El día del reinado

En Apia el aire irrumpió helado desde Morro Azul, no incomodó la tarde ni a los vecinos que conversan en la “Calle de la Neumonía”, se trasformó a caliente acariciante de las candidatas en bikini, desfilaban al escenario de guadua y sietecueros con sus muecas de propaganda que se usan en Cartagena o Acapulco.
Estampa de Carnaval No.14 – dibujo de Guillergalo
Aureliano gritó, levantó su mano y soltó la música atrapada entre saxos y clarinetes, soplaba bien Suso, Gerpul desafinó un poco, sonaba “Brisas del Tatamá”. El público agitó pañuelos limpios y los mocosos se airearon. Las damas de cada comitiva suspiraron con delicadeza sin arruinar peinados que pagaron carísimos, durmieron paradas para llegar intactas a este acto. Albornoz el maestro jubilado, gastó sus ahorros y lucía traje nuevo de semana santa.
El presidente de la república en persona, sin la cansada voz que inauguró sus años de mandato, inició el acto: decretó alza general de salarios, congelación de precios, elevó la mano al gran jefe guerrillero y con una pluma de paloma marchita firmaron su pacto, a su lado el Papa Benedicto vestido de paisano, esta vez quería sacudirse su traje pesado de monarca medieval, saludó con ademán de bendecir el universo y en el suspenso general perdonó a los curas pederastas y cobró indulgencias por todos los pecados, no sonaba   la registradora de la sacristía.

 

Llegaron los mejores futbolistas del mundo, piernas peludas y olores de caballo que no capta la televisión, para complacer a las reinas como edecanes. El bobo del pueblo en uniforme y medallas de general, paró el tiempo para el desfile de candidatas con su traje de pelea. En suspenso necesidades genitales, promesas presidenciales, olores de incensario, paraísos de poetas y letras indescifrables de mil médicos.  Y desfilaron ellas, japonesita soñolienta, la española que hace chorrear babas y no sabe besar, la noruega frívola de corazón ardiente, la de los estudiantes que pierden el año, la del mando pintón y los parlamentarios que se alzan las dietas, la morena más sufrida y violentada del mundo africano, la de los magistrados que hacen trampa para jugosas jubilaciones, la del chontaduro y la del lulo, del buñuelo y el afrecho, todo tipo de reinas habidas y por haber en el espacio colombiano y universal, bailadoras, culiparadas,  pechos planos y abominables, con ombliguito al aire, en carrozas haladas por burros con cara de elefante y ovnis con plumas de gallinazos, carretillas blancas haladas por mulas viejas que ignoran la luz del mediodía.

 

Sirvieron viandas, el Papa emitió su eructo generalísimo, lo imitaron con elegancia los presidentes de Colombia y Bolivariano de Venezuela, el jefe de las Naciones Unidas. Al momento central, aquel cuando proclamarían la reina universal de los siete mundos y del espacio sideral, aparecieron los locos del manicomio de la gente cuerda y también maleva, los huelguistas, los desplazados e  insurrectos, los campesinos despojados de la tierra, los resentidos  y trovadores del bien y el mal. Las candidatas se esfumaron, las jerarquías pagaban escondedero y los militares  repartieron garrote y gas lacrimógeno. Cuando el teniente soltó su tiro al aire para apaciguarlos, sonó como  bomba de pipa del gas de los guerrilleros y provocó, aún más, la desbandada general.

 

En el parque habitan botellas vacías de licor de contrabando, instrumentos musicales destripados, basura de discursos, cagajón de bestias infernales. El Santo Papa suplica para que los bomberos lo bajen de las torres del campanario, la curia no se imagina cómo llegó hasta allá, no está en la silla de San Pedro en El Vaticano y el presidente se perdió hacia un país extranjero, suplica le firmen un tratado más para el libre comercio y promete sacar a la Unión Europea de su estado de crisis. 
Estampa de Carnaval No. 6 –  Guillergalo

9 comentarios en “El día del reinado

  1. Me dejó perplejo en recuerdos infantiles, de cuando descarté de mis preferencias reinados y otras mañas, sin embargo encuentro aún iguales gestos en nuestras tradicionales fiestas y fanfarrias, personificar en desfiles y tarimas nos adentra a rechazar tanto sobrante social que oprime y subyuga. Gracias, Guillermo, buen relato con dicientes estampas.

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