa, mona zarca, cuyos ojos tenían la retina blanca, no negra como todos, un animalito nocturno que poco veía en el durante el día, se tropezaba y daba tumbos porque la enceguecía la luz. Yo en un potro flaco que me prestó un alumno, caminaba también a trompicones. Parecíamos don Quijote y Sancho Panza en escenario de otro tiempo. Cuando la traba hizo efecto en mis sensaciones yo sentía que volábamos en como jinetes celestiales, cada cual en su Pegaso.

En medio de ese viaje el Negro me ofreció en venta su yegua. Me enredó en un cambio en el que le encimé dinero. Ese fue el negocio, el más pésimo en mi vida y aprendí de ese episodio.

Al martes siguiente me llamaron a reunión tres ancianos líderes de la vereda, don Victor, don Isaac y don Pedro. Me preguntaron por la experiencia con la marihuana y las andanzas con el Negro. Me aconsejaron sobre el manejo de la yerba. No puede ser un vicio, tampoco el cigarrillo y los licores.  Así siempre los recuerdo.

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Entre redes y chismes, el cansancio y las bragas de Marleny


Pienso en mi ciudad de Pereira con sus estatuas de Prometeo en la calle y mi universidad, me veo ante esas esculturas de Rodrigo Arenas Betancur, intuyo el mito con las aves invisibles que devoran su hígado y sus entrañas, como esas hordas que destruyen, o se apoderan, dilapidan o roban los bienes públicos.

Tenemos un parque emblemático para la libertad, al lado un templo y unos lugares para la prostitución: pecar, rezar y empatar es la práctica humana más antigua. Por allí se puede hacer de todo. En las mismas calles desfilan los afanes con destino a los gimnasios, edificios de oficinas, los que vomita el Megabús y otros habitantes de rendimientos y obediencias. También los prisioneros del desempleo.

He observado estos estilos de vida tan encadenados como Prometeo. Pienso en esta imagen y en mi mismo. Nos acostumbramos al dolor invisible de Prometeo y la herida se ha cerrado, convivimos con realidades de autoexplotación, las carencias del vicioso atado al distribuidor del vicio y otras más complicadas, incluso nuestras palabras. Así somos los seres de la ciudad.  

Prometeo encadenado: Escultura de Rodrigo Arenas Betancur. Universidad Tecnológica de Pereira

En la región y en el país, en el mundo es aún más complicado. A la distancia pienso en el sistema de ciudades donde ha transcurrido mi existencia, soy ciudadano de una aglomeración de origen caucano y antioqueño, italiano e indígena, español, africano, oriental y más… En treinta años más, el movimiento entre los núcleos metropolitanos de Antioquia, Eje Cafetero y Valle del Cauca, no debería ser el territorio de la sociedad del cansancio. Enfermedad emblemática de este tiempo.    

Mi primer recuerdo de chismoso tiene una fijación con los calzones de bolitas de Marleny, se los regaló la tía Ana Joaquina. Una envidiosa dijo que Marleny no se los estrenó jamás, que siempre vivió biringa bajo la falda india que usaba, como las bolivianas; o así, me comentó un chismoso de la cooperación española.

Desde esos días me volví un observador entrometido. Usamos ropa interior de marca y escondemos nuestras vergüenzas. Maneras de vestirnos, profesamos, creencias, militamos en religiones y política, nos dividimos o unimos con el fútbol. Eso y las narraciones de historias son prácticas grupales.

Tendremos que ser capaces de imaginar y crear mundos de maneras distintas. Pienso en qué. Cosas. Podríamos quedarnos con los males de esta época y sus enfermedades emblemáticas; también, las reacciones inmunológicas de este tiempo podrían disolver fronteras en esta realidad donde convivimos enredados por conversaciones sin sentido, mientras convivimos separados entre zanjas, vallas y muros. Orientados por los chismes de moda y las dosis diarias de mensajes entre grupos enfrentados desde orillas.

Proverbios 26:20 – Reina Varela 2020.

En estos meses preparatorios de las campañas políticas, con movilizaciones y paros, encuestas contradictorias y aquellos que activan las hipermediaciones de los bandos enfrentados para engordar sus capitales; dicen algunos periodistas que representan ese poder mediático: entre el juego de contrarios y el control entre los poderes se fortalece la democracia.

Me encuentro, entonces, con lo que escribió la señora Kelsey McKinney en el NY Times con ideas de Robin Dunbar en el libro La Evolución del lenguaje.  “El chisme positivo es una de las formas en que unimos a las comunidades. Los chismes negativos pueden ser útiles porque permiten que la comunidad se controle a sí misma «. Pero se hace una distinción entre el chisme negativo que alerta a la comunidad sobre el comportamiento malo o peligroso de un individuo y el chisme destructivo que tiene la intención de dañar o socavar. «Si se vuelve malicioso», dice, «en realidad puede hacer que las comunidades se dividan en subconjuntos más pequeños que no interactúan». Los chismes que son crueles o falsos son algo que cualquier líder comunitario querría reprimir, ya sea que provengan de mujeres o de hombres.

Enfermedades emblemáticas. Vivimos en entre la locura y el cansancio por un virus, con estados emocionales complicados y con la esperanza en la técnica inmunológica. Aquí y ahora pienso en esos modelos económicos que nos llevan hacia los sueños de la productividad y la competitividad, bajo este paradigma algunos conviven como aquel animal laborans que define Hannan Arendt en su libro “La Condición humana”.  Se explotan a si mismos con sueños hacia la distinción de aquel super personaje que es a la vez amo y esclavo. Veo las influencers prisioneras de su cuerpo y su imagen en Tic Toc, me calientan y me dejan frío. Con hiperactividad e histeria. Cuando me siento así me conduce un sueño que me orienta, pienso en mí y en mis interacciones, estoy menos solo cuando estoy en mi mismo.

Pienso en mi cansancio con buen corazón como dice Maurice Blanchot.

La condición humana – 2006- Darío Ortiz Robledo es nacido en Ibagué hace 31 años, pero puede considerarse casi italiano de adopción, por sus frecuentes estancias en este país y por su cultura en el arte del renacimiento.
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Melissa y Pategusa


En una casa del Alto de Boquerón en la vía a Santa Rosa de Cabal, habitaba Pategusa, moreno, alto, delgado y capaz de escuchar las briznas de la tierra cuando se desmorona con la sísmica causada por los camiones que ruedan en la carretera central. Tanto se derrumbaba que debieron construir el tramo del puente helicoidal.

Cuando lo eligieron guardameta de su equipo de fútbol, la mano de Pategusa atraía todos los balonazos. Se entendía con las araucarias del parque y los insectos lo entendían, los caballos de los carretilleros escuchaban y podían contar todo sobre sus actuaciones en el campeonato regional, las arañas tejían en su portería para que los balones no pudiesen pasar. Cumplió un récord invicto durante más de cien partidos aquel día cuando inauguraron el Puente Helicoidal.

Puente Helicoidal – Santa Rosa de Cabal – Colombia

Pategusa siempre palpaba a las personas antes de conocerlas; como si fuese ciego, su tacto orientado por su sensibilidad ligera interpretaba la energía de cada individualidad. Gente densa y térmica. Los colores ocultos bajo su epidermis son portadores del mapa mental y la huella generacional en cada sujeto.

En una borrachera en la noche cuando perdió su invicto, lo había goleado un equipo de niños muy altos que lo enfrentaron en una cancha del Colegio Salesiano, se quedó dormido y atontado. Le habían empacado siete goles.

Durante la resaca se comunicó con las arañas mientras cerró sus ojos en el camino junto al rio San Lorenzo, allí el barro lo escuchaba y el sol le observaba, aún sentía los disparos de los balones mientras los peces lo miraban. Nunca más dejaría de mirar más allá de cada acontecimiento, aunque sentía disminuida la energía imperceptible que orientaba sus facultades.

En la casa el gato lo reconoció distinto desde aquella noche cuando Pategusa conoció a Melissa, una veterana muy tierna y de mucha más edad, más vieja aún de lo que aparentaba. Aquella mujer con su pelo milenrama había vencido las leyes y tribulaciones del envejecimiento, sabía reversar la edad que más avanza. Sabia la sincronía de su aparato respiratorio, aconsejaba a las demás sobre los cuidados para una buena circulación de la sangre, la gastritis y la prevención de la menopausia y la sublimación de la mente con los dolores menstruales. Se conocía y se cuidaba.

Melissa era muy atractiva para los jóvenes que recibían de ella una sensación erótica diferente; al darles aquella energía nueva, también les sustraía su animosidad y tomaba de ellos las vibraciones necesarias para reducir los desgastes de su edad. Pategusa la frecuentaba y perdía potencia, sentía cantos de gallos de pelea desde las rocas que lo confundían, aunque conservase las facultades para atraer balones porque tenía un secreto.

En la orilla de la corriente con aguas termales que bajan desde el nevado de Santa Isabel, se lavaba las manos cada tres días, exprimía con su fuerza las flores de hortensia, violetas y crisantemos de la orilla, las flores de pensamiento le hablaban con palabras perfumadas. Con aquella comunicación virtuosa mejoraba su capacidad perceptiva y se concentraba para recibir la sensibilidad erótica de los vegetales, percibía cuando el agua regresaba a su origen en la laguna de su nacimiento para transformarse en neblina y así quería remozar su vida.

Melissa percibía aquella naturaleza de Pategusa y le daba la calma sexual que reanima el sentir y el cansancio, aunque también le apagase ciertas zonas del cuerpo. Pategusa caminaba cada vez más encorvado y lento; aún lo invitaban a detener los goles con el poder de sus manos y la alianza invisible con sus arañas.

Melissa mes a mes más joven, envejecía y debilitaba a sus amantes alternos. Algunos de ellos comenzaron a suplir el poder de su fuerza con el poder sus armas, principalmente aquellos que desconocían las energías y la naturaleza de la vida; sin esta sacralidad, obraban como personas rutinarias, ambiciosas, incapaces de renovar sus practicas de trabajo o lentos al comprender los cambios del mundo. Las sensaciones que orientaban su vida estaban en el gasto parrandero y la ostentación de objetos de moda, sus ambiciones tras las puertas abiertas de la sociedad de consumo.

Los gatos de la cuadra y las luces de la calle reconocían el enamoramiento de Pategusa con Melissa, aunque cerraran los ojos y le hablara con las palabras perfumadas de la orilla del rio que corre con agua tibia, el horizonte de la vida se mezclaba con toques en sus dedos meñiques con que se cogían para andar juntos, se enredaban en una maraña de flores en jarrones, su turbulencia sexual y los recuerdos de la tarde de la goleada.

El futbolista cambió su afición por conductor de buses urbanos y continúo reconociendo la ciudad con su tacto y sensibilidad, se transformó luego en vendedor de viajes por el mundo y guía turístico, cada vez más veterano y ella también la más veterana, compartieron sus cualidades para detener los desgastes de la vida, se encontraron y germinaron en su envejecimiento mutuo, cada cual con sus deseos y facultades con una plenitud que se trasiega en la lentitud de Melissa y Pategusa.

Aguas termales – Santa Rosa de Cabal
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El lugar de las colinas vivas


La tierra de Marsella es un movedizo grano de tierras deleznables que se sostienen en su propio ángulo de reposo. Así es su presencia de laderas que se alteran con el agua, el viento, los ruidos de los truenos y labores humanas agresivas.  

En mi pueblo de origen, aunque todo parece estático, su suelo siempre está vivo. Sugieren que su territorio se ha estado retirando a donde le lleven los movimientos intangibles del mundo y el universo. La gente lo ve igual ante la luna, el sol y el nevado del Ruiz. En la montaña de las Peñas donde cultivó el abuelo Francisco y en la zona del Zurrumbo y la quebrada de La Nona, todo ello se mueve con vibraciones extendidas a más sitios de nombres siempre bellos como Miracampo y El Sinaí. 

Vista desde el Alto del Nudo. Fotografía Parques Nacionales de Colombia

En lomas de un nudo de montaña nacen y corren los arroyos que hace ciento veinte años, bien poco en la historia del mundo, los conducían por zanjones y entre cañutos de guadua para mover la tierra dura de una mina de oro. Todo comenzó a desmoronarse y allí mismo se demostró algo más valioso que el poder del oro, este paisaje cafetero verde que en su fondo se arrastra y fluye como una corriente viscosa.

Los regadíos naturales han generado la purificación del agua en sus propios sumideros. En estos días de lluvia, el piso de la carretera apenas soporta vehículos con peso de una tonelada. No tenemos los científicos que nos expliquen los movimientos tectónicos y el origen, si es por fuerza viva de seres diminutos que la nanométrica no ha podido explicar; cuál razón de la vida se despierta en cada molécula de tierra y genera las fuerzas que ladean a los árboles y tras los temblores cuartean más el suelo.

Las aguas que deforman los terrenos de Marsella se agitan desde abajo y atraen rayos con chispas mudas, arrastran truenos cuyo ruido mueve todas las cosas  con una energía de ultra precisión que transforma la superficie como un rayo láser en la piel. Los paisanos ya están acostumbrados y dedican tiempo a desacomodar los nombres de las personas para inventarles apodos a aquellos cuyo rostro reconozcan en las calles.

A Marsella se llega por una vía lenta que se mueve todo el tiempo hasta revolcar las tripas. Sus movimientos tectónicos son reales y se suceden todos los días. Deberíamos estudiar la ciencia de este paisaje donde el suelo es fértil y suelto, con cenizas de volcanes antediluvianos y en los tiempos más cercanos, degradado y móvil, se desploma o cambia de todas las  formas posibles a la velocidad de centímetros por año.

Sin embargo, a pesar de los sabios en colocar apodos que son los mismos nombres de toda la fauna de una infinitud de tiempos terrestres; antes de llegar la vida desde algún planeta o la  orilla de una laguna, allí donde se generó ese pantano vital con microorganismos que comenzaron a doblarse en seres más grandes, nuestras laderas se mueven desde ese siempre, tanto que desde cuando ha comenzado la vida de cualquiera de nosotros, habríamos podido contar más de cientos y más derrumbes allá en la  carretera hacia Pereira o Chinchiná, en La Cuchilla Atravesada, en el Alto de Boquerón, en los caminos por donde llegó El Español con botas rotas y en las calles mismas que regó de bendiciones Monseñor Estrada para aplacar el polvo de los terremotos cuando se metía en las casas de los más pecadores. Echaba incienso y rezaba: somos tierra, mientras pensaba en cómo preservar a las más vírgenes del fragor de terremoto de los hombres.

Mi fragilidad es propiedad del suelo donde surgió mi vida

Qué pensarían y estudiarían en este medio los geofísicos. Quisiera verlos con un mapa computacional donde los datos de este sistema de placas tectónicas y seres vivientes se mueven de muchas formas y con múltiples simulaciones, quisiera estudiar con ellos el comportamiento de los granos de suelo virtual sujetos a la gravedad, la fricción, el roce y su disolución con el agua y el efecto del trabajo con mal uso del suelo, entre la presencia de la vida con los árboles que buscan su ubicuidad desde su brote entre las semillas que descargan los pájaros y los  sembradores.

Quisiera ir tras esas señales de la vida hacia las profundidades del asombro, tras las pisadas de las vacas y el movimiento de los carros, entre esa plenitud de la vida oculta  en los suelos; allí mismo, como un habitante de esa otra dimensión, un animal nano invisible dormido con su poder oculto, respetaría esas particularidades del planeta, lo estudiaría, sabría convivir entre la vida más activa y la más imperceptible, y recibiría de esa energía el éxtasis necesario para saber por qué estamos vivos sin darnos cuenta de lo que es la vida que pisamos.

Me hace sentir más vivo que nunca esta ignorancia, estas preguntas que me interrogan acerca de la naturaleza de la vida y del suelo donde nací y del paisaje donde habitan tantas personas que me escriben, me siguen y con su presencia me hacen sentir cada día más parte de esa presencia vital que representa ser hijo y parte de los Marselleses.

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Entre días de amores y guerras


No sé si salimos o continuamos en los días del paro y la protesta, con bloqueos a la movilidad urbana y entre las ciudades. Percibo una recurrencia periódica de los sindicatos como Fecode en hacerse sentir con los paros, y enredados en ese caos aparecen las organizaciones que financia el narcotráfico y los políticos extremistas. El sistema de transporte colectivo en mi ciudad está destruido.

Me observo atrapado entre bucles o lecturas de la vida política y social de Colombia que aquellos entienden encerrados en sí mismos, atrapados ente un pensamiento político marxista leninista que orienta al partido político que desde hace más de 25 años domina en Fecode. No sé si este sistema caótico se detendrá, o continuará en un bucle como aquellos que plantea Nóvikov.

A veces me sueño en un viaje después de mi muerte hacia un tiempo cuando la nueva vida me lleve entre uno de esos agujeros de gusano que plantean los mecanicistas matemáticos y mi muerte sería un golpe de carambola hacia un pasado donde me atraparía nuevamente la vida de maestro orientado por la misma carreta izquierdista de Fecode. Ya lo percibo en la infinitud de mi propio tiempo, no sé si algo bloqueará mi esencia vital condenada o liberada, o si será para siempre un bucle.

No sé si esta duda se detendrá en un tiempo trascendente de espiritualidad y sin metarrelatos basados en la ceguera de la fe en los profetas, los dioses y los caudillos, los políticos mamertos y los sujetos a las iglesias cristianas, o los adoradores de la mano invisible del mercado.

No sé si podamos vivir con más con inteligencia y fe en nosotros mismos y nuestras interacciones con la vida y los principios más trascendentes que nos den nuestras creencias, con buenas conversaciones que nos orienten a soluciones en nuestro tiempo y con proyecciones más allá de nuestro propio tiempo.  

Después del caos de esta oscuridad de planeta mercurio retrógrado, no sé si nos llegue la luz con el solsticio de verano. Cada vez me asombro más de lo grandioso que es este camino llamado vida. Me iluminan más las dudas ante ese dios que me presentaron por primera vez para la primera comunión, lo sentí prisionero entre una ostia, y después en el seminario menor me llevaron a creer ser parte de él entre ese conjunto de ostias que se digerían en los estómagos de los feligreses de todas las iglesias de las que yo era parte, átomo de un cuerpo místico entre el cual no estaba a mi alcance saber de qué lugar era parte, si de un riñón o el dedo gordo, o me habría transformado en un roto de los tenis. Me negué a creer en esa entelequia espirituosa.

Durante más de 25 años, sindicatos como Fecode se han guiado por un simple credo en un extremo izquierdo. No sé cómo piensen los maestros de este tiempo, todas las personas merecen acceso a una amplia gama de puntos de vista de los principales líderes y pensadores del mundo sobre los problemas, eventos y fuerzas que dan forma a sus vidas. En un tiempo de incertidumbre sin precedentes, esa misión es más importante que nunca y deberíamos comprometernos a cumplirla.

Sueño en realidades del camino del mundo para experimentar las posibilidades que la vida me brinda, acceder poco a poco y en cuanto sea capaz al conocimiento de este mundo, aquello que me ayude a comprenderme como parte de una especie en la que debo ser individuo y parte del colectivo, conocimiento bueno para la convivencia, lo que soy y lo que son los demás, para vivir en paz.   

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El abandonado


Todo comenzó cuando arrimé al sitio de un mecánico, el hombre tenía un vagabundeo bien aprendido; a pesar de su alcoholismo, le había dado una voltereta a su imaginación cuando se inventó un alojamiento suntuoso en los restos de un barco abandonado, desde el habían huido unos filibusteros de la isla Tortuga en aquel año cuando les echaron candela, los seguía una patrulla de guardas aduaneros, ellos contrabandistas que debieron renunciar a todo el matute.  El mecánico lo halló por indicios de los mismos, aún olía a carne chamuscada y tenía un compartimento secreto con botellas de ron de Martinica.

Fotografía de Manolo Franco

El mecánico miró mis ojos de niño de orfanato, creyó ver en ellos el príncipe de un reino azotado por una mafia malvada y me brindó café, butifarra y un bollo de arroz. Yo estaba callado y miedoso, él descorrió las nubes de mi temor y descubrió lo que también yo era, un niño curioso. Encontré en un cajón un montón de cuadernos de bitácora con historias de viajes y detalles con mercancías ilícitas, zozobras y desgracias que había borrado el mismo mar. Giré y miré las hojas para volcar los mascarones y las anclas de los viajes y me hundía entre sus gotas de agua salada; ahí me detuve varias horas.

Después estuve asombrado porque al lado de la quilla descubrí su carro viejo. Era un cacharro. El mecánico le adaptó dos luces de sesenta vatios y otras dos de noventa, funcionaban bien altas y bajas; le pinto un paisaje guajiro de tono limonado, con un cielo azul, con un mar de ceniza al fondo donde sobresalía una sirena tetona que al final de su cola estallaba en llamaradas. Le había tapado los agujeros del suelo con una costura de soldadura recosida con pedazos de su capota, aunque le quedó sin techo. Ese carro de verano se lo envidiaban los vagos, los bohemios, pensadores y poetas libertinos, porque tenía buena música, estaba engallado con abalorios y colgandejos de naufragios y atraía a las muchachas más brinconas y alebrestadas.

Las feas buenorras estuvieron felices allí porque él manejaba una democracia festiva. Lo había reparado diez y siete veces y cuando llegué aquella tarde, otra vez estaba embollado. Una noche antes, entre celebraciones de fin de semana, lo estrelló contra un árbol. Todo porque una venezolana percibió sus feromonas.

Cuando ella le husmeó desde lejos sus axilas olorosas a sahumerio de sándalo mefítico, se le derritieron sus ansiedades más locas entre esas señales del vuelo y fragor de aquel hombre; se encabritó tanto, que se le voló a un camionero que la había tomado en Maicao. Estaba tan perturbada por probar el mitote del dueño de ese cacharro que se encaramó de una zancada en un brinco suicida desde el camión al vehículo y el guajiro cabrón corría para encimarlos con un arma de dos cañones.

—Corre, corre—, decía ella, con la persecución feroz dándole alcance. —Este cacharro no es un bólido— contestaba él; mientras más distancia y tiempo, ya lo habían perdido, estaban más distanciados y luego se salieron del camino, ella le encendió la bragueta para que izara el falo, ahí ya quiso tomarle la medida a esa fuerza viva con la que le apuñalearía la suavidad agitada de su cuerpo.

—No nos pasó nada, ni a mí, ni a la forastera amiga—, le dijo al niño.

Ese pequeño era yo.  —Pero el que sí sufrió fue mi cacharro—, mientras la venezolana dormía en un rincón del barco. 

—Yo era un niño que a los varios años aún estaba lleno de preguntas: ¿Cuántos años llevaría abandonado ese barco?, ¿Quiénes habrían viajado en él?, ¿Qué historias se habrían vivido a bordo?, ¿Habrá personas que lo recuerden?…   Y, si… tenía dueño, ¿por qué lo abandonó? —  mientras miraba en recuerdos aquel barco pintado de blanco cenizo, su franja roja que resaltaba a lo largo y alrededor se interrumpía en el lugar preciso donde estaba su nombre de batalla: “El Abandonado”.  

Luego el mecánico: —No hombre, esto es solo un montón de pedazos de madera y metal. Los que vivimos a bordo lo sabemos muy bien—. 

Después me dijo lo que más me alegró la vida.

—Muchacho, usted es el indicado. Necesito tu mano amiga para que me ayude en el trajín de la décima octava reparación del cacharro—.  Yo lo miraba incrédulo. 

Te quieres ganar la comida de hoy y durante varios días, más algunas monedas que sean lo justo, y si lo haces bien te pagaré mejor.   

Y cuando acepté la propuesta.  —Sí, pero para que empecemos tranquilos: ¿me echas una mirada por los alrededores? de pronto anda por ahí el camionero.     

ELEANTE. El abandonao. Para un abandono amoroso

Elefantes es un grupo de música pop/rock originario de BarcelonaEspaña, formado en 1994 por Shuarma (cantante y compositor), Jordi Ramiro (baterista), Julio Cascán (bajista) y Hugo Toscano (guitarrista). https://es.wikipedia.org/wiki/Elefantes_(banda)

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Una calle en Cartagena


Temprano. Desde el mirador de la casa de la Señora Thomasa Barros fisgoneo, asoma por la esquina un traje de gimnasta que cruza al otro lado de la calle, es anchísimo, el cuerpo muy flaco entre sus ondas mueve su ritmo en una mano que se bambolea al ritmo del viento en la tela.

En el balcón del frente cuelga una hamaca de siete colores, típica de San Jacinto – Bolívar, el mismo cuerpo delgado se ha instalado en ella, lo columpia anudada en soportes endebles; ese andamiaje pide limpieza y sanear sus fisuras y agrietamientos, se queja desde el dintel. Presiento una caída, una lesión en un culo al momento menos pensado.

Hombre en una hamaca
Autor: Albert Gleizes
Datación de la obra: 1913
Material: Óleo sobre lienzo.
Medidas: 130 x 155,5 cm.
Localización: Albright-Knox Art Gallery. Buffalo

Lo mece su primera faena cotidiana con parsimonia y toca, crea y modifica una composición; notas que una a otra quieren saltar, romper el pentagrama y volar con el viento que ondea papeles. Un ensayo en clarinete cuelga con gancho de atril. Infla unas mejillas y la hamaca acomoda sus hilos en forma y hechura del arpa de unas costillas que empujan acompasadas el ritmo con soplidos. 

En la calle lugares vacíos esperan lo que habrá de ocurrir.

Dejando de lado el olvido, miro a la señora Thomasa y me arrimo a su memoria. —Un lugar vacío en la calle puede aspirar a todo— predice ella y continúa: —Lo ocupará el movimiento trabado de una pelea de borrachos, espérala. Luego una tenida de poetas se animará más allá en el banco de la esquina; y más tarde, una cruzada de evangélicos perturbará el vecindario en ese lugar bajo el almendro, es su espacio de misión, allí pregonarán su paraíso bajo la sombra de las espadas de una devoción que llena la intimidad con ruidos de trompeta de megáfono. Esta calle tiene su libreto—.

Observé con asombro la apariencia de Zenaida, la niña mulata cantadora. ¿Recuerdas de ella? Zenaida de la Hoz Cardale, fue quien tomó a su cargo a tu tía Sarita y a tu padre Emilio. Lo hizo por lealtad, por admiración y por cariño, y en recuerdo por todo el aprendizaje que le transmitió el señor Palacín, él le infundió la fe en sí misma y la visión de ser en un mundo más abierto y universal

Monumento a las mariamulatas en Cartagena de Indias -Enrique Grau

En el andén las marías mulatas juguetean y vienen al balcón, buscan alpiste, toman agua y fruta que ella había puesto a primera hora.

Cuando visité a los niños en aquel lugar donde habitaban… ¡Zenaida era tan chica y tan sola para sobrellevar esa obligación!  Estaba animada en el rincón de la cocina, la observé sin que lo notara y me pareció la más indefensa entre los niños del hogar. Pelaba el ñame del almuerzo para seis residentes de la casa; pero ese sitio, eso no era casa, era solo un cambuche—. 

La señora Thomasa miró las aves y sus vuelos hacia una torre de la ciudad donde sus amigos sucumbieron a sus enfermedades.  Señaló y me mostró en la calle una chica, tan elegante como ella, pasaba cargada con un recipiente con peces de colores y después dijo: —Así como esa chica era Zenaida cuando la visité. Apenas percibió mi presencia de extraña, se levantó, arregló la franja exterior de la blusa amarilla, pulió las listas de su falda, me miró con esa profundidad que mide el interés de una interlocutora interesada en su situación y sus palabras descubrieron su desamparo; pero luego, habló y habló, habló de su futuro y me hizo una edificación promisoria. Construyó con palabras bien informadas los planteamientos de las constelaciones que a lo largo de los años la llevaron a cantar en ciudad de Panamá, Puerto Rico y Nueva York donde se radicó cuando el maestro José Bendito le entregó su mundo de relaciones. 

LA ZENAIDA – Armando Hernandez (cumbia colombiana)

— ¿Esa era Zenaida?… ¿La Palenquera, la callejera que vendía frutas con su canto y a quien mi abuelo le enseñó el baile y el canto flamenco?

Monumento a la palenquera – Cartagena de Indias
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Noche de energía oscura y nueva


En la noche de mi ciudad acosa el miedo,

anoche me aplastaba.

Quería liberarme de de ese peso.

Me acosté cerca de una acacia, aún sin sus flores amarillas.

Absorbí la negrura del firmamento para meterme más allá en búsqueda del túnel de los días y conversar con mentes antepasadas.

Me llamaron las estrellas, se adentraron con energía hacia todas mis moléculas y me llené de un universo caliente en mi sangre.

Aquella energía me condujo hacia una constante cosmológica donde mi tiempo y mi universo se expandían hacia un regreso del tiempo y la materia en otro universo paralelo donde volví a ser niño.

Hoy mi miedo es pequeño y las amenazas giran en un disco donde bailaremos con la música y la luz con la que estamos hechos.

Noche estrellada. Vicent Van Gogh
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Hijos del todo y la nada


Los hijos del inicio al siglo XX, generación de abuelos que vivieron una «Guerra de mil días» y dos guerras mundiales, a ellos los determina el epígrafe de Fiesta (1926) novela de Ernest Hemingway con la frase que escuchó en una cita de Stein y luego este negó: “Todos ustedes son una generación perdida”, expresión que echó muchas raíces y recordaron muchos autores.

Presencié conversaciones de mayores en mi infancia; eran hijos de sus conflictos y negaron los valores materialistas, algunos buscaron el exilio o generaron más violencia, se negaron a creencias atadas a instituciones vigentes, vivieron su angustia existencial que combinaban con bohemia para librarse de incertidumbres.   

Nuestros padres fueron hijos en la violencia colombiana entre dos partidos, su tierra les negaba su lugar y también éramos niños cuando migramos a las ciudades, traíamos la experiencia de enfrentarnos a la muerte cuando ya meditábamos ante una guerra fría con amenazas nucleares de bomba atómica.

De nuevo pillamos a Hemingway en una búsqueda que equilibrara nuestro vacío, queríamos llenarlo con comida, modelos de cambio, licor y satisfacción sexual. En la calle o en vida de estudiantes y trabajo, saltaba en nuestra cara la exclusión que distanciaba cada vez más a los que tenían y a los hijos del rebusque en cada esquina de la calle con más violencias.  

«Los trapos sucios de la calle moderna» Banksy. Es una figura del arte contemporáneo, disruptivo, revolucionario, anti sistémico y crítico.

«No sé si la vida es corta o demasiado larga para nosotras» escribió entre sus piernas aquella jovencita que me amó y gozaba le llamara Mi dulce coralina. Se la llevaron sus días. En mi angustia escuche por primera vez las canciones que Juan Manuel Serrat compuso hace cincuenta años en la Costa Brava frente al Mediterráneo.

Yo intuía un universo con esperanzas, al que no pertenecía y no tenía cómo ir hacia allá. Con Francisco Javier Alzate V, amigo fallecido hace una semana, pensamos en ayudar a mejorar nuestro propio mundo, educación rural y la cultura grupal sus calles, veredas, ciudades y caminos, disfrutar siempre canciones unidas con sonidos de gente nueva.

Aquella tarde reciente cuando falleció Pacho, percibí luces de migraña, me llegaron del Cerro Bandera con sonidos de grillos; me incitaban: ven, salta por la ventana y tírate a la calle para que acompañes el aullido de los gatos de Cali.

La estatua de Sebastián de Belalcázar dejó de retar el abrazo del Cristo Redentor que ya no mira a la ciudad desde su altura, en esa madrugada unos indígenas tumbaron la escultura de aquel español de mala historia. Las pandillas de la calle estaban bailando.

Banksy diseña y usa plantillas. Desde los años 90 se llamó arte urbano a las expresiones artísticas contemporáneas que se manifiestan en el espacio público.

Caleña mía.  Mirá el humo en la montaña donde violan al cerro «Los farallones», dicen que tienen de todos los oros que brillan y duelen como un cáncer. En la parte posterior otros siembran la coca en sus laderas hacia el Pacífico y desde allá tiran flechas con la candela que atiza el fuego en la ciudad.

Las gatas novias del gato de Hernando Tejada maúllan, casi ardieron las nalgas de la estatua de Jovita, aquella mujer de la calle, querida en las calles de años setenta, la reina coronada por estudiantes salseros y revoltosos. Al lado de Jovita el mismo día de la muerte de Pacho, los caleños miraban como desgarraron el camino de su monte de venus y su sangre con fuego es ceniza de cementerio.

Caleño. El verdor en los árboles aún respira y es vital con la hierva de los parques y el sonido de los ríos, aunque enciendan y ardan las estaciones del sistema de transporte y haya bloqueo en las calles, el ojo del cielo y la luna caleña aún aman el tiempo del sueño de los niños.

El arte suaviza el rostro de las protestas. Tomado de El Heraldo de Barranquilla

Desfilan los muchachos y claman ser escuchados, aunque griten con palabras que llaman a mil cuchillos donde sangran sus dolores de frustraciones en la calle, sin lugar y sin trabajo. En su filo está la queja del canto de su protesta.

Ya en mis años mayores soy incapaz de vivir como joven en el tiempo de ellos, imagino lo que viven y tendrá su significado; si tocan el corazón de la caleñidad, quizá vivamos mejor en esta ciudad y mejoraría el territorio donde convivimos con las iguanas del parque La Hacienda, los patos del charco de Cauquita, las ardillas de ciudad jardín; garzas del ferrocarril, búhos, palomas y mariposas que visitan y conviven en los edificios y las torres.

Reanímate, aunque nos amenace el caos, no solloces aún, levántate y afronta el trabajo como la fe en ti mismo, aunque sea por un camino donde estuvieron las calles antiguas y sientas el ánimo con rugidos de motores revolcados, impúlsate. Conversa y ama la ciudad donde hemos vivido, somos unos y somos casi todos transeúntes de calles duras entre tiempos trastornados. Podremos leer sin sentirnos culpables.

Canción sin miedo. Artista Vivir Quintana. Adaptación para Colombia, Natalia Rojas
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La trama de un arriero


Caminante con su mulada durante varios días y paisajes. Fueron tramos largos sin más hacer que caminar. El viento empujaba las hojas arrancadas desde un árbol guayacán mientras tintineaban con ecos los pasos de las mulas.

Le siguieron y le salieron varias veces en su camino los recuerdos que le vigilan y alertan para no dormirse, llegaban a revolcarse entre su memoria con la imagen de los pies de una mujer enamorada que le esperaba en alguna estancia, intuía el movimiento de sus ancas que le calmarían aquella tormenta de recuerdos lodosos en los pasos malos entre esas trochas difíciles y peligrosas donde no se dejó hundir.

Con ese pensamiento le relaja un vuelo de golondrinas acompañantes que viajan y regresan a esperarlo en el lugar donde les dejará residuos de granos de maíz y restos de su comida, no pertenecen a ninguna casa de posada en el viaje, como él, aunque alguna mujer le sueñe como el amante que le llevaría hacia algún lugar remoto y en ese mismo instante él presiente el bello de su pubis como una selva donde marcará uno de sus pasos felices.

Con esos pasos también carga la herida residual de un juego de amor que le embrujo y latigó en un costado de su cuerpo. La siente arder como las peladuras de sus mulas cuando les maltrata la carga; presiente que esa huella no se le borraría, la imagen de aquella mujer no moriría en su mente, majestuosa y magnifica, es una escena entre el recodo solitario del tramo más difícil.

La lleva entre su carriel como un manuscrito que relee mentalmente mientras se gasta el tramo de un tabaco. En esos ojos empapados de lágrimas tiernas hubiese viajado por toda su vida, le esperan en cada poblado y despoblado y siente aquella humedad entre la lluvia que le hace tormentoso y fresco el camino.

Salió del amor con ella chamuscado de un incendio, allá le dejó un envoltorio con su ropa, media botella de ron y sus papeles. Desde esa madrugada le acompaña una noción de tiempo tan largo como cien años y tan corto como un beso intenso con ella. Una verdad complicada.

Le escribió en una mesa de cantina con palabras tan difíciles que no pudo dejarle aquella nota cuando regresó por allá. Estaba al pie de su puerta y se sentía tapado por un derrumbe del camino más complicado porque en ella descubrió los restos de una hermana a quien su padre arriero había sembrado cuando dejó a una mujer preñada en ese lugar.

Desde ese día el futuro es el rescoldo de un fuego que le quemó y no sabe explicarse como fue al abracadabra en aquella piedra del camino. Ante las vueltas y revueltas solo espera perderse entre una ciudad extraña donde pueda pronunciar ante alguna nueva mujer sus verdades y dormirse en su almohada como un paciente ante un sicoanalista.

 El arriero. Versión rock argentino de «Divididos» desde la canción original de Atahualpa Yupanqui. Dicen que tuvo su origen para Atahualpa en la finca de las Matorras – Anta, en el sudeste de de la provincia de Salta, luego de pasar los Las Termas de Rosario de La Frontera – Argentina.

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Poema inconcluso para el tiempo


Francisco Javier Alzate Vallejo

La revelación de Francisco Javier Alzate, en 1967, cuando se anunció que era el triunfador en el I Concurso de Poesía, del Centro Literario Marco Fidel Suárez. El título de su poema era todo un poema y una tesis: “Poema Inconcluso para el Tiempo”. Un texto breve cuya perennidad ha estado sometida a la más rigurosa prueba del tiempo que no cesa y cuya escritura basta para que su autor ingrese a la más exigente antología de poesía colombiana. Escribía el académico Octavio Hernández Jiménez. https://www.espaciosvecinos.com/rastros/qui%C3%A9n-es-francisco-javier-alzate-vallejo/

“Del tiempo, solo sé

su socavada estructura

de ausencia y olvido en los seres;

en mí por lo menos;

en esta argamasa que ha dejado

su dura tempestad inútil.

Sólo sé que descarga

sobre la voz su peso inmaterial

y la va apagando;

va llenando de tragedia las palabras.

Que es en su forma justa,

el invisible camino hacia la muerte,

que en sus recodos nos está esperando.

Sólo sé que si se mira de frente

es un túnel abierto ante el misterio,

y que si volvemos la mirada

se comprende

que somos nosotros

los edificantes de nuestra propia ruina”.

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Cuác, Cuác, Cuác: mi tedio se llama languidez


Mil Ochenta. Desde ese alto divisé el Páramo del Ruiz, medité con la mirada hacia una floresta amarilla hasta diluirme en una corriente de neblina que ascendía, me impulsó hacia alturas siderales que me llevaron a un mar de tranquilidad, fantaseaba entre un sueño disparado a órbita lunar.

Paraje de Milochenta – Marsella

Adriana M Grisales, bibliotecaria de Marsella, me animó con sus fotografías, me vendió el boleto hacia un estado de conciencia donde pudiese salir de mi languidez para encontrarme con la sonrisa de una paisana que perdí en una de las curvas donde se quiebra el camino de Mil Ochenta, mi memoria la traía con el desasosiego de tiempos violentos; en esos dias mi sonrisa quedó desfigurada por el doctor calzones, odontólogo de Apía, experto en sacar dientes y llenar las bocas de sombra.  

Junto de aquella buganvilia, pensé en versos de Porfirio Barba Jacob en su «Canción de la vida profunda«.

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,

como las leves briznas al viento y al azar.

Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonríe.

La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar.

Busqué desde aquel mar en la altura, disolverme entre otra neblina con colores de arco iris; aún sentía ansiedad, me poseía una languidez que provocó el estancamiento y el vacío que sienten las personas en estos días de encierro ante las amenazas de la pandemia. Días sin rumbo preciso en los que desde el amanecer estamos en la mira hacia una vida a través de un parabrisas empañado. La languidez parece la emoción más dominante desde el año 2020 al 2021 y no se sabe cuánto más.

Me gustaría darles a mis lectores ese cielo que se esconde más allá de este pasadizo solitario, meternos en el desfiladero donde nuestra sombra sea la escolta y una luces brillantes de farolas anuncien mejores días y no eludamos los problemas de este tiempo de crisis. Al principio de esta época no reconocía los síntomas que muchos estábamos experimentando.

Una amiga negra muy alegre conversaba con la venezolana rubia y pecosa que se rebusca el día a día tras monedas en las calles de Cali; desde su nacimiento hasta aquella semana cuando a la negra le faltó el festival de San Petronio y a la otra su familia desparramada en tres países distintos y sin rumbo; sintieron más intensos sus problemas de concentración, incluso ni anuncios y noticias sobre vacunas que están en el horizonte las entusiasman.

Nos sentimos agotadas. Somos gente dura, me dijeron, aún teníamos energía. Nuestra sensación de ahora es depresión pura, aunque no nos sentimos desesperadas, pero nos apreciamos sin alegría y sin rumbo. Flotamos entre ese aire de la calle cargado de cierto languidecer que se mueve entre lluvia y sol, brota de nuestras narices por el sofoco que provoca el tapabocas.

De nuevo evoqué versos de la Canción de la vida profundaPorfirio Barba Jacob.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,

como en las noches lúgubres el llanto del pinar.

El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,

y acaso ni Dios mismo nos puede consolar.

Este fin de semana pensamos en la salud mental, nos programamos para un baile que espante este espectro que va desde la depresión hasta el florecimiento. Queríamos en el florecimiento algún sentido nuevo cuya energía nos pusiera a rodar sobre la cresta del bienestar, hablamos de propósitos para salirnos de esta olla, nos iluminamos de verraquera y dominio para hacemos la vida soportable y mejorar poco a poco, de estar importantes para nosotras mismas y alternar buenos gestos con los demás, siempre con la distancia que se mide en este tiempo; aunque preciso ahora, programaron el encierro de la tercera ola de la pandemia y la depresión volará sobre un valle de malestar. No queremos ponernos abatidas, agotadas y sin valor.

En la tarde el viernes, la negra y la rubia venezolana bailaron en la calle bajo uno de los aguaceros de las mil lluvias de abril:

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,

como en abril el campo, que tiembla de pasión:

bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,

el alma está brotando florestas de ilusión.

Caminaron hicieron ejercicios y se animaron, les dio la neurogénesis, ese proceso del sistema nervioso que aumenta las neuronas e incrementa la función cognitiva. Hay otros procesos que son muy importantes y en los que el ejercicio podría producir cambios. Uno de ellos es lo que llamamos sinaptogénesis que es la creación de sinapsis, es decir, nuevas conexiones entre las neuronas y otro es la angiogénesis, el aumento de la densidad capilar y del flujo sanguíneo del cerebro.

Se animaron y gritaron al cielo: escúchanos luna de noche pacífica, entre las personas se extiende tu luz, te vemos arriba donde también se ve en blanco y negro. Te miramos desde nuestra tierra donde no tenemos que pelear.

Parte del peligro cuando uno languidece, es que no notemos el descenso del placer o la disminución del impulso. No te das cuenta de que te deslizas poco a poco hacia la soledad; eres indiferente a tu indiferencia. Cuando no puedes ver tu propio sufrimiento, no buscas ayuda ni haces mucho para ayudarte.

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EL LARGO VIAJE DE LAS LETRAS


Lizardo Carvajal

¿Qué ocurriría si hoy, al amanecer de un día cualquiera, llegase a nuestras manos una dorada mariposa de hace 4.000 años? ¿Qué pensaríamos? ¿Cómo actuaríamos? ¿Con qué cuidado la trataríamos?

Seguramente vendría a nosotros, presurosa, la sorpresa; como revoloteando, llegarían la admiración, la duda, el interrogante y saltarían cual chispa brillante acicalando nuestra vida.

La tomaríamos con sumo cuidado, buscando no maltratarla; con amor la limpiaríamos y le quitaríamos la escarcha de los años y los restos de sus naufragios y caídas; le daríamos brillo para que el sol de los tiempos reviviera en ella. Nos sentiríamos orgullosos de tenerla y la mostraríamos compartiéndola, sin que dejase de ser nuestra.

¡Cuánta sorpresa, admiración y duda!

¡Cuánto cuidado, amor y brillo!

¡Cuánto orgullo suscitaría en nosotros una dorada mariposa de hace 4.000 años!

Photo by Skylar Kang on Pexels.com

¿Qué es una letra? Una letra es una dorada mariposa de hace más de 4.000 años o también un platinado pez de remotos oleajes.

Una letra es una mariposa viajera de hace más de 4.000 años. En ese largo viaje, se desprendió, poco a poco, del jeroglífico y de la imagen y se volvió signo o señal.

Este lindo y doloroso viaje de desprendimiento, estudiado por sabios, como el francés Champolion con su piedra de Rosseta y el alemán Grotefend que desempolvó las escrituras cuneiformes, nos permite decir que las imágenes, evolucionando en el transcurso de los años, se convirtieron en letras.

Una letra es un regalo milenario de todos los hombres de la Tierra a los habitantes de hoy. Una letra es una caja de música con sonido en clave que viene del pasado y del cual no conocemos su destino eterno.

Las letras no vienen solas. Vienen acompañadas de su familia: el abecedario. El ABC que juega con el niño y enamora al adulto indiferente.

Las letras del ABC son viajeras milenarias. Vienen de tiempos remotos. Primero, en su largo viaje, se desprendieron de su tronco madre: el jeroglífico; poco a poco, dejaron de ser imagen y se volvieron signo. Maduraron en señal.

Letras ancestrales: https://magnet.xataka.com/un-mundo-fascinante/la-evolucion-de-nuestros-alfabetos-ancestrales-explicada-en-unas-graficas-tan-bellas-como-educativas

El viaje de las letras es paralelo, homólogo, recíproco al viaje de los hombres, a ese viaje arrasador y constructor, al mismo tiempo, de vida y culturas. De ese viaje, también, milenario de la guerra y de la paz.

*

Los egipcios, liberados de los hyksos, llevaron el alfabeto de estos por el Mediterráneo del Norte. Allí, las tribus semíticas (los fenicios y judíos) lo hicieron suyo.

Particularmente los fenicios, viajeros y comerciantes, junto con espadas, hachas, collares de valor, copas de vidrio y oro llevaban enredadas las letras que, disimuladas, se quedaban en el intercambio de pieles, tejidos y esclavos.

En su viaje, las letras llegaron a las colonias fenicias de Grecia. Claro, ya no eran las mismas. Su figura, de signo cercano a  la imagen, se había tornado más esbelta y ya nadie identificaría en ellas a los toros, las serpientes o los pájaros.

En este país su itinerario las llevó a un descanso de más de dos mil años. Ese reposo no significó estatismo, por el contrario, siguieron cambiando como mujeres en edad reciente.

De Grecia, las letras reiniciaron su viaje a Italia. Reposadas y cambiadas, atravesaron Los Alpes, el norte de Europa y por las estepas llegaron a la Rusia invernal e inmensa.

Cambiaron de aspecto, sus cabezas se volvieron a izquierda y derecha. Se acostaron sobre sus espaldas y se enderezaron sobre sus pies.

Viajaron sobre los barcos de los fenicios y sobre las espaldas de los esclavos, en canastos redondos por el papyrus y en las alforjas de los monjes errantes.

Muchas perecieron, se ahogaron en el fondo de los tiempos, otras nuevas brindaron compañía y se integraron al pequeño ejército alfabeticence.

El Español a la conquista del mundo

Y llegaron a nosotros como herencia de los «conquistadores torvos».

Ahora son nuestras, son los signos con los cuales podemos amar la vida. ¿Por qué entonces meterlas en el olvido? ¿En la indiferencia? ¿En el descuido y en la falta de admiración?

¡Qué injustos hemos sido con las letras que forman nuestro idioma!

¡Qué crueles y malsanos al no gozar la admiración, la sorpresa, el cuidado y el brillo de esas lindas mariposas doradas que por más de 4.000 años han viajado hasta nosotros para que nuestro pensamiento florezca!

*

He aquí algunas razones para que en el Día del idioma y todos los días nos fijemos, amemos y gocemos de esta herencia milenaria del viaje de los hombres: LAS LETRAS.

Lizardo Carvajal https://es.wikipedia.org/wiki/Lizardo_Carvajal

José Lizardo Carvajal Rodríguez (Timaná, Colombia, 9 de junio, 1948) es un escritor, académico y editor colombiano.1​ Divulgador del método científico e impulsor de la clasificación contemporánea de la Ciencia, es un gran promotor de la lectura y la escritura y del movimiento solidario internacional.2​

Gran impulsor del método científico, toda su obra y pedagogía están encaminadas a la divulgación e integración de las ciencias. Según los parámetros de la Epistemología, entrega a la comunidad académica y científica un mapa integral y contemporáneo de las ciencias, proponiendo la división del conocimiento en Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Ciencias del Conocimiento y Ciencias de la Información.

Su propuesta es la integración, mediante el método científico, de las Ciencias de la Lengua y las Ciencias de la Información. Partiendo de las nuevas tecnologías y con un conocimiento profundo del lenguaje y su desarrollo conceptual, ha fundamentado un programa de autoedición de textos e hipertextos y la práctica, de manera didáctica, de la técnica de lectura EFGHI

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Encuentro de vida y muerte


Apía surge entre el conflicto

Apia – Dibujo de Mario Múnera

Leí de Alfredo Cardona Tobón: “En 1886 Julián Ortiz con su hijo Juan y la nuera Filomena, desmontaron un terreno donde está el pueblo de Santuario, lo nombraron así porque había tumbas indígenas, decían otros.  Después más colonos levantaron sus ranchos en la parte menos falduda de los abiertos de Ortiz, el viejo caprichoso se oponía.

Otros de los recién llegados, siguieron su camino rio arriba y en la trocha hacia Arenales fundaron un rancherío con techos de cortezas de árboles de cedro, aquella Villa de las Cáscaras se denominó después Apía”.

En 1889 Julián Ortiz dijo a otros colonos: “Ahora si doy el solarcito para que levanten el pueblito” y la gente de alrededores, guaqueros gran mayoría, levantaron una plaza en esa loma y se llamó Santuario. El negocio de cesión de tierras y lotes para levantar pueblos era bueno.

Santuario

Los habitantes de Apía vieron con males de ojos ese caserío alejado a varios tabacos; así medían las distancias, los tabacos que se fumaron en ese camino fueron tres los unos y cuatro los otros, decía Víctor Grajales. Aquellos vecinos enjuiciaron malo al  pueblo vecino porque no convenía al desarrollo de su pueblo, hubo enfrentamientos y las autoridades de Anserma viejo intervenían para evitar males mayores.

Los indígenas Embera que habitaron el contorno debieron desplazarse hacia otras zonas en la ladera de los caminos hacia el Pacífico.

Encuentro entre vida y muerte

En el tiempo de Juancho Rendón, hijo de negra con indio y buen conversador del caserío Jordania, miraba el cielo y leía las señales de la cabañuela de mayo en aquel 5 de enero de 1968: recuerdo cuando plante una cruz de mayo con Martín Ortiz, el hijo de ese Julián, tenía mirada rara con palabras cordiales, hablábamos de la violencia entre los conservadores de Apía y los liberales de Santuario, los aplacó varias veces don Pantaleón Calle, colono de los primeros en la cuenca del rio Apía, quien vino de Támesis, aunque tuvo unos nietos bastante agresivos.

Caserío de Jordania – Apía

Después me contó esta historia

Ilia, jovencita de Apía venida de Támesis, algo rubia e hija de Pantaleón, se arrejuntó con un indio Embera que llegó de Frontino y era rojo. La pareja iba y visitaba las ferias de Santuario y Apía, ofrecían cerdos de su criadero al lado del río Apía.

Algunos apianos se sentían superiores y no soportaban la unión de esa pareja porque dañaba su raza. Ya embarazada, comenzaron sus problemas de salud desde una tarde cuando la visitó una blanca conocida, enviada por vecinos azules, envidiosos de su negocio y muy mañosos; la mujer se acercó a ella y entró a las marraneras, la seguían tres mariposas de las que llaman calavera que para muchos son presagio de la muerte.

Mariposa esfigie o calavera – fuente:
https://es.wikipedia.org/wiki/Ascalapha_odorata

El joven Emberá era curandero, creyente del poder de las plantas y la energía buena de la vida natural, buen temor y sin malas creencias. Después de un mes de lluvias aparecieron las mariposas 89. Míralas le dijo, son una creación fantástica de la naturaleza y si la comparas con la mariposa calavera que es nocturna, también es fantástica, cada una de ellas expresa su propio mundo, en la oscuridad descansa el mundo, los árboles reposan y ellas polinizan.

Con la luz la 89 reluce porque porta microorganismos y mensajes, visita en la mañana a uno y otro árbol, los insectos son los mensajeros de la vida.

La jovencita Ilia falleció al dar a luz y también su criatura. El joven Embera ofreció sus vidas a Caragabi su padre creador del hombre y todo cuanto existe, buscó el agua y lavó a sus muertas y las enterró bajo piedras.

Llegaron a rondar ese lugar los pájaros tucanes andinos; además, alrededor nacieron matas de caléndula y Zinnia, tan tupidas que sostenían a los colibríes y los árboles vecinos daban nido a la vida que que habita entre los troncos. En la noche llegaban las mariposas a dejar sus huevos entre los escombros de aserrín que dejaban los pájaros carpinteros.

Emberas y Mapuches

Por aquellos caminos cercanos al rio Apía, pasó un viajero sabio, venía desde la Araucanía de Chile con dos indígenas Mapuches, recorrían la tierra americana por caminos ancestrales desde el Sur de Chile hasta la pradera entre Dakota E.U y Canadá donde habitan los Siux. Se alojaron en el rancho del joven Embera y le apreciaron muy apenado. Él les dijo: daría mi vida por ver de nuevo a mi mujer y el crecimiento de mi hija.  

El Mapuche más sabio le estimuló: invoquemos a nuestras divinidades, atrae a la sabiduría de los tuyos, Dachizese el primordial y Caragavi tu creador. Yo invocaré a Ngenechén. Nuestro propio espíritu es parte de las deidades que gobiernan a los hombres y Elche llamamos los Mapuches al espíritu creador de la vida humana. Son los mismos dioses con nombres que suenan distinto en cada dialecto. Conjuremos de ellos el poder para un encuentro entre nosotros poseídos del poder de nuestras divinidades y así podremos comunicarnos con tus muertos.

Tengamos presente un principio de cuidado en este acto, seremos respetuosos, el poder divino nos dará capacidades para entender las señales de la vida y el umbral donde limita con el universo donde están los antepasados. Cuando nos llegue ese mensaje del preludio debemos alejarnos.

Caminaron la orilla del río Apía hacia arriba al lugar donde nace, allí bajo un árbol guayacán del que llaman siete cueros, mientras caían sus flores moradas, hicieron su invocación. Caminaron hacia los espíritus del agua, los bosques y la vida. Pasaron unas horas cerca de una arboleda en un lugar llamado La Mesenia, desde la neblina salió a esperarlos la esposa, la jovencita Ilia Calle venía desde un preludio en otras dimensiones de la vida, había descendido del otro mundo con una niña muy vital.

Hablaron con ellas mientras el joven Embera vivía la emoción del momento amoroso y sagrado. En la oscuridad volaban mariposas calavera y cuando amanecía las mariposas 89 mostraron luces, luego pasaron en vuelo unos colibríes en busca de sus flores y sonaban los picotazos del tucán andino en un árbol de nogal, parecían un tambor. Era la señal. Con dolor el Mapuche invitó al Emberá a alejarse del lugar sagrado, cuando cruzaron el umbral el joven indio se aferró al traje de la jovencita Calle y en su mano quedó un mechón de su pelo con un retazo de la cinta que lo ataba.

Al cabo de una semana, después de un recorrido desde el cerro de Tatamá y el Cerro Caramanta, se despidieron los Mapuche para continuar su viajes entre caminos que pasan por el páramo de Frontino y poblados del piedemonte de la cordillera de los Andes.

El joven Embera regresó a su rancho afectado por aquel recuerdo. Con los meses sufrió de enfermedades que somatizaban su decadencia emocional. Pasado un año aquel joven falleció.

Los vecinos del caserío de Jordania le hicieron su funeral. Lo llevaron a sepultar en el Pabellón de San Antonio construido por los vecinos del Rioarriba en el cementerio de Apía. En la hora del entierro volaban las mariposas 89 y se posó una mariposa calavera sobre una cruz en la parte alta del pabellón. Algunas mujeres quisieron alejar su mala suerte y empezaron a limpiar las tumbas, entre ellas encontraron un nido de pájaros adornado con el mechón de pelo y la cinta que el Emberá había arrebatado de la cabeza de su mujer difunta en el momento de aquel encuentro. 

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Caminos del Congal


Por El Congal, aquella zona rural de primeros pobladores entre Chinchiná y Marsella, caminaban indígenas desde el tiempo cuando era la tierra de grupos Quimbaya y a Tacurrumbí lo nombran por todas partes desde el Quindío a Chinchiná, por esos contornos se unían a territorios ancestrales de los Irra, eran de los mismos y la historia los presenta como enemigos. Octavio Hernández, narrador e historiador de San José de Risaralda dice: las enemistades surgen donde antes hubo relaciones que no se encontraron bien. El conflicto entre familias o vecinos, los españoles sabían atizarlo para hacerlos obrar a su favor.

Un camino subía por la Cuchilla Atravesada pasaba hacia El Español. Se salía hacia los ríos Campoalegre, San Francisco y al Cauca. Santa Rosa se unía hacia Bogotá por el camino Nacional de Occidente en la ruta derivada desde el paso de La Línea y por ahí estaba Condina antes de surgir Pereira. Toda esa zona tenía pobladores dispersos que los historiadores desconocen. Cuando trazaron el Camino del Privilegio, entre Cartago y Villamaría a Manizales, fue la ruta principal entre Cartago, zona Caucana y el sur de Antioquia.

Por una esas rutas había conexiones a Pereira, a Villarrica por el camino de La Hermosa al alto de Vásquez, Alto de Guaymaral, bordeaba el Alto del Chuzo; también dicen cartas que tenía la nieta de Ana Joaquina Buitrago, «se caminaba en el filo de un ramal de montaña que llamaban Camino de los españoles y había una partida cerca al Alto de la Mina y llevaba al paso por el río San Francisco. Desde la Cuchilla Atravesada se iba a Segovia o Villarrica de Segovia, por ahí estaban las minas de El Salado y se encuentran petroglifos».

Otro ramal desde El Nudo al paso de montaña en La Convención conectaba el antiguo camino de Miracampo y El Sinaí y encontraba otra trocha que venía de Pereira por Llanogrande.

Pero de caminos a caminos, mejor sigue esta ruta: https://www.banrepcultural.org/rutas-colonizacion-antioquena/rutas.html

Caminos y conflictos

En esos caminos de indios y españoles se movían cuadrillas y ejércitos, ahí se dio un combate de la guerra de 1876, Estados Unidos de Colombia (1863 – 1886). Las tropas liberales radicales de Julián Trujillo, defensoras del gobierno del liberalismo radical de Aquileo Parra, luchaban por la separación entre la iglesia y el estado, conflicto que se inició en el Cauca en contra de los conservadores antioqueños defensores de ideales religiosos y el mandato del poder con orden católico, escaramuzas que llevaron al combate de Los Chancos, cerca de San Pedro en el Valle del Cauca, el 31 de agosto de 1876. José María Gamba, nuestro bisabuelo, fue vigía en estos caminos e informante del territorio para orientar a la tropa de Julián Trujillo en su paso hacia Manizales donde hubo una toma.

Célimo Zuluaga en la monografía de Marsella, página 26, escribe y transcribe: “En la guerra de Trujillo sucedieron acontecimientos importantes en este Municipio, pues en el Alto El Nudo hubo un combate. Transcribo un párrafo del historiador Padre Fabo tomado de su «Historia de Manizales»: «Ante esta conducta injustificable el enemigo llegó a tener completa seguridad en sus posiciones y emprendió una ofensiva constante y tenaz. Los liberales hicieron lo que no hacían sus adversarios; quisieron éstos invadir el Cauca por una vía distinta de la que cubría el General Trujillo Largacha y la División caucana debió sufrir, en cambio, un fuerte rechazo, poco después en las alturas de El’ Nudo, cerca de Segovia. Fue hecho prisionero el Coronel Euse». Era abanderado José Domingo Bedoya, el cual una tarde llegó a la casa de su madre Valeria Pineda, según ésta me refirió, con la bandera perforada por las balas. Debió haber ocurrido en esta ocasión, pues venía por los lados de Pereira. En el camino de El Nudo, cerca del cerro, se veían los calvarios donde murieron los combatientes”.

En el camino hacia La Línea

El Derecho a la tierra

Además de derechos de tierra por participar en la construcción del Camino del Privilegio y por recomendación de Guillermo Pereira Gamba a familiares y vecinos de El Congal leales al liberalismo radical, la Ley 83 de abril de 1863, aprobada el mismo mes de la Constitución de Rionegro, dispuso que, en tierras aún baldías entre Otún y Chinchiná, se tomara lo suficiente para las familias de las aldeas de Santa Rosa de Cabal, San Francisco -Chinchiná- y Palestina, que aún no habían recibido y se les adjudicara en proporción de 5 a 7 hectáreas por persona. A amigos de la revolución triunfante de Mosquera, con deudos muertos, se les dieron 10 hectáreas por concepto de herencia. 

Pinedas, Bedoyas, Toros, Betancourt, Gambas, Vera y López, Sánchez, Buitrago, de esos vecindarios, caminaron por aquellos caminos ancestrales indígenas donde se hallan petroglifos: las Marcadas hacia el este y en el río San Francisco, por la finca El Salado y en el socavón de Villarrica con excavaciones y cuevas. Las familias pobladoras entre Santa Rosa de Cabal, Chinchiná y Marsella cumplían procesos de colonización o del ocupación de territorio con diferentes motivos, los historiadores no los revelan, sea por ser de bandos políticos contrarios al suceso o porque no alcanzaron fuentes informantes que les dieran más claridad.

La Colonización desde Antioquia

En una conversación con el arqueólogo, etnólogo e historiador colombiano, Luis Duque Gómez, en el escenario del Congreso Andino de la Productividad. Medellín, Hotel Intercontinental, agosto 1982, me narró que las familias pobladoras de la zona limítrofe entre Marsella y Santa Rosa de Cabal, provenían desde los caminos de Sonsón, Arma, Pácora y traían de allá leyendas acerca del oro, porque en esos caminos del oro circulaban los buscadores de guacas con su ambición y mitos, por eso se crea la leyenda de la gallina con pollitos de oro que se aparece por el camino aledaño al Alto del Chuzo a Santa Rosa de Cabal, leyenda inventada, según Marco Velázquez, poblador andariego de esos pasajes por El Rayo a Miracampo y El Español, es la misma versión de Etelvina Gamba, se contaba la leyenda de “La gallina y los pollitos de oro” para distraer a los ladrones que circulaban para atracar a quienes iban con oro de Segovia, o la mina de El Chaquiro a Manizales por la Cuchilla Atravesada.

Y les decían: —por aquí no consiguen nada, quien se mete por la cueva donde se esconde la gallina con sus pollitos del oro allá se queda porque ellos lo amarran de las patas, y el oro está por el camino de arriba de la montaña por donde circulan algunos de la mina de El Chaquiro—. Tiempos de guaqueros con su imaginario ocupado por el tesoro de Pipintá, descomunal y esquivo, leyenda que iba de boca a boca y tras generaciones, pero jamás apareció, —con el afán del tesoro son capaces de arrancarle a uno la lengua si no les inventa alguna guaca para quitárselos de encima, quizá por eso algunos se colocan dientes de oro—.

Decían Malía Vidal y Marco Velázquez: los guaqueros vigilaron las quince noches de cuaresma esos caminos para ver circular el tiempo ignoto de grupos de indios con cayanas llenas de alhajas para esconderlas de los españoles que habían cortado en pedazos los cuerpos de los indios Cocuyes, venían desde allá por el río Arma, a confesarles el lugar del tesoro, -como los paracos de ahora-, pero los Cocuyes se enfrentaron duro, después les cambiaron el nombre por Los Armados.

Bambuco escrito por Luis Carlos Gonzáles y musicalizado por Fabio Ospina,

Camino Nacional de Occidente

«El Camino del Indio pasó a llamarse Camino de Popayán, Camino Real de Occidente y Camino de los Pueblos. En el Bajo  Occidente de Caldas se bifurcaba: de Anserma, por la cordillera occidental, seguía por Belén, Apía, Santuario, para continuar por esa misma cordillera en el Valle del Cauca. La otra rama del Camino partía de Anserma y continuaba por la Cuchilla de Belalcázar o de Todos los Santos. Pasaba por Risaralda, San José y Belalcázar para caer a La Virginia o pasar el río Cauca, en Beltrán, ascender a Marsella, entrar a Pereira y seguir al  Quindío. Camino de norte a sur; vertical.  El camino  de oriente a occidente, partía de Bogotá, continuaba por Honda, Mariquita, Manizales, Arauca, San José, Apía y Chocó. Horizontal. El último pueblo que se fundó sobre este camino fue Viterbo (1911). En 1926, el camino de Bogotá al Chocó recibió el nombre de Camino Nacional de Occidente. Por ese sendero se abrió paso la Carretera al Mar, en los primeros años de 1950. Sólo quedaron rastros del Camino Nacional de Occidente, como éstos,  perdidos entre cafetales, en el cruce con el Camino de los Pueblos, por San José de Caldas.» Octavio Hernández.

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Amo tu lujuria


Perdón por mis modales
en mi vida nadie nada
no me educaron fina
ni tengo mentira en la sonrisa.

Sin mover bien las manos
ni retocarme el pelo
Solo siento atracciones
no sé buscar tu abrazo.

Últimamente vivo con ojeras.

Sólo miro adelante,
no me fijo en quién viene por los lados
ni percibo quién llega por detrás.

Solo siento tu lujuria y egoísmo,
el alma anda perdida
delira en dormitorios
No confió en lo que se mueve frente a mí.

Disculpa, te siento estás aquí,
no te he visto hasta ahora.
Perdón por no saber
cómo actuar si estás cerca.

Dispensa este desbarajuste mío
no contaba que vendrías.
Quería que me amaras
ese amor que da ganas de amar más.

Lento y largo y mucho más que tengo escalofrío.

De la exposición «Picasso de Marie-Thérese » en galerías Acquavella en Nueva York la imagen es «Le Revé» (el significado de los sueños https://tigrepelvar3.wordpress.com/2008/11/04/picasso-en-la-lujuria-y-ambicion/

Perdón por los libros esparcidos entre episodios por leer
el periódico de hace dos semanas con crucigramas que hicimos,
sé que podrás amarme aquí, con huellas de tu cuerpo
sobre la ropa mía acumulada encima de la cama,
no pude desprenderme de tu olor sudoroso de madera
que me impregnaste en los tejidos con todos tus humores.

Disculpa mi pinta y este pelo largo.
No sé cómo explicarlo,
se comenzó a crecer con el deseo más intenso cada día y día
tras días más desde cuando me dejaste aquella madrugada.
Ámame así, con ese amor de marzo hasta septiembre
y esa alma perdida refúgiala en mis brazos.

El tinte por hacer, las uñas por pintar,
la cara por limpiar y los ojos por secar.
Ocúpate de estos labios mojados y mi cuerpo mojado
con esa llovizna que secretan mis sentidos por ti.

Me hundía en el desespero de estas ganas de ti,
porque todavía sueño noches antiguas y música lejana.
Sospecho que piensas mi mirada
la mía todavía se esconde en tu mirada.
Sé que no habías venido y no te habría abierto
hoy estoy abierta a vos.

No tengo que ofrecerte
más allá de mi cuerpo anhelante
Perdón por los vasos sucios
mis botellas vacías o el pan duro,
Tolérame así con las libretas llenas.
Sin papel, sin espacio
Con los renglones llenos de letras que cantan tu recuerdo.

Paolo y Francesca: Lujuria en el infierno de Dante
Los fantasmas de Francesco y de Paola aparecen ante Dante y Virgilio en el infierno.
Autor: Ary Scheffer (1795-1858) Óleo sobre tela – 171X239 cms. Museo Louvre de París.
Destacada

Temores del siglo xx en Marsella


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Amuletos romanos contra el mal de ojo.  Musée Saint Remi – París, ubicado en los edificios de los siglos XVII y XVIII de la antigua abadía real de St. Remi, donde se guardaba la santa ampula, utilizada para ungir a los reyes de Francia.

Al inicio del siglo XX y en sus décadas finales, la vida mundial estaba signada por la tensión entre potencias, guerras mundiales y la distribución de los países en bloques: los de la Cortina de Hierro y los Países Aliados.

En las calles de Marsella se rumoraba el temor al comunismo, en Colombia se desató la violencia entre liberales y conservadores que impulsó la migración que transformaría al país en un territorio fraccionado, el mundo campesino, comunidades negras e indígenas marginadas y gente nueva en ciudades con suburbios. Lo urbano y lo rural hacían las dos Colombias que describía Alfonso López Michelsen en sus discursos. Varios territorios donde se han abierto espacios de dominio a toda clase de grupos violentos que los gobiernos no logran controlar.

Como sucede en lugares premodernos, el imaginario religioso en Marsella, estaba lleno de creencias sobre el castigo eterno en el infierno. Calles con frecuentes escenas de violencia, asesinatos en los caminos, en las escuelas niños huérfanos, en el campo viudas con hijos; aquellos tiempos duros traían estados emocionales alterados: tristeza y miedo, trastornos bipolares, algunas formas de esquizofrenia y entre otros temores o conflictos, nos queda por evaluar la violencia intrafamiliar, o los castigos de algunos profesores amantes de la disciplina férrea y el garrote. «La letra con sangre entra decían los romanos». Pedagogía prusiana decían unos pedagogos. Los niños se desmayaban en largos actos de honor a la bandera.

Todo eso afectaba la salud; más aún, a la precariedad y el temor los suplían la viveza y los enojos con las palabras bruscas del maltrato aprendido.

Algunos preguntan. ¿Por qué somos así? ¿Quién había dado importancia a la salud mental y al crecimiento emocional? ¿Quién alguna vez escribió acerca del sujeto moral que bien describe el hermoso poema «Palabras a un niño para que no use cauchera» de Antonio Mejía Gutiérrez?

En esos días aumentaba el porcentaje de población diabética, para algunas familia algún mediquillo pedía orina del paciente, la saboreaba y se atrevía a recetar, la gente no se sentía bicho raro cuando a uno de ellos dijo desdeñoso: —Te han ojeado—. Narró Célimo Zuluaga en la historia de Marsella: “Quien primero empezó a recetar fue Emigdio Uribe, el primer médico en visitar este pueblo fue el Doctor Jaime Mejía, el Dr. Leonidas López fue el primer médico graduado en este lugar, otros prestaron sus servicios sin ser médicos: Ramón Zafra, su señora Mercedes Uribe, Isabel Tobón, Isabel Marín y Rafael Alzate, el llamado «Aguas Frías«.

Había influencia de la era victoriana, puritanismo, se condenada el hedonismo, esa cultura del goce que vivió Marsella al inicio del siglo en los años del Oro cambió en algún tiempo después de la cuaresma y el sermón de monseñor, en alguna casa la pareja volteaba los cuadros de los santos contra la pared cuando hacían el amor. Se imponía una moral sexual que condenaba el erotismo. En organizaciones como la sociedad de buenas lecturas se evadían las contrarias. Elegancia o pulcritud, a los médicos llegábamos con vestidos pomposos y ellos estaban dignamente almidonados.

Según Foucault, el sacramento de la penitencia sistematizó el hecho del análisis de la sexualidad y su expresión oral. 
«Interior de una iglesia con mujer en el confesionario» (1863) por Ludwig Passini

Decían que Leonidas López fue educado en Europa y otro lo contradijo, dizque fue en Bogotá, dizque era mejor cirujano y literato que médico, decía el padre Fabo de Manizales; hijo de Nicasio López, aquel médico atendía con alegría y consejos para algún conocimiento terapéutico que le siguió al campesino Juan Antonio Gamba, cuando le orientó a comprar un botiquín y le indicó prácticas de la cultura del cuidado para el trabajo y la vida en las fincas de El Congal. El doctor Leonidas finó ahogado cuando unos tragos de guaro le impidieron flotar en el río Cauca y ahí quedó, solo quedan anécdotas ya conocidas, notas escritas por su ilustre pariente Jorge Emilio Sierra.

Leonidas López, enseñó el saber nutricional y el cuidado de sí mismos, cultura preventiva que fue poco difundida y tenía escrita en una cartilla la señorita Eva Gómez como herencia de familia. Años sesenta, un vendedor de libros trajo a varias familias un texto, «Fuerza y salud por la alimentación» y al leerlo Eva nos recordaba a Leonidas, hasta nos comentó que ese libro se lo revisó el sacerdote Julio César Agudelo y la condenó en un sermón porque el impresor había transcrito consejos de origen en iglesias anglicanas y adventistas.

monseorestrada

El Chucho Estrada, el cura párroco más importante en la historia del pueblo, en sus bodas de oro sacerdotales se vestía a la usanza de la era victoriana, aquella moda eclesiástica que Federico Fellini mostró en 1972 en una escena de su película «Roma Fellini»; entonces el Loco Cristóbal Correa, un seminarista de Tuluá que conoció a Monseñor cuando se lo presentó el padre Fabio Rivera, exclamó: Que curita tan Coca colo este, mírale bien esa estola del color cardenal y los zapatos; porque ese día tenía un calzado de charol con algún toque de azul en el tacón, hebillas muy brillantes y bordes en cordones de colores dorados en su túnica.

Feroz crítica al lujo y ostentación de la jerarquía de la iglesia Católica a lo largo de los siglos.

Prevalecían imaginarios: Rosario Rentería decía a mi mamá: se debe hervir una herradura entre el agua panela para darle hierro al alimento y para hacer fértiles a las mujeres, porque esa agua panela lleva historias de alegrías en caminos y lugares de hombres andariegos.

Andrés Sánchez, alterado por los sermones del sacerdote Chucho María Estrada, que amenazaba con el final del mundo cuando caía la ceniza del volcán de El Ruiz, o anunciaba el castigo de Dios con tres días de oscuridad bajo la amenaza de la bomba atómica. Andresito Sánchez estuvo tan sugestionado con esas palabras que se compró todas las velas que vendía don Arturo López, las prendió en la casa por todos los rincones para pedir perdón a Dios y prevenir las guerras; aún así, todo en él era oscuridad y caminos infernales, perdido entre sus miedos ni se enteró cuando incendió la casa y poco pudieron apagarla con olladas de agua; él aún anonadado, lo calmaron con marihuana que mandaron de Miracampo y la morfina del doctor Jesús María Correa.

Incendio-California

El control natal era un lavado con agua, vinagre y limón en la vagina; años después, algunas prostitutas se lavaron el coño con coca cola; una añeja de El Morro, habla del doctor Barriga, quien les hacía la tabla del método de Ogino; imaginen, no era como lo piensan, cuando su sobrino dejó preñada a alguna, exclamó el abuelo Ramón: —Barriga no cura una jarretera dándole el jabón de tierra—.

Hacia mitad del siglo, se abría la circulación de bebidas gaseosas, antes se consumía más panela y miel que azúcar, hacia 1929, al mirar las estadísticas, comenzó a proliferar la diabetes con el gusto continuo del pan, azúcar y gaseosa, sancocho de vitrina, le decían; era el fin de la era de los caminos y los andariegos porque apareció el uso de andar en carro y el el consumo masivo de dulces y harinas causantes de este estado de salud frágil; recuerdan entrevistadas, el doctor Correa nos recetaba cosas nuevas y nos hacía caminar mucho, abuelas, tíos, primas y vecinos padecían y mejoraron, otros no le entendieron y fallecieron por sus estados diabéticos complicados, como una prima que caminaba todos los días desde una finca en Siracusa al pueblo, se casó con un hombre cuya vocación no era la agricultura sino irse a Cali a trabajar de ruso, así llamaban el trabajo en construcción, y al poco tiempo, por el cambio de hábitos, dejó el claro de maíz por gaseosa que le traía más sed y tomaba más y más de esas cosas y falleció diabética, sus descendientes que han padecido eso y acuden a los programas de medicina preventiva, ya en el Siglo XXI, saben vivir normal con ese estado de su función física.

José María Correa, era médico y cirujano de guerra en años de violencia política, servía entre carencias con iniciativa y asepsia, luchaba contra infecciones y enfermedades venéreas con penicilina, sus emociones existencialistas lo hundían, escéptico y librepensador, cuestionaba la vida, soportaba los miedos de su tiempo y se aplacaba con morfina y formulaba casi dormido.

Fue un concejal, cívico y contradictorio, decían que vivía rodeado de médicos invisibles que le dictaban las fórmulas.

Mientras eso el cura curaba desde el santuario con bendiciones, la unción a los difuntos era su boleto al predio donde San Pedro los censaba. El sacerdote Julio Palacio usaba otro método preventivo, no sé cuán eficaz, les mostraba en el confesionario a los parroquianos más pichadores o fornicadores infieles, casi todos, dibujos del purgatorio y el infierno, eran estampas con dragones que se deleitaban devorando a los seres humanos en sus genitales que crecían de nuevo, una y otra vez, y de nuevo eran devorados, así infinitamente, un siglo continuo por cada pichada.

Omar Ordoñez dijo entre aguardientes en la cantina de Trina en El Morro: jamás quiero imaginar ese castigo, mañana mismo madrugo a confesarme y le pidió al mismo sacerdote una penitencia que le permitiera saldar su deuda de pecador y borrarse en la pizarra del infierno con letanías y por eso entre aguardiente o coca cola se le veía mover la boca y mirar al cielo. Después continuaba contándome sus picardías de gígolo y pecador glorioso. Santo varón insigne de su tiempo.

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